domingo, 12 de julio de 2026

"Eres un protagonista de película, de documental".


Me dijo por aquí el otro día mi amiga virtual Laura Hdez. Tengo que hacer documentales, añadió acto seguido. Te haría uno a ti porque creo que sabes hablar de realidad y del pasado a la vez; y están tus metáforas. Vete pensando lo que tienes que contarme para hacerte un documental. Tras leerlo le respondí que sería un honor para mí. Y ella más tarde me dijo que el primero lo haría sobre ella misma para coger experiencia, pero que yo la interesaba, y que tendría que venir a Madrid para conocerme, pues además acababa de hacer un curso de guionista y de postproducción de narración de sonido. Después de leer a Laura me acordé de esta fotografía que me hice ese día en medio del rodaje de una película. Y ahora me tomo un café mientras despierta este agradable domingo en el que incluso están cayendo unas gotas refrescantes. Me pregunto qué película podría interpretar para Laura. Quizá lo más fácil sería pensar en esa obra maestra del cine negro que lleva su nombre, una de las obras maestras absolutas del cine negro de Hollywood, estrenada en 1944 bajo la dirección de Otto Preminger. Es elegante, con inteligentes giros argumentales y una banda sonora inolvidable. La trama sigue al inspector de policía Mark McPherson (Dana Andrews), quien se encarga de investigar el asesinato de Laura Hunt (Gene Tierney), una bella y exitosa ejecutiva de publicidad hallada muerta en su apartamento. Esto ya me llevaría a mi época de bróker en el floreciente Sistema Financiero Español en Madrid. Durante los interrogatorios a los sospechosos de su entorno, el detective reconstruye la personalidad de la víctima a través de sus cartas, su diario y un retrato colgado en la pared. McPherson se va obsesionando poco a poco hasta caer rendido bajo el hechizo de la mujer muerta. Es exactamente lo que siempre he considerado que le debe ocurrir a un novelista con sus personajes:

https://www.youtube.com/watch?v=AYafoj47hyg

sábado, 11 de julio de 2026

"Amor y libertad".


 
El "bohemio" es un arquetipo de libertad, de vanguardia creativa y resistencia a los convencionalismos. El bohemio rechaza las normas sociales, el materialismo y las estructuras corporativas, y prioriza la autoexpresión, la autenticidad y la busca de experiencias por encima de la estabilidad económica o el éxito tradicional. Se opone al poder de todo tipo, ya sea de los partidos políticos (siempre está en contra del que manda). como de los poderes económicos, de los medios de comunicación, la Universidad o cualquier otro estamento. Su mente es artística y curiosa, la de un creador en la literatura, la música, la pintura u otras artes, asociada a la inspiración, la improvisación y la pasión desenfrenada. El bohemio así necesita espacios de reunión donde se debate, se crea y fluye el pensamiento libre. Le interesan el minimalismo material y la riqueza espiritual. Siente despreocupación por las posesiones y un fuerte enfoque en las relaciones humanas, la naturaleza o la filosofía. En la era digital, ser bohemio es adoptar una actitud de resistencia, mantener el alma analógica, artística y libre en un mundo altamente automatizado y estructurado. Y por supuesto el bohemio no ve partidos de fútbol ni programas de TV salvo películas. Anoche volví a ver después de muchos años una película de 1969 que me pusieron mis padres cuando era un niño, la adaptación de la obra "Bohemios" (1904) de Vives que se basa en las "Escenas de la vida bohemia" (1851) de Henri Murger, en la que también se inspiró Puccini para su ópera (1895) con la que empieza mi novela "Poeta en Madrid" (2023). Hacia la mitad de la historia se canta en un Café de París el coro "Amor y libertad" que resume en dos palabras mi forma de ser:
 
 
Ah, y las chicas guapas e inteligentes siempre se enamoran de los bohemios, aunque nunca lo reconozcan.

viernes, 10 de julio de 2026

"Estudios sobre mi obra literaria".


 


Hace unos días mi amiga y tertuliana Isabel Fernández Bernaldo de Quirós, a la que tanto aprecio, me dijo que iba a seguir leyendo este verano mi obra literaria, y que ya tenía en sus manos "Las mentiras inexactas" (2012) y "Cuentos de los otros" (2017). Mientras me tomo el primer café de este viernes de verano, acabo de leer que ayer una amiga virtual, María José De Julián Arribas, me preguntó por cual de mis novelas podía comenzar a leerme. Ahora escucho jazz, https://www.youtube.com/watch?v=8G9mEwdp8VsPodría, a Coltrane, entre otros, sorbo unas gotas de café y se me ocurre decirle que los dos libros anteriores serían una buena elección. Reconozco que soy un escritor afortunado. Me gusta tener lectoras como Isabel y María José, al igual que resulta interesante, intelectualmente hablando, que se escriban ensayos sobre mi obra, como "Lenguaje y ficcionalidad a ritmo de jazz: La obra literaria de Justo Sotelo" (2018), de Almudena Mestre Izquierdo, "Del amor líquido en las novelas de Justo Sotelo" (2023), de Patrick Toumba, o "La estética de la mentira y el engaño en Un momento de descanso de Antonio Orejudo y en Las mentiras inexactas de Justo Sotelo" (2017), del propio doctor Toumba Haman.
Y ahora me voy de paseo. Es agradable caminar mientras amanece. Porque cada día merece la pena y yo tengo que seguir viviendo e inventándome historias.

jueves, 9 de julio de 2026

"Un bolero".


 
Ayer iba por la calle y de pronto me dieron ganas de bailar un bolero, como si estuviera en la Habana paseando quizá por el Malecón como cuando hace años me fui a Cuba para escribir uno de los capítulos de mi novela "Las mentiras inexactas" (2012). Me divierte viajar a los sitios para inspirarme y después ponerme a escribir, que es algo así como ponerme a bailar. Sí, para mí escribir es algo parecido a bailar, hacerlo con las palabras, con las figuras retóricas, como bailar con ella, con la forma de su cuerpo entre mis manos que escriben sobre el diccionario de su piel. Y ayer fui capaz de pensar en las noches cálidas de La Habana, en una mezcla entre el bolero tradicional, las melodías suaves y una atmósfera íntima que invitaba a sentir cada palabra y cada nota. Porque viajar y bailar es como el amor, incluso como el desamor, tan literario. Hacer el amor es lo más parecido que se me ocurre a escribir una novela:
 
Y ahora voy a seguir bailando mientras me tomo el primer café de este jueves de verano tan hermoso y literario.

miércoles, 8 de julio de 2026

"Los secretos de las mujeres".


 

Ayer estuve charlando un rato con Julia, en la calle del Pez del centro de Madrid, junto al Palacio Bauer, una joya arquitectónica del XVIII en la que se encuentra la Escuela Superior de Canto. La estatua de Julia rinde homenaje a una leyenda del siglo XIX sobre una muchacha que tuvo que cortarse el pelo y usar ropa masculina para poder asistir de oyente a las clases de Derecho en la antigua Universidad Central de Madrid, situada en aquel entonces en la cercana calle San Bernardo. No pienso contar las cosas que me dijo la chica mientras estuvimos hablando, pero al final me susurró una canción al oído. Los secretos de una mujer en Madrid son parecidos a los secretos de una mujer en París:

https://www.youtube.com/watch?v=fKRX-3z2_Dc

Cómo no voy a ser escritor cuando las mujeres siempre me cuentan sus secretos más inconfesables.

martes, 7 de julio de 2026

"Desayunando en el Café Gijón un 4 de julio".


 
Acababan de abrir, no se veía a casi nadie por el Paseo de Recoletos y me acordé de mis tertulias durante varios años en este mismo sitio. Pensé en más cosas, como que 250 años atrás se firmó en Filadelfia la Declaración de independencia de los EE.UU, con unos principios filosóficos básicos como que todos los hombres son creados iguales con derechos como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y considera que el poder del gobierno emana del consentimiento de los gobernados. En 1776 también se publicó la obra en cinco tomos de Adam Smith "Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones", donde analiza cómo los países generan riqueza y prosperidad y desafía las teorías mercantilistas de la época que medían la riqueza únicamente por la acumulación de oro y plata. Y si esto fuera poco, en 1776 se produjo un hito fundamental en la historia, la instalación y puesta en marcha comercial de las primeras máquinas de vapor perfeccionadas por Watt y Boulton. La empresa tenía su base y fundición en Birmingham, pero sus motores fueron adoptados con rapidez por las fábricas de Mánchester y el resto del país, marcando el inicio de la Revolución Industrial. Había nacido el desarrollo urbano moderno. En sus análisis políticos y económicos, Marx y Engels encontraron en la máquina de vapor mucho más que un avance técnico. Como explicaron en "El Capital" y el "Manifiesto Comunista", esta máquina fue el catalizador que cambió el curso de la historia social. Un rato después de tomarme un café con leche y un cruasán, como si estuviera en Saint-Germain-des-Prés, pasó por allí la cabalgata del Orgullo LGTBIQ+. 
 
En esto pensaba mientras la música ambiental del Café me trasladó al verano de 1942, aunque estaba en el de 2026, en los tiempos de la IA:
 

LITURGIA DE UN HOMBRE, por Susana Fraile.


 
Para Justo Sotelo.
 
Tú.
Tú, escritor. 
 
Tú,
que afilas el aire con la palabra
y dejas en la lengua
una herida dulce.
 
Tú,
Al Pacino doméstico del verbo,
ese que no actúa: 
 
arde despacio,
como una lámpara
que conoce
su propia penumbra.
 
Tú,
el de los morritos —
mínima grieta en la máscara—, 
 
donde el silencio se asoma
y parece decir:
hay un incendio,
pero no mires.
 
Tú,
el que sus alumnos vitorean
como si aún fuera posible 
 
arrodillarse ante la voz de otro
sin perderse
del todo.
 
Tú,
el dandi sin espejo,
el que no se viste:
lo atraviesa la elegancia 
 
como una corriente secreta
que no pide permiso
al cuerpo.
 
Tú,
que te pones una americana
y el mundo, torpe,
se vuelve guante.
 
Tú,
el que dice que besa 
 
como quien recuerda
un idioma anterior a la piel,
una lengua antigua
donde el deseo no era culpa,
sino territorio.
 
Tú,
que hallas melodías
y las partes en dos
como pan caliente, 
 
dejando en cada oído
una fuga de Bach,
un temblor
de Beethoven.
 
Tú,
el que nos descubre Madrid 
 
no por sus calles,
ni sus recovecos mágicos, 
 
sino por sus grietas de luz: 
 
rincones donde la tarde
se queda suspendida
como una respiración
que no termina, 
 
y uno,
sin saber por qué,
empieza
a deshabitarse.
 
Tú, 
 
que no eres ninguno
y eres todos esos gestos,
como un espejo roto
que sigue devolviendo
un rostro.
 
Un hombre.
 
Y basta.
Pero ese basta
tiene el peso
de lo irreparable.
 
Un hombre en el que pienso,
y algo en mí sonríe 
 
como quien encuentra
un tesoro olvidado
en el dobladillo
del ánima.
Y sí, 
 
me tomaría un café contigo
en una ciudad
que no nos pertenece:
París o Argüelles.
 
No por el lugar.
Ni por el café.
 
Sino por ese instante suspendido, 
 
—breve
como el ala de un pájaro
en la nieve—, 
 
en que dos desconocidos
se inventan un refugio 
 
y el mundo,
por un segundo, 
 
deja de doler,
como si nunca hubiera aprendido
a hacerlo.
 
© Susana Fraile
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Tras leer este poema que Susana Fraile, amiga y tertuliana desde hace años, me envió ayer por la mañana por Wasap pensé que la sensibilidad no está reñida con la inteligencia y que Susana es una gran observadora. Ha captado cosas esenciales de mi personalidad y eso que mi forma de ser es esencialmente libertaria e independiente. La música en París o un barrio de Madrid como Argüelles podría ser esta: