lunes, 11 de mayo de 2026

"¿Existe Justo Sotelo?"


 
"Te has convertido en una especie de "personaje" a mitad de camino entre la realidad y la ficción, como hicieron ya antes, con notable éxito, Dalí, Borges o Andy Warhol".
 
Escribió ayer por aquí el poeta y profesor Pedro López Lara. Pedro es un tipo interesante, de gran cultura y una atractiva ironía que me cae bien. Es filólogo y ha sido profesor de literatura en la Complutense y es un estimable poeta. En noviembre del año pasado me acerqué con Almudena Mestre a la presentación de su obra poética completa en la Librería Sin Tarima de Antón Martín, y saqué esa foto.
 
El caso es que no voy a quitar la razón a Pedro, pero no exactamente en el sentido en que él lo ha dicho. Siempre me he tomado esta vida como si fuera una película o una novela. Todo me provoca curiosidad y me puedo convertir en el Bogart de "Casablanca" (hace unos días me preguntaron algunos alumnos qué película era mi favorita de la historia del cine y dije que esta), el Darín de "El secreto de sus ojos", el Power de "El filo de la navaja", el Pacino de "El padrino" o el Gable de "Lo que el viento se llevó". Y lo mismo me sucede con el Gabriel Araceli de la primera serie de los "Episodios Nacionales" de Galdós, el príncipe Mishkin de "El idiota" de Dostoyevski o el Hemingway de "París era una fiesta". También me gusta el Andrés Hurtado de "El árbol de la ciencia", de Baroja, otro de los libros de mi vida que sigue por ahí, en un rinconcito de mi mente. 
 
Y como me gustan mucho las técnicas circular y de "mise en abyme" en una novela (y en cualquier libro), recuerdo que Hurtado estudió Medicina en el viejo edificio de la calle Atocha. De esta forma recorro esa calle desde la Cuesta Moyano -con las librerías de viejo donde compré "Rayuela" siendo un adolescente- hasta la librería de la foto, pasando por el Monumental, donde escucho tanta música, como una sinfonía de Mahler cuando se convirtió en la sede de la Orquesta de RTVE: 
 
No me importaría ser La Maga (en mi caso El Mago) para alguna escritora. Después de todo, como ha dicho Pedro López, a lo mejor soy un personaje de película o de novela.

"¿Para qué sirve un crítico literario?"


 
Es la pregunta que voy a hacer a mis amigos tertulianos el próximo martes en el Hotel Indigo, a las 18.15. Cuando me dio por estudiar la carrera de Crítica o Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense tras hacerme catedrático de Política Económica lo que quería era distraerme y pasarlo bien con los mejores escritores de la historia de la literatura. Ya sabía que un crítico literario está al servicio del medio de comunicación que le paga para que escriba la reseña, sean radios, periódicos, televisiones, etc., pero me resultaba interesante saber qué opinaban algunos de los críticos importantes de este país, como Santos Alonso, Antonio García Berrio o Fernando Rodríguez Lafuente, que serían mis profesores. Después fue bonito encontrar a gente de todo el mundo estudiando literatura española en uno de los másteres que estudié tras la carrera, lo que reafirma la idea de lo anacrónico que resulta ser nacionalista y localista en este mundo y estos tiempos. Aquello parecía la ONU, como decíamos en broma, con estudiantes de China, Chipre, Holanda, Italia, Camerún, Turquía, Uruguay, Argentina, España y hasta uno de Chamberí. Allí estaba el doctor Patrick Toumba, que se enamoró de mis novelas y con el paso de los años escribió el ensayo de crítica literaria "El amor líquido en las novelas de Justo Sotelo" (2023, Bartleby). Y es el que tengo en la mano mientras me tomo un yogurt helado llaollao, jeje. El problema es que como me gustan mucho los helados, la horchata y el batido de coco, a lo mejor termino echando un poco de barriguita y pierdo "sex appeal", jeje. 
 
Pero, bueno, qué le vamos a hacer. La vida son dos días y mientras me tomo el primer café del domingo suena la música que escuché ayer en el Teatro Real sobre Romeo y Julieta de Shakespeare con el Real Ballet de Suecia y Chaikovski:
 
Y este es el romántico poema sinfónico que atraviesa toda la velada: 
 

sábado, 9 de mayo de 2026

"Los genios siempre van más allá".



 

Lo conocí con unos diez años. Mi madre puso su Segundo concierto de piano en casa; algo se removió en mi interior y ya no se fue de él. Así durante muchos años hasta que lo convertí en un personaje de mi última novela publicada, "Poeta en Madrid". Aparece en algunas de sus páginas hablando con Mahler, que surgió en mi vida un poco después. Aunque utilizamos con frecuencia la palabra "genio", ha habido pocos a lo largo de la historia, y uno de ellos fue Beethoven. Ayer por la tarde tenía una cita ineludible en el teatro Monumental, de la calle Atocha, con su "Missa solemnis", una obra a la altura de la Novena, es decir, de una de las mayores creaciones del ser humano. En 1823 estaba completamente sordo, pero su profundidad espiritual no necesitaba escuchar la música, solo sentirla y escribirla. De ahí el Kyrie, solemne y majestuoso, con el que establece una petición de paz espiritual, el Gloria con su energía inagotable y un contrapunto complejo (es algo realmente impresionante), el Credo marcado por una afirmación rotunda de fe, y que refleja tanto el rechazo al dogma rígido como una profunda espiritualidad personal, el Sanctus con un precioso solo de violín que simboliza la presencia divina y por último el Agnus Dei, que incluye la anotación "Bitte um innern und äussern Frieden" ("Plegaria por la paz interna y externa") y refleja la angustia de la época y del propio Beethoven.
 
Esta versión desde Londres me gusta:
 
Con la dirección del danés Thomas Dausgaard y la participación de la soprano Rocío Pérez, la contralto Carol García, el tenor Juan Noval y el barítono Sreeten Manojlovic, la Orquesta Sinfónica y Coro RTVE llevó a cabo una interpretación estupenda de una obra dificilísima que hay que escuchar en directo. La IA puede hacer maravillas en la grabación de los discos en un laboratorio, pero no tiene nada que ver con el directo, con la gente alrededor, sentada junto a ti, escuchando ensimismados este diálogo con Dios. La obra de Beethoven no habla de una piedad convencional, sino de la lucha humana por la fe, la divinidad y la hermandad.
 
Y ahora voy a tomarme el primer café de este sábado primaveral charlando con Beethoven. Quiero que me cuente cómo ser un genio.

viernes, 8 de mayo de 2026

"El conductor desnudo".


 
Nunca había vivido una granizada semejante a la de ayer. Las calles estaban alfombradas con bolitas blancas o diminutos trozos de hielo como la nieve. No dejaban de caer y se apelotonaban unas encima de las otras. El coche estaba lejos, y tuve que caminar sobre ellas casi media hora con mis zapatos blancos. Sentía que estaba mojado, pero no creí que fuera del todo, la cazadora, la camiseta, el pantalón, y no sentía los zapatos, a pesar de que la dueña del restaurante del pueblo me había dejado un enorme paraguas. Siguió lloviendo toda la tarde, a veces con fuerza, y conduje el coche sin ropa por varias carreteras secundarias y por la autopista. No tuve que hacer ninguna parada, afortunadamente, porque no me podía poner esa ropa. Me crucé con una pareja de la Guardia Civil, pero estaban a otras cosas. En el pequeño video en la autopista se escucha el movimiento lento del precioso Concertino de Bacarisse, que es lo que sonaba en la radio. Tengo que volver un día para devolver el paraguas a la señora del restaurante. Seguro que entonces lucirá un sol espléndido y hará calor. Todo esto en el fondo es como el amor. El amor no se busca, no se persigue, no se suplica. El amor aparece sin más, y entonces se queda contigo para siempre. No te vas enamorando poco a poco; eso también es otra cosa. El amor es como una granizada que te cae encima y entonces por más ropa que te pongas o te quites, el amor ya conducirá tu vida, por autopistas y carreteras secundarias, como esta romanza:
 

jueves, 7 de mayo de 2026

"Hay fotografías que se definen solas".



 

Como las de estos dos de mis grupos en la Universidad, de 2º curso del Cunef. El otro día me hice una más con otro grupo, pero se me ha perdido. Es lo que me ocurre con tantas fotos que desaparecen de golpe cuando se cambia de móvil. Pero para eso tengo un cerebro, para que no se me olvide nada. Yo doy cariño y conocimientos a mis alumnos y ellos me devuelven el mismo cariño y la seguridad de que ya siempre serán mis alumnos, como esas sonrisas de oreja a oreja que se ven en las fotos. Les digo que no quiero ser un profesor más, sino uno que se llama Justo Sotelo, y me sigan recordando aunque pase el tiempo. Soy profesor en la Universidad desde los veinticinco años, pero me sigue gustando estar con los jóvenes, saber de lo que hablan, lo que les pasa, lo que les gusta o no. Es una de las razones de que sea escritor. Hay muchas más, por supuesto, por ejemplo que me guste el jazz, la improvisación del jazz, casi una manera de vivir. Primero me aprendo las cosas, me las estudio con detalle y luego me dedico a improvisar:

https://www.youtube.com/watch?v=-bBzIgIaPS4&list=RD-bBzIgIaPS4&start_radio=1


Por cierto, el otro día unos alumnos me cambiaron de generación y me quitaron bastantes años, jeje. Ya se sabe todo eso de los Baby Boomer (1946-1964), X (1965-1980), Y/Millennials (1981-1996), Z (1997-2010) y ahora creo que hemos empezado con la alfa otra vez. Me parece que a este paso voy a terminar convirtiéndome en un personaje de ficción de mis propios libros y textos o, como dijo alguien por aquí hace poco, en un personaje de película. Si es que no somos nadie a pesar de que se me mueran los móviles. 

miércoles, 6 de mayo de 2026

"¿Se puede vivir sin pasión?"


 

"¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión".

Esta es la preciosa idea que recorre "El secreto de sus ojos", una de las mejores películas de la historia del cine. Ayer perdió el Atleti, pero algunos seguiremos siendo de este equipo, como escribí ayer. Como mis alumnos que fueron a Londres o vieron el partido por TV. Todavía me acuerdo de aquel anuncio que decía "papá, ¿por qué somos del Atleti?" Ayer llegué tarde a mi tertulia para hablar de otra argentina, la escritora Samanta Schweblin. Tenía que estar varias horas en un tribunal de TFG de la Universidad. Pero fui a la tertulia, aunque fuera solo un rato, porque me apasiona la literatura y me gusta estar con mis amigos. Y uno siempre saca tiempo para eso. También fue agradable encontrarme a seis alumnos que terminaban la carrera con su TFG.

Solo he escrito un cuento hablando de fútbol, y fue sobre el Atleti, claro, cuando perdió otra final de Champions:

"Un partido de fútbol en Lisboa".

"El taxi se detuvo cerca del Hotel Borges. Ellos sabían que Lisboa era una ciudad tan fascinante como melancólica, aunque esos días todo el mundo estuviese pensando en la final de la Champions.

Se habían conocido en el campo del Atlético de Madrid, durante la semifinal. Se dirigieron a la vez al vendedor de bocadillos, y en ese instante se miraron, se sonrieron, se les cayó el dinero al suelo y se enamoraron mientras dos monedas rodaban en paralelo hasta terminar una encima de la otra.

Desde la ventana se veía la escultura de bronce de Pessoa, en la entrada del café La Brasileira. Pessoa fue un poeta que solo escribía cosas que merecían la pena, dijo él. Se pasó la vida en busca del nombre, la definición y la medida de las cosas, pero no tuvo paciencia para ello, dijo ella. Dejaron el equipaje en el hotel y se dirigieron hacia el castillo; tras atravesar la puerta principal se adentraron en el parque. Luego se acercaron al mirador y se fijaron en las tenues luces de las farolas y en otras luces todavía más oscuras de un bar que se negaba a cerrar, y hasta escucharon el rumor de los barcos descascarillados. Lo importante es entusiasmarse por la vida, dijo él, tener la capacidad de maravillarse con ella. Pueden decir de nosotros que somos testarudos, pero eso no debe preocuparnos, dijo ella. El secreto es perseguir la luz blanca de la ternura, aseguraron a la vez.

Al día siguiente se disputó el partido de fútbol, pero ellos no salieron de la habitación, ni de la cama.

("Un partido de fútbol en Lisboa", 2015, "Cuentos de los viernes", Bartleby, p. 22).

Esta es la escena de la película de Campanella protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil:

https://www.youtube.com/watch?v=wzsOwrgS1G0

Y ese final, porque ¿se puede vivir sin amor?

https://www.youtube.com/watch?v=XzNgrmpcsQQ

martes, 5 de mayo de 2026

"Un escritor con el que sueñan las mujeres, melómano y del Atleti".


 
Como siempre digo, procuro no tomarme la vida demasiado en serio; lo único que me fastidia es que sea tan corta. Ayer mi amiga chilena Angela Del Carmen dijo lo siguiente por aquí: "Buenos días, Justo. Eres un hombre con el que sueñan muchas mujeres, pero a la vez un gran escritor y persona. Un hombre formal e inteligente con muchas ganas de vivir y de soñar. Te admiro en la distancia. Nunca cambies". Ayer otra amiga, Laura Hdez, escribió (aprovecho para agradecer los comentarios tan cariñosos como inteligentes que me escribís todos los días mis amigas y amigos): "Un profesor con estilo es la ventana que invita a mirar dentro, aprender de su conocimiento, de quién es y de lo que aporta, enriquece, con su sencillez, seguridad y humildad". Y en esta fotografía del otro día, entre clase y clase, estoy junto a la ventana. Como no hay dos sin tres, también ayer supe en esta red social que la excelente escritora checa y amiga Monika Zgustova es la tataranieta de un músico que siempre he admirado, Smetana, que es considerado el padre de la música de su país y de quien comenté que había escuchado su ópera "La novia vendida" en el Real. Ahora únicamente falta que esta tarde gane el Atleti en Londres y ya todo será perfecto. Y si pierde tampoco pasa nada porque, aunque no me gusta el fútbol, seguiré siendo de este equipo.
 
Hoy me tomo el primer café en Praga, con el viaje de Smetana por el río Moldava: