Ayer encontré en el cine (en la foto) a Juana, una de mis secretarias; hacía quince años que no nos veíamos. Me reconoció en seguida, se acercó y me dio dos besos. Como le sucede a todo el mundo, me he pasado la vida tomando decisiones y seguro que bastantes han sido equivocadas (nadie es perfecto, como diría Billy Wilder) y una quizá fuera dimitir de aquel cargo. O no, vete tú a saber. Siempre procuro no arrepentirme de mis decisiones. Me han ofrecido muchos cargos en mi vida, pero tengo una alergia genética a aceptarlos o, si lo hago, no tardo en abandonarlos. Juana se jubiló hace solo unos años y la vi guapísima, joven, encantadora. Me dijo que había visto casi todas las películas que proyectaban en estos cines y le parecían interesantes. Me gusta la gente que es así, que no critica, que no necesita criticar para sentirse feliz, aunque podría hacerlo puesto que es inteligente y sabe cuando una película es o no buena, lo mismo que una novela, ya que a Juana le gusta mucho leer. Me dijo que se pondría al día con mis libros, empezando por "Un hombre que se parecía a Al Pacino", pues siempre había visto cierto parecido entre nosotros, a pesar de que nunca se había atrevido a decírmelo. Juana es una mujer atenta, discreta, sincera, trabajadora, una buena persona. En otra vida quizá hubiéramos sido buenos amigos, pero ella nunca fue una trepa, ni yo me he aprovechado de nadie por tener poder.
Al salir del cine me vino a la cabeza una vieja canción de Mocedades:
https://www.youtube.com/watch?v=vEEIzUkhd6w&list=RDvEEIzUkhd6w&start_radio=1
A veces aún pongo el disco de vinilo.
lunes, 2 de febrero de 2026
"Juana, mi secretaria feliz".
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