viernes, 10 de enero de 2020

"Inmaculada Lara, artista plástica".

Hoy quiero hablar del arte total. Hay personas diferentes, en el sentido más noble y comprometido de la palabra. Por ese motivo me gusta reconocer la obra de amigas y amigos escritores, músicos, pintores, escultores, incluso virtuales, como es Inmaculada Lara Cepeda, una artista nacida el año 1978 en Tomelloso (Ciudad Real), que estudió en Ávila y Salamanca y que vive en Alemania desde hace años, mientras crea una obra compleja, interesante y moderna. A ella también le gustan mis cosas, obviamente. Inmaculada se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y se hizo Técnico Superior en Artes Aplicadas a la Escultura por la Escuela de Artes de Ávila. Recibió la beca internacional "Antonio Gala" para Jóvenes Creadores en el año 2004. Tiene obras monumentales en diversos lugares tanto de España como del extranjero, y colabora en proyectos de ilustración y poéticos, así como en la investigación y docencia en el arte sonoro. En mi opinión las artistas como ella son las artistas totales de estos tiempos, que se parecen muchísimo a las artistas totales de todos los tiempos, personas que viven y respiran otro tipo de aire. Y también sienten de otra manera por su relación con la espiritualidad en el arte, como diría Vasili Kandinsky en su libro más conocido.

Estos son dos pequeños video con la obra de Inmaculada:

https://www.youtube.com/watch?v=kNhmcY5XRrE&list=PL60872D61901F7E5B

https://www.youtube.com/watch?v=P6b6sXA-KIw



jueves, 9 de enero de 2020

"En busca del lector ideal o implícito".

Umberto Eco habló del lector ideal en las apostillas a su célebre novela, ese lector que sigue siendo fiel a su mágica historia de la Edad Media después de leer las primeras 100 páginas y ya no dejará de leerla hasta el final. Ayer yo encontré esa fidelidad en mi amiga virtual María Mercedes Muñoz desde las 30 páginas. María Mercedes pidió mi novela "Las mentiras inexactas" a los Reyes Magos vía Amazon, pero pulsó dos veces el botón y los Reyes le llevaron a Marbella dos ejemplares, así que uno se lo regaló a su nieto. Ayer lo contaba así en su muro: "Al lado de mis gatitas, en una hamaca de una parte de la terraza cerrada por cristales, empecé a leer "Las mentiras inexactas" de Justo Sotelo. Cada 30 páginas vuelvo a leer y a subrayar los párrafos que más me han llegado. Me he comprometido con una personita muy importante para mí, que está leyendo otro ejemplar del mismo libro, a comentarlo dentro de un par de meses. Nora entra en una librería y Sergio Barrios, el librero, la recibe y entablan una conversación. Sergio habla de sus clientes, entre los que está el mismísimo Justo Sotelo, y le asegura que vivimos en varios mundos a la vez; cada uno tiene sus propias normas, y están conectados por pasadizos interiores que permiten traspasar paredes, personas y épocas. Me está encantando este libro diferente, interesante y muy entretenido". Ahora mismo yo estoy a miles de kilómetros de distancia, aunque, por arte de magia de la literatura, aparezco en esa novela y entro y salgo de la librería de la Plaza Santa Ana, y por tanto de las páginas que está leyendo María Mercedes. A la vez me estáis leyendo otras personas a través de esta red social. Si alguno no las habéis leído, os pongo el link de esas apostillas de Umberto Eco, un breve tratado de teoría de la literatura que resulta ser una verdadera joya que hemos analizado varias veces en mi tertulia.

Todo sea por amor a la literatura y a los gatos. ¿Quién dice que esto de la literatura no es de personas divertidas e inteligentes?

https://maeucampin.files.wordpress.com/2018/08/eco-u-1985-apostillas-a-el-nombre-de-la-rosa.pdf

miércoles, 8 de enero de 2020

"El infinito en un junco", de Irene Vallejo, una historia del libro.

Ayer dediqué las últimas tres horas del día a leer este libro. En realidad leí alrededor de la mitad, pues en total son 450 páginas. Antes de la Navidad quedé a tomar un café con la escritora Clara Obligado y hablamos de él, ya que esa misma mañana ella había estado en un jurado que le concedió el Premio de Narrativa del Ojo Crítico de RNE. Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) es doctora en Filología Clásica.

Lo que he leído tiene algo de aventura para alguien al que le gustan mucho los libros, como es mi caso, por lo que también es agradable leer la historia de su origen en Grecia y Roma, con las inscripciones en piedras y arcilla, y el uso posterior de los papiros, lo que da pábulo al título como metonimia. La biblioteca de Alejandría se presenta como "faro" en las primeras páginas del ensayo y la búsqueda de libros por los amantes de la literatura resulta entrañable, así como la invención del alfabeto. La propia autora aparece en ocasiones entre sus páginas para citar películas (la alusión a "Matrix" y "El señor de los anillos" como argumento intelectual siempre me lleva a querer cortarme las venas, aunque la sangre nunca llega al Nilo, digo al río, que es donde nacen los juncos) y para contar al lector interesantes anécdotas en sus estancias en bibliotecas y universidades donde investigó y leyó todo lo que debía leer para ser feliz y escribir este libro. Esta curiosa mezcla del pasado y el presente concede un valor actual y muy posmoderno al libro, a pesar de que yo no siempre esté de acuerdo en varias de sus apreciaciones (el lado oscuro del pensamiento de Platón es casi un tópico, al igual que ocurre con las lecturas demasiado pegadas al presente, como el Nobel que le dieron a Bob Dylan o la falta de escritoras a lo largo de la historia). Irene Vallejo nos habla de tantas cosas apasionantes y surgen tantos nombres que ya son de mi familia, como Homero, Hesíodo, Safo, Eurípides, Sócrates, Platón, Aristóteles, Goethe, Cavafis, Durrell y un infinito etcétera, que sus páginas son una fiesta. 

Eso me parece que es este libro, una fiesta. No me importaría tomarme una tarde un café con su autora para seguir hablando de literatura. Este libro es, así, una manera amena, inteligente y divertida de continuar hablando de literatura.

martes, 7 de enero de 2020

"Sadeness, Kandinsky y el canto gregoriano".

Ayer me pasé parte de la mañana en un museo de arte contemporáneo leyendo a Kandinsky. En la cafetería del museo un DJ cambiaba los discos; la música subía de intensidad poco a poco. En cierto momento en mi mente se mezclaron unas palabras de Kandinsky sobre el arte con la enigmática y sensual música que "Enigma" dedicó al Marqués de Sade envuelto en canto gregoriano. El insecto que se mueve en todas las direcciones bajo un cristal cree gozar de una libertad ilimitada. Pero pronto choca contra ese cristal. El movimiento del cristal hacia adelante le permite recorrer un nuevo espacio; su desplazamiento está determinado por la mano que mueve el cristal. Esta época que se cree completamente libre choca siempre contra sus límites, que se volverán a desplazar pronto. La libertad y la intervención del espíritu se deben a que empezamos a percibir la resonancia interior en cada cosa. "Enigma" es un proyecto musical de un artista rumano, Michael Cretu, que vivió en París de niño y luego en Alemania. Experimenta con sintetizadores y computadores, como en la música contemporánea, y es aficionado a la música religiosa. En 1990 salió al mercado su primer disco que fusionaba varias épocas y estilos musicales. "Sadeness" es en realidad un juego de palabras entre la expresión inglesa "sadness", que significa tristeza, y el apellido del Marqués de Sade. Los coros gregorianos son de los siglos VI y VII.

Miré alrededor. La cafetería estaba llena de gente.

Dejo la mente en blanco. ¿Mi mente? La colaboración entre la libertad y el espíritu se reflejan en todas partes a través de mi mente. Supongo que la percepción y la intuición artísticas son algo así.

https://www.youtube.com/watch?v=x4maoo4A3x4



lunes, 6 de enero de 2020

Sobre "La paz de febrero".

"Esta obra deja una impresión similar a la que nos asaltó cuando en su día nos topamos con narraciones como "El extranjero" o "Retrato del artista adolescente".

Uno de los regalos literarios más bellos que me han traído los Reyes Magos en mi vida no fue en el mes de enero, sino en mayo. Hace unos pocos días la poeta Zhivka Baltadzhieva comentaba la crítica que escribió Juan Ángel Juristo en el ABC Cultural de la novela "La paz de Febrero". A nuestra poeta búlgara, siempre exigente y profunda, le parecía fundamental la alusión de Juristo a la verosimilud narrativa de la novela. Conseguir esa verosimilud es uno de los objetivos básicos de toda narración, como nos contó Aristóteles en su "Poética", el tratado más influyente de la historia literaria a través de los siglos. El otro es la coherencia interna. Cuando leí esa crítica era sábado por la mañana y me encontraba en un Café del barrio. El periódico estaba en la barra, me levanté, lo cogí, pasé las hojas con cierta rapidez y busqué el suplemento cultural. Tras leerlo lo primero que pensé es si merecería la pena continuar escribiendo después de que compararan la novela con las de Camus y Joyce.

La tontería se me pasó en seguida cuando me pregunté si realmente la novela me gustaba a mí. ¿Había logrado esa coherencia y esa verosimilitud? ¿Me convencía a mí como lector? ¿Había merecido la pena pasarme varios años de mi vida para escribirla?

Volví a mi mesa y empecé otra novela.

Feliz día de Reyes, amigos.

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/2007/05/19/016.http?fbclid=IwAR35NpV8M6nTQ2AzxthKYz7odRENwpqtf-ciDbuGBwAtHZkqE0h7fY1McRs

domingo, 5 de enero de 2020

"Noche de Reyes".

La primera canción que escucho esta mañana mientras me tomo un café es "No puedo evitar enamorarme de ti". La música y la literatura de mi vida la llenan Mahler, Beethoven, Wagner, Sibelius, Mozart, Chopin y cosas así. Sin embargo, esta fue la primera canción que bailé agarrado una noche en uno de aquellos Cafés con música que imitaban a los de París y que se llamaba Columbus. Estaba al lado del mar, la luz era suave, emocionante, sincera, tierna, apasionada, virgen, como sus besos.

Y esas cosas no se olvidan, como la noche de Reyes:

https://www.youtube.com/watch?v=nTc0i6urtYk
 
 

sábado, 4 de enero de 2020

"Blowing in The Wind".

La novelista Patricia José Álvarez me envió el otro día esta foto por Wasap desde La Habana, donde pasa la Navidad, para felicitarme las fiestas, y me dijo que había empezado a leer mi novela. Al ver la fotografía desde esa perspectiva casi aérea me vino a la cabeza una canción que forma parte de la banda sonora de la novela. Bob Dylan escribió la letra siendo muy joven en un Café de Nueva York, donde estaba con un amigo. En eso es como yo, que he escrito tanto en los cafés, y continuaré haciéndolo. La canción es un himno por la paz en el mundo. De esa paz también habla "Entrevías mon amour". ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que lo llames un hombre? Patricia siempre me dice que llevo una vida de película. Dylan también la llevó, participó incluso en alguna película y convirtió su poético seudónimo en una manera de entender la poesía, la música y su resonancia sobre los demás. Siempre me ha parecido que fue un acierto que le dieran el Nobel de Literatura.

Seguramente, todo esté flotando en el viento, como esa fotografía, como nuestra propia vida:

https://www.youtube.com/watch?v=_-FcVWhUrYE