viernes, 18 de septiembre de 2026

"Vuelven las tertulias literarias el próximo martes".


 

Como no puedo evitar ser un romántico empedernido, este próximo martes he quedado con mis amigos y todos los que quieran pasarse a las 18.30 por el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4 (en el metro de Argüelles) para hablar de esa cosa tan "inútil" llamada literatura y de esos objetos que algunos dicen que están a punto de desaparecer, los libros, además de cualquier otra cosa relacionada con el arte, el cine, la pintura, la arquitectura, etcétera. Y para tomar carrerilla, ayer ya quedé a desayunar en su barrio de Barajas con Almudena Mestre, que no ha faltado a la tertulia desde que se incorporó en 2014 en el Café Este o Este de Mariwán Shall. Son más de treinta años haciendo tertulias, primero en las diversas Universidades donde he dado clase y luego en Cafés como Ruiz, Este o Este, Puro Teatro, Gijón, Manolo y ahora en este clásico hotel de Argüelles que antes se llamaba Tirol, un lugar que se hizo famoso por sus cócteles y porque ahí se reunían algunos intelectuales para intentar terminar con la dictadura. Y en cierto momento Almudena me preguntó por mis trajes, como este de lino que llevo en el selfie que hice sobre la marcha. Que dónde me los compro. Que de qué color me gustan. Que si son muy literarios y me quedan muy bien, según ella. A la vuelta estuve escuchando la Novena sinfonía de Bruckner por la M-40, mientras veía lo bonito que está Madrid a punto de llegar el otoño:

https://www.youtube.com/watch?v=swULVZ5zLkM

Con la Novena termina el ciclo de las sinfonías de Bruckner que he escuchado seguidas. Como todo lo que escribo tiene que tener un ritmo musical, siempre escucho las colecciones completas de cada músico, de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Verdi, Wagner, Puccini, Mahler, etcétera.

Quizá por mis venas no corra la sangre, sino notas musicales, porque todo lo veo y lo escribo desde la música, como si el mundo fuera una gran sala sinfónica donde Leonard Bernstein me guiñara un ojo.

A lo mejor la felicidad tiene que ver con todo esto. 

jueves, 17 de septiembre de 2026

"El misterio del agua".


 

Este verano Paqui y yo fuimos a visitar al escritor Javier de la Rosa a su casa de Santa Cruz de Tenerife. Desde hace unos meses nos falta su mujer, Charo Alonso Panero, y hablamos sobre esta gran ausencia en su vida. Javier sigue escribiendo, que es lo que tiene que hacer alguien que se ha pasado la vida entre libros, y en cierto momento le animé a escribir su vida con Charo, con la que ha estado más de un cuarto de siglo. Podría mezclar esa vida con la de los escritores que ambos han conocido. Ella se relacionó desde niña con los grandes escritores de este país, puesto que eran amigos de su tío Leopoldo Panero, como Luis Rosales, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Seguro que sería un documento literario muy interesante. Le sugerí incluso la primera frase:
 
"Esta tarde he bajado a la piscina y al meterme en el agua me he acordado..."
 
Charo siempre me decía que fue muy feliz en Madrid, en Chamberí, pero que se sentía como una sirena en su mar de las islas Canarias. La verdad es que echo de menos sus comentarios diarios en esta página, y todas las historias que me contaba, como su insistencia para que participara en la Cátedra Leopoldo Panero en La Laguna. Ahora continuará viajando por ese mar, como lo sigue haciendo por el corazón de Javier y por mi recuerdo, y quizá escuche conmigo a Debussy. Aquel mar representa una visión panteísta y espiritual de la naturaleza, y el agua es el misterio del origen, como conté en alguna ocasión a Charo. Debussy no se queda en la descripción paisajística y realiza una exploración panteísta, psicológica y existencial de la naturaleza y el alma humana:
 
 
La segunda foto que sacó Paqui con ellos es en la Plaza de Oriente de Madrid. En Madrid no tenemos mar, pero a los madrileños nos gusta navegar por todos los lugares de este mundo.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

"Truman Capote y yo".


 
"Espero que no te pase como a Truman Capote, Justo Sotelo. El tipo era un genio de las letras, pero se obsesionó tanto con el personaje que se construyó (el intelectual brillante, ácido y mimado por los millonarios de Nueva York) que al final la fachada terminó devorando al escritor. ¡No dejes que el mito te robe la literatura!"
 
Es el comentario de ayer por la tarde de Alicia Mendoza Krauss, una mujer inteligente a la que no conozco en persona. Lo leí mientras me tomaba una horchata en los Alpes, la heladería que está en Moncloa desde el año 1950. Me gustó que aludiera al autor de "Desayuno con diamantes" y "A sangre fría", y me hizo reflexionar durante un rato. A la misma hora otra amiga virtual Mónica Valencia me decía que soy lo más sexy de la web y eso me sacó una sonrisa. Realmente no creo que me pueda el personaje, aunque mis alumnos me llamen el boss, el goat o el "puto amo", con perdón, lo mismo que otras personas de otros ambientes (en este sentido siempre recuerdo que lo decía mi querido Antonio Zaballos, el pintor salmantino que diseñó todas las portadas de mis novelas, excepto la última). Ya he contado muchas veces que no me interesan el poder ni la fama, más bien me aburren. Me divierte cada cosa que hago, como es moverme por el mundillo de la literatura y de la Universidad, pero no les presto demasiada atención, como cuando fui bróker y me lo pasaba bien observando los vaivenes de los mercados financieros con mis conocimientos de las matemáticas y la teoría del caos que se había puesto de moda y me interesó estudiar durante un tiempo. Me lo paso bien escribiendo, viajando y caminando por el parque con la botella de Moët Chandon en la mano y tirar luego las copas hacia atrás, como en las películas.  
  
Y me gustan los gatos, como a Holly:
 

martes, 15 de septiembre de 2026

"Escritor por las calles de Madrid".


 


Ya dijo el escritor y ensayista Eugenio d'Ors que en Madrid a las 7 de la tarde o das una conferencia o te la dan. Quería destacar la intensa vida cultural, intelectual y el amor por la conversación de la sociedad madrileña. Pasan los años, incluso los siglos y todo sigue igual. Ayer por la tarde presentaba en el Ateneo su última novela mi profesor de Teoría de la Literatura y amigo Ángel García Galiano, uno de los mayores expertos en la literatura del Renacimiento italiano. Su novela tiene algo de "Rayuela" y se puede leer de forma lineal o a la inversa. Se titula "Venecia en un espejo" (2026, ExLibric), en la segunda foto, y creo que me va a proporcionar buenos ratos de lectura. A la misma hora el escritor y músico Ricardo Virtanen nos citó a sus amigos en el Comercial para hablar de sus textos y de sus canciones. Me llevé el libro firmado de Ángel y me fui caminando a Bilbao. Llegué tarde y el local estaba lleno, así que estuve otro rato y me marché. Antes de todo esto me había metido en el hotel Palace, al lado de las Cortes, a tomarme en la Rotonda un daiquiri, en la primera fotografía. El lugar existe desde 1912 y por ahí han pasado Hemingway, Blasco Ibáñez, Ortega, Lorca, Unamuno y ahora Sotelo. Como tardaron en servirme porque había una reunión de una empresa norteamericana que había venido a lo de la Fórmula 1, me dediqué a mirar a aquella gente casi media hora. Los ingleses me hacen cierta gracia porque hablan como si estuvieran mascando chicle, y si además son norteamericanos es como si hubieran salido de un rodeo o algo así. Siempre se ha dicho que el inglés es un idioma inventado para los negocios, mientras que el español lo es para hablar con Dios y el francés y el italiano para hablar y hacer el amor. 
 
Ya se sabe lo que me gusta a mí, como que Cecilia Bartoli me cante al oído un madrigal de amor, "Si me amas...":
 
Mi problema es que la chica guapa siempre me ha amado.


lunes, 14 de septiembre de 2026

"Y me senté a escribir una reseña sobre la primera novela de Pepo Paz Saz".


 
La revista Todoliteratura publicó ayer mi mirada sobre "Comenzar el olvido" (2026, Reino de Cordelia). Henry Stephen volvió a cantar "Mi limón, mi limonero" mientras los coches corrían en el circuito de la Fórmula 1:
 

domingo, 13 de septiembre de 2026

"El caballo blanco".


 
He vuelto al Valle del Tiétar después del incendio de este verano. Al pasar por Navas del Rey recuerdo que el padre de Alicia, una de mis alumnas, directivo de la ONCE (nació ciego) fue concejal del Partido Popular, y que una vez me invitó a comer en Somontes, en el Monte del Pardo y al lado del Palacio de la Zarzuela tras invitarle a dar una conferencia a mis alumnos sobre la fuerza de voluntad de los seres humanos para salir adelante a pesar de que todo se ponga en contra. En Navas del Rey veranea a menudo Xavier, mi amigo francés desde los veinte años, siempre que viene desde París con su marido Lucas. A Xavier lo convertí en personaje de mi novela Vivir es ver pasar. Me encuentro con el pantano de San Juan, con Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias y el nacimiento del río Tiétar y los pequeños pueblos del valle. La fotografía con el caballo blanco la he sacado en la Iglesuela, en la provincia de Toledo, ya que Madrid, Ávila y Toledo confluyen casi en La Adrada, el pueblo del castillo medieval de don Álvaro de Luna donde escribí mis primeros textos. De alguna manera continúo escribiendo todavía desde este sitio, en la montaña que se ve en la fotografía en cuyos riachuelos aprendí a nadar, en el instante en que mi padre me dijo que me soltara ya. Cerca de allí está el Real de San Vicente, donde también iba en bicicleta y nació Carlos Rubio, mi profesor de Literatura japonesa en Casa Asia de Madrid cuando decidí escribir mi tesis sobre Murakami. Carlos se fue hasta Estados Unidos, se doctoró en Lingüística Aplicada en Berkeley, luego viajó a Japón y nos conocimos al volver. En su finca de Toledo comí cerezas tras observar cómo los árboles nos regalaban sus flores meses antes y conocí a Jennifer, que también se apellida Murakami. Y además de hablarme de Sōseki, Kawabata, Ōgai, Abe, Mishima y Ōe, Carlos me enseñó a tirar con el arco, el Kyūdō, cuyo objetivo no es tan solo dar en el blanco, sino el perfeccionamiento del carácter, de la postura y la serenidad mental (mushin). Un día me pidió que dejara de ir a sus clases puesto que todas sus alumnas se enamoraban de mí y ya no se concentraban en el aula. Al regresar me ha venido a la cabeza un ballet del argentino Alberto Ginastera, Estancia, basado en el clásico de la literatura gauchesca "Martín Fierro", de José Hernández. Narra la historia de un joven de ciudad (podía haber sido yo en su día) que llega a una estancia o finca y se enamora de la hija del dueño. Al principio, ella lo desprecia por verlo débil, pero el muchacho termina ganándose su respeto y su amor al mostrar su destreza en las rudas faenas del campo y en las danzas tradicionales: 
 
Tras sacar la fotografía, el caballo me ha mirado y me ha parecido que sonreía.


sábado, 12 de septiembre de 2026

"El último poema que me han regalado y alguna cosa más sobre el mundillo literario".


 
 
"Justo estás ahí".
 
          (A Justo Sotelo)
 
Justo estás ahí,
no solo con tu nombre
que se ajusta a tu vida
de manera circular
como una segunda piel.
Igual que los amaneceres
y atardeceres de septiembre
llenos de colores
que engalanan los días,
derramas la poesía
que vives en cada sílaba
al mirar la vida
como solo tú sabes hacerlo:
de manera distinta.
 
©BÜRU (á...)
 
El otro día leí este poema de Buru Nayak mientras pasaba por el que fue durante varios años el café donde hacía mis tertulias literarias, "Este o Este" y después "Puro teatro", de mi amigo Mariwan Shall, en la calle Manuela Malasaña, antes de que nos fuéramos al Café Gijón, que en aquellos momentos era de la familia de Iván, uno de mis ex alumnos. Iván llevaba varios años insistiéndome para que me llevara la tertulia a su Café y me presentara al premio de novela que lleva su nombre, y yo sonreía. Para qué quiero ganar un premio, le decía. No voy a ser mejor escritor (ni peor) porque me lo digan unos señores y señoras que no conozco y de los que tampoco sé si saben literatura o no son más que políticos o encargados de las editoriales de turno. Como me comentó una vez la escritora Marta Sanz caminando por la calle en el barrio de Argüelles después de una tertulia, "Justo, tú no necesitas agente literario porque ya lo eres tú de ti mismo". En aquel momento me detuve y le di dos besos en la frente. Y, por otra parte, estaba a gusto en Malasaña con Mariwán, incluso para presentar allí mis libros y los de otros escritores como Javier Lostalé, Javier de la Rosa, César Antonio Molina, Luis Alberto de Cuenca, Peter Redwhite, Mercedes de Vega, Gabriela Amorós, Manuel de la Fuente, Adriana Davidova, Montserrat Doucet, Lilián Pallarés, entre otros. Buru dice en su poema que hago las cosas de manera distinta, y quizá tenga razón, aunque tan solo me conoce por lo que escribo. De cerca soy bastante más aburrido, hablando siempre de amor, sexo, literatura, clases, viajes, cine, arte, música. 
 
Una música como la Octava sinfonía de Bruckner que he escuchado varias veces desde que he vuelto de las vacaciones: