jueves, 29 de diciembre de 2016

Y el editor soñó con el escritor.

El otro día Pepo Paz, mi editor de Bartleby, me contó que había soñado conmigo. Era la primera noche en España tras su regreso de la Feria del Libro celebrada el mes de octubre en la capital de México.

En el sueño yo le invitaba a mi casa. Una hermosa mujer le recibía en la puerta y le rogaba que esperara un poco, ya que Justo Sotelo llegaría con retraso. Me había entretenido en un café terminando de escribir el último relato de los "Cuentos de los otros", que publicará su editorial, como hizo con los "Cuentos de los viernes".

La mujer le sirvió un té, él se sentó en un sillón, cerró los ojos y se quedó dormido. Soñó que regresaba a la plaza del Zócalo, entraba en un café del barrio más intelectual y bohemio de México y se encontraba conmigo. Estoy vestido con un traje de rayas y una pajarita y le entrego un libro. En ese instante reaparece la mujer española y se lo lleva en brazos a una de las pirámides aztecas. Suben lentamente y se sientan en el último escalón, fatigados, entre las nubes, como si se encontraran frente a lo inefable. Ella se duerme y sueña con un escritor español de la época del Descubrimiento.

Y Pepo fotografía la historia del Universo.

Sobre el alma humana.

El alma humana es un gran misterio, y eso lo dice alguien que escribe para intentar entender, entre otras cosas, ese misterio.
Esta foto me gusta mucho, hablando de misterios. 

Es con Román Reyes, Catedrático de la Facultad de Políticas de la Complutense y asistente ocasional a mi tertulia. Nos la hizo Be Bartleby. Cuando la miro me acuerdo de Pasolini, al que adora Román, y de Borges, al que adoro yo. 

A Pasolini lo convertí en personaje fugaz de mi última novela y a veces pienso en una película suya, "Pajaritos y pajarracos", que me marcó en la adolescencia cuando la vi en el cine Alphaville y me dejó literalmente pegado a la butaca. Era el momento de las utopías y de que no dejara de leer a Hesse, "El lobo estepario", "Siddartha", "Demian", "Pequeñas alegrías" y "El juego de los abalorios".

A Borges lo releo de manera incansable, no solo para intentar mejorar como escritor sino para entender, precisamente, algunos de esos secretos del alma. La novela que he mencionado está, literalmente, atravesada por su sombra, hasta el punto de que al final aparece su segunda mujer en la librería de la plaza Santa Ana.

Borges, Hesse, Pasolini..., tres escritores que me enseñaron a hacerme preguntas sobre el alma humana.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La forma de tu pubis.

Cada luz es un mito, porque lo semejante produce lo semejante.

Tú me hablas de la experiencia de lo sagrado en Mircea Eliade y yo te menciono la rama dorada de James Frazer y ese árbol del bien y el mal que da la luz.

La Navidad no deja de ser una nueva forma de entender la magia, como cuando el primer hombre se puso de pie, miró por encima de los árboles y lo recordó todo.

Hago la fotografía y veo la forma y las luces de colores de tu pubis. 

Al final del arcoíris estás tú.

martes, 27 de diciembre de 2016

"You Have Been Loved".


¿Te llamo por teléfono y vienes a bailar conmigo?

Verás la rapidez con la que los labios cambian de color, sin apenas darse cuenta. Poco después mis dedos encontrarán el delicado y paciente hoyo que tienes en el cuello, justo debajo de la barbilla, y tus manos se perderán en mi pelo, mientras ambos nos subimos a la avioneta de la literatura, sin ninguna brújula.

Será el momento de verlo todo, aunque tengamos los ojos cerrados. Porque se sigue besando mejor con los ojos cerrados.

https://www.youtube.com/watch?v=WcX0hDEqS4E

lunes, 26 de diciembre de 2016

Vas paseando por un desierto y de pronto se pone a nevar.

El desierto son todos los puntos de encuentro, te dice el poeta Ahmed Sharif, y otro poeta, Nicolás Guillén, añade que nieva también dentro de mí.

Y entonces me miran tus ojos verdes, desaparecen la nieve y el desierto y Walt Whitman nos lee sus "Hojas de hierba".

La poesía descansa tranquila en nuestros brazos.


domingo, 25 de diciembre de 2016

La niña del vestido azul.

"Con apenas diez años y unos profundos ojos azules, Bashira ha visto más destrucción de la que ningún niño nunca debería ser testigo. Para protegerse, ha creado un mundo de fantasía donde se ve dentro de un precioso vestido azul. Pero su madre mueve la cabeza de un lado al otro al explicarnos: “No hay vestido, ni hay nada. Destruyeron nuestra casa en un bombardeo y todo se quemó dentro. Mi hija hace como si todavía tuviera ese vestido azul y todos sus juguetes”.

(Save The Children).

Para que esta niña (si sigue viva) y todos los niños del mundo tengan hoy su vestido azul, sea cual fuere su creencia, la de sus padres y la de los países donde les ha tocado nacer.

"Libertad" e "infancia" quizá sean las dos palabras más hermosas que conozco.

sábado, 24 de diciembre de 2016

"Memorias de África".


Cada vez que escucho esta música me dan ganas de subirme a una avioneta y volar sobre Kenia.

https://www.youtube.com/watch?v=eWZ2adCaKo4

Hace unos años participé en la "Expedición a Samarcanda" y la primera parte del viaje fue en avioneta. El rey castellano Enrique III encargó en el siglo XIV al aventurero madrileño Ruy González de Clavijo que lograra una alianza con el gran Tamerlán para luchar contra los turcos. En Samarcanda (Uzbekinstán) se creó un barrio con el nombre de "Madrid". Y eso es lo que pretendíamos conmemorar cinco siglos después con nuestra expedición.

Y es lo que cuento en uno de los capítulos de mi novela "Las mentiras inexactas", donde aparece un tipo que, curiosamente, también se llama Justo Sotelo.

(A un globo me he subido dos veces, en la región de los lagos del norte de Inglaterra, cerca de donde está enterrado el poeta romántico Wordsworth, en Grasmere).

El caso es que escuchando esa música sería capaz de enamorarme a la vez de Meryl Streep y Robert Redford, casi más de él que de ella. Y diría esto, por supuesto: "Denys me había dado una brújula, para seguir el rumbo, pero más tarde comprendí que navegábamos con rumbos distintos. Quizá él sabía, aunque yo no, que la tierra fue creada redonda para que no podamos ver el final del camino.”

Luego me lavaría el pelo, claro.
 
 

viernes, 23 de diciembre de 2016

Si la literatura sirve para algo es para curar las heridas del alma.

Hace un tiempo me escribió Reme, una amiga virtual de esta red social, para proponerme una entrevista en una radio. Hasta aquí todo normal. Me han hecho muchas entrevistas y, al terminar, siempre me he ido con una sonrisa en los labios.

No obstante, en esta ocasión la sonrisa fue diferente.

Lo especial ocurrió cuando, antes de entrar en el estudio de grabación, Reme me contó que estaba luchando contra el cáncer y que, durante los meses más duros, los libros (y los niños, ya que entre otras cosas es "cuentacuentos") siempre habían estado a su lado en la mesilla de la cama del hospital. Y muy especialmente mis "Cuentos de los viernes".

Durante la entrevista nos reímos mucho, hablamos de Madrid y París (las dos ciudades más bellas del mundo), de literatura, de música, de amor, de arte, de Borges, Cortázar y Woody Allen, claro. Luego nos tomamos un café, paseamos un rato y nos dimos un beso en la mejilla.

Así que va por Reme (Kemy Pérez Brito) en esta víspera de Nochebuena, porque te vas a poner buena del todo. Y también va por todos los enfermos de cáncer y de cualquier otra enfermedad. Sinceramente, qué sentido tiene ganar dinero con la literatura y recibir premios y lograr popularidad y todas esas cosas cuando un libro puede hacer feliz a una persona que lo está pasando mal.

(La foto es de la presentación de los cuentos el año pasado en el café "Puro Teatro" del barrio de Malasaña de Madrid, con el poeta Javier Lostalé leyendo y bajo la mirada lúcida e irónica de Foucault en la pared, que me estuvo diciendo toda la tarde que siguiera escribiendo, como una forma de luchar contra las estructuras de "poder". Porque la literatura puede cambiar el mundo).
 
 

jueves, 22 de diciembre de 2016

La magia que surge entre la pintura y la música.

Reconozco que mi curiosidad intelectual y artística es insaciable, por eso soy feliz cuando encuentro a artistas que "crean" arte y además lo hacen con gran calidad.

La pintora Johana Roldán ("Jante") pintó la semana pasada su cuadro "La sorpresa" para la exposición de "Almoneda" en el Palacio de Exposiciones de Ifema en Madrid. Me resulta apasionante su proceso de creación, que recojo en las siguientes fotos.

Aprecio, especialmente, la sutileza del acrílico, con esos colores opuestos del naranja y el azul, lo que posibilita un sentido onírico a la mirada, y unos espacios alrededor de la muchacha que rozan la abstracción. Jante crea una ciudad abstracta en oposición a los cuadrados y rectángulos donde vivimos habitualmente. Además, el mar desborda la realidad y penetra en nuestros sueños.

El mar se transforma en un cuento mientras la mujer del cuadro se despide de su amado como en la sonata "Los adioses" de Beethoven. 

Esta versión de la sonata por parte de Barenboim también tiene gran calidad:

https://www.youtube.com/watch?v=FxsKzeDG0SI

En fin, el milagro del arte.





miércoles, 21 de diciembre de 2016

Historia de un beso.

Es el beso que da la reina Ginebra a Lanzarote del Lago en el ciclo artúrico y que, mezclado con la historia de amor de Tristán e Isolda, se convierte en inmortal en la "Comedia" de Dante, en su Canto V del Infierno, con la historia de amor entre Paolo y Francesca de Rimini.

Ahí están algunos de los versos más hermosos jamás escritos que enseñaron a besar a la sociedad de su época, una influencia cultural que se ha transmitido hasta nosotros. Barthes se refirió a ello como "contagio de los afectos", ya que todo deseo se ve afectado por el arte y la literatura. Es el amor que surge leyendo, siglos antes de que se escribieran el Quijote y Madame Bovary.

Francesca de Rímini dice a través de Dante en la "Comedia":

"Por diversión leíamos un día
cómo apremiaba Amor a Lanzarote
a solas y sin miedo nos hallábamos...
Leyendo que la risa deseada
era besada por tan noble amante,
este, que nunca apartarán de mí,
la boca me besó..."


Francesca ya había dicho los tercetos con las míticas anáforas:

"Amor, que el corazón gentil de súbito
enciende, a este apresó del bello cuerpo
que me quitaron: y aún me daña el modo.
Amor, que a todo amado a amar le obliga,
de su belleza me apresó tan fuerte
que, como ves, aún no me abandona.
Amor a morir juntos nos condujo..."


(El cuadro es “Tristán e Isolda compartiendo la poción”, de J.W. Waterhouse, 1916, óleo sobre lienzo, Ross Collection, Estados Unidos).

Sobre mi novela "La muerte lenta".

Amazon vende por 187,22 euros la primera novela que publiqué el año 1995.

El otro día busqué el link de mis libros que se venden en esa tienda virtual para ponérselo por aquí a un amigo francés, repasé la lista tanto de los libros de literatura como de economía, llegué al final, esbocé una sonrisa cuando vi el precio de "La muerte lenta" (Libertarias) y me tomé una copa de vino.

Y tuve la gran idea.

Si mis amigos reales y virtuales la compráis podría prejubilarme e irme de vacaciones de Navidad, de Semana Santa, de Verano y de Otoño. Me dedicaría a buscar níscalos tranquilamente mientras sale el sol después de varios días de lluvia. Esa sensación de pisar la tierra mojada (aunque sea con mis sandalias) es de las más hermosas que recuerdo de mi niñez paseando con mi padre.

¿Quién dice que ser novelista no es rentable?

En realidad, y hablando en serio, es absurdo pretender vivir de la literatura. La literatura es una forma de ser, de mirar, de respirar, de sentir.

La piel solo vibra con otra piel.

https://www.amazon.es/Libros-Justo-Sotelo/s…

Bergman, Hindemith y Matías el pintor.

A veces todo lo que pretendemos encontrar (amor, sentido vital, compasión, lealtad) resulta imposible debido a nuestra inevitable debilidad como seres humanos.

Me han regalado el testamento cinematográfico de Ingmar Bergman ("Sarabanda", 2003), con unos impecables Liv Ullmann y Erland Josephson, que ya habían interpretado los mismos papeles en "Secretos de un matrimonio" (1973) y que se separaron por la infidelidad de él.

Además de mencionarse a Bach continuamente en la estructura de dúo de una zarabanda, la nieta del personaje de Josephson se refiere a la dificultad de interpretar la sonata para celo de Hindemith. La relación con su padre roza el incesto y la incomprensión mutua.

(Esta es la sonata, que me gusta casi tanto como las partitas de Bach: https://www.youtube.com/watch?v=seWlG50y-so)

La aparición de Hindemith (1895-1963) en la película me llevó a escuchar esa sonata y recordar su ópera más conocida, "Matías el pintor", referida al pintor alemán del siglo XVI, Matthias Grünewald (1460-1528). Su lucha por expresarse artísticamente en el clima de represión de su época es un espejo de la vida de Hindemith. El nazismo consideró la obra de este como degenerada y tuvo que exiliarse.

La obra maestra de Grünewald es el "Retablo de Isenheim" (1512-1516), con unas tentaciones surrealistas y terribles a San Antonio, claramente inspiradas en El Bosco. El retablo lo forman nueve paneles; el más famoso es su tabla central, con una Crucifixión pintada al temple y óleo sobre panel de madera, donde el peso de la culpa de los hombres parece que está a punto de hacer caer el palo de la cruz. El políptico abierto alcanza cerca de ocho metros. Se exhibe en el Museo de Unterlinden de Colmar, Alsacia, Francia.

Grünewald tuvo que abandonar, precipitadamente, su puesto de pintor de la Corte en 1525 ya que que se puso de parte de la revuelta campesina y del protestantismo.

Supongo que estas reflexiones tendrían que transportarme de nuevo a los dramas psicológicos que aborda Bergman en el siglo XX y que tanto deben a Freud, Jung y Lacan.

El ser humano no deja de ser curioso, complejo e interesantísimo.

martes, 20 de diciembre de 2016

Comida literaria en la pecera.

Comida literaria en "La pecera" del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Con los escritores Fanny Rubio, Manuel Fernández Nieto y José Antonio Carmona y la pintora Johana Roldán.

Los dos primeros me dieron clase en la Complutense de Poesía Contemporánea y Lope de Vega, respectivamente. Lo que Jante me está enseñando es cómo apreciar la pintura de calidad.

Realmente, en Madrid te encuentras arte y literatura en cualquier esquina.

Con dos princesas.

Con dos princesas de ojos verdes y marrones en la exposición de Jante en Ifema de Madrid.

(Yo solo soy un caballero andante entre Johana Roldán y Almudena Mestre).


jueves, 15 de diciembre de 2016

Cincotti.

Sotelo me ha pedido que le cuente algo bonito que me haya sucedido mientras él escribía su libro. Le queda poco para terminarlo y quiere poner algo mío.

Le digo que me gusta cantar y bailar mientras me tomo el primer café de la mañana. Él ríe y mueve la cabeza en señal de aprobación. También le digo que el baile más hermoso de este año ha sido con una persona especial, diferente, en un hermoso jardín, al atardecer, como si estuviéramos en una de las terrazas de esos edificios de Nueva York que parece que rozan el cielo, quién sabe si dentro de una película de Woody Allen. Sé que a él le gustan tanto Manhattan como el director de "Annie Hall", así que lo digo suponiendo que va a incluirlo en su libro.

Ella me descubrió a Cincotti mientras bailábamos, uno de los pocos cantantes blancos de jazz que podría compararse a un cantante negro. Además, me permitió confirmar la máxima de mi vida, que no es otra que hacer las cosas sin esperar nada a cambio, ni poder, ni dinero, ni amor, ni sexo, ni popularidad. Los dos sabemos que la bondad es el arma más poderosa del mundo. 

Le digo todo eso y me responde que soy un romántico empernido.

No sé.

Escribo para intentar descubrir la verdad.

Escribo para intentar descubrir la verdad o desvelar las múltiples verdades posibles de la realidad.

La influencia de Kant sobre mi pensamiento es importante.

Kant considera que el entendimiento no recibe leyes de la naturaleza, sino que las que descubre en la naturaleza son leyes que el propio entendimiento ha puesto a priori.

Es la teoría la que decide lo que puede, o no, observarse; es decir, solo creemos conocer una cosa mediante la razón cuando tenemos consciencia de que habíamos podido conocerla incluso si no se nos hubiera ofrecido en la experiencia; así conocimiento racional y conocimiento a priori son cosas idénticas.

Esta idea kantiana tiene sentido gracias a la diferencia que realizó entre las “verdades de razón” (que se consiguen por juicios analíticos basados en una actividad intelectual lógica) y las “verdades de hecho” (que se consiguen por juicios sintéticos logrados con la observación y la experimentación). Con ello el conocimiento de la realidad evoluciona con la ayuda de las verdades conferidas por la razón, es decir, con la capacidad lógico-deductiva del observador.

(El retrato de Kant es de 1790, de autor desconocido).

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cupido y Psique.

Hoy iba a escribir otra cosa, pero al abrir Facebook (aún con los ojos medio abiertos o medio cerrados, que diría Kubrick) he leído el comentario de mi amigo José Zurriaga dedicado a la pintora Johana Roldán en el post de ayer, cuyo leitmotiv era la "belleza".

¿La belleza?, escribió él. ¿Y la bestia?, preguntó a continuación con su inteligencia e ironía habituales.

En seguida he recordado el cuento francés "La bella y la bestia" (1740), cuyo origen se encuentra en una breve narración intercalada en "El asno de oro o Las metamorfosis", de Apuleyo (siglo II d C), que de alguna forma puede ser considerada la primera "novela" de la literatura y desde luego el germen de la novela picaresca.

Tengo un aprecio especial a esta historia. Recuerdo que la expuse en clase de "Géneros literarios" (I), con Antonio Garrido, el catedrático de literatura de la Complutense que me codirigió la tesis sobre Murakami. 

Es una narración tan bella que, como siempre, ha continuado desarrollándose en otras artes, como la pintura, la escultura, el teatro, la música, etcétera. En la conocida escultura en mármol de Antonio Cánova (1757-1822), que está en el museo del Louvre, Psique es reanimada por el beso del Amor. Afrodita estaba celosa de su belleza, pero no puso impedir que su hijo Cupido se enamorara de ella.

Y es que Psique es el alma.

Si te rodeas de belleza acabas convirtiéndote tú también en un componente de esa belleza.

La pintora madrileña Johana Roldán ("Jante", de nombre artístico) expondrá, entre los días 14 y 18, parte de su obra en el Palacio de Exposiciones (Ifema) de Madrid, en un encuentro de galerías. Será dentro de "Almoneda", una feria de antigüedades, galerias de arte y coleccionismo. Su galería es Eka and Moor (en el Stand 1A09).

En la primera foto está dibujando este verano en el campo, en la segunda la entrevistan en una exposición anterior, mientras que en las otras recojo cuatro de sus últimos cuadros, que expondrá en Ifema. 

Johana estudió Arqueología y trabajó en ello unos cuantos años. Además, como me dijo un día, nació con un cuadro en la cabeza, por lo que nunca ha dejado de pintar. También escribe, canta en un coro y posee una inteligencia desbordante.

Esto último no me lo ha dicho ella, pero es capaz de seguirme el juego intelectual cuando me da por aplicar los criterios de Locke, Hegel y Popper a la conversación, por citar a tres filósofos que tanto han influido en mi formación.

En fin, la belleza.






lunes, 12 de diciembre de 2016

La iglesia "roja" del barrio de Entrevías de Madrid.

En ese lugar se desarrolla la primera parte de mi novela "Entrevías mon amour" (Bartleby, 2009). Teo Abad, el protagonista, regresa allí como reportero en la Guerra de Irak y se encuentra con las mujeres que le están esperando después de veinte años.

Hace poco se ha publicado un libro sobre esa iglesia y sobre el cura Enrique de Castro. Por ello, un amigo tertuliano, Juan José Moragrega, escribió un interesante post en esta red social hablando de ese lugar, del cura y de la novela.

Decía esto:

"La iglesia roja. San Carlos Borromeo. Parroquia de Entrevías.

Un grafiti con la palabra libertad en mayúsculas en la pared lateral de la parroquia recibe a todo aquel que se acerca a formar parte de esta gran familia heterogénea.

Enrique de Castro, bautizado por los medios como el "cura rojo", fue el que inició el camino "alternativo" de esta iglesia de base. Una historia que recoge el libro "Así en la tierra. Enrique de Castro y la iglesia de los que no se callan", de Marçal Sarrats, que se acaba de publicar y que ha vuelto a centrar el foco en la labor de esta parroquia. El párroco asegura que en este barrio siempre se ha vivido en crisis y que por eso la actual situación económica no les ha afectado tanto porque "llevan toda su vida así".

"Hay un aluvión de familias que se ven con una mano delante y otra detrás. No se atreven a pedir, no saben pedir. Es una pobreza mucho más vergonzante. El que nunca ha pedido le cuesta mucho dar el paso porque nunca había pensado en que se iba a ver en esa situación". En el libro de Justo Sotelo “Entrevías, mon amour” la trama gira de alguna forma en torno a una parroquia de este barrio madrileño donde ejercía el sacerdocio el padre Román. Creo que dicho lugar podría ser perfectamente “San Carlos Borromeo”. Allí Teo Abad, su protagonista, descubre que no es el único asediado por esos fantasmas del pasado".

Hasta aquí el texto de Moragrega. La foto también es suya.

Solo quiero añadir que estuve escribiendo veinte años esa novela y que al final aparcaba el coche enfrente de la fachada de la iglesia y me quedaba ensimismado durante horas. Charlé varias veces con el cura Enrique de Castro y con gente del barrio. Tuvieron que pasar varios meses para que me quitara ese lugar de la cabeza; incluso cuando quiero enseñar Madrid a los amigos que vienen de fuera y les hablo de mis libros, les llevo a ese lugar.

Supongo que esa es la grandeza de la literatura.

domingo, 11 de diciembre de 2016

"Los pintores amamos de otra forma".

La pintora francesa Séraphine Louis (1864-1942) se enamoró solo una vez en su vida, llegó incluso a comprometerse, pero él la abandonó. Ella siguió amándolo, en sus cuadros, en los rostros de las personas que veía por la calle, en la iglesia donde se refugiaba, en el agua del río y el rumor de las hojas de los árboles.

Una amiga me recomendó que viera en video la película del director francés Martin Provost, de 2008, "Séraphine", donde ella dice la frase que he puesto al principio. A pesar de que es demasiado clásica para mi gusto, muestra con precisión el proceso de creación de sus cuadros y la vida especial de esta pintora autodidacta que vivió toda la vida en el campo (se cuenta que nunca vió el mar) y triunfó en París después de muerta. Había nacido el mismo año que la escultora Camille Claudel y murió, como ella, en un hospital psiquiátrico, pero un año antes.

Su descubridor fue Wilhelm Uhde, que encontró uno de sus cuadros de naturaleza muerta y al enterarse de que la autora era la mujer de la limpieza de su casera compró sus cuadros y la protegió. Uhde nació en Munich, fue abogado, estudió luego Historia del Arte en Florencia antes de establecerse en París, el año 1904, donde frecuentó el grupo intelectual alemán del Café del Dôme. Fue uno de los primeros coleccionistas de obras de Picasso y Braque, y exhibió sus obras en la galería que tenía en Montparnasse. Picasso pintó su retrato en 1909.

La obra de Louis, que entusiasmó, entre otros muchos artistas, al surrealista André Breton, se engloba dentro de los pintores "naif" simbolistas, "primitivos modernos" o pintores del "Sagrado Corazón", y está llena de fuerza y de luz, de bocas y de ojos que parece que quisieran decirnos algo, quizá de este mundo o del mundo interior de la autora. Parte de esa obra se encuentra en el Pompidou y en museo Maillol de París.

Qué haríamos sin arte.




 

jueves, 8 de diciembre de 2016

La pecera.

Empezaba a sentir cierta impotencia. En las últimas horas no había levantado la vista del libro de Coetzee, pero no se me ocurría cómo estructurar aquello.
  
Anochecía cuando miré hacia la calle de Alcalá, en ese instante discreto en que se cruza con la Gran Vía, y me detuve allí, entre el cristal y la luz violeta que no alcanzaba a reflejar mis arrugas. Al mover la mirada la vi a ella, apoyada en la barra, con una copa en la mano. Debía de estar con alguien, pero no caí en la cuenta. Nos acercamos a la mítica escultura como si bailáramos lentamente. Estás espléndida, dije besando su rostro, casi deslizando mis labios por su piel. Tú también pareces el mismo de hace veinte años, dijo ella con una sonrisa. No estoy tan seguro, bromeé, el tiempo no se detiene. Quizá tengas razón, admitió con un rictus de melancolía pasando la mano por su pelo oscuro.

Estuvimos hablando durante varios minutos, sin apenas movernos. No recuerdo quién dejó a quién, ni en qué ciudad vivíamos, ni si teníamos hijos o no. O habíamos perdido el trabajo y nuestra vida en común era una ruina económica difícil de soportar. En unos minutos supimos que seguíamos enamorados, como si aquel amor estuviera fuera del tiempo y buscara una especie de autonomía vital o una simple justificación.

Regresé a mi mesa. 

Debía impartir en la Universidad una conferencia sobre cómo sería el personaje de Robinson Crusoe en la actualidad y aún no había empezado a escribirla.




(La escultura es "El salto de Leúcade", de Moisés Huerta, que está en el centro de la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid, conocida como "La pecera", donde he escrito muchas horas de mi vida).

Todos los recuerdos son rastros de lágrimas.

"En una ocasión me enamoré de alguien, al cabo de un tiempo ella ya no estaba. Fui hasta 2046 creyendo que podía estar esperándome allí, pero no la encontré. No dejo de preguntarme si ella me amaba o no. No obstante, nunca lo averigué. Tal vez su respuesta fuera como un secreto que nadie sabrá jamás". 

Pocas veces a lo largo de la historia del cine alguien se ha atrevido a filmar un poema de amor como este (en realidad de desamor), desesperadamente romántico. Para hacerlo hay que amar el cine con la misma pasión que este director que nació en Sanghái en 1958, se llama Wong Kar-wai y rodó "2046" el año 2004.

Utilicé el espíritu de esta película para escribir mi tesis y posterior ensayo sobre Murakami. Me parece un ejemplo impecable de posmodernidad creativa, como las mejores novelas de Murakami. Y no dejaba de escuchar su banda sonora, de uno de los grandes compositores japoneses actuales Shigeru Umebayashi:

https://www.youtube.com/watch?v=hDjtNsPLPK0

Es una película difícil, de ambientes cerrados, oscuros, opresivos, que está en los antípodas del cine comercial. Desde luego no se puede ver comiendo palomitas o una Whopper y bebiendo Coca-Cola, lo mismo que no es recomendable leer a Eliot o Proust en esas circunstancias.

2046 es la habitación de un hotel en la que murió asesinada Lulú, una vieja conocida de Sanghái y que Chow (el protagonista) estuvo a punto de ocupar, pero se instaló en la 2047. Además, 2046 es el destino de los pasajeros de un tren que quieren recuperar sus recuerdos, ya que allí nunca cambia nada, pero tampoco regresa nadie.

Es una especie de ensayo llevado al cine, un poema visual, la historia de un escritor que ha renunciado al amor tras haber perdido el verdadero amor (algo que se cuenta en una película anterior, del año 2000, "Deseando amar", también absolutamente maravillosa, aunque más clásica) y escribe sobre el futuro cuando en realidad está escribiendo sobre el pasado. Su historia de amor se desarrolló en otra habitación 2046. 

Es una película que está llena de transgresiones, lo que para un escritor preocupado por el futuro del lenguaje como yo es importantísimo. El tiempo se expande y comprime, pasan días o semanas en tan solo un segundo, y luego se detiene para presenciar la ruptura de una relación de personajes secundarios. 

"Cuando quieras guardar un secreto, sube una montaña, busca un árbol, haz un agujero en él, susúrrale el secreto y tápalo con barro. Y no se lo digas a nadie".

Porque todos los recuerdos son rastros de lágrimas.



miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Quién dijo que estamos hechos del material con el que se fabrican los sueños?

"Antes mi sueño era cenar un día con Woody Allen para charlar sobre cine, literatura y vida, pero ahora me encantaría compartir una tarde, un café o un buen vino con Justo Sotelo. Nunca había encontrado a nadie con quien pudiese compartir tantos puntos de vista".

Esto es lo que escribió hace poco por aquí la escritora Marta Muñiz Rueda. Y eso se va a producir pronto ya que en los primeros meses del año que viene presentaré en Madrid la primera novela de esta escritora asturiano leonesa.

He repetido varias veces que me siento feliz de ser contemporáneo de un genio como Woody Allen. Siempre la cita anual con su cine, como también la tuve durante años con las películas de Angelopoulos, Rohmer, Erice, Kurosawa, Kieslowski, Greenaway, Yimou, Kar-wai.

Una cita que nunca me perdía en los cines Alphaville / Golem y Renoir de Madrid y que prolongaba en la Filmoteca del cine Doré, en el Mercado de Antón Martín, con Dreyer, Murnau, Griffith, Renoir, Eisenstein, Tarkovski, Lang, Hitchcock, y que me permitieron entender por qué al cine se le considera el Séptimo Arte, algo parecido al material con el que se fabrican los sueños.

(En la foto tomando un café y leyendo a uno de los escritores actuales que más me interesan, Lobo Antunes).

martes, 6 de diciembre de 2016

Entrevista de "El Ojo Crítico" de RNE a los "Cuentos de los viernes".

Me quedan pocos cuentos para cumplir con la idea que tengo de mi nuevo libro, los "Cuentos de los otros".

En realidad, los que aún debo escribir ocuparán los viernes de este mes.

Por eso me apetece volver a poner por aquí la entrevista que me hicieron el año pasado en el "Ojo crítico" de Radio Nacional sobre los "Cuentos de los viernes", el libro complementario.

"El Ojo Crítico" es el programa cultural que me ha acompañado desde que era adolescente. Espero que os guste a mis nuevos amigos de esta red social y que lo vuelvan a escuchar mis amigos de siempre. Me siento muy mimado en los estudios de Prado del Rey.

(La entrevista va al principio del programa y solo dura 20 minutos).

http://www.rtve.es/alacarta/audios/el-ojo-critico/ojo-critico-cuentos-del-viernes-justo-sotelo-photoespana-01-06-15/3151097/ 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Somos lo que vivimos.

Apolo siempre amará a Dafne, convertida en laurel para toda la eternidad. Eros lo ha atravesado con una flecha de oro (el amor) y a ella con una de plomo (el odio).

Mito, símbolo, imagen, metáfora. Como la propia vida.

Vuelvo a poner esta foto con mi amigo Javier Del Prado, uno de los grandes profesores de literatura de la Complutense. Y lo hago porque en los últimos días han muerto, relativamente jóvenes, dos profesores que me dieron clase de literatura en esa universidad.
Mi recuerdo va para ellos, para Pilar Saquero Suárez-Somonte (a la que Javier estimaba mucho), que me ayudó a entender las "Metaforfosis" de Ovidio, uno de esos libros que debería tener presente en su cabeza cualquier persona que deseara convertirse en escritor, porque ahí está todo escrito, todo contado, todo resumido, todo pensado.

El otro profesor es Víctor Infantes de Miguel, que me explicó una vez más el Quijote con conocimiento, ironía y buen humor. Durante la carrera, hice tres asignaturas sobre ese libro, pero no me aburrí en ninguna. Además, en su clase conocí a una de mis amigas, la bella escritora polaca Dominika Arendzikowska, que estaba en España para escribir una tesis sobre Lorca, que me ayudó a entender tantas cosas del pueblo polaco y con la que aún me tomo un café cada vez que viene a Madrid. Expusimos juntos varios capítulos del Quijote, que le gustaron mucho a Víctor, lo que posibilitó cierto acercamiento entre nosotros. Durante un tiempo charlamos bastante de literatura por los pasillos de la Facultad.

En fin, creo que somos todo lo que hemos vivido en cada momento, en el amor, la amistad, las clases, los viajes, la felicidad, la melancolía, la tristeza, la pasión, las fechas de oro y de plomo que nos lanza la vida por el simple hecho de estar vivos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Releyendo la poesía de Miguel Ángel Buonarroti.

El otro día me encontré por la calle a una amiga a la que no veía desde hacía varios años y que estudió conmigo Literatura Comparada.

Después de los besos de rigor, preguntas familiares y esas cosas, nos fuimos a tomar un té y nos pusimos a hablar de una asignatura que a los dos nos había gustado mucho en el Doctorado, "Literatura y Arquitectura", que nos impartió la profesora rumana de la Complutense Eugenia Popeanga. Aún le agradecemos que nos animara a leer los "Sonetos" de Miguel Ángel, que ambos desconocíamos (a mí también me explicó otra asignatura dedicada a Baudelaire, Mallarmé, Rilke y Eliot).

Como me encantan las casualidades, por la noche busqué la edición bilingüe preparada por Luis Antonio de Villena para Cátedra (2011) y releí algunos poemas.

La poesía de Miguel Ángel siempre se ha considerado algo menor dentro de su obra e incluso él no se veía como poeta ni en realidad como pintor, algo curioso después de pintar, por ejemplo, el Tondo Doni -esa maravilla al temple y óleo que está en los Uffici de Florencia-, y la Sixtina, unos años después. De Masaccio aprendió la idea del "desnudo vestido" y de Leonardo la composición general, la psicología de cada personaje y la superposición de planos.

En realidad Miguel Ángel fue escultor, arquitecto, pintor y dibujante y poeta, un artista total que se acercó al delirio con la materia y el material, ya fueran los bloques de mármol de Carrara, sus propios pigmentos o sus poemas.

Su poesía es conceptual y con ella deja de lado a Petrarca para sublimar el amor platónico. Leyó a Dante a partir de los comentarios de Landino y siguió a Platón gracias al filósofo Ficino. En este neoplatonismo se integra su amor por la belleza masculina (representada por los sonetos que dedicó al joven Tommaso Cavalieri, del que se enamoró con 57 años mientras que el joven tenía 40 menos, y parece ser que fue correspondido) y su insatisfacción vital como hombre que lo convirtió en un artista genial (en el Juicio Final se retrató en forma de guiñapo, como se observa en el conocidísmo detalle del centro de la última foto que he puesto).

Estos son los tercetos del Soneto XXXVIII, el más famoso de los dedicados a su joven amor. El "artista" está prisionero de un "caballero" armado (Cavalieri). El amor es lo que tiene, digo yo:

“Por ello si el golpe que arrebato y robo
no puedo esquivar, que ese es mi destino,
¿quién quedará entre dulzura y duelo?
Si preso y vencido debo ser dichoso,
maravilla no es que solo y desnudo
de un caballero armado en prisión me vea”.