La presencia de Zenobia es esencial en los momentos en que el poeta penetra en los motivos más graves de su pesar y le llevan a preguntarse por tantas cosas que no poseen una respuesta evidente.
Por eso escribirá en un momento, “qué bien está ella con sus vestidos de noche, qué joven está, es, qué espíritu tiene tan permanente. Los colores que van mejor con el suyo, de noche, son el negro o el gris con verde, con plata; de día lo blanco. Tiene el buen gusto de no pintarse; sólo, por la noche, un lijerísimo acento; y cómo le saca este toque de suave rosa y el sofoco de la excitación el verde especial, íntimo, secreto, de sus ojos” (pp. 92 y 93).
Los ejemplos anteriores son elocuentes de la manera en que está escrito el poema. La vida del poeta se llena de personajes que justifican, precisamente, esa vida que está en continua comunión con la obra. El poeta se enamoraba de las chicas de su pueblo cuando tenía 15 años, y lo dice en la página 76, y también recuerda que cuando se encontraba mal se iba a las montañas de la sierra de Madrid. Después regresaba “a mi casa agrandado de montaña” (pag. 78).
Todo ello no impedía que hubiera un espacio para el chico epiléptico de su Moguer natal que se pasaba la semana comiendo, descansando y leyendo el periódico. Son pequeños ejemplos de que España estaba dentro de él, aunque se encontrara tan lejos. “Desde que estoy en América, esta luna eterna, que desde niño ha sido tanto para mí (la novia, la hermana, la madre, de mi romántica adolescencia, la mujer desnuda de mi juventud, el desierto de yeso que la astronomía luego me definió) me trae en su superficie la vista de España” (pag. 83).
En la página 92 se lee: “Ahora llevamos los dos una vida muy fundida en lo mejor, trabajamos, paseamos, guisamos, oímos música, viajamos, leemos juntos”. En el poema Tiempo se percibe la forma de un monólogo interior que avanza gracias a la utilización de las pequeñas cosas de la vida, como si se escuchara la conversación cotidiana del poeta con los sujetos y los objetos que le rodean, tanto en ese momento (se mezclan los comentarios sobre la política con los de la sociedad en torno a 1940), como en otros instantes esenciales de su vida.
Por tal motivo algunos detalles que se aprecian en el poema son la muerte de su madre, la forma de arreglarse de Zenobia, el repaso a cartas y libros de amigos, las tareas que el matrimonio llevaba a cabo cada día, las críticas literarias que recibe y sus ideas sobre literatura, arte, filosofía, música, etcétera.
Esta obra está dominada por un trasfondo moral y ético tan evidente que demuestra que al poeta nunca dejó de “importarle” España, algo que se intensificó con el exilio. Cada recuerdo chocaba en su presente como una ola y le llegaba hasta el último “poro de mi totalidad saturándome de su sustancia condensada. Un recuerdo, otro, otro, con un ritmo lento y constante”.
viernes, 27 de enero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
La tertulia de Este Oeste
Ayer tuvimos a Ana Contreras en la tertulia. Ella es profesora de dirección escénica de la Resad.
Nos habló de John Dee, Shakespeare, la Tempestad y la literturatura hermética. Resultó interesantísimo, y, en mi caso la constación de que no sé casi nada. En 2010 Ana escribió un interesane artículo al respecto en ADE Teatro, la revista de los directores de escena. Como... soy incapaz de poner aquí el artículo, adjunto el link de un breve resumen que Ana publicó en un periódico digital.
http:// www.diagonalperiodico.net/ Las-tempestades-de-John-Dee.htm l
Espero que disfruteis.
Nos habló de John Dee, Shakespeare, la Tempestad y la literturatura hermética. Resultó interesantísimo, y, en mi caso la constación de que no sé casi nada. En 2010 Ana escribió un interesane artículo al respecto en ADE Teatro, la revista de los directores de escena. Como... soy incapaz de poner aquí el artículo, adjunto el link de un breve resumen que Ana publicó en un periódico digital.
http://
Espero que disfruteis.
sábado, 21 de enero de 2012
El tiempo de Juan Ramón Jiménez (IV)
El poeta profundo y lírico encuentra a su dios deseante y deseado en el trabajo, continuo y constante, y sobre todo en el amor. El amor y dios se pueden concentrar en el beso que se da a la persona amada.
“Cuando besamos a nuestra mujer en la boca besamos en ella la boca de dios, todo el universo visible e invisible, y el amor es el único camino de la eternidad y de dios. En realidad yo creo que no hay otra eternidad que el amor, y si sentimos la muerte como un defecto es porque nos quedamos sin acción de amor, porque nuestra boca ya no puede ponerse en contacto voluntario y dinámico con la boca del mundo” (pag. 114).
Ese amor también se dirige a la madre, que el poeta recuerda constantemente a lo largo de las páginas de “Tiempo”. “Mi madre viva, de quien yo lo aprendí todo, hablaba como toda España. Y España toda me habla ahora a mí, desde lejos, como mi madre lejana. Mi madre muerta desde dentro de España, enterrada, es abono de la vida eterna e interna de España. Su muerte viva” (pag. 84).
JRJ no puede dejar de pensar en esa matriz donde estuvo nueve meses, y en la forma en que murió su madre. “Qué palabras tan sencillas, tan profundas y tan justas las de sus últimos días. Parecía que dejaba un paraíso para entrar en otro” (pag. 97).
El hecho de que el poema sea un monólogo interior no impide que posea características propias, como el propio JRJ reconoce desde su inicio. Su monólogo seguía la estela de los de Dujardin, Joyce, Perse, Eliot y Pound, pero a diferencia de los de estos, el suyo, además de sucesivo, es lúcido y coherente.
“Lo único que le falta es argumento. Es como sería un poema de poemas sin enlace lójico. Mi monólogo es la ocurrencia permanente desechada por falta de tiempo y lugar durante todo el día, una conciencia vigilante y separadora al marjen de la voluntad de elección. Es una verdadera fuga, una rapsodia constante…” (pag. 74).
Su monólogo es un largo diálogo consigo mismo donde afloran todos sus fantasmas del pasado, unos fantasmas que toman cuerpo y le visitan en los momentos más insospechados del día y de la noche. La política impregna buena parte de sus páginas, y pone de manifiesto el compromiso ético del poeta, sobre todo con los progresistas del momento.
De alguna forma intenta mantenerse neutral, criticando tanto a la derecha como a la izquierda, aunque cuando tiene que elegir una forma de pensar se inclina hacia la izquierda. Así, en las páginas 87 y 88 escribirá lo siguiente: “Qué bello el heroísmo del hombre cultivado y sereno, qué feo el del hombre bruto y revuelto. Bruto revuelto que deja morir de cárcel a Julián Besteiro, el ecuánime, que caza al hombre honrado y sensitivo que se refujia por necesidad en otro país y lo ahorca o lo fusila, como los dictadores de España, los vengativos a este bueno y honrado Cipriano Rivas Cherif, entre otros que no conocí personalmente. Qué bien se portó Rivas con nosotros en aquel agosto de 1936. Gracias a su buen ánimo jeneroso y a la libre comprensión y noble dilijencia de Manuel Azaña, pudimos salir al aire más libre, entonces, del mundo”.
“Cuando besamos a nuestra mujer en la boca besamos en ella la boca de dios, todo el universo visible e invisible, y el amor es el único camino de la eternidad y de dios. En realidad yo creo que no hay otra eternidad que el amor, y si sentimos la muerte como un defecto es porque nos quedamos sin acción de amor, porque nuestra boca ya no puede ponerse en contacto voluntario y dinámico con la boca del mundo” (pag. 114).
Ese amor también se dirige a la madre, que el poeta recuerda constantemente a lo largo de las páginas de “Tiempo”. “Mi madre viva, de quien yo lo aprendí todo, hablaba como toda España. Y España toda me habla ahora a mí, desde lejos, como mi madre lejana. Mi madre muerta desde dentro de España, enterrada, es abono de la vida eterna e interna de España. Su muerte viva” (pag. 84).
JRJ no puede dejar de pensar en esa matriz donde estuvo nueve meses, y en la forma en que murió su madre. “Qué palabras tan sencillas, tan profundas y tan justas las de sus últimos días. Parecía que dejaba un paraíso para entrar en otro” (pag. 97).
El hecho de que el poema sea un monólogo interior no impide que posea características propias, como el propio JRJ reconoce desde su inicio. Su monólogo seguía la estela de los de Dujardin, Joyce, Perse, Eliot y Pound, pero a diferencia de los de estos, el suyo, además de sucesivo, es lúcido y coherente.
“Lo único que le falta es argumento. Es como sería un poema de poemas sin enlace lójico. Mi monólogo es la ocurrencia permanente desechada por falta de tiempo y lugar durante todo el día, una conciencia vigilante y separadora al marjen de la voluntad de elección. Es una verdadera fuga, una rapsodia constante…” (pag. 74).
Su monólogo es un largo diálogo consigo mismo donde afloran todos sus fantasmas del pasado, unos fantasmas que toman cuerpo y le visitan en los momentos más insospechados del día y de la noche. La política impregna buena parte de sus páginas, y pone de manifiesto el compromiso ético del poeta, sobre todo con los progresistas del momento.
De alguna forma intenta mantenerse neutral, criticando tanto a la derecha como a la izquierda, aunque cuando tiene que elegir una forma de pensar se inclina hacia la izquierda. Así, en las páginas 87 y 88 escribirá lo siguiente: “Qué bello el heroísmo del hombre cultivado y sereno, qué feo el del hombre bruto y revuelto. Bruto revuelto que deja morir de cárcel a Julián Besteiro, el ecuánime, que caza al hombre honrado y sensitivo que se refujia por necesidad en otro país y lo ahorca o lo fusila, como los dictadores de España, los vengativos a este bueno y honrado Cipriano Rivas Cherif, entre otros que no conocí personalmente. Qué bien se portó Rivas con nosotros en aquel agosto de 1936. Gracias a su buen ánimo jeneroso y a la libre comprensión y noble dilijencia de Manuel Azaña, pudimos salir al aire más libre, entonces, del mundo”.
La tertulia del Café Ruiz
La tertulia de ayer con Javier Lostalé, para presentar su antología "Rosa y tormenta", tuvo una altura considerable. Qué tipo más bueno, inteligente y buen escritor.
Os comento que vamos a cambiar de sitio la tertulia, a ver qué tal sale. Cada vez es más ruidoso hacerla en el Ruiz, y además Santiago lo pasa mal con sus problemas del oído. Así que él mismo nos ha busc...ado un sitio que está al lado, en concreto en la calle Manuela Malasaña 9 (los que cogéis el metro en Bilbao pasais por la puerta siempre). Es un café y bar que se llama "Este Oeste". Los dueños son unos jóvenes curdos con gran afán cultural. Los viernes también tienen una tertulia de filosofía. Bueno, si os parece bien, el próximo Miércoles vamos allí (con la consumición habitual nos cierran el sitio sólo para nosotros), a la misma hora, a las 18.30.
Y os adelanto que uno de estos miércoles Ana, nuestra profe de la RESAD, nos hablará de Shakespeare, la Tempestad y la literatura hermética.
Y vivan los libros (aunque sean electrónicos).
viernes, 13 de enero de 2012
El tiempo de Juan Ramón Jiménez (III)
La música era una compañera inseparable de Juan Ramón Jiménez. Admiraba a Toscanini y Bruno Walter como directores, y a Mahler, Brahms y Bruckner como compositores. "No ha de estar la cabeza dentro de la partitura sino la partitura dentro de la cabeza" (pag. 78).
La última frase antecede a su aspiración de que Walter dirigiera la orquesta Sinfónica de New York, ya que su altura como director era incuestionable. “No es el volcán de Toscanini con la nieve arriba sino una mezcla entera de nieve y fuego; quema como el yelo y da escalofrío como el fuego. Stokowski todo es llama esterna, Koussevitski un maestro de la dicción, dignidad y hermosura; Mitropoulos es el santo soberbio; hace sonar los instrumentos con timbres excepcionales, pero su educación profesional le hace componer esos programas colosales (Brahms, Mahler, Bruckner, Ricardo Strauss en un solo concierto), montañas de técnica ilustre y, a veces, májica, que él levanta y ordena en perspectivas maravillosas, sobrecojedoras y abrumantes”.
En el texto se producen varias interrupciones de este tipo. En la página 84, por ejemplo, el poema se llena con la alabanza a la sinfonía Heroica de Beethoven interpretada por Walter. La marcha fúnebre (el segundo movimiento) siempre le había parecido larga y monótona, pero en esa ocasión su interpretación fue muy distinta.
Gracias a los conciertos de la radio, JRJ podía recibir el alimento necesario para seguir “sintiendo” esas sensaciones imprescindibles para su vida cotidiana. Algo parecido le ocurrirá con la interpretación de la Octava de Bruckner por parte del mismo director (pag, 93). “Hora grande de música, también, como la de naturaleza de esta mañana, diferente; diferente como esta música de otra. Y qué lirismo, qué sonido el de la orquesta con Bruno Walter”.
La música, la pintura y la poesía… se hacían para el deleite, como el amor. Pero, lógicamente, la lectura es esencial, algo normal en un hombre que estaba solo casi todo el tiempo. “Tiempo” es un diálogo (monólogo) con otros escritores, como Lorca y Machado, pero también con Ortega, Azorín, Guillén, Salinas, Alberti...
Los comentarios sobre poetas y las circunstancias de las ediciones de sus libros, e incluso de la vida ordinaria, son constantes, y se desparraman casi de la misma forma que las alusiones a los conciertos de música clásica. Aun así, JRJ no habla sólo de autores españoles, por supuesto; en sus páginas también existe espacio para Shelley, Keats, Rilke y Pound, por citar sólo algunos pocos.
“La poesía es amor. Yo estoy enamorado de ella y tengo que verla naturalmente femenina. Así la han visto todos los artistas ´enamorados´ de su arte: Leonardo, Botticelli, Rafael, Mozart, Chopin, etc.” (pag. 112). Y acto seguido compara la belleza de la naturaleza con la de la gran ciudad, donde pueden encontrarse los nombres que dan sentido al Arte de la humanidad. “Cuánto paisaje fuera de la llamada naturaleza. Suele decirse que una gran ciudad no tiene paisaje natural. Pues ¿y su humanidad, su paisaje humano carnal y espiritual? Qué paisaje humano el de New York, qué campo zoolójico humano de todos los tiempos y países del mundo”.
Lo interesante es que esta visión del arte se mezcla con la de “su” dios “panteísta”, que sigue la estela del krausismo también citado: “Si existe un dios verdadero y distinto de los conocidos, sospechados o inventados ¡qué angustia la suya estar esperando que el paisaje humano lo encuentre! Porque el otro, donde el hombre lo busca en soledad, no le importa a dios. Y qué luz ésta del desierto o el monte sin humanidad, que no le importa a dios” (pag.112).
Las implicaciones pedagógicas de la filosofía krausista obligan a poner en contacto directo al alumno con la naturaleza y con cualquier objeto de conocimiento, y fijar un gradualismo desde los gérmenes de cada disciplina de conocimiento hasta la conexión de los niveles superiores.
(continuará)
La última frase antecede a su aspiración de que Walter dirigiera la orquesta Sinfónica de New York, ya que su altura como director era incuestionable. “No es el volcán de Toscanini con la nieve arriba sino una mezcla entera de nieve y fuego; quema como el yelo y da escalofrío como el fuego. Stokowski todo es llama esterna, Koussevitski un maestro de la dicción, dignidad y hermosura; Mitropoulos es el santo soberbio; hace sonar los instrumentos con timbres excepcionales, pero su educación profesional le hace componer esos programas colosales (Brahms, Mahler, Bruckner, Ricardo Strauss en un solo concierto), montañas de técnica ilustre y, a veces, májica, que él levanta y ordena en perspectivas maravillosas, sobrecojedoras y abrumantes”.
En el texto se producen varias interrupciones de este tipo. En la página 84, por ejemplo, el poema se llena con la alabanza a la sinfonía Heroica de Beethoven interpretada por Walter. La marcha fúnebre (el segundo movimiento) siempre le había parecido larga y monótona, pero en esa ocasión su interpretación fue muy distinta.
Gracias a los conciertos de la radio, JRJ podía recibir el alimento necesario para seguir “sintiendo” esas sensaciones imprescindibles para su vida cotidiana. Algo parecido le ocurrirá con la interpretación de la Octava de Bruckner por parte del mismo director (pag, 93). “Hora grande de música, también, como la de naturaleza de esta mañana, diferente; diferente como esta música de otra. Y qué lirismo, qué sonido el de la orquesta con Bruno Walter”.
La música, la pintura y la poesía… se hacían para el deleite, como el amor. Pero, lógicamente, la lectura es esencial, algo normal en un hombre que estaba solo casi todo el tiempo. “Tiempo” es un diálogo (monólogo) con otros escritores, como Lorca y Machado, pero también con Ortega, Azorín, Guillén, Salinas, Alberti...
Los comentarios sobre poetas y las circunstancias de las ediciones de sus libros, e incluso de la vida ordinaria, son constantes, y se desparraman casi de la misma forma que las alusiones a los conciertos de música clásica. Aun así, JRJ no habla sólo de autores españoles, por supuesto; en sus páginas también existe espacio para Shelley, Keats, Rilke y Pound, por citar sólo algunos pocos.
“La poesía es amor. Yo estoy enamorado de ella y tengo que verla naturalmente femenina. Así la han visto todos los artistas ´enamorados´ de su arte: Leonardo, Botticelli, Rafael, Mozart, Chopin, etc.” (pag. 112). Y acto seguido compara la belleza de la naturaleza con la de la gran ciudad, donde pueden encontrarse los nombres que dan sentido al Arte de la humanidad. “Cuánto paisaje fuera de la llamada naturaleza. Suele decirse que una gran ciudad no tiene paisaje natural. Pues ¿y su humanidad, su paisaje humano carnal y espiritual? Qué paisaje humano el de New York, qué campo zoolójico humano de todos los tiempos y países del mundo”.
Lo interesante es que esta visión del arte se mezcla con la de “su” dios “panteísta”, que sigue la estela del krausismo también citado: “Si existe un dios verdadero y distinto de los conocidos, sospechados o inventados ¡qué angustia la suya estar esperando que el paisaje humano lo encuentre! Porque el otro, donde el hombre lo busca en soledad, no le importa a dios. Y qué luz ésta del desierto o el monte sin humanidad, que no le importa a dios” (pag.112).
Las implicaciones pedagógicas de la filosofía krausista obligan a poner en contacto directo al alumno con la naturaleza y con cualquier objeto de conocimiento, y fijar un gradualismo desde los gérmenes de cada disciplina de conocimiento hasta la conexión de los niveles superiores.
(continuará)
jueves, 12 de enero de 2012
Curso intensivo de creación y crítica literarias
Este es un curso intensivo que voy a impartir en Abril (tras la Semana Santa) sobre creación y crítica literarias en el Ateneo 1º de Mayo (en el edificio de los sindicatos, frente al Museo del Prado).
A lo mejor a alguno le apetece encerrarse conmigo durante 3 fines de semana seguidos, jeje, como en la primera novela de Marsé.
Lo que voy a aplicar, básicamente, es la metodología de mi tesis sobre Murakami, pero en relación con cualquier obra literaria.
Apunto el link (también hay otros muchos cursos, sobre música, poesía, teatro, dibujo, cocina).
http://www.ateneocultural1mayo.org/index.php?option=com_k2&view=itemlist&layout=category&task=category&id=16&Itemid=109&limitstart=13.
A lo mejor a alguno le apetece encerrarse conmigo durante 3 fines de semana seguidos, jeje, como en la primera novela de Marsé.
Lo que voy a aplicar, básicamente, es la metodología de mi tesis sobre Murakami, pero en relación con cualquier obra literaria.
Apunto el link (también hay otros muchos cursos, sobre música, poesía, teatro, dibujo, cocina).
http://www.ateneocultural1mayo.org/index.php?option=com_k2&view=itemlist&layout=category&task=category&id=16&Itemid=109&limitstart=13.
lunes, 9 de enero de 2012
"Tertulia del Café Ruiz"
El Miércoles 18 de Enero Javier Lostalé nos va a presentar la antología que le acaba de publicar la editorial Cálamo: "Rosa y tormenta". Es una selección de toda su obra que no podemos perdernos.
Apunto un link sobre la obra y Javier.
http://panopliadelibros.blogspot.com/2011/11/novedad-calamo.html
Apunto un link sobre la obra y Javier.
http://panopliadelibros.blogspot.com/2011/11/novedad-calamo.html
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