lunes, 30 de marzo de 2026

"Un Domingo de Ramos de cuento".




 
Me paso la vida yendo al teatro, al cine, a los conciertos. Y también disfruto subiendo y bajando montañas, como ayer, mientras suena Sibelius, por ejemplo. Luego escribo, siempre termino escribiendo.
 
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"La distinguió desde lejos. Era una cabaña de madera en medio del bosque. También se veía una cascada al otro lado de la carretera. Detuvo el coche antes de llegar. Cerró los ojos. Aquello era música o tal vez la música ya formara parte de su interior.
 
Las paredes estaban llenas de fotografías de los Alpes. Se fijó en un hombre y una mujer que hablaban entre susurros, frente al ardiente fuego de la chimenea.
 
Se acerca a la barra y pide un té con leche y dos terrones de azúcar. Luego se sienta en una esquina, se quita el abrigo y la bufanda y finje leer y escuchar música en el teléfono mientras mueve el té con la cucharilla. Quizá alguien piense que está leyendo “La montaña mágica” de Mann y escuchando el Concierto de Violín de Sibelius. Observa de nuevo a la pareja y se imagina su historia de amor. Mira hacia la ventana y recuerda que hace años estuvo con ella en la montaña de ahí afuera, esquiando, y sufrió un accidente. Era su primer viaje juntos y estaban enamorados. Quizá por eso ella no quiso trasladarle a España, para no olvidarse nunca de ese lugar. Le enterraron en el cementerio del pueblo y un cura joven dijo unas palabras.
 
Desde entonces sueña con la nieve".
 
("En los Alpes", Cuentos de los otros, 2017, Bartleby, p. 75).
 
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Y la música: 
 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

"Viendo la última de Almodóvar".



 
Almodóvar nunca ha vuelto a hacer una película como "Hable con ella", aunque su cine siempre me dice algo. El último cuarto de hora de "Amarga Navidad" es sin duda lo mejor, ya que Almodóvar se ríe de sí mismo y la autoficción, de la típica pedantería de los escritores y directores de cine, de los creadores en general. Toda la película es un juego de espejos entre la realidad y la ficción o la doble ficción, ya que la película se desdobla además entre lo que estamos viendo y el guion que escribe Leonardo Sbaraglia, el "álter ego" de Almodóvar. Y esto ocurre entre la madre de Almodóvar y la de Elsa, la protagonista del guion, interpretada por una bellísima Bárbara Lennie, o la propia Elsa que inspira el personaje de Aitana Sánchez Gijón, espléndida en su corto papel. El resto de esta película son varias "mujeres al borde de un ataque de nervios", pero sin Carmen Maura y Julieta Serrano y la bendita locura de entonces. Almodóvar se hace mayor y también una forma de hacer cine (me gustaría que hubiera más cine de Erice, pero qué le vamos a hacer). De paso me meto también en este post con una fotografía que me hice antes de entrar en la sala porque la jefa de prensa de Almodóvar durante varios años Mercedes Barreira fue mi alumna en la Universidad, nos encontramos tiempo después en una librería de Malasaña, "Tres rosas amarillas", como el libro de relatos de Carver, donde yo presentaba la novela de otro ex alumno, y se integró un tiempo en mi tertulia. Ella podría haber sido incluso la representante que interpreta Aitana Sánchez Gijón en la película. Es lo que tiene ser escritor o director de cine, que podemos hacer lo que queramos con las historias y la propia vida.
 
Este es el tráiler:
 
Por cierto, no sé si convertirme yo también en un personaje de Justo Sotelo.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

"Flores en las gafas"


El otro día la artista catalana Gloria Grau hizo un curioso montaje con mis gafas de sol y lo primero que pensé al verlo es que no me habría importado ser un jipi, uno de aquellos jóvenes que se iban a amar a Ibiza y a Tenerife, a Marruecos y a la India, cosa que acabé haciendo con el tiempo. Los que quisieron cambiar el mundo con las revueltas universitarias de Berkeley, París y Praga. Y por supuesto tampoco me hubiera importado escribir "La insoportable levedad del ser". Como es lógico soy antimilitarista y siempre elijo hacer el amor y pasarme media vida haciéndolo y la otra escribiendo, estudiando, viajando y dando clase. Todo empezó en la Universidad de California, Berkeley, donde di clase una primavera con veintitantos años, junto a Antonio Carmona y otros amigos de la Universidad. En esa época las chicas llevaban flores en el pelo y Scott McKenzie cantaba el himno jipi por excelencia. La escritora de Zaragoza Ana María Navales, a la que siempre admiré por haber escrito un libro de cuentos que se inspiraba en Virginia Woolf y su mundo de Bloomsbury, me llamaba "el chico de la mochila" porque en ella guardaba mis sueños, decía, y mis futuras novelas. Se enamoró de mi novela "Entrevías mon amor" y me ayudó a corregir el difícil manuscrito. Ella quería que se llamara "Entrevías my love", pero me equivoqué de manuscrito cuando se lo envié al editor de Bartleby, Pepo Paz Saz, y me dio pereza cambiar el título. Ana María es de las que siempre llevará flores en el pelo, allí donde esté, como las mujeres que me gustan:

https://www.youtube.com/watch?v=PQHb4z0prjo&list=RDPQHb4z0prjo&start_radio=1 

viernes, 27 de marzo de 2026

"La pasión".


 


Tal vez sea escritor por culpa de Bach o gente como Bach. Ayer por la tarde me fui al teatro Monumental de la calle Atocha para escuchar en directo la "Pasión según San Mateo", la obra cumbre de Bach que trasciende el mundo material para llegar a la absoluta espiritualidad. Siempre que la escucho me recuerda a la "Comedia" de Dante; no se me ocurre otra comparación. Bach lleva la crónica de la crucifixión a una meditación lírica que une música y texto para explorar la piedad y el amor. Y, a través de las arias, la narración bíblica se interrumpe para prestar su voz a un alma creyente que contempla, se conduele y reflexiona sobre el significado del sacrificio, y convierte la teología en poesía musical. Es la intervención del "yo" lírico, algo que me fascina como escritor y que me anima a continuar escribiendo, en realidad me justifica como escritor. Me siento afortunado por haber conocido esta música en mi breve paso por la tierra e intento dialogar con su autor. Escribir es mi manera de dar gracias a la belleza que me han regalado algunas personas, ya sea a través del amor físico o por la contemplación de la belleza, de la Naturaleza y el mundo o una obra que estuvo olvidada durante casi cien años y que logró recuperar un jovencísimo Mendelssonn y se basa en los capítulos XXVI y XXVII del Evangelio de Mateo y que dramatiza el relato para convertirlo en un monumento al consuelo y a la espiritualidad, no solo a la muerte. La espléndida versión que escuché ayer fue de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigida por Christoph König. Parece mentira que tres horas se me pasaran en un simple suspiro. Esta música hay que escucharla en directo, por supuesto, viendo los rostros de los músicos y tocando casi la piel de los instrumentos. Esta otra versión es de la Orquesta Nacional de Perú con el director canadiense Julián Kuerti, que hace una bonita e interesante introducción:

https://www.youtube.com/watch?v=QnF04o07jN4&list=RDQnF04o07jN4&start_radio=1&t=1593s 

 

 

jueves, 26 de marzo de 2026

"Las gafas de sol".


 

Me fijo en la montura y en las lentes. Los materiales incluyen acetato, metal, titanio o una fibra de carbono para monturas, y policarbonato, CR-39 o vidrio para lentes, a menudo con tratamientos polarizados y filtros UV para protección. Según el origen material, los cristales de las gafas de sol de la foto que me saqué el otro día en un descanso en la Universidad entre clase y clase, mientras me tomaba un café de máquina, responden a dos tipologías, las orgánicas y las minerales. La orgánica está hecha con polímeros y la otra es vidrio compuesto por sílice y óxidos metálicos. Las dos tipos se utilizan para elaborar gafas de sol polarizadas y fotocromáticas. Cuando escribo no es que no quiera saber lo que ocurre en el mundo, sino que escribir requiere de soledad. Mientras pienso, escribo y me tomo el primer café de la mañana leo los comentarios que mis amigos escribisteis al post de la tertulia del martes sobre teatro y José Luis García Barrientos. Son estupendos. El último es del poeta y profesor Pedro López Lara. "Me ha gustado que alguien se acuerde de Greimas y de sus ya viejos y entrañables actantes. Qué generación aquella: Foucault, Barthes, Genette, Levi-Strauss, Bremond, Lacan... Y al fondo la prolongada y lingüística sombra de Benveniste, prolongada luego en Martinet. La magnífica revista "Communications", portavoz de todos ellos. Eran los años sesenta y el mundo estaba cambiando. Lo que nadie podía esperar es que el cambio desembocara en esto de ahora. "Esto": un premio para quien me diga qué es en el fondo "esto de ahora". Se me ocurre decir a Pedro que ayer decía a mis alumnos que un "buen profesor" es el que explica bien su materia a sus alumnos, y para ello tiene que habérsela preparada a fondo y haberlo leído todo; si no la domina entonces la explicará mal y sus alumnos no entenderán nada o se equivocarán a la hora de estudiarla. Y con los libros sucede algo parecido. Así la buena literatura debería contener todo lo que se ha escrito hasta el 26 de marzo de 2026 y continuar avanzando. Soy progresista humano, no ideológico. La buena literatura debería hacer pensar al lector, pero sin guiarle, dejándole que saque sus propias conclusiones, como las gafas de sol a través de sus lentes orgánicas o minerales.

Como el jazz y un café:

https://www.youtube.com/watch?v=wCgK9GlW21g&list=RDwCgK9GlW21g&start_radio=1

miércoles, 25 de marzo de 2026

"Como en una película de Woody Allen".





 
José Luis viste un traje impecable y una corbata de colores, con una barba cuidada y una cabeza culta e inteligente que en seguida acude a la "Poética" de Aristóteles para hablarnos de poiesis, la “creación”, que deriva en nuestro idioma como “poesía”. Es decir, todo artista es un poeta, un creador. Y esa creación artística se produce a partir de la imitación de la vida que en griego es la mímesis. Para Aristóteles imitar es natural en el ser humano y supone el modo de aprendizaje en nuestra cultura. Yo no soy actor, pero como profesor universitario desde los veinticinco años siempre lo he sido un poco. Son las seis y pico de la tarde, estamos en el Hotel Indigo del centro de Madrid y van llegando mis amigos, los actantes, como diría Greimas, de esta obra de teatro, incluso película, en la que me gusta convertir mi vida, Almudena, Miguel Ángel y José Luis están en la primera foto junto a una amiga de Lola de la que no recuerdo el nombre, pero que me va a pedir amistad por aquí, y ya me enteraré. Y los demás personajes de Woody Allen se ven en las otras que comparto y que podrían ser de la Quinta Avenida de Nueva York y que ilustran la tarde de película de ayer. Me gusta el teatro, me gustan los autores de teatro, los actores y actrices, los teóricos, y me gusta José Luis García Barrientos, que es profesor de investigación Ad Honorem del CSIC en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y no sabía si estudiar matemáticas o literatura cuando llegó de joven a Madrid desde Badajoz.
 
Woody dice "acción, se rueda" y por arte de magia nos vamos desde Madrid a bailar a París:
 

 

martes, 24 de marzo de 2026

"Tu obra será inmortal, Justo Sotelo".


 

Dijo ayer por aquí Mayte García de la Fuente, que tiene un Club de Lectura desde hace años en Peñafiel (Valladolid) y ha leído algunas de mis novelas y libros de cuentos. Mayte siempre es muy amable y desde niño me enseñaron en casa que hay que ser agradecido con las personas que lo son. Aprovecho para agradecer los comentarios inteligentes y cariñosos sobre el post de "Poeta en Madrid" que me escribisteis los demás amigos. Las palabras de Mayte me han hecho reflexionar sobre el paso del tiempo y esa idea de lo inmortal, sobre el pasado que conforma nuestro mundo y ha llegado hasta nosotros a la espera del enigma que nos depara el futuro. Recuerdo a Eliot y sus reflexiones sobre el tiempo y la eternidad, en el sentido de que el final no es un cese absoluto, sino una especie de transformación. En mi principio está mi fin, escribió en "East Coker," el segundo de sus "Cuatro Cuartetos", una de esas obras que junto a "La tierra baldía" creo que hay que tener en la mesilla de noche para releerlo de vez en cuando. En mi fin está mi principio escribió en "Little Gidding", el último de los cuartetos. En ambos casos presenta una visión circular del tiempo, de la vida y la espiritualidad, y nos dice que el destino final está contenido en el origen. Eliot explora la idea de que la vida, la historia y la creación son ciclos de destrucción y reconstrucción (como los edificios), y sugiere que la exploración espiritual no es una línea recta, sino un viaje que termina donde comenzó, lo que permite comprender el lugar de origen por primera vez.

Me tomo un café y pienso que el primer canto del cuco en primavera tiene algo de esta inmortalidad, como sabía el compositor inglés Frederick Delius:

https://www.youtube.com/watch?v=3xHIhcstxUM