Este verano Paqui y yo fuimos a visitar al escritor Javier de la Rosa a su casa de Santa Cruz de Tenerife. Desde hace unos meses nos falta su mujer, Charo Alonso Panero, y hablamos sobre esta gran ausencia en su vida. Javier sigue escribiendo, que es lo que tiene que hacer alguien que se ha pasado la vida entre libros, y en cierto momento le animé a escribir su vida con Charo, con la que ha estado más de un cuarto de siglo. Podría mezclar esa vida con la de los escritores que ambos han conocido. Ella se relacionó desde niña con los grandes escritores de este país, puesto que eran amigos de su tío Leopoldo Panero, como Luis Rosales, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Seguro que sería un documento literario muy interesante. Le sugerí incluso la primera frase:
"Esta tarde he bajado a la piscina y al meterme en el agua me he acordado..."
Charo siempre me decía que fue muy feliz en Madrid, en Chamberí, pero que se sentía como una sirena en su mar de las islas Canarias. La verdad es que echo de menos sus comentarios diarios en esta página, y todas las historias que me contaba, como su insistencia para que participara en la Cátedra Leopoldo Panero en La Laguna. Ahora continuará viajando por ese mar, como lo sigue haciendo por el corazón de Javier y por mi recuerdo, y quizá escuche conmigo a Debussy. Aquel mar representa una visión panteísta y espiritual de la naturaleza, y el agua es el misterio del origen, como conté en alguna ocasión a Charo. Debussy no se queda en la descripción paisajística y realiza una exploración panteísta, psicológica y existencial de la naturaleza y el alma humana:
La segunda foto que sacó Paqui con ellos es en la Plaza de Oriente de Madrid. En Madrid no tenemos mar, pero a los madrileños nos gusta navegar por todos los lugares de este mundo.


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