Ayer la poeta y bióloga Isabel Fernández Bernaldo de Quirós me dijo que le gustaba subrayar mis libros "Un hombre que se parecía a Al Pacino", "Los mundos de Haruki Murakami" y "Poeta en Madrid". Me envió unas fotos de este último libro, lo que me recordó uno de mis cuentos, que habla de esta idea de subrayar los libros.
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"Cuando un lector subraya el libro que está leyendo, en realidad está hablando en voz baja con el escritor.
Umberto Eco investigó la idea de ficción durante buena parte de su vida y relacionó el texto narrativo con un bosque cuyos senderos se bifurcan, en alusión a Borges, para volver a encontrarse en el territorio onírico del duermevela.
La experiencia humana toma sentido en la literatura a través del tiempo y el espacio, como diría Ricoeur. El lector llena los huecos que deja el escritor de manera consciente, todo eso que no se dice ni se escribe, algo que yo defiendo en la literatura contemporánea.
Considero que es más importante lo que no se dice que lo que se dice.
Por eso resulta esencial que el escritor y el lector "hablen" continuamente, por ejemplo, a la luz de la lámpara de la mesilla de noche, mientras todo el mundo duerme en casa y solo ellos están despiertos. De esa forma la literatura sería la verdadera causa de la infidelidad de las parejas. Las demás causas son necesidad de poder, de sexo, de protección, de dinero, es decir, poca cosa".
("El libro subrayado", Cuentos de los viernes, Bartleby, p. 103).
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Mi conversación con Isabel estuvo llena de literatura y sensibilidad, y era como si sonara esta música de Mendelsshon con el cello de Jacqueline du Pré:



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