miércoles, 9 de agosto de 2023

"La última canción".

El otro día estuvimos en casa de Charo Alonso Panero y Javier de la Rosa en Santa Cruz de Tenerife. Al salir Javier me regaló su última obra, una plaquette titulada "Rubianas al atardecer", publicada por mis amigos Pilar S. Tarduchy y Oskar Rodrigañez con el prólogo de Almudena Mestre. Me fui a leerlo junto a las esculturas de los reyes guanches de la Plaza de la Candelaria, la basílica de la patrona de Canarias que se encuentra a la derecha de la foto, aunque no la he sacado, y que edificó el tío abuelo arquitecto de otro buen amigo (y también tertuliano virtual desde Tenerife) José Félix Sáenz Marrero, y que terminó su padre. Charo, la única heredera de la familia de los Panero, nos habló de sus literarios viajes por medio mundo, y de su tío Leopoldo Panero y de sus amigos, Luis Rosales, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Luis Felipe Vivanco, miembros de la tertulia del Café Lyon, en fin, parte de la historia de la "poesía española del siglo pasado" (por comparación con la obra maestra de Dámaso sobre la poesía del siglo XVII que tanto me gustó leer y estudiar cuando realicé la carrera de Literatura Comparada, sobre Góngora, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Góngora, Lope de Vega y Quevedo). Y también nos habló de la bohemia de su marido, el escritor Javier de la Rosa, que ha presentado algunos libros en mi tertulia literaria. Y Javier se refirió a lo mucho que echaba de menos el mundillo literario de Madrid, y que sueña con volver algún día. Entonces, solo entonces, me dedicará la plaquette. 
 
Son seis poemas dedicados a Charo. Este es el primero:
 
"Casa Tepa".
 
Del Jardín tu paso
tu sueño inverso
en las rosas blancas
en la casa del Jardín
tu espera
cuajada de verdad
y silencio
penetrado
por la luna;
En la casa del jardín
te quiere la fuente cansada
de existir
por el agua adolescente
de una estrella
en el conticinio
de la vereda
exhausta".
 
Cuando leía estos poemas no se me iba esta canción cubana de la cabeza:
 

lunes, 7 de agosto de 2023

"18 ciervas", de Rosana Acquaroni.

 

Soy novelista, entre otras cosas, y reconozco que no lo puedo evitar y me gusta que los libros de poemas me cuenten historias. Tengo una mente narradora y siempre estoy contando historias, a los demás y a mí mismo.
 
Estos días he leído el último libro de poemas de Rosana Acquaroni (Madrid, 1964) "18 ciervas" (Bartleby, 2023). Conocí a Rosana hace años a través de mi amigo y tertuliano Santiago Martínez Sáenz que la invitó a la tertulia cuando la hacíamos en la Sala de Juntas de la Universidad San Pablo CEU (yo era Vicedecano entonces), siempre con alumnos. Después nos volvió a visitar en alguna ocasión más. Esto me permitió analizar "Cartografía sin mundo" (1995) y "Discordia de los dóciles" (2011) y más tarde "La casa grande" (2018), libro con el que inicia una mirada hacia sí misma sin olvidarse de crear literatura. Y algo similar observo con su último libro publicado, "18 ciervas", donde además de hablarnos de un amor otoñal, íntimo, particular, cotidiano, lo sitúa en un contexto universal. Y este es el primer aspecto que me gustaría destacar del libro. La temática y los motivos de cualquier texto literario pueden abordar asuntos muy personales, pero si no son elevados a la categoría universal, entonces la literatura de calidad, la que permanece, se habrá quedado por el camino. Esas ciervas del título nos transportan a una cueva prehistórica del norte de España y de esa forma "construye" una literatura donde se mezclan los estilos sintácticos a partir del mismo contenido semántico de toda la historia de la humanidad, el amor. 
 
Ante lo eterno o inmutable, surge la idea de modernidad a partir de lo que se puede considerar transitorio, fugaz y contingente, como diría Baudelaire en su obra "El pintor de la vida moderna" (1863). Hoy hablaríamos de posmodernidad e incluso poscontemporaneidad y llevaríamos esos adjetivos aún más al extremo. Mientras leía el libro de Acquaroni pensaba en los objetivos del arte y la literatura con la idea de rescatar o separar, precisamente, lo eterno de lo transitorio. A principios del siglo pasado, Proust y Benjamin repensaron las formas de entender la historia y la memoria, y en concreto el primero aludió a una memoria independiente de la inteligencia y la voluntad que llamó “memoria involuntaria”. En Benjamin, la historia permanece abierta por la naturaleza heterogénea del tiempo, en el que se llegan a producir saltos dialécticos, recuerdos y actualizaciones del pasado y presencias de diferentes temporalidades en el presente. Desde la perspectiva de Benjamin, el tiempo sería impuro al estar cargado de memoria y actualidad. También se presenta así en la obra de Proust, cuando el escritor o Marcel, su álter ego, inicia la busca del “tiempo perdido”, es decir de todo aquello que se encuentra olvidado en una interioridad temporal. Es la experiencia del despertar de la memoria involuntaria que sucede en un día de invierno -como en un relato de Benjamin- cuando la madre le ofrece un té y una magdalena que, como la manzana de Benjamin, son los que reavivan una serie de sensaciones que no son fáciles de controlar. O como las ciervas de una pequeña cueva dormidas en el tiempo de la memoria voluntaria y que una voluntad creadora las recupera para la vida a través del arte y de la literatura.
 
Pasando las páginas del libro observaba que el despertar de la voz poética intelectual se fusionaba con la experiencia que involucra a los sentidos y la propia memoria sensible. En Acquaroni esa memoria y ese despertar se lo brindan, a través de la literatura, las figuras seculares de una cierva o de 18 o de una mujer o de todas las mujeres desde los albores de la humanidad hasta estos tiempos efímeros de la posmodernidad.  
 
El ciervo y la cierva suelen estar sujetos a multitud de depredadores, pero con Acquaroni se salvan, y gana la literatura.
 

"El verso más hermoso de la literatura española".

Camine por donde camine, sé que Quevedo logra sintetizar, con unas pocas palabras, la única manera de vencer a la muerte. Únicamente el amor vence a la muerte, tan solo el amor: "polvo enamorado".

"Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado".

(Quevedo, "Obra poética", tomo I, Blecua. Madrid, Castalia, 1969 -71, p. 657).

Camine por donde camine, por Canarias o el Sáhara, me encuentro con que la vida para mí es algo así como un adagio para cuerdas:


https://www.youtube.com/watch?v=pOsWUA7cK50

Ella.

 


 

 

domingo, 6 de agosto de 2023

"Epifanías de un día de verano".

Hace unos días encontré en la biblioteca municipal de La Laguna, Tenerife, un ejemplar de la novela "Entrevías mon amour" (Bartleby, 2009), la historia que escribí para mi padre, para los perdedores de cualquier guerra, y que dediqué igualmente a Ana María Navales, in memoriam, la novelista de Zaragoza que había muerto en marzo de ese mismo año (es la primera fotografía). Ana María fue una de las personas a las que dejé leer el manuscrito y le hice caso en alguna de sus sugerencias. Hace años escribí un texto sobre ella y ahora lo recuerdo mientras me tomo un café y el mar susurra lánguidamente a mis pies.
 
"Consejos de una escritora madura a un escritor más joven".
 
Uno de los muchos efectos positivos que tuvo escribir la novela "La paz de febrero" (Huerga y Fierro, 2006), fue permitirme conocer a la escritora zaragozana Ana María Navales (segunda fotografía). Un día sonó el teléfono; era Ana, que acababa de leer la novela. No nos conocíamos, pero estuvimos hablando durante casi dos horas. Ana fue novelista, poeta, profesora universitaria, ensayista y pasará a la historia de la literatura española por haber escrito uno de los libros de relatos más hermosos que he leído, "Cuentos de Bloomsbury", en la tercera fotografía, inspirados en Virgina Woolf y su mundo de intelectuales y artistas, donde se incluye al mayor genio de todos, John Maynard Keynes, el economista que de alguna forma "inventó" la socialdemocracia. Lamentablemente, falleció demasiado pronto y lo único que ya pude hacer fue presentar su novela póstuma en la librería Rafael Alberti de Madrid ("El final de una pasión", Bartleby, 2012), también sobre este mundo de Blommsbury, junto a su pareja Juan Domínguez Lasierra y Marta Agudo, que nos ha dejado joven. En su día estuve pensando escribir mi tesis de literatura sobre ella. Aún recuerdo aquellas tardes caminando juntos, como si el tiempo no existiera, por la Gran Vía hablando de Borges, Bioy, Paz, Salinas, Galdós, es decir de literatura, que es otra manera de llamar al amor. O en la estación de Atocha mientras esperábamos a que saliera su tren de vuelta hacia Zaragoza. Lo que más valoro de Ana son sus consejos. 'Solo debes escribir y publicar, Justo, si realmente tienes algo que decir, me decía. No escribas por escribir o para presumir de que eres escritor, añadía. Nunca dejes de leer ni estudiar para que merezca la pena leer todas tus obras. Sé humilde, acepta los consejos de los viejos escritores, que saben más que tú, y corrige todo lo que tengas que corregir. Solo así se producirá el pacto con el lector y este te seguirá, te admirará y te querrá.
 
Me parece que me hago mayor, amigos, porque empiezo a echar de menos a demasiadas personas inteligentes. De lo que no me olvido es de escuchar música, como esta de otro verano, en esos veranos en que comenzaba el amor, como una epifanía primigenia. Todos hemos tenido un verano así y hemos dado ese primer beso:
 
Feliz domingo y felices epifanías.
 



 

sábado, 5 de agosto de 2023

"Nothing Compares 2 U".

Paseo por la playa al atardecer. La brisa baña mis mejillas, incluso mis recuerdos. Es agradable pisar la arena mojada, suave, de plata. Es la hora de plata y pienso en ti, siempre pienso en ti, mientras canta Sinéad O'Connor, que nos ha dejado hace unos días:
 
 
"Han pasado siete horas y quince días
Desde que te llevaste tu amor.
Yo salgo todas las noches y duermo todo el día
Desde que te llevaste tu amor.
 
Desde que te fuiste puedo hacer lo que quiera.
Puedo ver a quién elijo.
Puedo cenar en un restaurante de lujo,
Pero nada, dije, nada puede llevarse esta melancolía.
 
Porque nada se compara,
Nada se compara a ti.
 
Ha estado tan sola aquí sin ti
Como un pájaro sin una canción.
Nada puede detener a estas solitarias lágrimas caer.
Dime, nene, ¿dónde me equivoqué?
 
Podría poner mis brazos alrededor de cada chico que veo
Pero solo me recuerdan a ti,
Fui al médico y adivina qué me dijo, Adivina lo que me dijo.
Él dijo: Chica, es mejor que trates de divertirte, no importa lo que hagas.
Pero él es un tonto.
 
Porque nada se compara,
Nada se compara a ti.
 
Todas las flores que plantaste, mamá
En el patio trasero,
Todas murieron cuando te fuiste,
Sé que vivir contigo, nene, a veces era difícil,
Pero estoy dispuesta a darte otra oportunidad.
 
Nada se compara,
Nada se compara a ti".
..........................
 
Te mando la fotografía por Wasap y sé que vas a guardarla junto a tu corazón porque nada se compara a ti.
 

 

viernes, 4 de agosto de 2023

"Y mis "Cuentos de los otros" se fueron al Central Park de Nueva York".

Antes de ayer la escritora Juana Martinez López-Prisuelos me dio la sorpresa subiendo estas fotos a mi muro, en el parque neoyorkino, mientras leía mi libro de cuentos publicado por Bartleby en 2017, y escribió: "Ayer comencé a leer tu libro en Central Park. Soy una gran lectora en los parques, junto a la naturaleza me siento más unida al relato. Me están gustando mucho, y ya voy por "La margarita en la nieve". Hoy he regresado al parque a seguir leyendo y rodeada de mis amigos te enviamos todos un beso, de piedra o transportado por el aire desde "El País de las Maravillas" y desde este rincón del planeta".
La magia de Internet nos puede hacer leer a todos los amigos, al mismo tiempo, el mismo cuento.
 
"La margarita en la nieve".
 
"Aquellos días azules y aquel sol de la infancia.
 
¡Menos conversación y seguid quitando la nieve!, exclamó el soldado francés. Ya que habéis venido desde tan lejos, continuó, lo lógico es que limpiéis la carretera para que nuestros coches puedan pasar. Él levantó la vista, pero no llegó a observar la expresión de apatía de aquel tipo. Para esto hemos perdido una guerra, susurró un oficial del ejército que le doblaba la edad, al que había conocido en la frontera y que no dejaba de hablarle del encuentro con Machado y su madre, unas semanas atrás, en una pequeña fonda del camino. Yo no quería disparar mi arma, dijo él entre susurros moviendo la pala con dificultad. A mí me ocurría lo mismo, dijo el militar con las manos ateridas. Y añadió: Ya solo nos quedan las palabras de los poetas, la sensación de no pertenecer a nadie, de que nada de lo que nos ocurra dejará de tener sentido. Quizá la vida no sea tan absurda, dijo él cogiendo una margarita que sobresalía en la nieve.
 
Tardaste varios años en regresar a España.
 
Para entonces ya sabías que la infancia nunca desaparece
del todo".
 
("La margarita en la nieve", Cuentos de los otros, 2017, Bartleby, p. 74).
 
Y ya que Juana está en la segunda foto dentro de la escultura de "Alicia en el país de las maravillas", me tomo un café escuchando una de las canciones más hermosas de la historia, que siempre me recuerda al país de las maravillas. Más allá del arcoíris no existen fronteras, no hay guerras, ni hombres y mujeres que sufren por su condición sexual, económica, religiosa:
 

jueves, 3 de agosto de 2023

"Aquellos versos del don Juan Tenorio".

"Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí".
 
En mi caso me puede la curiosidad del "escritor", y como tal lo que me gusta es bajar a las cabañas y subir a los palacios, por continuar con el juego metafórico de la obra de Zorrilla, y desde luego no me importa mezclarme con los nobles y los pescadores, por aludir a las escenas iniciales del primer don Juan de la literatura, el de Tirso de Molina, "El burlador de Sevilla y convidado de piedra" (1616), obra que volví a ver representada hace meses en el Teatro de la Comedia de Madrid. Y hablando de pescadores, ayer me hice esta fotografía antes de tomarme un mero a la plancha con un vino blanco afrutado que me obligó a dormir la siesta en el coche media hora. Sonaba "El oro del Rin", pero no le presté atención. Y también ayer mi amiga y tertuliana la escritora Carmen Sogo escribió lo siguiente por aqui: "Es muy interesante la variedad de análisis que tiene tu obra. Leeré el artículo de Almudena Mestre. Otro análisis sería la gran cantidad de mujeres que se interesan por tu obra. Y me refiero a tu obra no a tu persona y las muchas amigas que tienes, pues ese es otro tema. También hay hombres entre las personas que analizan tu obra, pero me parece que son más las mujeres. Y no me refiero a mujeres que leemos tu obra si no a análisis interesantes. Rectifícame".  Por supuesto que nunca he escalado ningún claustro.
 
Ahora me tomo el primer café de la mañana y amanece dulcemente. Y ya que esta tarde mis amigos alicantinos Trinidad Seller y Pepe Adsuar van a dar con su coral un recital de habaneras en el castillo de Santa Pola, escucho una habanera que cantaba mi madre y que sonaba más o menos así:
 
Como diría Jung somos nuestra infancia y la infancia de los demás, es decir, de toda la humanidad.