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domingo, 18 de enero de 2026

"La mujer del puente".


 
Hace unos días me saqué esta fotografía en una ciudad parecida a La Habana, pero sin el Malecón, que cuenta con un museo de arte contemporáneo en el que me gusta perderme e incluso echarme la siesta. Nada más hacérmela pasó junto a mí una mujer guapísima de cuarenta y tantos años que también atravesaba el puente de la foto en dirección al museo. Me miró, me sonrió y dijo que yo debía sonreír siempre porque la sonrisa le iba bien a los rasgos de mi cara. Estuve a punto de enseñarle la foto, para que me dijera lo que opinaba, pero solo me limité a sonreír. Me senté en un Café con un precioso patio interior lleno de palmeras y bancos de madera que hacían de mesas improvisadas y una tierra llena de charcos por las últimas lluvias, y miré la foto. Aquella mujer no había salido en ella, por supuesto, pero me dio la sensación de que continuaba mirándome desde un rincón casi imperceptible de la fotografía. El Café fue llenándose de jóvenes que se contaban la vida en varios idiomas. Unos hablaban de Madrid, París y Londres; una chica con la melena sobre los hombres dijo que quería viajar a Nueva York. Al fondo, una pareja se besaba como si solo existieran esos momentos. Dos chicos negros pusieron música en el móvil. Y yo seguí leyendo una novela o escribiéndola día a día.
 
Todo se llenó de jazz mientras la mujer de cuarenta y tantos años me sonreía:
 

 

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