jueves, 15 de febrero de 2024

"Leer como cae la lluvia".

"Este es un mensaje fruto de un arrebato compulsivo. Estoy leyendo "Poeta en Madrid" y estoy derramando lluvia. Estoy lloviendo agua que esperaba descondensarse, el furor de los vientos, la música crujiente de mis bosques. Repito: es un mensaje compulsivo, pero es justo así. Así es, Justo".
 
Alfonso Segura vino la semana pasada desde Sevilla a la tertulia de Casa Manolo, en la calle Princesa 83, junto a los arcos de Moncloa, por el simple placer de ser un tertuliano más y conocernos (está en primer plano en la segunda foto de aquel día). En el viaje perdió una boina a la que tenía cariño, pero comenzó a leer mi novela "Poeta en Madrid" (Huso, 2021) sin decirme nada. Unos días después me envió el mensaje del principio. Me gusta ser escritor por muchas cosas, como, por ejemplo, por las cosas sencillas que ocurren sin buscarlas, que ocurren porque sí. Como me gusta la música con la que comienza mi novela, cuando el chico coge la mano de la chica por primera vez. El otro día comenté en una de mis clases que me gustaba mucho la ópera, y María, una de mis alumnas, dijo que a ella le ocurría lo mismo, en especial "La bohème". 
 
Hay cosas que unen a las personas y no saben ni de distancias ni edades:
 

miércoles, 14 de febrero de 2024

"La literatura como un torrente".

A las 8 de la noche, cuando ya terminaba la hermosa tertulia que habíamos tenido sobre uno de los primeros cuentos de Borges, su "Hombre de la esquina rosada", Chema Menéndez me preguntó por qué citaba este cuento en mi novela "Poeta en Madrid" (2021), casi un siglo después de su publicación, y yo le dije que con esa novela había querido reflejar la forma en que fluye la literatura a través del lenguaje, como las olas en el mar, como el agua en el río, un río que se nos desborda a cada ser humano, que atraviesa el tiempo y el espacio y se nos escapa por el borde de la página. Eso representó para mí el cuento de Borges cuando lo leí con 20 años y continuaba representando ahora.
 
Algo así como el amor cuando Cupido te lanza su flecha:
 

martes, 13 de febrero de 2024

"Hombre de la esquina rosada", de Borges.

La tertulia de esta tarde será on line, y he pedido a los tertulianos que lean un cuento de Borges. Ya hemos dedicado otras tertulias a algunos de sus cuentos, y en esta ocasión vamos a leer y debatir "Hombre de la esquina rosada", una historia esencial en mi novela "Poeta en Madrid". Borges no escribió nunca una novela, pero cada uno de sus excepcionales cuentos son como un capítulo de esa novela. Siempre he pensado que no se puede ser un buen novelista sin haber leído los cuentos de Borges.

Por si alguno de mis amigos de esta red social queréis leerlo, aquí os dejo el link:

https://www.ingenieria.unam.mx/dcsyhfi/material_didactico/Literatura_Hispanoamericana_Contemporanea/Autores_B/BORGES/rosada.pdf

Y mientras me tomo el primer café de la mañana, y antes de irme a clase, vuelvo a escuchar a Piazzola y su tango sobre este cuento:

https://www.youtube.com/watch?v=JaZFOzAevX4

(La foto es de Borges en la filmación de la película de este cuento en 1964, dirigida por René Múgica).

 


 

domingo, 11 de febrero de 2024

"Las miradas de la vida".

Cómo sobrellevar el paso del tiempo, cómo prepararnos para llegar "lúcidamente" hasta el final. En estas fotografías he compartido un conjunto de miradas. Víctor Erice, el "director poeta", mira al actor Manolo Solo, su "álter ego" en "Cerrar los ojos", su cuarta y última película. Ana Torrent, la niña que Erice descubrió en "El espíritu de la colmena", mira años después a la hija del actor desaparecido que interpreta José Coronado. Adelaida García Morales, que escribió la novela "El sur" y que fue la mujer de Erice, nos mira a nosotros, y a mí se me parece a Lola (Soledad Villamil), la novia que tuvo Solo y al que dedicó su única novela "Ruinas", que ganó el Premio del Café Gijón y que encontró en un puesto de libros de la Cuesta Moyano, donde me saqué ayer, precisamente, la última foto que he puesto. Lo que me "dice" esta película de Víctor Erice, con sus 83 años, es que podemos perder la memoria, pero que nunca dejaremos de ser humanos si nos queda la conciencia, y al menos una persona sabe cómo mirarnos antes de cerrar los ojos. La vida es "memoria", pero también sentimientos y emoción, tal vez con los "ojos cerrados", y esta película es toda esa vida, el cine, el teatro, la literatura con la Cuesta Moyano, el Retiro, el Cabo de Gata, Almería, el mar. Nunca me ha importado repetir en el cine las películas que me dicen algo. Me ocurre con un libro, una sinfonía, un cuadro (solo un cuadro en una exposición) o un atardecer. En aquellos momentos me quedo mucho tiempo dentro, de la página, de la película, de la música, del lienzo. En "Cerrar los ojos" permanece una película en el interior de la película que se llama "La mirada del adiós", y hay media hora final que nunca he visto en el cine español o nunca he sentido, y está en los ojos de Ana Torrent y la luz de "El sol del membrillo" y ahora, de nuevo, en el rostro de Villamil a la luz de una chimenea, aunque tan solo sean unos pocos minutos. Erice se reencuentra consigo mismo a través del cine después de 30 años. Toda la película es la historia de este reeencuentro, de cada uno de los "reencuentros" de las personas que aparecen a lo largo de a vida de cualquier persona, de cualquiera de nosotros.

Esta es la banda sonora de la película:

https://www.youtube.com/watch?v=sCxQYhaZVak&list=OLAK5uy_lSdtAI0NXqpVBxGlUGTgd124_JQE8xLa0

Con Erice viajo en compañía de Tarkovski, Bergman, Angelopoulos, Kiarostami, Dreyer, Ozu, Kieślowski, Rohmer.
 
Sí, ayer me fui a pasear entre los libros de la Cuesta Moyano para ver si encontraba a Frankenstein y El espíritu de la colmena. 
 








 

sábado, 10 de febrero de 2024

"Una crítica de Un hombre que se parecía a Al Pacino".

(Por Vicente Quijano Takeo).
 
"Escribir mi opinión sobre “Un hombre que se parecía a Al Pacino" de Justo Sotelo se me hace un mundo porque gente cualificada y preparada ya lo ha hecho. Además, sé que antes de que le digan que es guapo, que le gustan sus libros y es un intelectual prefiere que le digan lo que no le ha gustado, y sentarse a tomar un café para hablar de los puntos de vista de cada uno.
 
A. Es un intelectual aburrido, clasista y elitista.
 
V. Acepto lo de intelectual, para eso ha estudiado y se ha preparado. Pero no escribe solo para una minoría, no sé cuántos seguidores tiene en Facebook pero, en común, tenemos 34. Cada vez que escribe en esta red social, los “me gusta” se balancean entre 150 y 250. Si yo tengo 10 “me gusta” hago el pinopuente. Creo que llega a mucha gente que disfruta con lo que escribe.
 
A. Siempre es yo, yo, yo…
 
V. Claro, ¿qué esperabas? Solo desde el yo se puede opinar, criticar, dar a conocer a escritores, músicos, cineastas, solo desde su propia percepción puede hablar de lo que sabe.
 
A. Pero siempre habla de gente intelectual y también hay una cultura popular…
 
V. Yo soy un gran defensor de la cultura popular y creo que no debería reñirse con la cultura intelectual. Sí, habla de Joyce, de Mahler, de Rohmer, pero también de Woody Allen, de Cary Grant, de José Vélez…
 
A. ¡¡¡José Vélez!!!
 
V. Sí, le gusta vivir la vida bailando y si quiere hacerlo con un vals del cantante canario, lo hace.
 
A. Mucha cultura pero nunca habla de ballet.
 
V. Sí, tienes razón, no me suena haber leído nada sobre ballet clásico o moderno. Pero sí sobre ópera y música clásica.
 
A. Lo que te digo, es un libro para quedarse dormido, como tú en la foto.
 
V. Perdona, la foto es un trampantojo, yo nunca leo tumbado sino sentado, y ¡ojalá me quedara dormido leyendo algún libro! Pero, ni por esas. Por cierto, hombre, ¿tú has leído el libro?
 
A. No.
 
V. Pues déjame en paz que tengo que escribir una crítica".
 
......................................
 
Hasta aquí el inteligente texto que publicó ayer en esta red social el escritor Vicente Quijano Takeo, al que conocí en persona durante una Feria del Libro en el Retiro cuando se acercó, amablemente, a que le firmara mis "Cuentos de los otros". Siempre me ha gustado analizar a las personas por lo que dicen y por lo que escriben, y así observo su personalidad. A mí ya me tengo muy visto y sé de sobra lo que escribo y cómo lo escribo. En el caso de Vicente, parece que le gusta más estar tumbado en el sillón que practicar ballet.
 
Este sábado no llueve, aunque hace fresco, y vuelvo a bailar un vals en Tenerife:
 

viernes, 9 de febrero de 2024

"Eres un juglar que alegra el grisáceo mundo".

Me escribió el otro día el escritor José Villacís en la dedicatoria de su último libro, "Ávila en el corazón de Orson Welles". Fue durante la comida semanal que llevamos haciendo durante 30 años un grupo de amigos profesores de la Universidad. Por eso ahora me tomo un café en este viernes lluvioso y me traslado mentalmente hasta la legendaria Edad Media, a Ávila de los Caballeros, con Rodrigo Díaz de Vivar, el "Cid" de Ramón Menéndez Pidal y de Charlton Heston. Tengo que enamorar a Sofía Loren mientras suena esta música que me enamoró cuado era un niño:
 
Cuando llego cansado a casa, quiero que me metas en la ducha, me acuestes y me hagas el amor:
 

jueves, 8 de febrero de 2024

"Amor por encima de todas las cosas".

"Amor sin nombre. Inmaculado. Indiscreto ante las murmuraciones, inmarchitable. Amor azul. Verde. Amarillo. Rojo. Anaranjado. Añil. Violeta. Y de nuevo azul.
 
No importa por qué están ahí. ¡Taganana! Perdida en el horizonte. Blanca por dentro y por fuera. Y azul, muy azul el mar de Taganana. La espuma blanca y azul.
 
Bajé del autobús municipal. Había pocas personas sobre la arena de la playa, la soledad perdida entre los acantilados duros, feroces. Y la arena negra. Coloca a una joven que está en los huesos en un extremo. A un ser deforme en el otro. Sitúa a una pareja de enamorados dentro y fuera del agua, amándose vestidos y desnudos, unidos y separados. Tuve envidia de él. Tuve más envidia de ella. Sonreí al monstruo y a la mujer. Tuve envidia del monstruo y de la mujer con todas mis ganas. Mis ojos enfermos, casi ajenos.
 
La fotografía.
 
EL TIEMPO SIN VOZ.
 
Mis dedos, el botón, el tiempo y el miedo, la envidia y el tiempo y el miedo, la belleza. El mar sonreía y su botón rojo, pequeño, pusilánime. La espuma gris, blanca, negra, la espuma y el miedo. Como colas infinitas de infinitos miembros babeantes. Los amantes besaban la arena con sus nucas, la de él, la de ella, las nucas sin miedo. Por fin el monstruo comenzó a escribir sobre los inmensos pechos de la mujer que caían como chicles sobre la arena de la playa.
 
La fotografía.
 
LA VOZ DEL TIEMPO.
 
Os voy a hablar de otra isla amigos poetas os voy a hablar de otro sueño de ninfas y de sirenas si es que rugen los mares en un nuevo sueño y todo comienza a hacerse inanimado si es que aparece la soledad cruza rocas encrespadas la soledad asalta cárceles pletóricas de inconsciencia y lucha día a día por huir de la isla volcánica día a día de nuestro interior del miedo mi soledad es como todas pero más ciega mi soledad es dulce como los labios del amante frota sin descanso la piedra succionada de la pasión entre sus pechos mi soledad no sabe de diálogos y él me ayuda cada instante para huir con él al disparatado silencio en la distancia de la mar que ya no existe en el oasis perdido entre sus piernas que son leyendas innombrables entre sus dedos suavizados por la espera puedo hablaros de otra isla puedo hablaros de otros sueños de ninfas y de sirenas.
 
Beckett.
 
El monstruo arranca los pechos a la mujer y los lanza al mar, y continúa escribiendo sobre su incompetencia.
 
Se acercó a mí, besó mis pies y me ofreció la semilla de su vientre. Tomé con mis manos al amante ridículo y arrebaté a las nubes sus caricias.
 
Me siento sobre una roca, blanca como el mar, como el paraíso, y mientras los perros aman su lascivia y los hombres vierten el vino sobre las mesas y las piedras aguijonean mis sandalias y lo banal se tiñe de esperanza en cualquier pueblo testigo de su sudario y se desbocan mis pasiones entre las notas del último sueño, comprendo que he oxidado el viento y las palmeras y el mundo para dormir entre los brazos del amor solitario.
 
Carnaval.
 
Mi único amor. Deletreo.
 
Papá.
 
Carnaval.
 
Taganana.
 
Molloy.
 
Papá.
 
Molloy y Beckett.
 
Las palabras como chicles para definir una fotografía".
("Poeta en Madrid", 2021, Huso, pp. 36-38).
...........................................
 
La fotografía la tomé a primeros del mes pasado en ese lugar de la novela. La música que escuchaba cuando escribí esas páginas era esta: