martes, 17 de octubre de 2017

"Ser profesor".

"Ser profesor".

Me gusta estudiar, escribir y dar clase.

Dar clase es lo que más me gusta. A jóvenes españoles, franceses, ingleses, holandeses, italianos, alemanes, irlandeses y norteamericanos (que son los últimos que he tenido como alumnos) y de cualquier parte del mundo. Me gusta encontrármelos en el supermercado después de clase y que te sonrían y que los sonrías y que te cuenten su vida en Berlín o Amsterdam o Dublín o Nueva York. 

Y que te digan que se han enamorado de Madrid en apenas unos días, no del profesor, claro.

(La foto y el texto son de hace justo un año -como me recuerda Facebook-, en el campus de la Universidad Rey Juan Carlos de Aranjuez, donde hablé de Keynes y el lado humano de la economía. Estoy con Antonio Franco, amigo íntimo desde hace más de un cuarto de siglo, catedrático de Estadística y mi óptico particular, y Paco Rabadán, que fue mi alumno y pronto se convirtió en mi amigo).

lunes, 16 de octubre de 2017

"Las 4 últimas canciones de Richard Strauss o el capítulo final de la literatura lírica posromántica".

"Leerte a ti, Justo, es lo mismo que escuchar a Richard Strauss. Poco a poco participamos de lo bello y tomamos parte de ese clima que solo vosotros podéis crear".

Estas palabras que escribió ayer en mi muro de Facebook el pintor leonés Javier Rueda fueron la excusa perfecta para volver a escuchar una de mis obras preferidas. De Strauss me gusta todo, desde sus poemas sinfónicos -que tanto han influido en la música del cine- hasta sus óperas, pero reconozco que su canto del cisne, que escribió en 1948 con 84 años, poco antes de morir, me parece un monumento a la belleza, la sensibilidad y el buen gusto. Por otro lado, Javier Rueda es un tipo majísimo al que conocí en Alicante. Además estuve en una de sus exposiciones de esa ciudad hace dos o tres años. Si eso fuera poco es el tío de la encantadora escritora y amiga Marta Muñiz Rueda.

Para escribir las canciones, Strauss eligió tres poemas de Hermann Hesse y uno de Joseph von Eichendorff. Y mi disco favorito es el de Elisabeth Schwarzkopf.

Pocas veces he escuchado una voz tan maravillosa como la de la soprano alemana Elisabeth Schwarzkopf, 1915-2006 (en las fotos se observa su belleza y su clase, tanto de joven como de mayor). La obra es insuperable, pero cuando llega a la tercera canción -a partir del minuto 9- se me corta el aliento; no hay una sola vez en que no suceda.


"Primavera".
En la gruta crepuscular
soñé largamente
tus árboles tus aires embriagadores
tus olores y el cantar de tus pájaros.
Ahora yaces descubierto
con tus ornamentos resplandecientes
pleno de luz
como un milagro ante mí.
Me reconoces de nuevo
me atraes dulcemente,
mis miembros tiemblan
tu bienaventurada presencia.

"Septiembre".
En el jardín enlutado
cae gélida la lluvia sobre las flores.
El verano se estremece
mansamente esperando su final.
Goteo dorado de hoja
en hoja de la gran acacia.
El verano sonríe asombrado y abatido
en el jardín agonizante.
Moroso junto a las rosas
se entretiene, buscando la calma.
Lentamente, cierra
sus cansados ojos.

"Al irme a dormir".
Cansado del día
debe recibir mi añoranza ansiosa
amigablemente la noche
como al niño fatigado.
Manos, dejad los quehaceres,
Cabeza, olvida todo pensamiento,
todos mis sentidos
desean hundirse en el sueño.
Y el alma sin vigilancia,
desea colgándose de libres alas,
vivir profunda e intensamente
en el circulo mágico de la noche.

"En el crepúsculo".
Hemos atravesado necesidad y felicidad
cogidos de la mano;
descansamos del camino
en el campo silencioso.
Alrededor, se inclinan ya los valles
oscureciendo el día
mientras dos alondras se alzan
ensoñadoramente en el éter.
Ven y déjalas correr
pronto es hora de dormir
y así no nos perderemos
en esa soledad.
Lejana, calmada paz
tan profunda en el crepúsculo.
Cuan cansados estamos del camino,
¿es esto quizás la muerte?"




domingo, 15 de octubre de 2017

"Y de repente la noche".

Eva García Madueño, una amiga malagueña de Facebook a quien todavía no conozco personalmente, escribió el otro día lo siguiente en su muro, y puso estas fotos:

"Mi momento de relax antes de dormir llega con la lectura de "Cuentos de los otros".

Los "Cuentos de los otros" de Justo Sotelo te atrapan desde el primer momento. Ninguno de ellos te deja indiferente. Todos conllevan una experiencia vital, una enseñanza. En ellos el lector contempla sus sentimientos más profundos reflejados en los "otros" encontrándose a sí mismo en el espejo de los personajes de cada una de las historias.

"Cuentos de los otros" ofrece en su conjunto una lectura amena y exquisita estableciendo un diálogo interno con el autor, que nos hace partícipes de sus reflexiones y nos invita -a través del mundo del arte- a la búsqueda de nuestra identidad.

Os dejo. Me están llamando. Felices sueños".

Hasta aquí las palabras de Eva. 

Además eligió un cuento, "El fuego", que tiene una importancia central en el libro, a partir del poema del grandísimo Salvatore Quasimodo. Lo empecé a escribir frente a una chimenea, hace ahora un año aproximadamente. Afuera hacía frío.

"El fuego".

Ella apaga la lámpara de la cocina y enciende el fuego de la chimenea mientras yo recito unos versos de Quasimodo. “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra / traspasado por un rayo de sol: / y de repente la noche”.

Las polillas revolotean junto a la ventana húmeda. Se las ve felices, tranquilas, seguras en el calor del hogar. Afuera hace frío; ha llegado el invierno y los animales corren a resguardarse en los porches y los cobertizos. Ella me responde con otro poema. Apenas lo susurra. Es como si lo estuviera viviendo por dentro y sus labios tan solo fueran una distracción. Observo cómo desaparecen las imperceptibles arrugas de su rostro. Su mirada llena el Universo, lo atrapa.

Es la forma en que me mira. 

Y de repente la noche".



sábado, 14 de octubre de 2017

viernes, 13 de octubre de 2017

Sobre mi "Poética" literaria.

Visito muy pocos lugares cuando viajo. Prefiero sentarme en las terrazas y los cafés, incluso en las cafeterías de los museos, y observar los rostros y el comportamiento de la gente. Apenas hago fotografías tampoco. No he usado casi nunca una cámara en mi vida y solo dejo testimonio con alguna foto del móvil.

Mis novelas y cuentos son de personajes y sobre todo de lenguaje, y no tanto de sitios, paisajes y adjetivos. Necesito sumergirme en el interior de las personas. Por ese motivo me gusta mucho Henry James. Gore Vidal dijo de James que no había nada que hiciera como un inglés, ni tampoco como un norteamericano. Él mismo era su gran realidad.

Incluso cuando observo las fachadas de las casas, me pregunto por las personas que viven ahí adentro, por los deseos, pasiones y sentimientos de sus habitantes. 

Y luego está la música, claro. 

James me hace pensar en Britten, uno de los mejores músicos ingleses del siglo XX, que escribió algunas óperas basadas en sus obras. Benjamín Britten compuso una "Guía de orquesta para jóvenes" (1946), subtitulada "Variaciones y fuga sobre un tema de Henry Purcell", donde describe las distintas familias instrumentales y las características de cada uno de los miembros que las componen. Es decir, como si hubiera estado mirando a través de las fachadas de las casas para conocer a la gente en su intimidad. A su vez Purcell había escrito ese rondó (1695) como música incidental para la pieza teatral de la escritora y espía británica Aphra Behn, "Abdelazar o la venganza del moro" (1676). Aphra Johnson es considerada la primera escritora profesional de la literatura inglesa (también fue novelista, poeta y traductora). Estuvo casada tres años con un comerciante apellidado Behn y tras su muerte tuvo relaciones con mujeres y hombres, incluyendo al rey Carlos II. No hubiera estado nada mal haberla conocido.

Todo está unido en el mundo del arte y la literatura, al menos eso me asegura mi cerebro.

Este es el rondó de Purcell: https://www.youtube.com/watch?v=VVivtti-n-w


(La foto es del barrio más bohemio de Londres, lleno de artistas).
 
 

jueves, 12 de octubre de 2017

En Londres.

Nos sentamos en una terraza. Hace buena temperatura. Pedimos dos cafés con leche.

Ella lee "El retrato de Dorian Grey", de Óscar Wylde, y yo "Á rebours", de Joris - Karl Huysmans. De vez en cuando ella levanta la vista del libro, me mira y sonríe.

Dejo el bolígrafo en medio del libro y lo cierro. Observo alrededor y hago una fotografía con la mirada.

Nos besamos.


miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Los ángeles tienen patria?

¿Los ángeles tienen patria? ¿Son españoles, ingleses, franceses, madrileños, catalanes? ¿Están a favor del Brexit o la independencia de Cataluña?

Ayer paseaba por el centro de Londres lentamente, mirando a todas partes, a los niños y a los viejos, a los coches y a los escaparates, sentándome en los bancos y las cafeterías que encontraba a mi paso, intentando iluminarme con las luces apagadas de Piccadilly. Entré en una iglesia y surgió la música de Händel, algo que siempre echo de menos que me ocurra en Madrid. Media hora más tarde supe que los ángeles existen. Habían interpretado el Salmo 110 del compositor alemán que cambió la música de su época, sobre todo con las obras que compuso viviendo en Londres. 

Cuando estudié la asignatura de "Mitocrítica" en la Facultad de Filología de la Complutense, leí una serie de textos medievales donde los ángeles hablaban. Ayer miraba los rostros de los niños y los viejos ingleses. Los ángeles no necesitaron convencerme de que el ser humano se empeña en alejarse de los demás inventándose lenguas, fronteras, colores de piel, diferencias de sexo, económicas, sociales.

Lo que sé es que los ángeles habitan junto a mí.

https://www.youtube.com/watch?v=dS65-ZvUSSM

martes, 10 de octubre de 2017

Literatura y política en un martes 10 de octubre.

"Sapere aude". 

Es una expresión clásica de Horacio que divulgó Kant en su libro "Qué es la ilustración".

Dicho eso y, como no quiero hablar de política, comentaré que esta tarde reanudamos las tertulias literarias, casi a la misma hora en que otros deberían estar "pensando" y "sabiendo" ser buenos estadistas.
Será como siempre cada martes a las 18,30, aunque durante este mes de octubre no estaremos en el café "Puro Teatro" (Manuela Malasaña, 9), sino que nos trasladamos temporalmente al café "Anthony's Place", en la calle Sandoval, 16, que está muy cerca.

En la siguiente entrevista la filóloga M Cristina Vidal me preguntó por lo que significa para mí organizar unas tertulias después de tantos años, donde se habla de literatura, arte y belleza: 

http://artesycosas.com/…/hablamos-de-tertulias-con-justo-s…/

(La foto es de una pasada tertulia con personas estupendas. Hoy dirigirá la tertulia mi amigo el pintor y arquitecto Santiago Martínez Sáenz).

lunes, 9 de octubre de 2017

"Blade Runner 2049".

"¿Es amor o precisión matemática? Dejemos correr la felicidad".

Son dos frases de la película "Blade Runner 1949", del director canadiense Denis Villeneuve, una historia que se plantea el origen de los recuerdos y si los robots pueden o no tener alma. 

Es casi imposible volver a filmar "Blade Runner" (1982), de Ridley Scott, pero se ha quedado cerca. 

(A veces incluso el cine comercial te hace pensar. Y si encima ves la película en el Soho de Londres, aún piensas con más encanto).

domingo, 8 de octubre de 2017

Londres.

La primera vez que llegué a Londres llevaba una música en la cabeza que no dejaba de sonar en mi interior, la "Sinfonía nº 1" de Elgar, dos películas, "39 escalones" de Hitchcock y "Las cuatro plumas" de Korda, y dos libros de los que estaba enamorado, los "Sonetos" de Shakespeare y "La conquista de la felicidad" de Russell. Cuando visité el British y caminé lentamente (que es la única manera en que me gusta caminar) por el barrio de Bloomsbury supe que siempre amaría a Virginia Woolf y que nunca dejaría de hablar a mis alumnos de John M. Keynes.

La vida es una aventura maravillosa con una partitura musical adecuada para cada momento, al menos la mía. Si encima es en el Albert Hall, entonces aún mejor: 

https://www.youtube.com/watch?v=sCuSuwDXxUA

sábado, 7 de octubre de 2017

Numancia.

Hace unos días me invitó mi amigo Amalio de Marichalar, conde de Ripalda, al acto de homenaje a la mítica Numancia. No pude ir porque estaba de viaje -como me ocurre tantas veces-, pero Amalio me ha enviado el discurso y las fotos. Este post es para excusarme y para hablar un poco de historia y literatura.

Diodoro, Plutarco, Tiberio Graco, Cicerón, Horacio, Ovidio, Séneca, Juvenal, Ptolomeo, Nebrija, Cervantes, Azorín, Goethe, Bécquer, Machado o Gerardo Diego se han referido, de alguna forma, a las aportaciones de Numancia a las ideas esenciales del Derecho y la Libertad. Han pasado 2150 años y ahora aquel lugar que defendió su libertad contra los romanos puede convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Como intelectual, me parece bien. También como amante de Soria, uno de mis rincones favoritos de este país, donde voy a darme una vuelta de vez en cuando para leer a Machado en ese arco de ballesta que forma el Duero alrededor de la ciudad, junto al Monte de las Ánimas de Bécquer.

He dicho como intelectual y amigo de Amalio. Debería añadir también que como novelista me gusta conocerlo todo y que me inviten a todo tipo de cosas. Si no fuera así, ¿de qué iba a escribir? Y, sobre todo, ¿por qué iba a querer que me leyeran los lectores si no aporto cosas interesantes desde el conocimiento de la vida y el alma y la naturaleza humanas?
 



 
 
 

viernes, 6 de octubre de 2017

¿Quién no se ha enamorado alguna vez de "Laura"?

Con esta música siempre bailo y escribo al mismo tiempo. Escribo todos los libros que se esconden en un rincón de mi cerebro mientras te abrazo y me abrazas. Nos miramos. Te deslizas por mi cuerpo, entre los dedos a los que estás enseñando a conocer. Sonríes. Cierras los ojos delicada y suavemente. Estás dispuesta a susurrarme palabras que todavía tengo que inventar para ti, para nosotros. 

(Pero no hay prisa). 

Sitúas el rostro en mi hombro y de pronto desapareces para reflejarte poco después en el espejo del salón.

Y giramos, giramos.

Ahora ya somos literatura, amor. 

https://www.youtube.com/watch?v=xviZEN0Xheo

jueves, 5 de octubre de 2017

Cuando no existen las fronteras.

Ya he puesto esta foto en alguna ocasión. Fue en un Máster sobre "Literatura Española" en la Complutense hace unos pocos años. La clase era sobre "El mundo de Lope de Vega" y además de cuatro o cinco españoles (es decir, europeos), estaba formada por alumnos africanos, americanos y asiáticos. Aquello parecía la ONU, la antítesis del nacionalismo. También estudiamos a Galdós, a Valle, a Cervantes, el mito de don Juan y la poesía y la narrativa contemporánea.

Estudiar es el mundo en libertad.


miércoles, 4 de octubre de 2017

"El pozo de Murakami".

Es uno de los "Cuentos de los otros" que surgió hace un año paseando por la finca salmantina de Yolanda González. Ella nos contó una curiosa historia y en seguida supe que formaría parte del libro. 

Este es el cuento:

"Habías decidido cuidar la tierra tras quedarte sola, pero el calor del verano empezaba a resultar insoportable. Ante las continuas restricciones de agua, quizá ese año se perdieran las uvas que habían hecho famosa a tu familia en la región.

Antes de morir, tu padre te habló de un pozo oculto en alguna parte de la finca.

Lo buscabas sin éxito cada día.

Una noche conociste a Justo Sotelo a través de las redes sociales. Al poco tiempo compraste su ensayo sobre Murakami en tu librería favorita de la ciudad, pero antes de leerlo quisiste conocer la obra del escritor japonés. Todavía recuerdas aquella mañana en que te sentaste debajo de un olivo a leer “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Estuviste leyendo varias horas, hasta que alguien empezó a hablarte. Aunque estabas sola, no sentiste miedo, ni siquiera cuando comprendiste que la voz venía de debajo de la tierra. Hablaba de atravesar paredes, conciencias, de buscar la belleza a través del amor. Retiraste unas lajas de piedra y diste con el pozo que tu padre no pudo encontrar. El agua llegaba hasta el borde, pero no había nadie en su interior.

Al mirar hacia atrás viste a Sotelo hablando con Murakami a la sombra del olivo".

(La foto es del pozo real).

martes, 3 de octubre de 2017

"En la isla de Bioko".

Hay lugares que permanecen inalterables, a pesar de que vuelvas un tiempo después.

En la playa de la foto escribí el año pasado uno de mis "Cuentos de los otros": 

"En la isla de Bioko".

"Escuchando leyendas en la playa de Arena Blanca de Luba.

Se nos hizo de noche mientras aquellos amigos nos contaban la leyenda de la hija de Botuku, el rey de una aldea de la isla de Bioko. La aparición de la Virgen de Bisila en una cueva protegió a todos los habitantes de la aldea de los ruidos de la noche, del acecho de las fieras, de los pechos sin leche de las mujeres y de los silencios del alma.

Y yo me quedé sin escribir el cuento de los viernes, aunque me tomé dos platos de Salsa de Cacahuete y varios tés Osang".

(Es difícil no sentirse libre en un sitio como este).

lunes, 2 de octubre de 2017

Mimetizarse con el mundo.

Eso de mimetizarse con el mundo, de saber que formas parte de algo más grande, que te supera, algo inefable y poético, donde se encucha una música casi callada.

Solo se me ocurre dar las gracias.

Literatura en Tenerife.

Dándome una vuelta por el Festival Índice de literatura en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), junto a mi amigo y editor Pepo Paz (Bartleby Editores), donde se han llevado a cabo presentaciones de obras en marcha ("pitching" con editores), duelos literarios entre jóvenes escritores, talleres, conciertos, etcétera.

Y saludando a escritores, editores, libreros y profesores de las islas como Antonia Molinero Calleja, Elsa López, Izaskun Legarza Negrín o Alba Sabina Pérez.

Resultó agradable observar a tantos jóvenes a los que les interesaba la literatura e incluso a niños en un taller multitudinario.

Después de todo es el Paraíso.





sábado, 30 de septiembre de 2017

"Dormir, comer, amar..., la balada del hedonista".

Abro Facebook y leo este comentario de mi amigo José Zurriaga a mi post de ayer, y me pregunto si se referirá a mí. Supongo que no -me digo- porque además de eso yo también escribo y leo y paseo y bailo y canto y viajo y doy clase.

Y hasta me paso el día pensando, como me ocurrió ayer, bajo la palmera de la foto. A veces aparecía una mariposa que giraba una y otra vez alrededor de las hojas.

Es curioso el compartamiento de algunos insectos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

"No dejes de escribir".

"No dejes de escribir".

El escritor madrileño Vicente Quijano se acercó al Retiro en la última Feria del Libro. Nos conocíamos por aquí, pero decidió que lo hiciéramos en persona. Fue un momento muy agradable. El otro día me escribió para decirme que ya había terminado de leer "Los cuentos de los otros" e insistirme en que no dejara de escribir. 

Quizá todo pueda resumirse con cuatro verbos: vivir, escribir, sentir, tal vez soñar. ¿No crees, Vicente? ¿No creéis, amigos?

(Sé que tengo una foto con él, pero no la encuentro, así que pongo una con varios alumnos que fueron a verme. Con esos chicos el futuro está garantizado).

jueves, 28 de septiembre de 2017

"Eva al desnudo" en la calle Serrano de Madrid.

Hace unas semanas entré en una tienda de la calle Serrano de Madrid, cerca de Goya, que me gusta mucho. Buscaba un foulard para un regalo.

Tras atravesar el umbral de la puerta y mirar alrededor me senté en un sillón rojo de terciopelo con flores. Junto a mí había dos mujeres de cuarenta y tantos años hablando de sus cosas. Como cualquier novelista que se precie, me puse a escucharlas con interés.

Imaginaba que hablarían de trivialidades, quizá de asuntos de actualidad, y lo que menos podía sospechar es que aquellas mujeres de la típica burguesía madrileña se refirieran a "Eva al desnudo", la obra maestra de Joseph L. Mankievicz, del año 1950. Aparte de ser, históricamente, la película que más nominaciones ha tenido a los Oscar (años después sus 14 nominaciones serían alcanzadas por "Titanic" y "La la land"), posee uno de los guiones más geniales de la historia. Refleja, a la perfección, con tanta crueldad como inteligencia, la hoguera de las vanidades (que diría Tom Wolfe) del mundo del teatro, que podría aplicarse a la política, la economía, el arte o la mismísima literatura.

En cierto momento la "más" mayor dice a la "más" joven (permítaseme la licencia, ya que después de todo uno es de Chamberí): "Es curiosa la carrera de una mujer. Las cosas de las que te deshaces para ir más rápido. Olvidas que volverás a necesitarlas cuando vuelvas a ser una mujer. Esa es la carrera que todas las mujeres tenemos en común, nos guste o no. Ser mujeres. Antes o después debemos poner gran empeño en ello".

Cuando me trajeron el pañuelo que me gustaba pregunté a esas señoras qué les parecía. Sonrieron al unísono y me alargaron la mano. Hice como que se las besaba. Luego se levantaron y la más joven dijo: "Yo no me preocuparía mucho por tu corazón, ya que siempre puedes poner ese foulard en su lugar".

Se dieron la vuelta y salieron a la calle.

Hace unos días que ha comenzado el otoño.

"Tu libro me ha acompañado todas las tardes de playa, oyendo el mar y respirando la brisa marina de los atardeceres". Son palabras que Domingo Martínez, un amigo virtual de Facebook y gran lector, escribió el otro día en mi muro, junto a la foto.

Dijo también:

"El libro de Justo Sotelo, “Cuentos de los otros”, es un conjunto de relatos en donde el autor toca temas tan diversos y vividos en cierta manera por el lector que quedamos ansiosos de más. Nos traslada por unos mundos reales y oníricos, y nos rodea de música exquisita tanto contemporánea como clásica, deleitando al lector al recordar temas y autores.

Lo más valioso es su eje vertebrador, “el amor”.

Un corazón, el de Justo, rebosante de amor para todos, de comprensión, empatía y solidaridad. Temas que, aun siendo cortos, son ricos en pequeños detalles, que los vives, los ves y casi los palpas a través de su lectura, haciendo un recorrido y mención al arte, al cine, la literatura, la filosofía.

En resumen, un libro que nos ayuda a entender mejor al complejo ser humano, sus relaciones, sueños, vivencias, la psicología humana".

(Por mi parte, solo quiero añadir que adoro el "Otoño" de Vivaldi, pero también esta sencilla y melancólica canción de piano de Chaikovsky. Feliz otoño, amigos:
https://www.youtube.com/watch?v=Aq7TNv7Pbm8).

La poeta Inma J. Ferrero y "La boheme" de Puccini.

A la poeta madrileña Inma J. Ferrero la conocí hace relativamente poco, a finales de 2015, en la presentación de un libro del poeta leonés Felipe J. Piñeiro en una curiosa librería de Madrid.

En la foto -algo movida- estoy sentado con ellos, aunque la presentadora fue Inma. Luego la invité a mi tertulia, ella me ha entrevistado para la radio y nos hemos hecho buenos amigos.

Hoy me he despertado escuchando "La boheme" en el móvil (cosas de la tecnología y de un lugar sin apenas cobertura) y he recordado que a Inma también le gusta Puccini, ya que es una melómana capaz de seguirme el juego intelectual y artístico, algo que me hizo fijarme en ella. Esta escena del final del Acto I en la buhardilla de París (tal vez el más perfecto que escribiera Puccini) va por ti, Inma, y por todas las personas sensibles y dulces que me leen.

"Bohemian Rhapsody".

El chico y la chica se conocen en un café lleno de gente. Él está leyendo "El extranjero" mientras sorbe su té y ella "El amante" con una cerveza al lado.

Apenas necesitan mirarse un par de veces.

Pasean durante horas por la ciudad, hasta que amanece. Ella dice que está muy cansada y necesita un banco. Le pide que se porte bien con ella porque él le gusta mucho. Él se queda pensativo y le propone que descansen en una canción de Queen.

https://www.youtube.com/watch?v=-2VPKWwl5Rw

"El leopardo del Kilimanjaro".

"El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5895 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, «Ngáje Ngái», «la Casa de Dios». Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo por aquellas alturas".

Ernest Hemingway se preguntaba por el sentido del escritor o, simplemente, por el sentido de la vida.

(No soy nada mitómano. Hemingway es de los pocos escritores con los que me iría de copas una noche, como les ocurriría a Bertrand Tavernier y Woody Allen, supongo -este, al menos, se fue con su hija en "Manhattan"-, mientras escuchábamos a Dexter Gordon en "Alrededor de la Medianoche": https://www.youtube.com/watch?v=w4nVDKeVxok).

Reseña de mis "Cuentos de los otros" en el periódico "La Opinión de Tenerife" de 23/09/2017.


Siempre he pensado que la música escribe por mí.

Hay un solo de saxo en "Taxi Driver", de Martin Scorsese, que no tiene piedad. Lo compuso Bernard Herrmann y desde hace días no me lo quito de la cabeza. Lo escucho siempre que paseo de noche por cualquier ciudad, a todas horas, como si quisiera formar parte de lo que escribo o pienso o siento.



"Si la literatura sirviera para mitigar el dolor".

Casualmente, la otra tarde me acerqué a una oficina de Correos para enviar a una encantadora amiga virtual de México mis "Cuentos de los otros". Le hacía ilusión que yo se los dedicara y, en realidad, lo único que nos separaba a ella y a mí eran algo más de 10 euros. 

Poco después se produjo el terremoto. 

Querida Lilia, hasta que te llegue el libro, este cuento va por ti y todos tus compatriotas:

"Las ruinas circulares".

Los días aún corrían despacio para él y la voz grave y segura de su madre le protegía de los peligros que acechaban fuera de casa.

Ella solía decirle que había vivido en una isla donde ocurrían cosas sorprendentes. Una vez un hombre le regaló su corazón y así tuvo dos corazones con los que poder amar al doble de personas y en la mitad de tiempo. Otro le presentó a individuos de todos los colores, sexos y creencias que defendían sus ideas sin riesgo de que los acusaran de pervertidos. Uno más le enseñó un libro que contenía el secreto de la inmortalidad entre sus páginas. Y también pudo visitar palacios en ruinas donde la gente aumentaba y disminuía de tamaño para adaptarse a los amaneceres y atardeceres que llegaban tarde, y se subió a unicornios que reían y hablaban por los codos y hacían el amor tan tranquilos a la vista de los demás, y vio barrancos y acantilados que perfilaban el final de una tierra que no terminaba ni empezaba nunca. Alguien le dijo que las ruinas de los palacios eran circulares y que los monos subían y bajaban libres por sus muros. Te cogían de la mano y te arrastraban a la siguiente habitación, donde los muebles y objetos cambiaban de dimensión si los mirabas de otra forma.

Al terminar el cuento, siempre me subía a un caballo de madera y viajaba a esa isla para encontrarme con mi hermano. A él también le gustaban las personas que tenían dos corazones, las ruinas circulares y los monos y unicornios que hablaban por los codos antes de cerrar los ojos y dejar de soñar".

(La foto la hice en un templo de Brahma en la India y tiene mucho que ver con el cuento. Antes de dormir siempre leía a Borges).

"En la trastienda del 13".

León es uno de mis lugares favoritos de este país. Esa catedral que es como una vidriera que no terminara nunca, el Barrio Húmedo, el bar del cuento de más abajo y las bodegas de Valdevimbre y los paisajes de Babia y Luna, con esos pantanos y pueblos sumergidos que inspiraron la novela lírica española que más aprecio, "La lluvia amarilla", de Julio Llamazares. Y su Universidad donde he dado algunas conferencias.

Y mis amigos de allí.

Ahora una leonesa, May Redondo, me envía esta foto para decirme que está leyendo mis "Cuentos de los otros" entre las flores, casi como en la mítica película de los hermanos Coen.

"En la trastienda del 13".

"El viaje me había dejado exhausto, aunque aproveché el silencio del vagón para terminar de escribir mi cuento del siguiente viernes. Me hacía feliz que el libro fuera creciendo a la misma velocidad que el tren.

Ella me esperaba en la estación y me llevó en coche al centro de la ciudad. Media hora después nos acomodamos en la barra del bar y pedimos dos vinos. Allí se reunía todo el mundo los fines de semana, me dijo con unos ojos brillantes. Había cuadros antiguos colgados en las paredes y diferentes objetos del siglo XIX.

Tras dos o tres vinos me fijé en una joven sentada a una mesa. Me acerqué a ella. La joven se giró y su mirada indiferente se transformó en una mezcla de desprecio y odio. ¿No me reconoces?, le pregunté. Claro que sí, se limitó a responder mirando a su acompañante, y añadió: Desgraciadamente, te conozco demasiado bien. ¿Nos podemos dar un beso después de tanto tiempo?, mantuve la sonrisa. Lo mejor será que volvamos a decirnos adiós, dijo ella mientras su acompañante se levantaba agitando las manos en actitud amenazante.

Mi amiga me cogió del brazo y me sacó a la calle.

Seguía lloviendo, pero me sentó bien que el agua se deslizara por mi rostro, como el tiempo a través del espacio invisible del desamor".

(Ahora que lo pienso, no recuerdo si esta historia es real o no. El caso es que en el viaje de vuelta en el AVE me encontré con el escritor cordobés Vicente Luis Mora y en Chamartín compartimos un taxi hasta el centro de Madrid. Eso sí es cierto).

La calle Martín de los Heros es la calle del "cine" de Madrid.

Es un lugar donde en un par de días puedes ver dos interesantes películas rumanas ("Sieranevada" y "Ana, mon amour"), una francesa decepcionante ("El amante doble") y una maravillosa española en catalán ("Verano de 1993"). Entre una y otra siempre un poleo o una manzanilla, que es lo único que bebo.

Por qué me gustará tanto el cine que me recuerda a Kieslowski y Bergman, a Kiarostami y Rohmer, a Godard y Tarkovski, a Kaurismaki y Haneke, a Von Trier y Kar Wai.

La gente lee en silencio las explicaciones de las películas. No se escucha el ruido de las palomitas ni de las latas de Coca Cola al abrirse. Se apagan las luces. No hay anuncios. Un señor mayor entra tarde en la sala. Está desorientado. Me levanto para buscarle su asiento.

Empieza la película y yo me pongo a escribir.

"Desayuno en la hierba".

Basada en el cuento de Guy de Maupassant (1881), "Una partida de campo" es una película de Jean Renoir (1936) que me recuerda algunos cuadros de su padre, Pierre Auguste Renoir, y sobre todo el "Desayuno en la hierba" (1863), de Édouard Manet.

La primera fotografía (2017) no es un cuadro sino un homenaje a la amistad, con mis amigos de toda la vida Antonio Zaballos y José Ramón Cano, en la finca salmantina de una amiga reciente, Yolanda Gonzalez, donde acaricio a "Suerte", su maravilloso perro que siempre camina a tu lado. A Yolanda la conocí hace un año y medio, aunque ya se había leído todos mis libros cuando eso ocurrió.

Quizá los tres momentos sean una forma de plasmar la elipsis simbólica del paso del tiempo, donde se mezclan la ficción con la realidad, el arte con la naturaleza.



martes, 26 de septiembre de 2017

Los árboles.

Los árboles no lo saben, pero yo los escucho hablar cuando camino junto a ellos. Hablan suavemente, como si no quisieran molestar, y me cuentan sus secretos.

Entonces las voces imitan a la música: 

https://www.youtube.com/watch?v=3IafOzjp4QA

"La promesa de la libertad".

A raíz de mi post del otro día sobre Walter Benjamin y el futuro de la filosofía, el filósofo de Jaén Tomás Valladolid Bueno escribió otro complementario, con el título de "La promesa de la libertad", donde mencionaba el pensamiento de María Zambrano y recomendaba la novela filosófica de Steven Lukes, además de mis cuentos.

Quitando sus exagerados adjetivos de alabanza hacía mí, su post sería este:

"El escritor Justo Sotelo, en un post de Facebook, hace referencia al filósofo Walter Benjamin, quien tanto nos enseñó sobre los ritmos del tiempo. De él parte Sotelo para, en contraste con este reino de acelerada y olvidadiza actualidad, advertirnos que "el pensamiento debe tener otro ritmo si quiere servir a la libertad y no ser estéril". Que nuestro escritor no solo predica, sino que también da trigo, lo demuestra cuando al final de su texto escribe: "Y pienso que el aventurero que está, aparentemente, en medio del desierto no se detiene en ninguna parte. Sabe que su objetivo es encontrar la tierra prometida de la libertad".

Magnífica forma, la de Justo Sotelo, análoga en esto a la de María Zambrano, de recuperar la perspectiva benjaminiana del ritmo exílico o de la diáspora como liberación. Ciertamente, no es lo mismo tener como objetivo la tierra prometida de la libertad que fijarse como horizonte la libertad de la tierra prometida. En este último sentido (que define a los variados nacionalismos y otros tipos de ideologías) la libertad es una libertad esclava, una forma más de servidumbre voluntaria. La imagen o la idea que se tenga del ser humano (y de la ciudadanía) depende de esta distinción. El ethos de la vida personal y colectiva están aquí en juego. Libertad y alteridad se vinculan de maneras radicalmente distintas. La libertad de la promesa adquiere otra dimensión, y que sea "el reparto de lo sensible" -expresión del filósofo Jacques Rancière- se ve profundamente afectado.

Pues bien, si alguien está interesado en reflexionar, a pie de experiencia, sobre la promesa de la libertad, les dejo la referencia de dos libros. Uno, del mismo Justo Sotelo, con estilo narrativo en forma de microrrelatos. El otro escrito por Steven Lukes, una narración novelada sobre las distintas opciones ideológicas".

(Las fotos también son de Tomás).