“Dicen que un hombre que lleva zapatos blancos, escribió el otro día en esta red social la artista catalana Gloria Grau Ruiz, revela más de lo que parece. Habla de alguien que cuida los detalles y que no teme destacar con discreción y tiene además una seguridad tranquila. El blanco exige orden, personalidad y una mirada moderna; no todos se atreven, solo los que saben quiénes son.”
Hemos venido a este mundo a amar y a divertirnos. Y a comernos el mundo o al menos un bollo de leche o un trozo de Roscón de Reyes relleno de literatura, música, delicadeza, sensualidad y sensibilidad. En cuanto sale el sol me pongo mis zapatos blancos y me quito la gabardina negra, esa con la que mis alumnas me dicen que parezco un poeta romántico, a lo Byron, Shelley o Wilde. Hablando del autor de "Las peregrinaciones de Childe Harold", "Cielo y tierra" o "Don Juan", mientras me tomo el primer café de la mañana recuerdo que tuve que examinarme del Don Juan cuando estudié la asignatura del mismo nombre con José Paulino en la Complutense. Y recuerdo una de esas películas españolas que se me han quedado en la memoria, cuando Gonzalo Suárez inmortalizó a Byron en "Remando al viento":
"So, we'll go no more a roving", nos dice Byron. "Wake the serpent not", añade Shelley, mientras Caspar David Friedrich, John Constable y William Turner nos regalan los cuadros, Mozart, Beethoven, Grieg y Vaughan Williams la música y Suárez la literatura de su mirada y de su cámara.
Se rompe el hielo de la indiferencia. El blanco ya es rojo o azul, como mis zapatos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario