Siempre me ha gustado ir a la peluquería. De pequeño me obligaba mi madre, claro, ya que me daba pánico ver aquella navaja con la que me rasuraban el pelo por detrás, por la nuca o el contorno. Y con la mano libre te estiraban, suavemente, la piel de la zona para dejarla tensa y que la hoja se deslizara sin enganches. Pero reconozco que los peluqueros te dan conversación y te cuentan muchas cosas, de política, de fútbol, de los famosos de la tele, la moda del momento y todo eso. Además de recordarme mi parecido con Al Pacino y Andy García, el otro día Luis, mi peluquero desde hace muchos años, me regaló un libro de matemáticas de 1835 tras cortarme el pelo (en la foto). Este fin de semana se ha ido a Milán a celebrar su cumpleaños. Por cierto, en nuestra última tertulia, el escritor Vicente Rey, que ha sido peluquero toda la vida y que nos va a presentar su primer libro de relatos, "El peón de dos coronas" (Los Libros del Mississippi) en la tertulia del próximo martes en el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4 (Metro de Argüelles), a las 18.15, dijo que no me favorecía el corte de pelo tan juvenil. Y yo sonreí, claro; la verdad es que me paso la vida sonriendo ante lo que me dicen y ante lo que veo por ahí. Pero hablando de ver, observo la fotografía con el corte de pelo y tengo que admitir que me hace la cara más gordita y ya no doy el pego. Y es verdad que ya no puedo presumir de joven. Si es que los años no pasan en balde y estoy perdiendo mi "sex appeal". No voy a quedar ni para ejercer de "sapiosexual". Pero, bueno, qué le vamos a hacer, que se mueran los feos:
En fin, cosas que se me ocurren cuando salgo de la peluquería.


