domingo, 20 de septiembre de 2026

"La vida es como una divertida y poética película (italiana)".


 

- Te llamas Justo, ¿verdad? Me diste clase hace años en el CEU.

- Sí, me acuerdo de tu cara. ¿Cómo te llamabas?

- Stefanía. Tú estás igual, es como si el tiempo no hubiera pasado por ti. Una vez dijiste en clase que me parecía a Gina Lollobrigida, ¿te acuerdas?

- Te sigues dando un aire a ella.

- Todavía conservo la novela que me firmaste en la Feria del Libro del Retiro.

Ayer dejé al personaje de Woody Allen corriendo por las calles de Manhattan para intentar impedir que se fuera a Londres la chica que interpretaba la nieta de Ernest Hemingway. Después me encontré a Stefanía, una ex alumna italiana y alta directiva de una empresa muy conocida a la que comenté en su día que me recordaba a una actriz italiana. Charlamos un rato y me dijo que no me había conseguido olvidar a pesar de que habían pasado muchos años desde que le di clase y que todavía guardaba la novela que le firmé en una Feria del Libro del Retiro. Al despedirnos le comenté que iba a sacarle una fotografía de película, como si escapara de una película de verdad de Allen, Wilder o Edwards (pensaba en los finales de "Manhattan", "El apartamento" y "Desayuno con diamantes"). Nos dimos dos besos y dijimos que a lo mejor nos encontrábamos cualquier día por alguna otra parte. La vida es una película tan poética como divertida que me gusta vivir. Llevo unos días inmerso en la lectura de una novela de mi profesor y amigo Ángel García Galiano sobre Venecia y varios lugares de Italia. Tres mujeres italianas, Elena, Giovanna y Ana, me están contando su vida, desde Milán y Venecia hasta el sur de Italia, como me la acaba de contar en los cines Renoir el director Francesco Sossai, con "La última ronda en Venecia", una celebración gozosa de la amistad, el alcohol y la arquitectura, y que me ha reconciliado con el cine. Este es un tráiler de la película que ha sido un éxito en Italia:

https://www.youtube.com/watch?v=J_wXYs6hgCk

Me parece que no voy a tener más remedio que darme una vuelta por Amalfi con alguno de mis trajes de lino:

https://www.youtube.com/watch?v=BLEdysTwz3E&t=819s

sábado, 19 de septiembre de 2026

"Woody en Madrid".


 
 
Madrid es la ciudad más libre, culta y divertida que conozco, tal vez con las excepciones de París y Nueva York. A mí me parece que es la única ciudad del mundo donde la gente se va a desayunar a la calle por la mañana y se acuesta a las tantas, con las terrazas de los bares llenas a todas horas. El señor de la fotografía va a empezar a rodar a primeros de octubre una nueva película en esta ciudad, con escenas en Aranjuez. El nombre de Madrid aparecerá en el título de la película puesto que el Ayuntamiento y la Comunidad la financiarán, algo que me parece de perlas. El alcalde es del Atlético de Madrid y estuve a punto de darle clase en Icade, y a la presidenta de la Comunidad le quedan muy bien las gafas de pasta cuando se pone a dar ruedas de prensa (estudió Periodismo en la Complutense) y me he enterado de que sus raíces están en el Valle del Tiétar. He de admitir que hasta hace poco desconocía quiénes eran los dos, como tampoco me fijo demasiado en quién es el presidente del gobierno y desde luego los nombres de sus ministros, una gente que siempre me ha parecido curiosa (por cierto, yo también estoy con Ceuta y con su presidente, un señor muy majo). Lo que quería decir este sábado tan bonito de verano es que lo primero que pensé después de leer la noticia de la película de Woody Allen es que no me habría importado participar en alguna de sus películas, sobre todo Annie Hall, Manhattan, Maridos y mujeres y Medianoche en París. Siempre agradeceré que seamos contemporáneos. Mi literatura debe cosas a sus películas, a su música, ironía y delicadeza, como les ocurre a tantos escritores y directores de cine. Intelectualmente, ha sido una estupenda compañía, como lo han sido las de Erice, Hitchcock, Welles, Ford, Ozu, Hawks, Rohmer, Bergman, Kurosawa, Kieślowski, Chaplin, Coppola, Tanner, Capra, Keaton, Wilder, los Hermanos Marx, Visconti, Pasolini y Angelopoulos. 
 
Y tengo que dejarlo aquí porque se me escapa la chica a Londres, y es nada menos que la nieta de Hemingway:
 
Evidentemente no se me puede escapar la buena literatura porque Madrid siempre será una fiesta. 
 
¿O era París?

viernes, 18 de septiembre de 2026

"Vuelven las tertulias literarias el próximo martes".


 

Como no puedo evitar ser un romántico empedernido, este próximo martes he quedado con mis amigos y todos los que quieran pasarse a las 18.30 por el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4 (en el metro de Argüelles) para hablar de esa cosa tan "inútil" llamada literatura y de esos objetos que algunos dicen que están a punto de desaparecer, los libros, además de cualquier otra cosa relacionada con el arte, el cine, la pintura, la arquitectura, etcétera. Y para tomar carrerilla, ayer ya quedé a desayunar en su barrio de Barajas con Almudena Mestre, que no ha faltado a la tertulia desde que se incorporó en 2014 en el Café Este o Este de Mariwán Shall. Son más de treinta años haciendo tertulias, primero en las diversas Universidades donde he dado clase y luego en Cafés como Ruiz, Este o Este, Puro Teatro, Gijón, Manolo y ahora en este clásico hotel de Argüelles que antes se llamaba Tirol, un lugar que se hizo famoso por sus cócteles y porque ahí se reunían algunos intelectuales para intentar terminar con la dictadura. Y en cierto momento Almudena me preguntó por mis trajes, como este de lino que llevo en el selfie que hice sobre la marcha. Que dónde me los compro. Que de qué color me gustan. Que si son muy literarios y me quedan muy bien, según ella. A la vuelta estuve escuchando la Novena sinfonía de Bruckner por la M-40, mientras veía lo bonito que está Madrid a punto de llegar el otoño:

https://www.youtube.com/watch?v=swULVZ5zLkM

Con la Novena termina el ciclo de las sinfonías de Bruckner que he escuchado seguidas. Como todo lo que escribo tiene que tener un ritmo musical, siempre escucho las colecciones completas de cada músico, de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Verdi, Wagner, Puccini, Mahler, etcétera.

Quizá por mis venas no corra la sangre, sino notas musicales, porque todo lo veo y lo escribo desde la música, como si el mundo fuera una gran sala sinfónica donde Leonard Bernstein me guiñara un ojo.

A lo mejor la felicidad tiene que ver con todo esto. 

jueves, 17 de septiembre de 2026

"El misterio del agua".


 

Este verano Paqui y yo fuimos a visitar al escritor Javier de la Rosa a su casa de Santa Cruz de Tenerife. Desde hace unos meses nos falta su mujer, Charo Alonso Panero, y hablamos sobre esta gran ausencia en su vida. Javier sigue escribiendo, que es lo que tiene que hacer alguien que se ha pasado la vida entre libros, y en cierto momento le animé a escribir su vida con Charo, con la que ha estado más de un cuarto de siglo. Podría mezclar esa vida con la de los escritores que ambos han conocido. Ella se relacionó desde niña con los grandes escritores de este país, puesto que eran amigos de su tío Leopoldo Panero, como Luis Rosales, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Seguro que sería un documento literario muy interesante. Le sugerí incluso la primera frase:
 
"Esta tarde he bajado a la piscina y al meterme en el agua me he acordado..."
 
Charo siempre me decía que fue muy feliz en Madrid, en Chamberí, pero que se sentía como una sirena en su mar de las islas Canarias. La verdad es que echo de menos sus comentarios diarios en esta página, y todas las historias que me contaba, como su insistencia para que participara en la Cátedra Leopoldo Panero en La Laguna. Ahora continuará viajando por ese mar, como lo sigue haciendo por el corazón de Javier y por mi recuerdo, y quizá escuche conmigo a Debussy. Aquel mar representa una visión panteísta y espiritual de la naturaleza, y el agua es el misterio del origen, como conté en alguna ocasión a Charo. Debussy no se queda en la descripción paisajística y realiza una exploración panteísta, psicológica y existencial de la naturaleza y el alma humana:
 
 
La segunda foto que sacó Paqui con ellos es en la Plaza de Oriente de Madrid. En Madrid no tenemos mar, pero a los madrileños nos gusta navegar por todos los lugares de este mundo.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

"Truman Capote y yo".


 
"Espero que no te pase como a Truman Capote, Justo Sotelo. El tipo era un genio de las letras, pero se obsesionó tanto con el personaje que se construyó (el intelectual brillante, ácido y mimado por los millonarios de Nueva York) que al final la fachada terminó devorando al escritor. ¡No dejes que el mito te robe la literatura!"
 
Es el comentario de ayer por la tarde de Alicia Mendoza Krauss, una mujer inteligente a la que no conozco en persona. Lo leí mientras me tomaba una horchata en los Alpes, la heladería que está en Moncloa desde el año 1950. Me gustó que aludiera al autor de "Desayuno con diamantes" y "A sangre fría", y me hizo reflexionar durante un rato. A la misma hora otra amiga virtual Mónica Valencia me decía que soy lo más sexy de la web y eso me sacó una sonrisa. Realmente no creo que me pueda el personaje, aunque mis alumnos me llamen el boss, el goat o el "puto amo", con perdón, lo mismo que otras personas de otros ambientes (en este sentido siempre recuerdo que lo decía mi querido Antonio Zaballos, el pintor salmantino que diseñó todas las portadas de mis novelas, excepto la última). Ya he contado muchas veces que no me interesan el poder ni la fama, más bien me aburren. Me divierte cada cosa que hago, como es moverme por el mundillo de la literatura y de la Universidad, pero no les presto demasiada atención, como cuando fui bróker y me lo pasaba bien observando los vaivenes de los mercados financieros con mis conocimientos de las matemáticas y la teoría del caos que se había puesto de moda y me interesó estudiar durante un tiempo. Me lo paso bien escribiendo, viajando y caminando por el parque con la botella de Moët Chandon en la mano y tirar luego las copas hacia atrás, como en las películas.  
  
Y me gustan los gatos, como a Holly:
 

martes, 15 de septiembre de 2026

"Escritor por las calles de Madrid".


 


Ya dijo el escritor y ensayista Eugenio d'Ors que en Madrid a las 7 de la tarde o das una conferencia o te la dan. Quería destacar la intensa vida cultural, intelectual y el amor por la conversación de la sociedad madrileña. Pasan los años, incluso los siglos y todo sigue igual. Ayer por la tarde presentaba en el Ateneo su última novela mi profesor de Teoría de la Literatura y amigo Ángel García Galiano, uno de los mayores expertos en la literatura del Renacimiento italiano. Su novela tiene algo de "Rayuela" y se puede leer de forma lineal o a la inversa. Se titula "Venecia en un espejo" (2026, ExLibric), en la segunda foto, y creo que me va a proporcionar buenos ratos de lectura. A la misma hora el escritor y músico Ricardo Virtanen nos citó a sus amigos en el Comercial para hablar de sus textos y de sus canciones. Me llevé el libro firmado de Ángel y me fui caminando a Bilbao. Llegué tarde y el local estaba lleno, así que estuve otro rato y me marché. Antes de todo esto me había metido en el hotel Palace, al lado de las Cortes, a tomarme en la Rotonda un daiquiri, en la primera fotografía. El lugar existe desde 1912 y por ahí han pasado Hemingway, Blasco Ibáñez, Ortega, Lorca, Unamuno y ahora Sotelo. Como tardaron en servirme porque había una reunión de una empresa norteamericana que había venido a lo de la Fórmula 1, me dediqué a mirar a aquella gente casi media hora. Los ingleses me hacen cierta gracia porque hablan como si estuvieran mascando chicle, y si además son norteamericanos es como si hubieran salido de un rodeo o algo así. Siempre se ha dicho que el inglés es un idioma inventado para los negocios, mientras que el español lo es para hablar con Dios y el francés y el italiano para hablar y hacer el amor. 
 
Ya se sabe lo que me gusta a mí, como que Cecilia Bartoli me cante al oído un madrigal de amor, "Si me amas...":
 
Mi problema es que la chica guapa siempre me ha amado.


lunes, 14 de septiembre de 2026

"Y me senté a escribir una reseña sobre la primera novela de Pepo Paz Saz".


 
La revista Todoliteratura publicó ayer mi mirada sobre "Comenzar el olvido" (2026, Reino de Cordelia). Henry Stephen volvió a cantar "Mi limón, mi limonero" mientras los coches corrían en el circuito de la Fórmula 1: