sábado, 1 de agosto de 2026

"Ser guapo o feo".


 

"El deseo de amor al que mi corazón estaba envuelto / extendió ante mis ojos una gran niebla / y robó la razón a mi tierno pecho".

Estos son unos versos del poeta Arquíloco de Paros, que vivió entre los años 712 y 664 aC. Nietzsche lo llamó poeta dionisíaco o lírico en "El nacimiento de la tragedia", en contraste con Homero que sería un poeta épico o apolíneo, y a mí no deja de sorprenderme que ya se pudiera escribir tan bien hace casi treinta siglos. Aprovechando que tal vez alguien vuelva a leer en este mundo globalizado los 24 cantos de "La odisea" y "La Ilíada", los dos poemas de Homero que se han puesto de moda gracias al cine, al que sigo aplaudiendo, no estaría de más que leyéramos uno de los libros más interesantes de mi vida, "El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música" (1872), el primer libro de Nietzsche donde presenta una visión revolucionaria de la cultura griega antigua y critica la decadencia de la sociedad occidental contemporánea. Considera que el arte y la cultura griega evolucionaron gracias a la tensión entre dos fuerzas espirituales y estéticas opuestas. Lo apolíneo (Apolo) es la luz, la razón, el orden, la medida, la armonía y la individualidad. Se expresa principalmente a través de la escultura y la arquitectura. Lo dionisíaco (Dioniso) es el caos, la embriaguez, el exceso, la pasión, la música y la disolución de la individualidad en la unidad primordial de la naturaleza. La tragedia griega clásica (sobre todo de Esquilo y Sófocles) surgió de la unión de ambas fuerzas, que se rompió con esa idea moderna de que todo debe ser lógico para ser bello, lo que extirpa la fuerza vital del arte y da inicio a la decadencia de la cultura occidental.

¿Mis amigos y amigas me veis guapo o feo en términos de Nietzsche en esta foto del otro día en un parque cercano a una Universidad?

Lo que en ningún caso voy a dejar es de leer, escribir y escuchar música, por ejemplo la que tanto le gustaba a Nietzsche ahora que estamos en plena temporada de verano de Wagner:

https://www.youtube.com/watch?v=XdqRLSWXDlM

viernes, 31 de julio de 2026

"La Odisea de Nolan, una película muy divertida".


 

¿Quién no ha querido jugar de niño a los romanos, con tu armadura, tu casco, tu escudo y tu espada? Recuerdo cuando vivía en Mallorca de niño y los Reyes Magos me trajeron todas estas cosas. Lo pasé estupendamente luchando contra olivos e higueras. Años después me fui al planeta de los simios con Charlton Heston y terminé en la playa jugando con la estatua de la libertad, como el caballo de Troya. Decía Vicente Cristóbal, el catedrático de Latín y poeta que me dio la asignatura de Tradición Clásica en la Complutense y me examinó de esta historia, junto a "La Ilíada", "Las metamorfosis", las "Odas" de Horacio, "La Eneida" y obras posteriores que las han reinterpretado, que deberíamos reivindicar cualquier acercamiento a los clásicos. Le gustó mucho la "Troya" de Petersen y supongo que le habrá gustado también "La Odisea" de Nolan. Me lo pasé de miedo ayer por la tarde en el cine durante casi tres horas pues es una película contemplativa y con cierta lentitud, como las que me gustan. He leído que algunos filólogos muy exigentes y puristas de diverso pelaje están criticando esta película, buscando fallos e inexactitudes con relación a Homero. Eso es que no han leído el Ulises de Joyce, que es la más compleja, inteligente y literaria recreación de esta obra, o ya no se acuerdan de "Centauros del desierto", la obra maestra de Ford. Nolan hace una interpretación "cristiana", como también la hacen Joyce y Ford, pero esto no me parece ni mal ni bien. Da un sentido a su película y acaba siendo coherente, como pedía Aristóteles para la tragedia. Tanto me gustó la película que al final volví a ser un héroe de la Edad Media luchando contra el dragón de la fotografía.

Este es el tráiler:
 
Mientras me tomo el primer café de la mañana, me imagino que me como unas flores de loto y aparezco en Dublín o el Monument Valley por arte de magia o quizá en Trieste y en medio de una sala de cine, a oscuras, como cuando era niño en el cine de Felanitx.
 
En fin, cosas de la literatura.


jueves, 30 de julio de 2026

"Regreso al Valle del Tiétar"


 


Ayer pudieron volver a sus casas los habitantes de los pueblos del Valle, tras el incendio. Y yo lo hice con la imaginación y la literatura. Alguien me ha contado que un adolescente se subía para leer a las torres de ese castillo medieval donde dicen que lucharon durante siglos los moros y los cristianos. El muchacho lo hacía por la mañana en alguno de aquellos largos veranos que iban de junio a septiembre, y por la noche se subían los mayores para fumar y amarse. Eran los cálidos veranos de Galdós, de Stevenson, de Lamartine, de Dumas. También aseguran que en aquel castillo hay túneles que conectan las infancias y las adolescencias de todos los jóvenes de este mundo. Los seres humanos somos como un río, como el que pasa debajo de ese puente de la foto en el que me he sentado tantas veces a leer y a escuchar música. La música me alimenta, como el agua de los ríos en su deshielo. He recorrido medio mundo, pero siempre vuelvo a algunos rincones que pertenecen a mi imaginario particular lleno de lugares como La Adrada, Taganana, Masca, Portbou, Ribadesella, el Sáhara, Guadalest, Altea, Puskhar, Grange-over-Sands, el Albert Hall, Saint-Germain-des-Prés, Galway, Triestre, Venecia, Manhattan. No sigo, pues llenaría varias páginas con tantos sitios marcados por la suela de mis zapatos. Son las huellas de mis lugares favoritos, la música que me ha acompañado en cada viaje, en cada latido, en mi forma de ver el mundo. Hacía tiempo que no escuchaba varias horas seguidas la música del inglés Ralph Vaughan Williams (1872 - 1958), y ayer me la llevé en el coche. La escuché por primera vez en directo en el Albert Hall de Londres hace años. En esa época mi mente había asimilado la tradición germánica (el poder de la mente es increíble) llena de Bach, Gluck, Händel, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelsshon, Liszt, Schumann, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss y Bruckner y ya estaba preparada para comprender a Schönberg, Berg y Webern. El agua rebosaba el cauce de mi propio río interior y no me perdía ningún concierto de música clásica contemporánea en el Auditorio de Madrid o el de cualquier ciudad en la que me quedara a dormir (lo primero que preguntaba al encargado del hotel era si había algún concierto aquel fin de semana). Y de improviso apareció la "Fantasía Tallis". Recuerdo la tarde en la que atravesé el Valle del Tiétar escuchándola. No estaba en la catedral de Gloucester, pero sé que alguien me dijo estas palabras: "Why fum'th in fight the gentiles spite?" Es la tercera de las nueve tonadas de salmo para el salterio del arzobispo Parker, de Thomas Tallis (1505-1585). Sé que Vaughan Williams se inspiró en ella para esta fantasía, como hizo más veces con la música inglesa del Renacimiento:
 
Y esta es la delicadísima obra de Vaughan Williams:
 
Ayer el Valle del Tiétar volvió a llenarse de vida, y es como si yo lo hubiera visto con mis ojos nuevos

miércoles, 29 de julio de 2026

"Mis novelas según la IA (II): Vivir es ver pasar (1997)".




 
Es la segunda novela escrita por el economista, catedrático y literato madrileño. Es una obra cumbre de la narrativa posmoderna española que explora la transición a la madurez a través de la melancolía, el arte y el espacio urbano. Tomando su título de una célebre frase de Azorín, la novela se sumerge en las inquietudes existenciales de la juventud de finales del siglo XX. 
 
A continuación se detalla un análisis completo de sus ejes temáticos, estructura y estilo:
 
1. Argumento y Conflicto Central:
 
- La trama sigue a un protagonista de veintitantos años que adopta una postura pasiva ante la existencia: prefiere ser un espectador, contemplando la realidad a distancia sin involucrarse emocional ni socialmente. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos lo empuja a abandonar su apatía. 
 
- El detonante: El conflicto surge cuando la vida le obliga a tomar partido ante dilemas de amor, amistad y compromiso moral.
 
- El trayecto: La historia se articula como un viaje geográfico y emocional de ida y vuelta entre Madrid y París, dos metrópolis que actúan como espejos de su propia evolución interior.
 
2. Ejes Temáticos Principales:
 
La apatía existencial frente al compromiso: El título refleja la actitud inicial del protagonista: "ver pasar" la vida. El núcleo de la novela es el fin de esa indolencia juvenil y el doloroso pero necesario despertar a la responsabilidad personal. 
 
• El desencanto de los veinte años: Sotelo retrata con precisión las prioridades y crisis de esa edad: el sexo, el amor pasional, la solidaridad y la búsqueda de un destino. 
 
• La literatura y el arte como salvación: Para los personajes, las manifestaciones artísticas no son mero entretenimiento, sino la brújula con la que intentan descifrar el caos del mundo.
 
3. El Espacio Urbano: Madrid y París como Personajes:
 
- La topografía urbana es fundamental en la poética de Justo Sotelo. Las ciudades no son simples decorados, sino proyecciones de los estados de ánimo de los personajes.
 
- Madrid otoñal e invernal: Se describe como una ciudad melancólica, intelectual y siempre "a la espera". Los paseos por el Paseo del Prado, las tertulias en el Círculo de Bellas Artes, la agitación de la Gran Vía y la tristeza de la estación de Chamartin enmarcan la soledad del protagonista. 
 
- París (Montmartre): Representa el espacio de la bohemia, el refugio artístico y el escenario idóneo para el cuestionamiento literario y existencial.
 
4. Intertextualidad y Referencias Culturales:
 
La novela posee una fuerte carga culturalista que exige una complicidad activa por parte del lector. Toda la obra está construida bajo la influencia de dos grandes referentes que marcan el ritmo de la narración: 
 
- Julio Cortázar (Literatura): La estructura del viaje, los saltos espaciales y la propia actitud de búsqueda del protagonista rinden un claro homenaje a la estética de Rayuela y al universo cortazariano.
 
- Gustav Mahler (Música): La música de Mahler impregna la atmósfera de la novela, aportando un tono de profunda nostalgia, tensión dramática y romanticismo tardío que acompasa el fluir de la conciencia de los personajes.
 
5. Estilo y Técnicas Narrativas:
 
- Lirismo y exigencia formal: Sotelo destaca por un uso sumamente cuidado y estético del lenguaje. El ritmo de la prosa imita en ocasiones la composición musical y el divagar del paseante (flâneur). 
 
- Narrativa de la conciencia: La novela utiliza monólogos e impresiones sensoriales donde los límites entre lo que ocurre afuera y lo que pasa en la mente del protagonista se difuminan constantemente. 
 
6. Conclusión:
 
Vivir es ver pasar no es solo la crónica de un viaje físico entre dos capitales europeas, sino el relato iniciático de una renuncia a la inacción. Justo Sotelo logra plasmar una radiografía generacional cargada de una profunda humanidad, demostrando que vivir, al fin y al cabo, requiere la valentía de dejar de ser un mero espectador.
...................................
 
La IA no dice que esta novela fue finalista tanto en el premio Ateneo de Sevilla como en el Sésamo, y tampoco que me di cuenta de que los premios importantes siempre están dados y que para escribir la literatura que yo quiero escribir no necesito ningún premio ni la aprobación de un jurado que seguro que sabe menos literatura que yo. Y ya que la propia IA cita a Mahler, no pienso llevarle la contraria mientras me tomo el primer café. Creo que a la novela le va bien este lied Ich bin der Welt abhanden gekommen, Me he perdido para el mundo: 
 

lunes, 27 de julio de 2026

"Rienzi".


 
Los veranos de mi adolescencia en el valle del Tiétar, entre junio y septiembre, estaban llenos de amor familiar, de paseos en bicicleta en donde se gestaron muchas de las ideas que después llevaría a mis novelas, de libros y de música, como la de Wagner en Bayreuth, que escuchaba desde una de las montañas que se ha quemado este fin de semana, y volví a escuchar ayer por la tarde desde otra parte. "Rienzi" se estrenó en Dresden y se ha interpretado por primera vez en el teatro que levantó Luis II de Baviera, el romántico rey loco, para Wagner. (¿Por qué será que me caen tan bien los románticos, todos aquellos que llevan sus sueños hasta sus últimas consecuencias?) "Rienzi, el último de los tribunos" (1842) es su tercera ópera y el mayor éxito de su juventud, aunque es una obra de transición, ya que se adhiere formalmente a los cánones de la Grand Opéra francesa de la época, y deja entrever la monumentalidad, el trasfondo político - filosófico y las ambiciones dramáticas que definirían el posterior "drama musical" wagneriano. La obra narra el ascenso político, la transformación en demagogo y la trágica caída de Cola di Rienzi, un líder carismático del siglo XIV que intenta liberar a Roma de la tiranía de los nobles corruptos. ¿Quién no ha tenido alguna vez el sueño de vivir en una República?
 
Como escribí el otro día, somos lo que amamos y también los libros que leemos y la música que escuchamos. La plegaria de Rienzi en el Acto V, Allmächt'ger Vater, blick hera, ¡Padre Todopoderoso, dirige tu mirada hacia nosotros!, es ya una música del futuro:
 
Como su arrebatadora obertura: 
 

domingo, 26 de julio de 2026

"Somos lo que amamos".


 
El idioma que hablamos, la herencia que hemos recibido, los lugares por los que hemos caminado. La IA es un subproducto de la mente y la sensibilidad de millones de personas que ya no están con nosotros como algunos escribimos para personas que todavía no han nacido. Como los árboles que se han plantado y que se seguirán plantando. Los seres humanos somos producto de la colaboración entre los que han estado, los que están y los que estarán. Aisladamente habríamos desaparecido hace miles de años; juntos todavía podemos continuar progresando. Leyendo los libros que se han escrito, amando lo que hemos amado, escuchando la música que tantos compositores han construido para crear la banda sonora de nuestras vidas, como la Pastoral de Beethoven que tanto me ha acompañado caminando por los colores de mi infancia y juventud, y que me sigue acompañando:
 
En cuanto pueda volveré a plantar un árbol, de esos que ahora se están quemando en esa fotografía, como cuando comí un melocotón de niño, di el hueso a mi padre y floreció un melocotonero en la siguiente primavera.

"Los pájaros".


 
 
Los pájaros vuelan en libertad embriagados de vitalidad y candor. Sí, necesito saber que existes, en Madrid, La Adrada y el valle del Tiétar, por la sierra de Gredos por donde tanto he paseado y vivido. Platón habló del idealismo metafísico. La realidad no es ese mundo material que percibimos con los sentidos, sino un plano inmaterial, inmutable de las esencias universales. Kant se refirió al idealismo trascendental y nos enseñó que el conocimiento es el resultado de la síntesis entre la experiencia (lo que recibimos de los sentidos) y las estructuras a priori (aquellas facultades innatas de nuestra mente). Hegel aludió al absoluto puesto que la realidad es un todo racional y espiritual que evoluciona con la historia mediante la dialéctica. La distinción entre el sujeto que conoce y el objeto conocido desaparece porque todo es parte de un mismo proceso de autoconocimiento. Y así nacemos tú y yo para el Otro, y concebir la idea, el cuerpo y el alma del Otro. Déjame saber que me deseas, y que me seguirás deseando cuando algún día habitemos únicamente el mundo espiritual de las ideas. Por eso escribe conmigo la novela que llevo escribiendo desde los once años en la sierra de Gredos mientras esperaba que tú nacieras para conocerte: