domingo, 1 de noviembre de 2026

"Los peluqueros ilustrados".





Siempre me ha gustado ir a la peluquería. De pequeño me obligaba mi madre, claro, ya que me daba pánico ver aquella navaja con la que me rasuraban el pelo por detrás, por la nuca o el contorno. Y con la mano libre te estiraban, suavemente, la piel de la zona para dejarla tensa y que la hoja se deslizara sin enganches. Pero reconozco que los peluqueros te dan conversación y te cuentan muchas cosas, de política, de fútbol, de los famosos de la tele, la moda del momento y todo eso. Además de recordarme mi parecido con Al Pacino y Andy García, el otro día Luis, mi peluquero desde hace muchos años, me regaló un libro de matemáticas de 1835 tras cortarme el pelo (en la foto). Este fin de semana se ha ido a Milán a celebrar su cumpleaños. Por cierto, en nuestra última tertulia, el escritor Vicente Rey, que ha sido peluquero toda la vida y que nos va a presentar su primer libro de relatos, "El peón de dos coronas" (Los Libros del Mississippi) en la tertulia del próximo martes en el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4 (Metro de Argüelles), a las 18.15, dijo que no me favorecía el corte de pelo tan juvenil. Y yo sonreí, claro; la verdad es que me paso la vida sonriendo ante lo que me dicen y ante lo que veo por ahí. Pero hablando de ver, observo la fotografía con el corte de pelo y tengo que admitir que me hace la cara más gordita y ya no doy el pego. Y es verdad que ya no puedo presumir de joven. Si es que los años no pasan en balde y estoy perdiendo mi "sex appeal". No voy a quedar ni para ejercer de "sapiosexual". Pero, bueno, qué le vamos a hacer, que se mueran los feos:
 
En fin, cosas que se me ocurren cuando salgo de la peluquería.

sábado, 31 de octubre de 2026

"Esta tarde me iré a ver Yerma en el Español".


 
Lorca la estrenó en este teatro en 1934 y forma parte de su "trilogía rural", con Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. La tragedia gira en torno a la maternidad frustrada y la opresión de la mujer en un entorno rural asfixiante. Obviamente el nombre de la protagonista, Yerma, funciona como un símbolo de la tierra seca e infecunda. Uno de mis cuentos de 2015 alude a este asunto, a la escultura de Lorca en la Plaza Santa Ana de Julio López, con la alondra en las manos, signo de fertilidad.
 
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"Lorquianamente o sea desesperadamente (a cámara lenta)".
 
Les sacó una fotografía junto a la estatua, sumergidos en el mar de cerveza en el que se había convertido aquel lugar.
 
El escultor quiso homenajear al poeta con la imagen de la alondra, dijo ella tras besar al viejo en la mejilla y guardar el móvil en el bolso. Esa alondra representa el sueño de ser padres, añadió con un imprevisto rictus de tristeza. Llegará la primavera, dijo él intentando besarla, y entonces la mujer se llenará de gozo. Ella apartó la cara, se volvió y fijó la mirada en la figura de bronce. ¿Qué nos está ocurriendo?, dijo él, observando el rostro del poeta. Supongo que lo mismo que a otras parejas, respondió ella, mientras se encaminaba hacia al puerta del teatro como si volara. Una vez dentro se dirigieron a la cafetería. Hace mucho que no me dices que me amas, dijo él entre balbuceos. Es verdad, susurró ella, hace mucho que no te digo que te amo. Tal vez porque solo necesito quererte, le brilló a él la mirada. Tal vez, dijo ella con la mirada perdida. En ese momento apareció el viejo y les dijo que estaría encantado de hacerles otra fotografía. Pero lo mejor sería que subieran a la cuarta plaza del edificio; desde allí había una vista magnífica.
 
Al regresar a casa esa noche, observaron con más cuidado la fotografía. Detrás de ellos había un busto del poeta con la misma alondra de la plaza sobre sus manos.
 
Y parecía sonreírles.
 
("Lorquianamente o sea desesperadamente (a cámara lenta)", de Cuentos de los viernes", 2015, Bartleby Editores, p. 41).
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Dejo a Lorca tocando la Nana de Sevilla al piano, con La Argentinita, una canción de origen popular:
 

viernes, 30 de octubre de 2026

"Es el último parecido que me han sacado".

 

Con Jaime Urrutia, el mítico cantante de Gabinete Caligari al que cité el otro día por aquí con su "cha cha cha" al referirme a su hermano, el compositor Alberto Urrutia y su encuentro con Woddy Allen en la Cuesta Moyano de los libros viejos de Madrid. Y estas cosas siempre me han hecho gracia. Ayer me metí a tomar algo, cerca de casa, en uno de esos bares de toda la vida que aún quedan en Madrid al que voy de vez en cuando y uno de los camareros me preguntó si yo era Jaime Urrutia. Dejé de leer, le miré a los ojos, sonreí y le dije que era Al Pacino. Nos reímos los dos y él siguió con su trabajo repitiendo entre dientes que me daba un aire. Y mientras tanto yo pensaba que no hay nada como el calor del amor en un bar:
 
Como me han dicho tantas veces, mi vida es como una película de Woody Allen.

jueves, 29 de octubre de 2026

"Palinuro de México", una novela sobre la condición humana.


 
El final de la tertulia del martes lo dedicamos a analizar el fenómeno estudiantil y otras revueltas que se están produciendo últimamente en Europa; pero también hablamos de lo que sucede en México, ya que teníamos con nosotros a la profesora mexicana Mariola Satorre, que en cierto momento aludió a la masacre de estudiantes de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Al escucharla mencioné la novela "Palinuro de México"(1977) escrita por el mexicano Fernando del Paso. Es una "novela total" ya que su significado no se limita a una sola interpretación, sino que funciona como un universo expansivo que entrelaza la mitología, la política, la ciencia y el arte para explorar la condición humana. Palinuro fue el piloto de Eneas tras su salida de Troya, y aquí es el narrador de un viaje por el cuerpo humano y de la juventud mexicana en torno a la masacre de estudiantes que he citado, una especie de diccionario de Voltaire, lo más cercano que he leído a Rabelais, Cervantes, Sterne, Joyce y Faulkner. Fernando del Paso quiso ser médico y en la novela lo es a través de Palinuro. La novela utiliza el léxico de la anatomía, la fisiología y la patología, pero no funciona como un tratado científico, sino como un recurso lírico y subversivo. El cuerpo se convierte en una metáfora del mundo, de México y la propia escritura. La ciencia se humaniza para explorar la belleza de las vísceras, la enfermedad y el miedo a la muerte en contraste con el asco instintivo que el propio Palinuro siente por la sangre en sus estudios. Gran parte de la trama gira en torno a la relación apasionada, hiperbólica e incestuosa entre Palinuro y su prima Estefanía. Ese erotismo desenfrenado ocurre en una habitación de la plaza de Santo Domingo, como una trinchera en contra de la podredumbre del mundo exterior. El amor y el sexo son una celebración absoluta de la vida, un acto de rebeldía y juego libre frente a un entorno político opresivo y violento. El significado formal de la obra está en su ambición de "englobar" todo el conocimiento, el arte, la historia, la medicina, la cultura popular y la alta literatura. Rompe con la narrativa lineal. Incluye pasajes de corte teatral (como el capítulo "Palinuro en la escalera"), sátira, humor surrealista, listas interminables y juegos verbales barrocos. Es de las novelas que más veces habré releído por su libertad creativa absoluta y ser una fiesta del lenguaje que desafía los límites tradicionales de la literatura.
 
Estos son algunos fragmentos del capítulo 10:
 
"Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente. Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados hacíamos el amor igualmente. Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente. O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.
 
Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hacíamos el amor yo a ella y ella a mí: es decir recíprocamente.
 
Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente. Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente. O bien a Estefanía le daba por recordar las ardillas que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas de creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor, nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
 
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimiento y sin sentido. Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente. Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
 
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y sobre todo hacíamos el amor físicamente.
 
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo y por simple razón de que yo lo quería así y ella también hacíamos el amor voluntariamente".
 
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Me tomo un café y escucho el Adagio de Barber, en memoria de los fallecidos por el accidente de ayer de los trenes en Toledo:
 


miércoles, 28 de octubre de 2026

"Un 10 para Almudena Mestre".


 



Y nos fuimos a Albania gracias a las "slides" que nos preparó nuestra escritora madrileña en su reciente viaje a la Biblioteca Nacional de Tirana (Albania) para leer su estudio comparativo entre las obras de Ismail Kadaré y Luis Martín-Santos. Nuestra tertulia literaria "on line" se convirtió en una especie de defensa de un TFG o TFM a los que estoy tan habituado en la Universidad, y disfruté con ella, como les ocurrió al resto de tertulianos. Almudena nos habló de la Asociación de Escritores de Castilla La Mancha y su viaje a Tirana, de aquel país, de su historia, de sus costumbres, de la economía y de la actualidad, incluidos los disturbios que también se están produciendo allí, a los que dedicamos los últimos minutos de la tertulia, incluyendo los de Europa y también en otros países como México y Argentina, ya que algunas de las tertulianas se conectaron desde allí (recibimos por primera vez a Juan Antonio desde Villajoyosa, un sitio que me gusta mucho por el chocolate Valor y por su romántica playa de nudistas). Almudena también nos habló del embajador de España en Tirana y la fiesta que les organizó, de los hoteles y las comidas. Y de literatura, claro. La tercera foto cubre algunos aspectos de las obras de Kadaré y Martín-Santos de las que nos habló, básicamente con "El palacio de los sueños" y "Tiempo de silencio".
 
En realidad lo que a mí me gusta es ver a mis amigos por la pantalla de Zoom. Nuestra tertulia es como una sinfonía, una reunión de instrumentistas que, durante hora y media de los martes, dejan las cosas que tenían que hacer para conectarse y ponerse una sonrisa en los labios y las páginas de unos libros o una película o una obra de teatro o cualquier otra actividad artística.
 
Sí, la tertulia es como una sinfonía de Schubert, el compositor que tanto amaba a Beethoven, del que hablé ayer, y que después fue tan admirado por Bruckner:
 

martes, 27 de octubre de 2026

"Estoy harto".



De la polarización, de la superioridad moral de unos sobre otros, de que se considere que hay mujeres de primera y de segunda, de que se ocupen plazas en las que ya no da el sol. Estoy harto de que no leamos literatura ni veamos cine con calidad y no pueda encender la televisión sin escuchar gritos, insultos, mentiras, como leer los otros medios de comunicación. Estoy harto de que trivialicemos el amor, la cultura, la justicia. Y de que todo se haga para lograr dinero y poder. Aun así no pienso agachar la cabeza. En esa foto de ayer parece que lo estoy haciendo, pero en realidad pensaba en cuando Beethoven escribió su Tercera sinfonía y se la iba a dedicar a Napoléon, al que admiraba como un héroe de la Revolución Francesa y defensor de la libertad, la igualdad y los derechos del pueblo. Pero se enteró de que se había autoproclamado emperador y entonces rompió la página de la dedicatoria; Napoléon se había convertido en un tirano hambriento de poder. 
 
Por eso me tomo el primer café escuchando la música de Beethoven, porque siempre creeré en la libertad, la bondad, la inteligencia, el arte y la cultura: 
 

lunes, 26 de octubre de 2026

"Una vida, un libro, una película".


 

No es una película aparatosa y taquillera. Se estrenó en junio de este año y la vi anoche en Movistar. Su director, Dani Sancho (Barcelona, 1987), se ha basado en el libro autobiográfico de Ousman Umar, que a los catorce años abandonó su aldea en Ghana persiguiendo el mito de Europa -el que en su entorno llamaban "el país de los blancos"-. Viajó durante cinco años, atravesó ocho países y consiguió llegar a Barcelona, donde su vida se transformó radicalmente al ser acogido por una familia de la misma Barcelona. No tenemos que esperar la descripción del terrible viaje, ni grandes efectos especiales. Es más bien un viaje al interior de uno mismo, introspectivo, el análisis de la evolución del personaje que se transforma en el propio Ousman en el último tercio de la película, como en un acto performativo que ofrece estructura y belleza a esta historia. Ousman fundó en 2012 la ONG Nasco Feeding Minds (conocida en parte como Nasco ICT) con el objetivo de proporcionar educación digital, informática y acceso a la información a niños y jóvenes en Ghana.
 
Este es un traíler de la película:
 
Este es un booktráiler con el propio Ousman:
 
Y aquí está también el director en Días de cine:
 
Como digo siempre a mis alumnos, si cada niño de África tuviera un móvil y un ordenador seguro que lograría más cosas en la vida y por supuesto no se querría ir al país de los blancos o al menos lo haría para gastarse su dinero, como hacemos los ricos en los lugares más lejanos del mundo para hacernos fotos en Instagram.