martes, 24 de octubre de 2017

Eliott Murphy en la tertulia de hoy.

En la tertulia de esta tarde se hablará del cantante de rock y escritor Eliott Murphy.

El pasado julio la editorial Izana presentó en la FNAC de Callao su último libro de relatos, "Historias de París", que tradujo uno de nuestros tertulianos, Peter Redwhite. Hoy Peter hablará del libro a las 18,30 (en el café "Anthony´s Place, Sandoval 16, al lado del metro de Bilbao).

Murphy nació en 1949 en Long Island, Nueva York, pero vive en París desde 1989. Para él la literatura es su religión y la música su adicción, y por eso ha cantado con Springsteen por medio mundo. Entre sus autores preferidos están Scott Fitzgerald, Steinbeck y Kerouac.

Dejo por aquí una de sus canciones, "Tell me". Me parece preciosa:

https://www.youtube.com/watch?v=2Q2a0WAYaxw


lunes, 23 de octubre de 2017

"Los gallinazos sin plumas", de Julio Ramón Ribeyro.

Anoche me dormí releyendo "Los gallinazos sin plumas", un cuento de Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), el escritor peruano que se encuentra entre mis autores favoritos. 

Si Vargas Llosa no hubiera escrito el año 1962 "La ciudad y los perros" (lo hizo en Madrid, por cierto, en un bar que está cerca del Retiro"), "La casa verde", en 1965, y, por supuesto, su obra maestra absoluta, "Conversación en la Catedral", en 1969, diría que es el escritor peruano que más aprecio, junto a César Vallejo.

Dos niños huérfanos, Efraín y Enrique, son explotados por don Santos, su abuelo. Quiere que consigan, diariamente, latas o alimentos podridos para su cerdo Pascual. El cuento tiene una temática social, como es obvio, pero no cae en la demagogia. El abuelo representa a la sociedad de consumo del capitalismo salvaje y los hermanos a todos los pobres explotados del mundo. Es una metáfora de la América del Sur en esa época, con un lenguaje que oscila entre las narraciones de Maupassant y Borges, expresivo y lleno de metáforas. 

El cuento de Ribeyro da título a su primer libro, que escribió en París el año 1958, adonde había ido para redactar una tesis en literatura francesa en la Sorbona. Vivió en el Barrio Latino, como dios manda. También lo hizo en Barcelona, Madrid, Amberes, Berlín y Hamburgo.

En fin, literatura, como diría Cortázar.

domingo, 22 de octubre de 2017

La mirada de Julio Cortázar.

"Justo, cómo me recuerda tu mirada a Julio Cortázar. Algún día te explicaré el porqué".

Abro Facebook y leo estas dos frases que escribió ayer por aquí el filósofo sevillano Rubén Muñoz Martínez. Rubén ha publicado "Apuntes para una Poética del Arte", recientemente. A ambos nos interesa todo lo relativo a la filosofía y la estética del arte y la literatura.

Los retos intelectuales son lo que más me han motivado toda mi vida; si no los encuentro me aburro tarde o temprano. Así que he estado dando vueltas a ese comentario de Rubén mientras me tomaba un café. Como cualquier escritor de su época que se precie, valoro una serie de libros por encima de casi todos: "En busca del tiempo", "Tristram Shandy", "Ulises", "El ruido y la furia", la "Comedia", la segunda parte del "Quijote", "La Odisea", "La tierra baldía", "Rayuela", por supuesto. Admiro también los cuentos de Cortázar -de los que tuve que examinarme en su día-, sobre todo "Continuidad de los parques", "Las babas del diablo" y "El perseguidor".

Nuestras ideas son progresistas, claro, básicamente porque nos dio por leer desde pequeños. Y por supuesto ambos adoramos París, la única ciudad del mundo donde la lluvia sobre la claraboya se puede convertir en literatura. Y nos apasiona el jazz. 

"Y la maga estaba llorando, Guy había desaparecido, Etienne se iba detrás de Perico, y de Gregorovirus, Wong y Ronald miraban un disco que giraba lentamente, treinta y tres revoluciones y media por minuto, ni una más ni una menos, y en esas revoluciones Oscar's Blues, claro que por el mismo Oscar al piano, un tal Oscar Peterson, un tal pianista con algo de tigre y felpa, un tal pianista triste y gordo, un tipo al piano y la lluvia sobre la claraboya, en fin, literatura" (p. 95 de Rayuela. Ed. Sudamericana).

Estoy seguro de que a Cortázar le encantaría este video de Oscar Peterson, como a mí:

https://www.youtube.com/watch?v=xdd5pn1xs7M

(En la foto Julio Cortázar y Carol Dunlop, una pareja de película, a pesar de los más de 30 años de diferencia).

sábado, 21 de octubre de 2017

"Ser o no excéntrico".

Leo la siguiente frase en el libro de memorias "Juventud", de J. M. Coetzee, uno de los escritores contemporáneos que me interesan: "Tener un aspecto excéntrico resulta de alguna forma distinguido" (Mondadori, 2002, p. 11). El resto del libro es una especie de "Retrato del artista adolescente", de Joyce, con un lenguaje menos arriesgado.

Dejo el libro y me lanzo a la piscina. 

Mientras nado de espaldas y veo el sol en lo más alto, inmutable, pienso en la primera vez que me llamaron "excéntrico" en mi vida. Tenía quince años, en lugar de los diecinueve de Coetzee. Unos compañeros de clase quedaron para ir al cine, luego a cenar y a ver si conocían chicas. Yo les dije que no iba. Mi mejor amigo de entonces intentó convencerme. Me apetece escuchar y entender "El anillo de los Nibelungos", la tetralogía de Wagner, insistí. (Ya me interesaba la mitología como explicación del origen del ser humano; con los años terminé escribiendo una tesis sobre ese tema con la excusa de Haruki Murakami, Mircea Eliade y James Frazer, entre otros). Los compañeros me escucharon y dijeron, casi al unísono, que no quería ir con ellos porque era un excéntrico.

Salgo de la piscina. 

Me tumbo en la hamaca. Coetzee dice que en el invierno de Ciudad del Cabo llueve durante semanas seguidas. Aquí el sol continúa en lo alto y solo hay unas gotas de agua sobre el libro.

viernes, 20 de octubre de 2017

Bailando sobre las aceras.

"I fall in love".

Siempre me ha gustado caminar dos metros por encima de las aceras de la Gran Vía de Madrid, la Rambla de Barcelona, Oxford Street en Londres o los Campos Elíseos de París.

Es una sensación entre intelectual y espiritual.

Termino bailando, ahí, en el aire, como en "La la land", aunque solo me haya tomado un par de cafés y aún sea incapaz de ver la luz del sol, quizá porque esa luz a veces es algo interior, que se ve o no, que se siente o no, que se murmura o no.

Y está Andrea Motis. 

¿Bailamos?

https://www.youtube.com/watch?v=bo8og3xw-Ys

jueves, 19 de octubre de 2017

Un ideal.

Es algo así como vivir en armonía con el mundo. 

Acostarse cada noche sin deber favores a nadie porque has conseguido las cosas por ti mismo. 

Mantener el principio inalterable de la libertad.

(Y tener una flor entre las manos).

miércoles, 18 de octubre de 2017

"Descripción de una mujer enamorada".

"Esa noche su sangre se transformó en energía femenina y masculina, una especie de vino que se bebieron la luna y el sol, y eliminó las arrugas de su rostro y de su vientre. Desconocía cuánto tiempo había estado tumbada, desnuda, sin dejar de sudar. El camisón, arrugado y sucio, se había caído al suelo. Su cabeza giraba como una noria sin control, pero aun así encendió la radio. Había dormido toda la tarde y toda la noche. Se tomó una aspirina y un café, y se encontró mejor. El rostro de Sergio se hinchaba en su mente como un gigantesco neumático de automóvil, y hasta oía su vasto e inmenso deseo de aplastar el universo con su fuerza. Había sangre en la sábana. Se llevó la mano a la frente, y no sintió las décimas de fiebre que demolían las paredes de su conciencia. Trató de calmarse con un segundo café, y después buscó sin éxito un paquete de cigarrillos. De lo más hondo de su corazón salió una sonrisa dirigida a las manchas fugaces, como su regla interminable; era una sonrisa enferma, a un paso del delirio. O se había vuelto loca, y veía visiones, o la sinrazón cegaba sus pupilas con los rasgos de ese crío. Se encerró en el cuarto de baño. Tocaba su cuerpo, pero no le pertenecía, intentaba limpiarlo, pero nuevas carcajadas se desplomaban en las esquinas de su garganta. Se vistió, y se sentó otra vez en la cama. Las paredes de la habitación se le caían encima. No podía permanecer más tiempo allí dentro, no tenía ningún sentido, tenía que fumar y pensar. Necesitaba explicarse qué había ocurrido con su cuerpo y, más que nada, con su mente (con el deseo de su mente). Se dirigió al restaurante de Princesa. Las calles estaban vacías; los barrenderos las limpiaban con cuidado, como si fueran suyas, confiriendo a su trabajo una dignidad manifiesta. Por los arcos de Moncloa se movía un camión del Ayuntamiento tratando de quitar con alocados chorros de agua la grasa de los coches. Tuvo que esperar unos minutos sentada en un banco hasta que abrieran el restaurante. Después de empujar la puerta de cristal, se dirigió como una autómata hacia la máquina de tabaco. La cafetera aún no estaba preparada, y apuró dos vasos de agua para apaciguar el resquemor de su garganta. Unos minutos después se bebió un café solo de un trago, y comenzó a fumar casi temblando. Por fin, empezó a encontrarse mejor. ¿Qué es lo que tenía que hacer, se preguntó mirando a la calle, volver a la librería y declararle su amor? Sergio no era más que un ególatra cuyo único afán consistía en mantener vivo su mundo. ¿Acaso podía considerarse una de sus amigas? ¿Qué podía aportarle a esas alturas de su vida? ¿No sería para él un sucedáneo de su padre, o de esa madre de la que le daba miedo hablar? Entonces, ¿por qué le había besado y acariciado? Era deseo, por supuesto, todavía podía despertar deseo en un hombre... La librería era el centro del mundo para un grupo de personas, y empezaba a serlo para ella por culpa de un muchacho de veintitantos años. Todo ello saltando de una casilla a otra en el juego. Sergio Barrios, Miguel Ángel Andés, Raúl Torres, Albertina Duarte, María José Castillo, Pepe Utrera, Elena Estrada, Dominic Yanes, Magda Rubio, Anselmo Xiles (...) ¿En qué casilla de la rayuela colocarían Oliveira, o Cortázar, ese interés por recuperar la alegría? ¿Ella también podría ser feliz por encima de todo? Ser feliz con la pasión agitando sus sentidos. Pero, ¿qué sabía ella de Sergio? Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estoqueada en mitad del patio... ¡Estoqueada en mitad del patio! Como si ella tuviera derecho a reprocharle nada a nadie, ni siquiera a Cortázar. Podía repetir la edad de los filósofos griegos. Sócrates había vivido sesenta años, Aristóteles lo había hecho sesenta y tres, Anaxágoras setenta y dos, Pitágoras ochenta o noventa, Platón ochenta y uno, Diógenes noventa, Demócrito cien o ciento nueve... Su inocencia se perdía en un día interminable en compañía de un crío (...) 

("Las mentiras inexactas", 2012, Izana, Madrid, pp. 106-109. Nora Acosta es una profesora de literatura de la Complutense de cincuenta y tantos años que se enamora de su alumno Sergio Barrios, un librero de la plaza Santa Ana de Madrid. Es el único capítulo de la novela sin puntos y aparte. La foto es de la presentación en las Cuevas de Sésamo de Madrid, que hicieron el crítico del Cultural del ABC Juan Ángel Juristo y la escritora y profesora Fanny Rubio que me dio clase de poesía contemporánea en la Complutense).