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domingo, 18 de enero de 2026

"El Café literario de los domingos".


 

Ébano es un Café tropical en el que he leído mucho. Hace unos días pasé por allí y lo encontré cerrado. Me hice la foto mientras echaba de menos los sillones de mimbre en los que me sentaba a leer y ver pasar a la gente. Hace un año estaba allí sentado, como si formara parte de la misma fotografía de entonces (la primera que he puesto), y en cierto momento me escribió por Messenger el poeta argentino Hector Berenguer y me dijo: "¿Esto es una cuestión literaria o es un concurso de belleza masculino? No sería mala idea. Sé que juegas y eres el juglar de las ideas, Justo Sotelo. La literatura tiene que traer también un poco de alegría". Siempre me he tomado la vida como la oportunidad para ser feliz cada día, y desde luego la literatura, como la música, el cine, el arte son oportunidades que tenemos a nuestra disposición para traer alegría a este mundo, como dice Héctor. Apuro el café y pienso que he escrito mucho en ese Café, muchas cuartillas o páginas de ordenador que han quedado en nada, pues solo publico menos de la mitad de lo que escribo. El Café tenía algo de los Cafés decadentes, esos lugares perdidos en el tiempo y en el espacio, que le gustaban tanto a Paul Bowles en su Tánger literario, como el que aparece en la adaptación al cine con Debra Winger y John Malcovich de Bernardo Bertolucci en "El cielo protector":
 
¿Los escritores podemos hacer felices a los demás?

"La mujer del puente".


 
Hace unos días me saqué esta fotografía en una ciudad parecida a La Habana, pero sin el Malecón, que cuenta con un museo de arte contemporáneo en el que me gusta perderme e incluso echarme la siesta. Nada más hacérmela pasó junto a mí una mujer guapísima de cuarenta y tantos años que también atravesaba el puente de la foto en dirección al museo. Me miró, me sonrió y dijo que yo debía sonreír siempre porque la sonrisa le iba bien a los rasgos de mi cara. Estuve a punto de enseñarle la foto, para que me dijera lo que opinaba, pero solo me limité a sonreír. Me senté en un Café con un precioso patio interior lleno de palmeras y bancos de madera que hacían de mesas improvisadas y una tierra llena de charcos por las últimas lluvias, y miré la foto. Aquella mujer no había salido en ella, por supuesto, pero me dio la sensación de que continuaba mirándome desde un rincón casi imperceptible de la fotografía. El Café fue llenándose de jóvenes que se contaban la vida en varios idiomas. Unos hablaban de Madrid, París y Londres; una chica con la melena sobre los hombres dijo que quería viajar a Nueva York. Al fondo, una pareja se besaba como si solo existieran esos momentos. Dos chicos negros pusieron música en el móvil. Y yo seguí leyendo una novela o escribiéndola día a día.
 
Todo se llenó de jazz mientras la mujer de cuarenta y tantos años me sonreía:
 

 

sábado, 17 de enero de 2026

"En la próxima tertulia literaria de los amigos de Justo".


 
En esa foto tengo pinta de chuleta, pero mis amigos sabéis que no lo soy en absoluto, jeje. Es de esas fotos que saca esta red social para conmemorar la amistad con alguien, en este caso que Nuria Condor, que tampoco se llama así, sino Montserrat Abulmaham, una escritora y profesora de lenguas semíticas que nos visitará en nuestra tertulia del martes que viene y que vendrá a Madrid desde Murcia. Será a las 18.15, en el hotel Indigo, Marqués de Urquijo 4, esquina con Princesa. Nos hablará de su novela "Una comuna en Caltanissetta". Hace unos cuantos meses escribí sobre ella en mi blog, en el que decía que sus personajes no han podido cambiar el mundo y tal vez por eso sueñan con vivir en una especie de comuna de la edad madura, al igual que la que imaginó Leonardo Sciacia, el escritor siciliano que decía que El Quijote había que leerlo al menos dos veces en la vida. Si el mundo de Montserrat nace en una ciudad como Ceuta (más que en Tetuán) y pasa por Madrid -universitariamente hablando- termina en Murcia, donde vive la propia autora una vez retirada de sus clases y del ruido del mundo:
 
Y ahora me tomo el primer café mientras diluvia tras los cristales y escucho música, como siempre. La verdad es que no sé vivir de otra forma; en realidad no me apetece vivir de otra manera, desde luego sin escuchar música como la sonata "Hammerklavier" de Beethoven interpretada por la ucraniana Valentina Lisitsa, una música abstracta a primeros del siglo XIX, de ese tipo de obras que me hace sentirme agradecido al género humano:
 

viernes, 16 de enero de 2026

"Convertir la vida en una película".

 

"Aquí, muy contenta, porque al fin llegó mi regalo de Reyes", me escribió ayer la abogada Montserrat Lahiguera López desde Tarrasa, y añadió esta hermosa fotografía. Y lo primero que pensé es que el regalo me lo ha hecho precisamente ella a mí. Ahora espero que le guste un libro que tiene mucho de mí, pero sobre todo tiene mucho del mundo, del cine y la literatura, de la filosofía y el arte, en suma, de la vida que he vivido y vivo y miro y pienso y siento y comparto. Neruda llamó a sus memorias "confieso que he vivido" y yo también lo digo.
El cine es uno de mis "locus amoenus" o lugares idílicos particulares y soy agradecido con las cosas que me han hecho feliz. Desde que era pequeño me veo pasando la tarde en una sala inmensa, dorada y con columnas. Era aquel instante en el que se corrían las cortinas, surgía la pantalla en blanco, se apagaban las luces y comenzaba la película. Por todo eso escribí este prólogo para el libro que ahora Montserrat tiene entre sus manos:
 
"Sabemos que el cine inventó la ciudad de París y que antes lo hicieron los pintores y los bohemios. No es nada nuevo porque el amor romántico también fue una creación de la literatura de los siglos XVIII y XIX, como antes lo había sido el amor cortés en los siglos XII y XIII.
 
"El filo de la navaja" es una novela del escritor inglés Somerset Maugham del año 1944 que se convirtió en película de la mano del director Edmund Goulding en 1946. Esta historia ha influido, decisivamente, en la formación de mi personalidad. En los años ochenta la película se reestrenó en la gran pantalla, y en ese momento tuve ocasión de verla en un cine de la calle Luchana de Madrid. Desde entonces la novela y la película no han dejado de acompañarme. Es una historia intemporal, que vuelve a adquirir sentido en estos tiempos, ya que durante su desarrollo se describen los efectos del crac del 29, una crisis con tantas similitudes con la de 2008 y de alguna manera con la originada por la pandemia de la COVID-19. La mayor parte se desarrolla en Europa, pero sus principales personajes son americanos. El periodo temporal abarca desde 1919 a 1931 y describe la vida de Larry Darrell (que en la película interpreta Tyrone Power), usando el recurso narrativo de la analepsis. Larry es un joven idealista que regresa a su casa después de participar en la Primera Guerra Mundial, donde ha estado a punto de morir. Le salva uno de sus amigos, pero a costa de perder su propia vida. Obsesionado con ese suceso, Larry no se siente atraído por el espíritu emprendedor de un país con unas expectativas inmejorables de crecimiento económico. Las dificultades para adaptarse a la vida ordinaria le hacen dudar incluso del amor que siente por su novia, Isabel Bradley (que en la adaptación cinematográfica interpreta Gene Tierney). Su única obsesión es aprender, reflexionar y explorar aquellas cosas que pueden conceder un verdadero sentido a la existencia. Decide viajar un tiempo a París, y pide a Isabel que le espere, pero ella se cansa de hacerlo y termina casándose con un tipo que le ofrece lo que él es incapaz de darle, dinero, posición y una familia (paradójicamente, su marido se arruinará con la crisis de 1929). Tras vivir un tiempo en la zona bohemia de París, Larry trabajará en las minas de carbón de Francia y, por último, viajará a la India en busca de iluminación, un lugar donde aprenderá que el camino de la salvación es como “caminar por el filo de una navaja”. A su regreso a París, su obsesión será ayudar a los demás en todo lo que pueda, sacrificarse por ellos y llevar una vida sencilla y reflexiva. Estará, incluso, a punto de casarse con una amiga de la infancia solo para salvarla de su lamentable estado, después de perder a su marido y a su hija en un accidente de coche, y dedicarse a la bebida y la prostitución. Incluso Larry animará al marido de Isabel a sobrellevar la ruina económica tras el crac y, en general, a transmitir confianza a las personas con las que se cruza en su camino.
 
La enseñanza esencial para mí de esta historia de aprendizaje, en la tradición de las clásicas “bildungsroman”, es que se puede luchar contra el destino, sobre todo cuando se vive persuadido de que la bondad es una de las mejores maneras de derrotar a la mayoría de los problemas del ser humano.
 
Siempre he encontrado puntos en común con otra de mis novelas favoritas, "El idiota", de Dostoyevski, aunque aparentemente no tengan mucho que ver.
 
Esta también podría ser la novela de mi vida".
 
("A modo de prólogo", de "Un hombre que se parecía a Al Pacino", 2023, Pagés editors y Universitat de Lleida, pp. 15 y 16).
 
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Sí, "locus amoenus" es una expresión hermosa:
 

jueves, 15 de enero de 2026

"Con el editor y escritor Enrique Murillo".


 
Enrique y yo queríamos conocernos y ayer quedamos un rato en la librería Cervantes y Compañía, en San Bernardo. El día anterior había hablado a mis amigos tertulianos de su libro de memorias "Personaje secundario" (Trama, 2025), del que escribí una reseña en la revista Todo Literatura y que ha revolucionado el mundillo literario español. Hablamos con la dueña de la librería, repasamos el libro de Enrique y sus múltiples historias relativas al mundo de la edición española en los últimos cincuenta años y quedamos en que participará pronto en una de mis tertulias literarias. Por cierto, me contó que la mayoría de las novelas de Cormac McCarthy han sido traducidas al español por su hermano Luis Murillo Fort. 
 
A la salida de la librería me encontré con un ex alumno y su novia. Ella iba a una audición en la Escuela Superior de Canto que está al lado, ya que es soprano. No me pude quedar pues tenía un examen, pero ahora me tomo un café y escucho una de las obras que tenía que cantar: 
 
Después de todo yo también vivo para el arte y para el amor, como la Tosca de Puccini.

miércoles, 14 de enero de 2026

"Un lugar donde hablar de libros".


 

 

Quizá seamos los últimos románticos, personas que aún leen libros y que se lo transmiten a los demás, como en una nueva oralidad, una especie de segunda oralidad en tiempos de Internet y la IA. Vivimos la cultura de lo inmediato, unas noticias sustituyen en seguida a las anteriores, no hay tiempo para nada, pero algunos nos empeñamos en llevar la contraria, en detener el tiempo y leer esos artefactos casi mágicos llamados libros que llevan vida en su interior, en la intimidad de sus páginas donde los mismos personajes hablan entre ellos, con el narrador, el autor y los lectores. Así Vicente leyó un texto sobre la última de mis novelas que ha leído, "La paz de febrero" (lo recojo en un pequeño video). Yo me referí a "Personaje secundario" de Enrique Murillo. Carmen a "Berta Isla" de Javier Marías. Un nuevo Javier, el director de la revista "Todo literatura" se nos ha convertido en nuevo tertuliano. Ignacio nos dijo que mañana presenta su novela "Todos a por Ricky" en la librería Mary Read (Marqués de Toca, 3) a las 19. Y de esa forma los demás amigos, Soledad, Begoña, Peter, Mercedes, Antonio Benicio y Juan, y toda la familia que ama la literatura. Dadme un libro, un café y una música y conquistaré el mundo:
 

martes, 13 de enero de 2026

"Historia de unos labios".




 
"La expresión de la boca de Jaume Sabartés pintado por Picasso me recuerda la tuya en algunas fotografías", me dijo ayer en Instagram Carmen Roiz, que es profesora de Historia de la música, Middlebury College, Vermont, USA. Tras leerlo le dije que pensaría un poco en ello; y eso es lo que he hecho desde mi facultad (tercera fotografía). La relación entre Picasso y Sabartés fue de una amistad profunda y duradera que comenzó en Barcelona a finales del XIX. Sabartés fue su secretario personal y biógrafo en París desde 1935 y fue esencial para la creación del Museo Picasso de Barcelona tras su muerte, uno de los lugares que más me gustan de Barcelona y en el que no me importaría echarme la siesta, como a veces he hecho en el Prado. El retrato con gorguera y sombrero le muestra como un gentilhombre vestido a la moda de los tiempos de Felipe II, casi como el retrato del monarca o un cuadro del Greco, cuando se llevaban las gorgueras. En 1939, ante el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial, Picasso se refugió en la estación balnearia de Royan. Se hospedó allí con Dora Maar y Sabartés, mientras en una casa del mismo pueblo estaban alojadas Marie-Thérèse Walter y su hija Maya. Se observa la deformación de la figura humana, sobre todo a partir de la distorsión del rostro en una estudiada aleatoriedad que permite la identificación a pesar del amorfismo. Picasso incide en la condición de miope de Sabartés y en la palidez de su piel. Esta deriva deformante tuvo a sus parejas Dora y Marie-Thérèse como modelos, a la primera a partir de ángulos agudos, formas triangulares y líneas rotas y a la segunda en líneas curvas y sensuales, vertiente en la que se inserta el retrato de Sabartés. Picasso lo representó en otros retratos y caricaturas, como monje, payaso, fauno, torero. El segundo cuadro que dejo por aquí es una de sus primeras pinturas de su periodo azul, donde, más allá de ser el típico bebedor solitario e introspectivo, alude al vínculo entre ellos y a los jóvenes artistas de Barcelona. En esa época ambos eran clientes del Café “Els Quatre Gats”, punto de reunión de los artistas de vanguardia, muy popular por sus debates, exposiciones y tertulias literarias, un mundo que busqué en Madrid y París en mi novela "Vivir es ver pasar" (1997). La verdad es que no me importaría que Picasso me hubiera pintado. Le invitaría al teatro Monumental para escuchar a Gustav Mahler, como haré pronto con su Décima sinfonía, que dejó incompleta y fue reconstruida con sus esbozos. Hablo de la misma época y a la vez de mi propia época:
 

lunes, 12 de enero de 2026

"La tertulia de los amigos de Justo y mi amigo Chema Menéndez".


 

Mañana vuelve nuestra tertulia literaria a las 18.15 en el restaurante Best Princesa, del Hotel Indigo de Argüelles, con la idea de hablar del libro que haya leído cada uno esta Navidad o de lo que se tercie, ya que una de las características de esta tertulia es la improvisación. Por mi parte a lo mejor leo un cuento de Cortázar.

Cada tres martes se hace virtual, por Zoom, y uno de los integrantes desde la pandemia de la Covid es Chema Menéndez. El otro día me fui a visitarle a él y a Francoise al norte de Tenerife, en Tegueste, un hermoso lugar cercano a La Laguna en el que viven algunos de mis amigos profesores de la Universidad. Y además de regalarme una caja de galletas de La Gomera que están muy ricas y que ya me he comido, dicho sea de paso, me llevé un hermoso solo de guitarra de Chema con la Evocación del compositor y guitarrista argentino José Luis Merlín. Este ingeniero y economista que contribuyó al desarrollo telefónico de la isla es un enamorado de las humanidades y después de jubilarse aplica aquello que dijo Clint Eastwood de no dejar entrar al "viejo" dentro de nosotros. Por eso lee, pinta, aprende a tocar la guitarra clásica y hasta ha hecho cine, aunque en esto quien destaca es Hugo, su hijo, al que he invitado a que nos dé una tertulia virtual cuando quiera. Lo último que Chema está practicando con la guitarra es el Ave María de Schubert, que le parece muy difícil. Antes de dejar a Chema con su nostálgica "evocación", escucho a la soprano norteamericana Bárbara Bonney (va por mi amigo íntimo José Ramón):

https://www.youtube.com/watch?v=tDQj7j-xogM&list=RDtDQj7j-xogM&start_radio=1

domingo, 11 de enero de 2026

"Una teoría sobre las hormigas y los piratas".


 
Hoy me tomo el primer café del domingo con las palabras que me dedicó el otro día Laura Hdez, una amiga virtual a la que no conozco personalmente, pero que siempre hace reflexiones interesantes por aquí y en su muro. 
 
"Por algo tiene ese nombre. La vida real también es un libro. Justo, mientras toma vino y come pulpo, mastica un pensamiento que lo mantiene despierto en la noche, con los ojos abiertos a una realidad que muchos niegan por cobardía, la que su madre le dijo que estaba creada por el miedo a ser libre. En cada trago contempla su infancia, cuando se detenía en medio del ejército de hormigas después de la tormenta. Al contrario del ser humano que es cobarde, las hormigas van desnudas, con esfuerzo en su frágil cuerpo. Todas son sinceras entre ellas y ninguna se cuela porque la Reina hormiga se lo permita. Por el contrario, los humanos rompen filas, mienten, amañan premios y consienten el fraude con la excusa de que, aunque lo sea, el autor o autora es excelente. La cobardía no está en las hormigas ni en Justo. Justo camina desnudo, hacia esa luz de la justicia detrás del cristal, como el eco de un gato sin hogar que maúlla justicia".
 
Ayer saqué la foto en la calle Príncipe, junto a la Plaza Santa Ana del centro de Madrid donde hay una librería en la que transcurre mi novela "Las mentiras inexactas" (2012, Izana) y se habla de piratas. Cada vez que mis padres me regalaban un libro “de aventuras” me convertía en un pirata, un aventurero en la selva o un pistolero del Oeste. En “Las mentiras inexactas”, Sergio Barrios, el protagonista, enseña a su profesora de la Universidad Complutense, Nora Acosta (que está enamorada de él, a pesar de la diferencia de edad), los libros que llenaron esos años, y un tal Sotelo lo cuenta en la página 117 con estas palabras: "En una de las estanterías estaban sus libros desde los diez a los quince años, el tiempo de viajar con el profesor Challenger, el periodista Malone, lord John Roxton, y otro profesor, rival del primero, Summerlee, en busca del mundo perdido, cuando el suyo aún estaba por hacer o se hacía con otras compañías, como las del capitán Nemo a bordo de su Nautilus, al lado de Axel y Aronnax, o las de Jim Hawkins, John Silver y el fantasma del capitán Flint en la aventura más excitante que había vivido hasta entonces o las de Guillermo Brown, Tarzán y el mismísimo Sherlock Holmes".
 
Ya solo me falta la música:
 
Y entre hormigas y aventuras se hace uno escritor.

sábado, 10 de enero de 2026

"Esta sociedad nuestra tan políticamente correcta".


 

Resulta que en una Universidad de Texas no está bien visto hablar a los alumnos de Platón. Me refiero a la Texas A&M, una universidad pública, la sexta más grande del país por cantidad de alumnos y que se encuentra entre las que más invierte en investigación. Hace 2500 años Platón nos contó el Banquete con Sócrates, Aristófanes y otros amigos, una de las obras más importantes de la humanidad (junto al resto de la obra de Platón), un diálogo en el que se abordan asuntos como el patriarcado y la masculinidad, la identidad de género y la condición humana. Aristófanes nos explica que originalmente existían tres géneros humanos (masculino, femenino y andrógino) con forma esférica y cuatro brazos/piernas, pero Zeus los dividió a la mitad por su arrogancia, creando los dos sexos actuales y el mito de la "media naranja", donde el amor es la búsqueda de la otra mitad perdida para lograr la plenitud. Y a un profesor de filosofía, Martin Peterson, que imparte la asignatura de "Problemas Morales Contemporáneos", la dirección le ha pedido que elimine pasajes de Platón de su programa de estudios. Y no se queda en eso, pues cineastas queer, escritoras feministas y hasta filósofos occidentales de la antigüedad están en la lista de descartes. Hay 200 cursos de la Facultad de Artes y Ciencias marcados o cancelados por su relación con el género o la raza.

En este artículo del 7 de enero se puede leer con detalle:

https://www.insidehighered.com/news/faculty-issues/academic-freedom/2026/01/07/plato-censored-texas-am-carries-out-course-review

¿Volvemos a la caverna de Platón? Y pensar que todo esto ya lo tenía asumido desde que era un crío y me dio por estudiar y aprender. En fin, mientras me tomo un café, me consolaré escuchando la Quinta sinfonía de Shostakóvich, que escucharé en directo a final de mes en el Auditorio Nacional de Príncipe de Vergara. Shostakóvich sufrió la censura del régimen soviético, que me temo que era bastante peor, por escribir una música demasiado moderna y degenerada, según ellos, y les contestó con esta obra:

https://www.youtube.com/watch?v=cg0M4LzEITQ

¿Hasta dónde puede llegar a veces nuestro grado de infantilismo?

viernes, 9 de enero de 2026

"De Facebook a la prensa convencional".


 

Ayer me encontré un montón de cosas y personas que se cruzaron en mi camino. En el súper me crucé con mi dentista de toda la vida, una señora encantadora; en la peluquería con Alfonso, un alumno al que di clase en 2014 y no veía desde entonces, aunque me dijo que me sigue, silenciosamente, por las redes sociales. La fotografía que he puesto es después de quedarme casi sin pelo. Por la calle se me acercaron tres alumnas del cuatrimestre pasado para abrazarme (en este sentido nunca podría ser infiel en mi vida pues me pillarían en seguida paseando por cualquier parte, jeje). Junto a ello una alerta de Google me señaló que mi nombre aparecía en un artículo del Periódico de Aragón, como consecuencia del post que escribí antes de ayer sobre los premios literarios, donde contaba un diálogo con el escritor Manuel Vilas, al que deben querer mucho en Zaragoza, y el editor (y también escritor y tantas cosas) Rafael Murillo, el autor de "Personaje secundario", que terminará convirtiéndose en la biblia de la historia editorial de este país en la segunda mitad del siglo XX. En ese artículo me llaman "seguidor", un calificativo que sumaré a todos los que me han llamado en mi vida, desde yuppi a Bobó pasando por pijo, jipi y libertario y libre pensador. Y también me hace gracia que el periodista reproduzca, casi literalmente, el post. Es la época que nos ha tocado vivir, y ya hasta los posts de las redes sociales alimentan a la prensa convencional:

https://www.elperiodicodearagon.com/cultura/2026/01/07/manuel-vilas-se-enzarza-sobre-la-pureza-de-los-premios-literarios-no-son-un-fraude-125440603.html

Así, en honor de Zaragoza y de que este año se conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla, me tomo el primer café de la mañana escuchando la jota final de El sombrero de tres picos:

https://www.youtube.com/watch?v=GOhjQ1WDWss

jueves, 8 de enero de 2026

"Ese otro yo que vamos dejando atrás".


 
El tiempo pasa, inexorablemente, para todos, incluso para los niños que nacen los primeros días del año. ¿Os habéis preguntado en qué cosas vamos cambiando de un año para otro? ¿Cómo va cambiando nuestro rostro o nuestro interior? Mientras me tomo el primer café de este frío jueves reflexiono sobre el "tema del doble" que planteé en mi tesis "La semántica ficcional de los mundos posibles en la novela de Haruki Murakami" (UCM, 2012) a partir de la página 47. 
 
"El doble ha sido un tema popular en la literatura oral y escrita desde la Antigüedad hasta el Surrealismo, y en la actualidad está muy presente en la novela posmoderna. Octavio Paz expresó la angustia del ser humano en la búsqueda del “otro” que es él mismo; su soledad se produce al estar separado de su ser, ya que es dos (...)
 
"Tomando como referencia el "Orlando" de Virginia Woolf, un único individuo existe en dos o más mundos posibles. Tiene bastante que ver con la popular reencarnación del mito, ya que un individuo con una identidad personal fija existe en varios mundos posibles con distintas identidades X, X´, X´´. Al pasar de uno a otro, experimenta cambios (como puede ser de hombre a mujer). La semántica de los mundos posibles trasciende las restricciones de la semántica lógica; no hay restricción epistémica (o sería fenomenológica), ya que las encarnaciones del protagonista existen en mundos posibles diferentes; aun así, se dan contradicciones entre los individuos, al vivir vidas con etapas discontinuas (...)
 
"El tema "Anfitrión" tiene su origen es la obra de Plauto, y se refiere a dos individuos con diferentes identidades personales, pero con la misma forma en sus propiedades esenciales, y que coexisten en el mismo mundo de la ficción. En la temática selectiva se habla de “Doppelgänger” o el caso de los gemelos idénticos, X = Y. La identidad no tiene por qué ser absoluta, solo que exista similitud física y de comportamiento, lo que dificulta la identificación (...)
 
"El tema del "doble propiamente dicho" se refiere al mismo mundo posible, pero existen dos encarnaciones de un único individuo. En él se exige una manipulación radical de todos los rasgos semánticos de compatibilidad e identidad personal, pues el mismo individuo aparece en dos manifestaciones alternas, casi siempre como dos personajes de ficción. Los seres duplicados pueden coexistir en el mismo cronotopo como "El doble" de Dostoyevski o ser excluyentes como en la historia de Stevenson "El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde" (...)
 
Y podría seguir hablando de "William Wilson", de Poe, "El Retrato de Dorian Gray", de Wilde, "La nariz", de Gogol, etc.
 
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Siempre me he sentido identificado con Mahler, "doble" de alguna forma de Gabriel Relham, el protagonista de "Poeta en Madrid", y con una película que tanto me gustó de adolescente y en la que me sigo deteniendo al atardecer, como en esta foto:
 

"Los premios literarios en España son un fraude".


 
 
No sé por qué a veces presto atención a estas obviedades. El caso es que anoche se falló el Premio Nadal y el ganador del 23, Manuel Vilas, un tipo que me cae bien, dicho sea de paso, escribió un post comentando que era una incógnita saber quién lo ganaría este 2026. ¿Quién lo ganará?, se preguntó y añadió acto seguido: "Esta noche lo sabremos. Un escritor o escritora va a ser muy feliz". Será porque me acababa de beber media botella de vino blanco afrutado con un estupendo plato de pulpo frito con papas arrugadas y mojo picón, el caso es que abrí Facebook, leí las palabras de Vilas y le contesté lo siguiente: "¿Muy feliz sabiendo que los premios literarios en España son un fraude? En fin. Un abrazo". Y él me respondió: "No estoy de acuerdo, no son un fraude. Otro abrazo". Entonces invoqué a uno de los grandes editores históricos que tenemos en este país. "Pregunta a Enrique Murillo, que sabe un poquito más que tú y yo del asunto. Otro abrazo". Y, al cabo de un rato, Enrique escribió: "Justo Sotelo, desde el Anagrama de ensayo hasta el Herralde de Novela, desde el Plaza & Janes (que me cargué), al Planeta, Azorín... Si el editor está en el jurado, mal vamos. Las excepciones son raras". Ahora vuelvo a recomendar el libro de memorias de Murillo "Personaje secundario" (Trama, 2025), que considero un acontecimiento en el panorama literario español, del que he aprendido muchas cosas y sobre el que escribí hace poco una de mis particulares reseñas en la revista "Todo Literatura:
 
 
 
Y comparto una fotografía de uno de mis paraísos particulares que saqué antes del diálogo que acabo de contar y que aparece en mi novela, "Poeta en Madrid" (Huso, 2021), y escucho a Caco Senante y su mojo picón, claro:
 

martes, 6 de enero de 2026

"Los Reyes Magos me han traído otros zapatos blancos".


 
“Dicen que un hombre que lleva zapatos blancos, escribió el otro día en esta red social la artista catalana Gloria Grau Ruiz, revela más de lo que parece. Habla de alguien que cuida los detalles y que no teme destacar con discreción y tiene además una seguridad tranquila. El blanco exige orden, personalidad y una mirada moderna; no todos se atreven, solo los que saben quiénes son.”
 
Hemos venido a este mundo a amar y a divertirnos. Y a comernos el mundo o al menos un bollo de leche o un trozo de Roscón de Reyes relleno de literatura, música, delicadeza, sensualidad y sensibilidad. En cuanto sale el sol me pongo mis zapatos blancos y me quito la gabardina negra, esa con la que mis alumnas me dicen que parezco un poeta romántico, a lo Byron, Shelley o Wilde. Hablando del autor de "Las peregrinaciones de Childe Harold", "Cielo y tierra" o "Don Juan", mientras me tomo el primer café de la mañana recuerdo que tuve que examinarme del Don Juan cuando estudié la asignatura del mismo nombre con José Paulino en la Complutense. Y recuerdo una de esas películas españolas que se me han quedado en la memoria, cuando Gonzalo Suárez inmortalizó a Byron en "Remando al viento":
 
"So, we'll go no more a roving", nos dice Byron. "Wake the serpent not", añade Shelley, mientras Caspar David Friedrich, John Constable y William Turner nos regalan los cuadros, Mozart, Beethoven, Grieg y Vaughan Williams la música y Suárez la literatura de su mirada y de su cámara.
 
Se rompe el hielo de la indiferencia. El blanco ya es rojo o azul, como mis zapatos.

lunes, 5 de enero de 2026

"¿Alguien quiere pasear conmigo por esta playa?"


 
 
De haberlo hecho habría sido testigo de algo mágico que me sucedió ayer por la tarde. Ella salió de un extremo de la playa y él del otro, a dos o tres kilómetros de distancia. Ella caminaba despacio pensando en el examen de literatura española del Siglo XVII que debía realizar en unos días, a la vuelta de las vacaciones. Él daba vueltas al relato que estaba escribiendo basándose en algunas ideas esenciales del Romanticismo inglés y alemán. Llegaron hasta mí, se detuvieron y me miraron. De improviso desaparecieron de mi vista y solo distinguí a Tiresias que se reía en la orilla. Me acerqué a él y le pregunté por qué se reía y si había visto a un hombre y una mujer que estaban a mi lado hacía un instante. Mírate dentro de ti y verás a los dos, me dijo, pero no olvides que tu parte femenina disfruta mucho más que la masculina durante el acto sexual. Ah, añadió, no he visto a nadie porque sabes que soy ciego.
 
En un quiosco de la playa sonaba una sinfonía de Brahms:
 

domingo, 4 de enero de 2026

"Una historia de amor y espías en Venezuela".


 
Ayer fui a echar gasolina temprano. Cuando me incliné para abrir el depósito se me acercó sonriente un joven alto y fuerte, y me dijo casi en el oído que me iba a dar una gran noticia con la que me alegraría la mañana. Él era de Venezuela y estaba feliz. Llenó el depósito del coche sin dejar de sonreír y al final me dio la mano y me dijo que no pensaba cobrarme la gasolina. Un rato antes yo había escrito un post hablando del lector y del escritor, de la comunión que se establece entre ambos, y acto seguido me había puesto a releer una novela de Marta Muñiz Rueda, "Tú, yo, la lluvia" (2023), para la que escribí el prólogo y cuyo protagonista se inspiraba en mí, aunque yo diría que más en una mezcla entre Humphrey Bogart y Cary Grant. Al subirme al coche pensé en "Casablanca", "Encadenados" (que sucede en Río de Janeiro) y la Buenos Aires de la novela de Marta. Podría llevarme a los protagonistas de la novela a Caracas e inventarme una historia de amor y de espías. Ahí estarían Plácido Salvatierra, un empresario teatral que tenía dos hijas de su primera mujer, Eliana, que le enseñó a amar el invierno, a hornear galletas de mantequilla en los domingos por la mañana y a observar el mar todas las noches con la intensidad profunda de sus ojos grises. Plácido (no Justo Sotelo o sí) se había vuelto a casar con Valeria Ferragano, una actriz a la que conoció en París, y que con sus ojos verdes y su piel morena, su acento italiano y sus piernas de infarto le enseñó a disfrutar de nuevo de la vida. En el avión de Barajas a Buenos Aires (o a Caracas), Plácido conocería a una mujer con el pelo negro, largo y ondulado, hasta media espalda. Era delgada, alta y frágil, y su tobillo izquierdo estaba tatuado. Horas más tarde sabría que se llamaba Gabriela Vargas y que era la reina del tango. Su acompañante, un hombre maduro, con el pelo canoso recogido en una coleta se llamaba Max Zimmermann Pelegrini y era un exitoso dramaturgo argentino, quiero decir venezolano.
 
Así que ahí tengo el tobillo tatuado de una mujer y una ciudad llena de espías y de conflictos internacionales, rodeada por montañas con picos como el Oriental (Silla de Caracas) y el Occidental (Cerro El Ávila), y al este el más alto, el Pico Naiguatá; al sur hay otras colinas y montañas que conforman los Altos Mirandinos. Y ahí estoy yo en esta fotografía (o quizá Plácido), tal vez en el Puerto de La Guaira, a unos treinta kilómetos al norte de Caracas, en el estado Vargas, en la puerta del Mar Caribe, inventándome una novela, ya que a lo mejor Plácido trabaja para la Embajada de Estados Unidos y se enamora de Gabriela, mientras Valeria se acuesta con el actor que interpreta una obra de Zimmermann, que contará esta historia en una futura obra de teatro. Entre tanto escucho a Gustavo Dudamel y a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, de Venezuela:
 

sábado, 3 de enero de 2026

"¿Para qué sirve un escritor?"


 
Hace unos días me escribió Fina Gasent Pla y me dijo cariñosamente que me había conocido gracias a mi novela "Poeta en Madrid" (Huso, 2021), cuya lectura le recomendó su pareja, Jacinto Bruggera, que se acercó a conocerme en la Feria del Libro del Retiro de ese mismo año, y se llevó la novela (Jacinto está en la foto junto a María Victoria Huertas y María José Muñoz Spínola). Desde entonces me sigue por las redes sociales, pero en silencio, debido a su timidez. Añadió que le agradaba mi sinceridad y mi afición a la musica. Ahora me tomo el primer café de la mañana y pienso en ello, en el carácter anónimo de tantos lectores atentos y cariñosos que no nos dicen nada, pero que nos leen y participan un poco de nuestro mundo gracias al poder de la literatura. También hace unos días felicité a mi encantadora amiga asturiana Isabel Menéndez Menéndez por su cumpleaños, y le dije que pidiera un deseo; me contestó que "seguir leyéndote". Como tal me siento un tipo afortunado. Lo es que muchos alumnos me digan, con el paso de los años, que se han dedicado a la enseñanza porque les di clase o que una persona que no te conoce lo haga a través de la lectura de tus libros. Quizá por eso siempre digo que a un escritor se le conoce por sus libros, no por la vida que lleva o por sus valores éticos y morales. Y no por sus fidelidades o infidelidades amorosas, que tan solo le importan a él, sino por los textos que pone a nuestra disposición. Otra cosa es que todo lo que vives, todo lo que piensas, las vicisitudes que pasas acaben formando parte de tus novelas, al igual que sucede con tus lecturas, las películas que ves o la música que te conmueve. El escritor busca utopías y el lector le acompaña en el camino, y esto me parece muy hermoso, como lo es inspirar a otras personas para que te conviertan en personaje de una novela, un poema o una película.
 
Como escuchar jazz mientras apuro el café:
 

viernes, 2 de enero de 2026

"Á Chloris".

 





"Si es cierto, Cloris, que me amas,
y creo que en verdad me amas,
dudo que ni aún los dioses
sientan un gozo igual al mío.
¡Cuán inoportuna sería la muerte
si viniera a trocar mi suerte
por la felicidad de los cielos!
Todo lo que dicen de la ambrosía
no obnubila mi imaginación
a cambio del favor de tus ojos".
 
(Théophile de Viau, París, 1590-1626).
 
A este poema le puso música Reynaldo Hahn (Caracas 1874-París 1947), amante de Marcel Proust (París, 1871-1922). La canción está escrita en un estilo neobarroco y representa, en cierto manera, un homenaje a Juan Sebastián Bach (Eisenach, 1685-Leipzig, 1750). Y ayer quise introducirme en la música y el poema, y no se me ocurrió otra cosa que subirme en el coche y subir y bajar montañas. Había dejado de llover. Las sinestesias se apoderaban de los abismos que se abrían a mis ojos:
 
La vida, el mundo son una espectáculo para los cinco sentidos. Y la literatura lo sabe.