domingo, 13 de septiembre de 2026

"El caballo blanco".


 
He vuelto al Valle del Tiétar después del incendio de este verano. Al pasar por Navas del Rey recuerdo que el padre de Alicia, una de mis alumnas, directivo de la ONCE (nació ciego) fue concejal del Partido Popular, y que una vez me invitó a comer en Somontes, en el Monte del Pardo y al lado del Palacio de la Zarzuela tras invitarle a dar una conferencia a mis alumnos sobre la fuerza de voluntad de los seres humanos para salir adelante a pesar de que todo se ponga en contra. En Navas del Rey veranea a menudo Xavier, mi amigo francés desde los veinte años, siempre que viene desde París con su marido Lucas. A Xavier lo convertí en personaje de mi novela Vivir es ver pasar. Me encuentro con el pantano de San Juan, con Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias y el nacimiento del río Tiétar y los pequeños pueblos del valle. La fotografía con el caballo blanco la he sacado en la Iglesuela, en la provincia de Toledo, ya que Madrid, Ávila y Toledo confluyen casi en La Adrada, el pueblo del castillo medieval de don Álvaro de Luna donde escribí mis primeros textos. De alguna manera continúo escribiendo todavía desde este sitio, en la montaña que se ve en la fotografía en cuyos riachuelos aprendí a nadar, en el instante en que mi padre me dijo que me soltara ya. Cerca de allí está el Real de San Vicente, donde también iba en bicicleta y nació Carlos Rubio, mi profesor de Literatura japonesa en Casa Asia de Madrid cuando decidí escribir mi tesis sobre Murakami. Carlos se fue hasta Estados Unidos, se doctoró en Lingüística Aplicada en Berkeley, luego viajó a Japón y nos conocimos al volver. En su finca de Toledo comí cerezas tras observar cómo los árboles nos regalaban sus flores meses antes y conocí a Jennifer, que también se apellida Murakami. Y además de hablarme de Sōseki, Kawabata, Ōgai, Abe, Mishima y Ōe, Carlos me enseñó a tirar con el arco, el Kyūdō, cuyo objetivo no es tan solo dar en el blanco, sino el perfeccionamiento del carácter, de la postura y la serenidad mental (mushin). Un día me pidió que dejara de ir a sus clases puesto que todas sus alumnas se enamoraban de mí y ya no se concentraban en el aula. Al regresar me ha venido a la cabeza un ballet del argentino Alberto Ginastera, Estancia, basado en el clásico de la literatura gauchesca "Martín Fierro", de José Hernández. Narra la historia de un joven de ciudad (podía haber sido yo en su día) que llega a una estancia o finca y se enamora de la hija del dueño. Al principio, ella lo desprecia por verlo débil, pero el muchacho termina ganándose su respeto y su amor al mostrar su destreza en las rudas faenas del campo y en las danzas tradicionales: 
 
Tras sacar la fotografía, el caballo me ha mirado y me ha parecido que sonreía.


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