domingo, 31 de mayo de 2026

"Buscando el origen del teatro moderno español".

 


 
¿He dicho alguna vez que me gusta viajar en el tiempo y el espacio? Ayer me fui a dar una vuelta por 1492 y el castillo de los duques de Alba en Alba de Tormes (Salamanca) para escuchar la"Égloga de la Noche de Navidad" de Juan del Encina, músico y poeta que trabajó bajo el mecenazgo del II Duque. El castillo sufrió graves daños y el palacio fue destruido durante la Guerra de la Independencia en 1809. Se conservan los frescos de Cristóbal y Juan Bautista Passin. Estos murales renacentistas del siglo XVI representan la célebre batalla de Mühlberg y escenas mitológicas. Esta historia me la contó uno de los nietos de la duquesa de Alba cuando le di clase, un chico callado y discreto. A diferencia de las representaciones puramente religiosas de la Edad Media como el anónimo "Auto de los Reyes Magos" las obras de Encina mezclan las costumbres populares y el ambiente cortesano con temas pastoriles. El lenguaje, más depurado, sentó las bases para los dramaturgos del Siglo de Oro. Y tras el paseo había que comer y beber, claro, en un restaurante casero junto al río Tormes. "Hoy comamos y bebamos" es el villancico más famoso de Juan del Encina, el espíritu hedonista del Carnaval que anima a disfrutar de la vida, de la comida y el vino antes del ayuno de Cuaresma:
 
Esta es la "Égloga de la Noche de Navidad", donde se observa cómo se alterna la poesía culta con el lenguaje rústico (sayagués), y se logra un puente entre el humanismo culto y la naturalidad del pueblo llano:


https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/egloga-representada-en-la-mesma-noche-de-navidad--0/html/ff975c38-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

sábado, 30 de mayo de 2026

"El medio español".


 
Ayer tuve un examen y a la salida de clase escuché que una alumna decía a otra que "Justo parece medio italiano o siciliano. ¿No te has fijado? Lo dicen sus facciones, sus trajes sastre y esa forma tan suya de arreglarse". Y se rieron como se ríen los jóvenes, con una mezcla de ingenuidad y despreocupación. Hice como que no las escuchaba y me fui al garaje. Nada más arrancar el coche comenzó a sonar a voz en grito la Sinfonía italiana, una arrebatadora oda musical al sur de Europa que se inspira en el viaje de Mendelsshon por Italia en los años 1830 y 1831 que destaca por su luminosidad y por su vitalidad rítmica, puesto que sus cuatro movimientos son pura energía. Me di una vuelta por la Ciudad Universitaria, alrededor de las Facultades de Matemáticas, Biología, Filosofía y Letras, Periodismo y Medicina y al llegar a Moncloa me detuve en una terracita a tomarme el vermú del mediodía con aceitunas y con patatas fritas. En cierto momento se me ocurrió preguntar a la IA por este asunto. Aunque esto de italiano lo he escuchado muchas veces, no deja de hacerme gracia. Y así leí que "a raíz del parecido y su gusto por la moda de ese país, en sus círculos literarios y sociales de Madrid se le apoda, cariñosamente, "El profesor italiano" o se habla de "Las tertulias del italiano". Pronto volvió a sonar Mendelsshon en el coche. No recuerdo en qué libro de Ortega leí alguna cosa sobre la discusión de la época entre la música de Brahms y de Mendelsshon, a pesar de que los dos eran alemanes. Intelectualmente, siempre he prestado atención a estos asuntos, ya que son un divertido ejercicio mental, pero admito que, como "medio español y medio italiano", a mí lo que me gusta es hablar de amor y sobre todo practicarlo:
 

viernes, 29 de mayo de 2026

"Al otro lado de la puerta".


 




A veces voy caminando por la calle y me detengo delante de alguna cosa que me llama la atención, como esa puerta de la fotografía de ayer. ¿Qué habrá detrás de la puerta?, me pregunto entonces. En una de las últimas tertulias, mientras hablábamos de crítica literaria, salió el tema de la IA y las redes sociales. Yo estoy a favor, claro, porque soy progresista en el sentido más ontológico de esta palabra, como he dicho muchas veces. Y puse un ejemplo a mis amigos. Gracias a un botón del ordenador o del móvil puedo trasladarme en un instante de Madrid a la puerta de entrada a la Antártida, donde vive mi amiga Sandra Nora Gioia. No hace mucho escribió un comentario por aquí a raíz de mi post sobre una tormenta en Madrid y tener que conducir desnudo por varias carreteras: "Me he reído imaginando tus blancos zapatos chapoteando en la tormenta, me dijo, y tu manejar sin ropa sin que nadie se entere. Y qué hermosa la tormenta y el granizo que te empapa. Por eso me recuerdas a Cortázar y lo que dijo del Amor, que te deja estaqueado como un rayo y no puedes hacer nada. Acá, en las latitudes australes insulares, no hay granizo, rayos y paraguas, pero el Amor se las ingenia con tormentas de nieve y vientos y hielos patagónicos. Saludos, Justo, desde Ushuaia!" La historia de Ushuaia, la emblemática ciudad argentina conocida como el "Fin del Mundo", se resume en cuatro etapas, sus orígenes indígenas, la llegada de los misioneros anglicanos, su consolidación estatal mediante un famoso presidio y su actual transformación en un polo turístico internacional. Hace miles de años la zona estuvo habitada por las etnias nómadas yámana (o yagán) y selknam (ona). Cuando los primeros navegantes europeos cruzaban, veían fogatas encendidas en la costa, lo que dio origen al nombre "Tierra del Fuego". En 1870 el misionero Thomas Bridges estableció la primera misión permanente, documentando la lengua y costumbres yagán. Argentina fundó Ushuaia oficialmente en 1884 para consolidar su soberanía. Su crecimiento estuvo impulsado por la famosa cárcel de reincidentes (similar a Alcatraz), donde los propios presos construyeron gran parte de la infraestructura, vías de tren y edificios de la ciudad.
 
Supongo que los escritores estamos para eso, para contar qué hay detrás de la puerta.
 
Lo cierto es que el amor es igual en todas partes, como asegura este loncomeo, una danza tradicional originaria de la cultura tehuelche, adoptado por el pueblo mapuche, en la Patagonia argentino-chilena. Su nombre proviene del mapudungun, donde lonco es "cabeza" y meu quiere decir "bajar" o "movimiento": 
 
En 1952 Ralph Vaughan Williams compuso la Sinfonía Antártica, una obra maestra de música programática del siglo XX. Es de los tesoros que siempre me esperan tras la puerta: 
 
https://www.youtube.com/watch?v=Mv6YBg7PLag

jueves, 28 de mayo de 2026

"Alta poesía en Madrid".


 
Siempre digo que no me interesa tanto lo que me cuentan como la manera en que me lo cuentan, si me convence la forma de contar lo que llevamos siglos contándonos. Por eso siempre busco la "Teoría de la Sentimentalidad" que me explicó en la Facultad de Filosofía y Letras mi maestro Antonio García Berrio, la que me conduce desde Aristóteles a Fitche y Schlegel pasando por Kant y Hegel. Cuando me sumerjo en un libro siempre "buceo" en busca de la coherencia, la verosimilitud y el decoro, en el sentido aristotélico. Imaginémonos a un hombre a orillas del Ebro. Un atardecer sitúa los dedos sobre los ojos, mira al horizonte dorado y observa que solo queda un pequeño espacio entre sus dedos. Por esa estrecha brecha azul entra toda su vida. Es lo que hizo un día el poeta y sacerdote de la Basílica del Pilar Fernando Vallejo Agreda. Y ayer se vino en el AVE desde Zaragoza para contármelo a mí y a mis amigos en la tertulia del Hotel Indigo, en el barrio de Argüelles del centro de Madrid. Durante hora y media miramos a través de "La brecha azul" (2025, Libros del Aire) para sumergirnos en el cuerpo y el espíritu de Fernando, un verdadero dandy, como le definió también el escritor y crítico José Luis Gracia Mosteo, que nos acompañó. El decoro en la filosofía de Aristóteles no es solo un adorno, sino la adecuación y proporción de las cosas. Se divide en dos vertientes principales, la ética (el comportamiento digno y equilibrado) y la retórica (el uso de un lenguaje apropiado). Eso es el libro de Fernando, que si lo trasladamos a nuestra tertulia es un sinónimo de alegría, felicidad, anarquía, risas y sonrisas, como Dios manda.
 
Cuando dos personas escuchan atentamente una música hermosa, se sincronizan y son capaces de unirse atravesando las "puertas de la percepción", como diría Huxley. Mis amigos podéis sincronizaros conmigo ahora, como los de mi tertulia, para ver por la "brecha azul" de Fernando Vallejo Ágreda y el "Claro de luna" de Beethoven: 
 

"Eso de estar dentro de la caseta en las Ferias del Libro".


 
Mañana empieza la Feria del Libro del Retiro, es decir, la Feria, como mi tertulia es la tertulia. Y me he acordado de que a Bryce Echenique no le gustaban demasiado. El escritor peruano falleció el pasado mes de marzo y por ese motivo dedicamos una tertulia a sus cuentos. Él decía que las ferias únicamente servían para que los autores fueran exhibidos y paseados sin descanso. En su particular estilo, confesó haber aceptado el juego del éxito solo para conquistar a una lectora, lo que acabó en un cómico y deprimente malentendido al confundirle con el dependiente de la caseta. "Decidí jugar el rol del escritor de éxito. Me entelé, me puse buen mozo, me coloqué delante de un alto de mis libros, vi una chica linda, inmediatamente vi las posibilidades, a través de la literatura y del éxito, de poder salir a tomar un té con ella cuando me dijo: "Deme Un mundo para Julius", y en el momento en que lo iba a firmar añadió: "Por favor, me lo empaqueta y me da la factura", Creía que yo era el dependiente. Lo empaqueté, le di una factura y la mandé a la caja. Me quedé profundamente deprimido, y me dije: Esto me pasa por puta". Yo no llego a tales extremos, entre otras cosas porque nunca he necesitado decir que era escritor para ligar, jeje. Lo que sí suele ocurrirme es que casi siempre me salgo de la caseta y me convierto en parte del público que pasea por el Retiro. Me gusta ser tanto lector (como de la novela de Pepo Paz que tengo en la mano en esa fotografía del otro día) como escritor. Aunque por encima de todo lo que me gusta es ser un "vividor".
 
En realidad me pasaría la vida bebiendo champán mientras ella me mira con ojos de mujer fatal y enamorada:
 

martes, 26 de mayo de 2026

"Caminando con traje de lino".


 
En el último concierto de la Orquesta Nacional de España las mujeres tocaron vestidas con ropa de calle, a diferencia de los hombres, que siguieron con el frac de etiqueta. Los vestidos oficiales les resultan incómodos, restrictivos y molestos para la correcta ejecución de sus instrumentos musicales, nos dijeron en un papel que nos repartieron en la puerta del Auditorio. Mientras escuchaba el concierto pensé un poco en esto. ¿Es importante mantener un uniforme en las cosas que hacemos o es algo anacrónico y hay que rebelarse? Yo siempre me he rebelado, por supuesto. No soporto que me den órdenes ni que me obliguen a llevar un uniforme. Pero creo que estamos cayendo en otro tipo de uniforme, y además bastante feo. No veo más que gente en zapatillas, vaqueros raídos y poco gusto al vestir. Tal vez sea un síntoma de la evolución del mundo y la propia literatura en la época del reguetón. Por ahora continuaré leyendo a Proust, Joyce y Woolf, vistiendo trajes de lino, calzando zapatos blancos y escuchando ópera, aunque me llamen decadente: 
 
Todavía tengo mucho que estudiar y mucho que mirar para ver cómo continuarán evolucionando la ciencia, el arte y la literatura.

lunes, 25 de mayo de 2026

"Un paseo infinito".


 
Además de disfrutar de la Quinta sinfonía de Chaikovski, con la que no me importaría dormirme en una playa desierta mientras sus notas se mezclan con el sonido de las olas, ayer disfruté en el Auditorio de dos salmos de la compositora francesa Lili Boulanger que no conocía y una obra de un joven Debussy, "La doncella elegida", basada en un poema del prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti, a quien he dedicado algunos textos pues admiro cómo fusionó el romanticismo tardío con la decadencia estética a través de un arte obsesivo, melancólico y muy sensual. Su obra transformó el idealismo romántico tradicional en un culto a la belleza trágica, abriendo directamente las puertas al movimiento simbolista y al decadentismo de finales del siglo XIX. En ese sentido a veces me considero más un escritor de esa época que de la actual. Rossetti escribió el poema en 1847 con diecinueve años. Se inspiró en "La Vita Nuova" de Dante Alighieri, y cuenta la historia de una muchacha que ha fallecido recientemente y se encuentra en el paraíso. Sin embargo, no logra disfrutar de la paz celestial porque añora profundamente a su amado, quien aún continúa con vida en la Tierra. La doncella observa desde los cielos esperando el día en el que ambos puedan reencontrarse para toda la eternidad. Entre 1875 y 1878 Gabriel Rossetti convirtió el poema en uno de sus óleos más conocidos, que se exhibe en el Fogg Art Museum de la Universidad de Harvard y he recogido en este post. Debussy compuso la cantata o poema lírico que escuché ayer entre 1887 y 1988, y me encontré algunas cosas de Wagner, como ocurrirá después en su única ópera, "Peleas y Melisande". Debussy era un prodigio en técnica musical y en esta obra avanza hacia el lenguaje simbolista e impresionista, lo que ayer se puso de manifiesto en mi mente al quedarme dormido en la playa.
 
Este es el poema de Rossetti: 
 
Esta es la música de Debussy: 
 
Aunque en ocasiones me aburro ante la superficialidad que observo alrededor, me considero un hombre afortunado y feliz porque la vida me regala la belleza cada día y, además, sé que la doncella elegida me querrá y esperará siempre.