Ébano
es un Café tropical en el que he leído mucho. Hace unos días pasé por
allí y lo encontré cerrado. Me hice la foto mientras echaba de menos los
sillones de mimbre en los que me sentaba a leer y ver pasar a la gente.
Hace un año estaba allí sentado, como si formara parte de la misma
fotografía de entonces (la primera que he puesto), y en cierto momento
me escribió por Messenger el poeta argentino Hector Berenguer y me dijo: "¿Esto es una
cuestión literaria o es un concurso de belleza masculino? No sería mala
idea. Sé que juegas y eres el juglar de las ideas, Justo Sotelo. La
literatura tiene que traer también un poco de alegría". Siempre me he
tomado la vida como la oportunidad para ser feliz cada día, y desde
luego la literatura, como la música, el cine, el arte son oportunidades
que tenemos a nuestra disposición para traer alegría a este mundo, como
dice Héctor. Apuro el café y pienso que he escrito mucho en ese Café,
muchas cuartillas o páginas de ordenador que han quedado en nada, pues
solo publico menos de la mitad de lo que escribo. El Café tenía algo de
los Cafés decadentes, esos lugares perdidos en el tiempo y en el
espacio, que le gustaban tanto a Paul Bowles en su Tánger literario,
como el que aparece en la adaptación al cine con Debra Winger y John
Malcovich de Bernardo Bertolucci en "El cielo protector":
¿Los escritores podemos hacer felices a los demás?


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