"Espero que no te pase como a Truman Capote, Justo Sotelo. El tipo era un genio de las letras, pero se obsesionó tanto con el personaje que se construyó (el intelectual brillante, ácido y mimado por los millonarios de Nueva York) que al final la fachada terminó devorando al escritor. ¡No dejes que el mito te robe la literatura!"
Es el comentario de ayer por la tarde de Alicia Mendoza Krauss,
una mujer inteligente a la que no conozco en persona. Lo leí mientras
me tomaba una horchata en los Alpes, la heladería que está en Moncloa
desde el año 1950. Me gustó que aludiera al autor de "Desayuno con
diamantes" y "A sangre fría", y me hizo reflexionar durante un rato. A
la misma hora otra amiga virtual Mónica Valencia
me decía que soy lo más sexy de la web y eso me sacó una sonrisa.
Realmente no creo que me pueda el personaje, aunque mis alumnos me
llamen el boss, el goat o el "puto amo", con perdón, lo mismo que otras
personas de otros ambientes (en este sentido siempre recuerdo que lo
decía mi querido Antonio Zaballos, el pintor salmantino que diseñó todas
las portadas de mis novelas, excepto la última). Ya he contado muchas
veces que no me interesan el poder ni la fama, más bien me aburren. Me
divierte cada cosa que hago, como es moverme por el mundillo de la
literatura y de la Universidad, pero no les presto demasiada atención,
como cuando fui bróker y me lo pasaba bien observando los vaivenes de
los mercados financieros con mis conocimientos de las matemáticas y la
teoría del caos que se había puesto de moda y me interesó estudiar
durante un tiempo. Me lo paso bien escribiendo, viajando y caminando por
el parque con la botella de Moët Chandon en la mano y tirar luego las
copas hacia atrás, como en las películas.
Y me gustan los gatos, como a Holly:

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