miércoles, 31 de mayo de 2017

Encontrar a la Maga.

"Lo que tú consigues, querido Justo, lo consiguen pocos. Tú atrapas a tus lectores de tal forma que acabamos creyendo que formamos parte de tu vida. Y eso es único. Es precioso, para ti, y, por supuesto, para tu lector".

Rita Piedrafita, mi admirada lectora aragonesa, escribió hace unos días en Facebook estas frases y, mientras las leía, me vino a la cabeza la figura de la Maga de Cortázar.

En realidad, siempre he pensado que escribo para encontrarme con la Maga y robarle su inefable imperfección, esa inteligencia que desprende con cada argumento para no darme siempre la razón, ni dársela a Hegel y Nietzsche, a la puerta de un café, mientras pasa la literatura por la acera y nos besamos bajo la lluvia.

(La foto, con mi jersey deshilachado de Sitges, tal vez me la sacara alguna Maga en un café de Saint Michel, mi lugar preferido de París, que es como decir del mundo, al lado del Sena y la Sorbona, donde me gusta perderme cada cierto tiempo).

martes, 30 de mayo de 2017

Ayer me encontré por la calle a una amiga que no veía desde hacía muchos años.

Nos sentamos en una terraza para tomar una horchata (algo que ya nos gustaba entonces a los dos), recordar los veranos de la adolescencia y hablar de su abuela.

Apenas me ha quedado una imagen de ella, de su rostro, de su pelo, de sus manos, pero fue la primera persona que me habló de Tchaikovsky con pasión. Su marido era un militar inglés que participó en la Segunda Guerra Mundial con los aliados y que también admiraba al compositor ruso. Como no era fácil comunicarse por carta en aquellos tiempos, decidieron escuchar una sinfonía de Tchaikovsky cada semana, el mismo día y a la misma hora.

Así lo hicieron durante dos largos años. Al final de la guerra él no volvió, ya que desapareció en algún lugar impreciso de Rusia. Ella decidió, entonces, seguir escuchando esa música cada semana. 

La sinfonía que más amaban era la Quinta. 

También es de las obras que amo gracias a ella. 

A ellos.

https://www.youtube.com/watch?v=w2JBT0HC98I




He soñado con la música o la música me ha soñado a mí.

Un ángel con tu cara me daba la mano y me llevaba hasta lo más profundo de la belleza. Sus labios apenas musitaron el nombre de Bach mientras bordeábamos el éxtasis.



Reunión literaria de amigos.

Para escapar de la peste en 1348, de la que Bocaccio fue testigo, diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres) decidieron retirarse a una villa alejada de Florencia. Y se dedicaron a relatar cuentos.

Así nació el "Decamerón".

Unos siglos después lo hizo "Frankenstein" o "El moderno Prometeo" de Mary W. Shelley que hay que buscar en un atardecer de junio de 1816. Mary se encontraba en la Villa Diodati, a orillas del lago Léman, en Suiza, junto con su amante y posterior marido, Percy B. Shelley, Lord Byron, la hermanastra de Mary, Claire Vlairmont, y John William Polidori. A causa del mal tiempo se vieron obligados a recluirse en la casa. 

Cuando estaban a punto de irse a dormir, Byron animó a todos a escribir una pequeña historia de fantasmas. Polidori y Mary escribieron dos pequeños cuentos, "El vampiro" y "Frankenstein".

Ayer el mal tiempo, mientras comíamos una paella en la sierra de Francia, nos llevó a Marta, Yolanda, Mara, Marisa, Antonio, que hizo la foto, y yo a quedarnos en el porche cantando, bailando y leyendo los "Cuentos de los otros".

sábado, 27 de mayo de 2017

Este es el cuento que sirve de prólogo a mis "Cuentos de los otros".

"Todos los libros deberían empezar recorriendo el desierto de Túnez donde se rodó “El paciente inglés”.

Pero con las manos.

Tu cuerpo y tu mente serán las dunas y los oasis. Una forma de llamar a la sed y al agua, como ese manantial de la doncella donde Ingmar Bergman imaginó que nace la vida y se comen las fresas salvajes.

Entonces me preguntarás: “¿Qué te gusta más?”, como en la película. Yo seré tu conde László Almásy y tú mi Katharine Clifton.

https://www.youtube.com/watch?v=PeDNWyTmrgY

Y luego me lavarás el pelo antes de que descorchemos una botella de Moët & Chandon mientras me besas".


viernes, 26 de mayo de 2017

A través del cielo de Madrid.

Es el camino que conduce desde el Casino, junto a la Puerta del Sol, hasta la terraza del hotel Vincci, en la Gran Vía.

Empiezas presentando la novela del escritor Fausto Guerra y terminas conociendo a otra escritora, Patricia José (a mi derecha en la foto), a la que te comprometes a presentar, durante el cóctel, su primera novela.

Supongo que todo es cosa de la literatura atrapada por un cielo casi de verano.




Madrid de noche desde el lago de la Casa de Campo.

Como si lo onírico adquiriera la textura de lo insólito y las palabras buscaran explicar lo inefable, lo sublime, la armonía de una conversación interminable y alguien dijera que aquello parecía el Central Park.