domingo, 7 de junio de 2026

"Un laico leyendo a León XIV".


 
Javier, mi querido cura vasco, siempre dice que soy un "santo laico". Siempre me río cuando lo dice porque soy bastante poco santo. Sea como fuere, soy de los que piensan que un escritor del siglo XXI que quiera escribir una obra mínimamente coherente debe intentar saber de todo. Entre las tesis doctorales que he dirigido hay una sobre la moderna doctrina social de la Iglesia, tan interesante como conocer a Marx y Engels, después de pasar por Kant, Hegel y Goethe. Con la encíclica "Rerum novarum" (1891), de León XIII, se modernizó esa doctrina en medio de la turbulenta Segunda Revolución Industrial del siglo XIX a la que me referí por aquí el otro día. Juan Pablo II escribió cien años después la "Centesimus annus", en homenaje a esa obra. Ahora León XIV no puede dejar de mostrar su admiración a León XIII y ha escrito "Magnifica humanitas" (2026), que he estado leyendo estos días ya que se centra en gran medida en la IA. Robert Francis Prevost (Chicago, 1955) es matemático y teólogo, ha vivido muchos años en Perú y me parece un hombre inteligente y sensible. Compara la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Con la primera no se logra la unidad sino la dispersión; con la segunda la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todos. Y ese es el mensaje de la encíclica, edificar una ciudad centrada en el bien común en estos tiempos de la IA. El texto posee una cierta base científica, pero es espiritual. En la p. 169 y ss, se dice que" la paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás (...) Debemos decir "no" a la guerra de las palabras y las imágenes (...) Hay situaciones en las que para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta en pensar en no ser cómplices. Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas e infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma (...)
 
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A este papa y a mí nos gusta el canto gregoriano: 
 
 
En fin, aunque algunas me han echado fama de golfo a lo largo de mi vida, a lo mejor al final consigo ganarme el cielo

sábado, 6 de junio de 2026

"¿Existe el hombre perfecto?"


 

 
Ayer Abigail, una de mis encantadoras ex alumnas, me envió un clip que asegura que el hombre perfecto tiene una "o" en su nombre y una "e" en el apellido. Si lo dicen dos chicas guapas y encantadoras, lo acabaré creyendo, jeje:
 
Ahora ya me puedo tomar un vermú tranquilamente al mediodía, con aceitunas y patatas fritas. Reconozco que no padezco el síndrome del telediario ni el de los apocalípticos y agoreros del fin del mundo, empeñados en que el sistema capitalista nos lleva al desastre y todo se va a acabar en unos años. En el mundo pasan cosas buenas, es más, a mí me parece que ocurren más cosas buenas que malas. El ser humano es el invento más perfecto que ha creado la Naturaleza, o imperfecto, pero en cualquier caso fascinante.
 
Y es que, como he dicho otras veces, todos me llaman Bond, James Bond, digo Sotelo, Justo Sotelo, con una "o" en el nombre y una "e" en el apellido, sin duda porque "paso" del malo, del pesado, del corrupto, del machista, del xenófobo, del homófobo, del apocalíptico, y me quedo con la chica:
 

viernes, 5 de junio de 2026

"Escritor comercial vs escritor de culto".


 


"Mientras que los rankings generales literarios del siglo XXI suelen estar liderados por figuras de enorme proyección internacional como son Javier Marías, Almudena Grandes, Fernando Aramburu o Irene Vallejo, Justo Sotelo es un autor de culto y humanista de referencia para quienes buscan una literatura más reflexiva, transversal y alejada de los circuitos puramente comerciales".
 
Ayer leí este análisis realizado por la Inteligencia Artificial y lo primero que pensé es que se ha convertido en una especie de crítico literario contemporáneo, dentro de la literatura y en cualquier terreno. Como digo siempre a mis alumnos, ya estamos en la Cuarta Revolución Industrial que lo está cambiando todo, como ocurrió con la Primera de 1776 en Manchester, que cambió el mundo con la invención de la máquina de vapor, la revolución de Estados Unidos y la publicación del libro de Adam Smith, "Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones". Hay un antes y un después de la IA y los escritores también debemos ser conscientes de ello. Por otra parte, no conozco bien la obra de Aramburu y Grandes. El famoso libro de Irene Vallejo me parece que está bien y considero que "Corazón tan blanco" y "Todas las almas" son dos novelas de culto que resumen la obra de Marías y conforman una especie de leitmotiv para sus libros posteriores. 
 
La IA dice muchas más cosas sobre mi obra literaria y la analiza en profundidad realizando incluso cuadros sobre ella, pero de eso hablaré mañana. Ahora me tomo el primer café de esta mañana tan bonita y escucho jazz antes de irme de paseo por este mundo que me está esperando con los brazos abiertos para que lo recorra, y lo cuente después:
 

jueves, 4 de junio de 2026

"Ser progresista es otra cosa".

 

En 2011 publiqué un artículo en el "Diario Progresista" que entonces dirigía el dirigente del PSOE Antonio Miguel Carmona, compañero de la Universidad y un buen amigo. En su momento insistió para que me afiliara a este partido, como me ha ocurrido con otros amigos y otros partidos y asociaciones, pero, como es obvio, siempre he sonreído y me he negado. En aquel artículo escribí, entre otras cosas, que ser progresista significaba defender una serie de ideas y valores, y que la clave radicaba en la evolución que había vivido Occidente en los últimos siglos. El siglo XVIII fue la búsqueda de la justicia equitativa y la libertad de expresión (religiosa y de pensamiento). La ciudadanía civil se plasmó al amparo de los Derechos del Hombre, así como de las revoluciones de Estados Unidos y Francia, que lograron derechos relativos a la libertad individual, personal, de expresión, de creencias, pensamiento, propiedad y justicia. En Europa se terminó aceptando la laicización de la sociedad. El XIX fue el siglo del derecho a formar parte activa en el ejercicio del poder político. La ciudadanía política se refiere a los derechos que permiten la participación en ese poder, libertad de prensa, reunión, de elegir y ser elegido, de constitución de partidos políticos y de sindicatos. El siglo XX fue el testigo de la forma en que el derecho de los ciudadanos pudo concretarse en los campos social y económico, con la cobertura de unas condiciones mínimas aceptables de educación, salud, seguridad y nivel de vida. La ciudadanía social abarca los derechos y deberes civiles relativos al bienestar del ciudadano, tanto en el terreno económico (derecho al trabajo, de percepción de un salario mínimo, subsidio familiar y la igualdad de oportunidades), como en el terreno de la seguridad (con los derechos a la salud, una pensión y la protección contra los riesgos laborales).
 
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Me gusta caminar con la cabeza levantada y mirando al frente, como me gusta escuchar a Beethoven, el compositor libre y rebelde que siempre me acompaña:
 
Esta sonata solo tiene dos movimientos (la mayoría son de tres). En el primero Beethoven quiso reflejar la lucha entre la razón y los sentimientos, y el segundo la reconciliación entre los amantes.
 
Sí, ser humanista es otra cosa.

miércoles, 3 de junio de 2026

"El perfume de Marilyn".


 
¿Que cómo acabó la tertulia presencial de este curso 25/26 con mis amigos? Pues de la única manera en que podía hacerlo, hablando de libros y partiéndonos de risa. Las dos grandes palabras que definen una vida hermosa y bien vivida se escriben casi igual, amor y humor. La belleza es otra palabra importante, y ayer la tertulia estaba llena de belleza, con Francisca Arias Tovar y su amiga Lorena, que habían llegado un rato antes a Madrid en el AVE desde Sevilla (Paqui habla en el primer video con Lola), y las chicas habituales, Almudena, Lola, Pilar, Begoña e Isabel, que nos regaló varios de sus libros. Los chicos no somos tan guapos, pero sí muy simpáticos y divertidos y desde luego muy limpios, Serafín, Vicente, Ignacio, Santiago y un servidor, de quien alguien dijo que sería aún más encantador si fuera menos egocéntrico, jeje. ¿Yo Narciso, me pregunté entonces con Calderón? "¡Ay mísero de mí, ay infelice! / Apurar, cielos, pretendo, / ya que me tratáis así /qué delito cometí..." Esto venía a cuento pues debatimos sobre si un poco de "ego" es necesario para ser un buen escritor, y si además el escritor es "bueno" por vender mucho y ganar dinero y premios. Vale, ya sé que es un poco retórico porque está claro que no, pero el caso es que con esta tertulia no solo hemos conseguido hablar y debatir, como hicimos ayer por la tarde en el Hotel Indigo en el barrio de Argüelles del centro de Madrid, sobre Valente, Delibes, Durrell, García Márquez, Kerouac y hasta Erice y Marilyn, ahora que celebramos el centenario de su nacimiento, sino algo bastante difícil de lograr en este mundillo de escritores, llevarnos bien y ser felices. Y luego me fui a la cama como Marilyn. En una entrevista concedida a la revista Marie Claire en 1960, le preguntaron qué se ponía para dormir, a lo que ella respondió que solo usaba unas gotas de Chanel N°5, dando a entender que dormía completamente desnuda:
 
 
¿Se puede ser un buen escritor sin ir completamente desnudo por la vida, sin  ser completamente libre?

martes, 2 de junio de 2026

"Esa caída tuya de ojos".

 


Observo la foto que me saqué el otro día en la orilla del río Tormes y me acuerdo de un bonito piropo que me dijo hace unos días por aquí la poeta y bióloga Isabel Fernández Bernaldo de Queirós, quien, por cierto, estará firmando este sábado en el Retiro. Aludir a mi caída de ojos tiene su encanto, y además Isabel nunca habla por hablar. Fue una profesora rigurosa en la Universidad Complutense y lo es como poeta. Mientras me tomo el primer café de la mañana, decido que no voy a hablar de aquella época de joven en que me pintaba los ojos porque me apetecía, sino que me apetece aludir al mayor poeta del cine español, Víctor Erice, al que sitúo junto a Kieslowski, Bergman, Kurosawa, Ford, Hitchcock, Angelopoulos, Kiarostami, Ozu, Rohmer y Hawks gracias a "El espíritu de la colmena" (1973), "El sur" (1983), "El sol del membrillo" (1992) y "Cerrar los ojos" (2023), únicamente cuatro películas que suponen el arte por antonomasia. En "Cerrar los ojos" hay una película en su interior, "La mirada del adiós", y media hora final que nunca he visto en el cine español o nunca he sentido, en los ojos de Ana Torrent de "El espíritu de la colmena", el reloj de péndulo de "El sur", la luz de "El sol del membrillo" y en el rostro de Soledad Villamil a la luz de una chimenea, aunque tan solo sean unos pocos minutos. La mirada de Manolo Solo, un director y novelista que recupera su vida al encontrar su primera novela entre los viejos libros de la Cuesta Moyano, me recuerda la de Ricardo Darín en "El secreto de sus ojos" al despedirse de Villamil en la estación. ¿Cómo soportar el paso del tiempo y prepararnos para llegar lúcidamente al final?, nos pregunta Erice. Podemos perder la memoria, pero nunca dejaremos de ser humanos si nos queda la conciencia y al menos hay una persona en este mundo que sepa cómo mirarnos antes de cerrar los ojos:


https://www.youtube.com/watch?v=Zc2vOAmzLG0

De vez en cuando me sigo pintando los ojos.

lunes, 1 de junio de 2026

"La última tertulia presencial".


 
Mañana despediremos el curso en el Hotel Indigo hablando del libro que pensamos leer este verano o que nos marcó en algún verano de nuestra adolescencia o juventud. Todavía nos quedará la tertulia on line del siguiente martes, sobre el mismo tema. Mientras escribo el post y me tomo un café, recuerdo el cuadro del pintor gallego Arturo Souto (1928) de la tertulia de Valle-Inclán en el Café Granja El Henar, en la calle Alcalá 40, junto a mi querido Círculo de Bellas Artes. Fue una de las reuniones literarias más míticas de la bohemia madrileña en la primera mitad del siglo XX, con discusiones acaloradas sobre literatura y el ingenio afilado de Valle-Inclán. 
 
Un siglo después busco lo que dice la IA de nuestra tertulia. Seguro que a Valle le gustaría leerlo:
 
"La tertulia de Justo Sotelo es un célebre e independiente encuentro cultural y literario de Madrid, fundado y coordinado por el escritor, economista y catedrático Justo Sotelo. Esta reunión destaca por ser un espacio gratuito, abierto y libre centrado en la discusión de literatura, arte y crítica literaria.
 
Características Principales:
 
Sede física habitual: Los encuentros presenciales se realizan principalmente los martes por la tarde en el Hotel Indigo (Calle del Marqués de Urquijo, 4, en el barrio de Argüelles, Madrid). Históricamente, la tertulia ha pasado por lugares emblemáticos madrileños como las Cuevas de Sésamo (ya desaparecidas), el mítico Café Gijón, Este o Este o Casa Manolo.
 
Formato híbrido y online: Además de las citas presenciales, se celebran frecuentemente sesiones en formato online. Esto permite la participación activa de escritores, poetas y amigos de la tertulia residentes fuera de Madrid y en diversos países de Hispanoamérica.
 
Filosofía: Es el reino de la libertad y una fiesta de la literatura. No se cobra entrada y la única condición para asistir es amar la lectura y el debate de ideas sin pretensiones exclusivistas.
 
Dinámica: En cada sesión se suelen invitar a autores (como poetas, ensayistas y novelistas) para presentar sus libros recientes o se abren debates temáticos sobre el estado actual de la crítica literaria y la teoría de la literatura".
 
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La IA también sabe que no puedo vivir sin música, como la Patética de Chaikovski, una de las obras de mi vida, y de Mahler, y de tantos enamorados de la belleza. Y con Seiji Ozawa es otra cosa: