El sonido del mar, mis pies desnudos caminando por la arena, uno de mis paraísos en la tierra. Esa sensación de que todo está en su sitio. La voz de Plácido Domingo cantando un aria de ópera. Un adagio de Mahler mientras se escapa un personaje de Shakespeare después de la tempestad. La fuerza y la pasión de Beethoven. Cómo acuden los tres a mi llamada para meterse en una de mis novelas. Esas páginas primeras de los románticos ingleses, franceses y alemanes. Dormir cada noche con la música del mar penetrando en mis sentidos, como penetro el cuerpo de ella. Lo que soy dentro de su cuerpo, como en un tiempo perpetuamente romántico donde a veces nos gustaría vivir para regresar de nuevo al nuestro.
De la mano por la playa.

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