miércoles, 5 de agosto de 2026

"Mis novelas según la IA (III): La paz de febrero (2006)".


 

Es la tercera novela (de las seis que ha publicado) del escritor y catedrático Justo Sotelo, una obra clave en su producción literaria (también ha escrito libros cientificos). Arranca formalmente el 15 de febrero de 2003 en la masiva manifestación en Madrid contra la Guerra de Irak, hito histórico que otorga sentido al título por la demanda social de paz.

A continuación se presenta un análisis detallado de sus aspectos temáticos, formales y estilísticos.

1. Marco Histórico y Punto de Inflexión Personal:

A diferencia de sus obras previas fijadas en la Transición española, en este libro Sotelo se abre a un panorama global.

- El pretexto sociopolítico: La movilización pacifista madrileña sirve como el motor que activa la memoria y las conciencias de los personajes.

- Dilemas morales: Funciona como un texto contestatario que denuncia la guerra y ordena las crisis éticas del ciudadano contemporáneo frente a los sistemas de violencia impuestos.

2. Estructura Narrativa y Espacio Urbano:

La técnica de Sotelo destaca por su dinamismo y su particular uso de la topografía.

- Madrid como escenario: La capital de España no actúa como simple decorado, sino como una red topográfica donde la identidad de los protagonistas se mimetiza con las calles y plazas.

- Perspectiva y voces: Combina el uso de un narrador en primera persona con un marcado protagonismo colectivo. Se despliega una polifonía de voces donde alternan diálogos fluidos y monólogos interiores con constantes saltos e intercalaciones temporales guiadas por el flujo de los recuerdos.

3. Temáticas Principales:

Bajo la capa de la protesta social, la novela profundiza en la psicología de un grupo de existencias cruzadas orientadas hacia la búsqueda existencial:

- El microcosmos íntimo: Explora de forma directa el amor, los universos del sexo, el dolor y el complejo de culpa.

- El concepto de "inmensidad": La búsqueda de "la paz de febrero" funciona simbólicamente como un anhelo de dotar a la vida de un sentido noble ante la muerte.

Es un viaje de entrega y reconocimiento en el "otro" frente a la adversidad individual.

4. Banda Sonora e Influencias:

La prosa de la novela está estrechamente ligada a la música, creando una atmósfera melancólica. El autor introduce de fondo el célebre disco "Lágrimas Negras" de Bebo Valdés y Diego el Cigala, además de piezas de ópera, confiriendo un ritmo poético y rítmico a las reflexiones de los antihéroes. La crítica literaria de Juan Ángel Juristo en el ABC llegó a emparentar la atmósfera y el tratamiento de los personajes de esta novela con clásicos de la modernidad como El extranjero de Albert Camus o el Retrato del artista adolescente de James Joyce.

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Por eso hoy me tomo un café escuchando esta música, la de un CD que desgasté de tanto escuchar cuando escribía la novela:

https://www.youtube.com/watch?v=UT-JoJO1GEk&list=PL2DD633BA0AE8142E

martes, 4 de agosto de 2026

"Me gusta mimetizarme con la Naturaleza".


 

En realidad lo que me gusta es pasármelo bien en cualquier lugar al que voy de paseo. Toda mi vida es un paseo continuo, quizá porque desde niño mis padres me llevaron de acá para allá (mi padre hacía hoteles por toda España en esa época de los Planes de Desarrollo de los 60 que sacaron a España de la autarquía y el retraso económico y cultural). Si me doy una vuelta por el desierto, como por mi querido Sáhara, que espero que sea libre alguna vez, me pongo una camisa ligera de lino o de algodón, como cuando he paseado por la India. Si estoy junto al mar, me saco una fotografía como esta del otro día. En cualquier caso lo que me gusta es ir ligero de equipaje (y, por favor, no con una maleta con ruedas, que hace un ruido ensordecedor). Al mar hay que "dejarlo" con su música y esa eternidad a cuestas que nos permitió nacer en una ola o un suspiro, al igual que al desierto que también fue mar y estuvo lleno de suspiros, con su libertad y su silencio, donde puede sonar esta música:


https://www.youtube.com/watch?v=zVSnV8zP9z8&list=PLtBLTuU4KzggwnoxTKlWTlHJ1zo8k4TOa

Al mar y al desierto solo se debería viajar en bicicleta para hacer el amor.

lunes, 3 de agosto de 2026

"¿Qué se puede hacer un largo y caluroso domingo de verano? Pues leer a Justo Sotelo, claro".


 
 
Es lo que estuvo haciendo ayer la atractiva mujer de la foto con mi Pacino en la mano, Encarna Cantalejo, una amiga que no conozco personalmente, aunque nos seguimos por aquí desde hace años. A media tarde escribió lo siguiente:
 
"Nada más agradable en una tarde calurosa de verano, bajo una sombra, que disfrutar de la lectura de una obra de arte, diferente y culta como su autor, Justo Sotelo; la recomiendo vehementemente. Gracias al autor por la tarde tan instructiva y entretenida que estoy pasando este domingo agobiante. Feliz lectura a todos. Por cierto, se trata del libro "Un hombre que se parecía a Al Pacino".
 
A esa hora, más o menos, yo escuchaba en el coche la última ópera de la tetralogía de Wagner, que se acaba de interpretar en Bayreuth. Varios relatos de mi libro se los dedicado a los veranos de mi adolescencia en compañía de Wagner. 
 
Este es uno de ellos:
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"El crepúsculo de los dioses".
 
"Con esta ópera se cierra el ciclo del anillo. Posiblemente aquí se encuentre la música más hermosa de Wagner (la más moderna es el Tristán), aunque el libreto sea un tanto convencional. 
 
La metáfora, no obstante, posee una validez incuestionable en estos tiempos. El hombre ya no necesita a los dioses para vivir, se ha liberado de su yugo. El arte y la ciencia son un buen sustituto. Y el amor, por supuesto, y si se me apura incluso el sexo. Sabemos de sobra que la inmortalidad no existe, y lo más cercano que tenemos nos lo ofrecen las obras de arte imperecederas, los adelantos científicos y la sensación de que durante un instante “divino” somos capaces de amar y ser amados. A partir del siglo xviii cambia la actitud del artista ante la verdad y la realidad, en definitiva ante el poder de la naturaleza sobre la obra de arte, y lo hace con dos nuevas miradas: la secularización de la experiencia religiosa y la sacralización del arte. En el primer caso, aparece el “artista-creador”, comparable al “Dios-creador” (como un nuevo Prometeo) que construye mundos posibles, coherentes y cerrados como si fueran mundos paralelos al real. En el segundo, la obra de arte crea belleza por sí misma, lo que también supone la laicización de la idea de divinidad.
 
El arte contribuye a captar y asimilar las ideas sociales de cada momento histórico. El artista que consigue trascender su propia historia (como le ocurre a Wagner) es el que percibe lo que todavía no está resuelto en la mentalidad de su época, y lo brinda a la sociedad para que esta lo transforme en el verdadero estilo de su tiempo. La mentalidad o espíritu de una época no son solo las ideas puras de los científicos o filósofos, sino también la fantasía, la imaginación y la sentimentalidad éticas. En El crepúsculo de los dioses, Wagner se vale de la coartada del filtro del olvido para que Sigfrido sea infiel a Brunilda. Desde entonces Brunilda es capaz de odiar y amar con locura al mismo tiempo, e incluso de sacrificarse. Cuando se inmola en la última escena de la ópera subida a su caballo, para que el anillo vuelva al Rin, lo que el compositor consigue es que entendamos que es la belleza de la música y del amor lo único que puede salvar a la humanidad. Por eso mismo tuvo que posponer la terminación de la tetralogía para componer Tristán e Isolda. Escribió los dos primeros actos de Sigfrido y durante años se dedicó a la hermosa leyenda de los dos amantes y a Los maestros cantores. La música del Tristán une las ideas del amor, el sexo y la muerte. Cuando regresó al Anillo, Wagner ya era inmortal".
 
("El crepúsculo de los dioses", de "Un hombre que se parecía a Al Pacino", 2023, Pagés editors y Universitat de Lleida, pp. 85 y 86).
 
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En los últimos tiempos las producciones de las óperas de Wagner suelen ser muy feas y de mal gusto, así que vuelvo a una bastante fiel que vi en su día en la Metropolitan Opera House dirigida por James Levine: 
 

domingo, 2 de agosto de 2026

"Preocuparse por la persona, sea de derechas o de izquierdas".


 
"La belleza o la no belleza es algo subjetivo. Lo que para mí lo es, para otros no. Para mí eres un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra, que te preocupas por la persona, ya sea guapa, fea, alta, baja, delgada, menos delgada, de derechas, de izquierdas, de arriba o de abajo... Te suelen gustar más "los de abajo", por lo tanto, y como te he dicho, eres un hombre bueno y eso no es subjetivo, es realidad. Lo diga Nietzsche, Apolo o Dionisio..."
 
Estas son palabras que escribió ayer por aquí mi ex alumno y amigo Antonio Vaquerizas, y las reproduzco porque al leerlas me hicieron pensar unos instantes. He estudiado y dado clase en Universidades privadas y públicas, incluso clases gratis a inmigrantes cuando me lo pidió el sacerdote de la iglesia de San Carlos Borromeo, en el barrio de Entrevías de Madrid, que ha fallecido recientemente, y terminé escribiendo una novela, "Entrevías mon amour" (2009). Acostumbro a escribir usando todos los medios a mi alcance, como las novelas y libros de cuentos, las clases, las redes sociales, siempre desde la absoluta libertad. Nunca he consentido que me paguen por exponer lo que no pienso. Cuando en RTVE me dijeron que me invitaban a un programa de por la mañana (creo que la televisión también funciona a esas horas), pero que tenía que defender una determinada postura pues ya tenían a otra persona para la contraria, les dije que tenía que terminar de probarme un traje en el probador de Zara. La verdad es que me llamaron al móvil cuando estaba casi desnudo. Y no me han vuelto a llamar, pero el pantalón y la chaqueta de lino me quedan de cine, y así me seguirán quedando, aunque en esta foto esté con cholas y pantalones cortos.
 
Nunca me he dejado llevar por los cantos de sirenas de Ulises y los de las hijas del Rin de Wagner, pero me gusta mucho su música:
 

sábado, 1 de agosto de 2026

"Ser guapo o feo".


 

"El deseo de amor al que mi corazón estaba envuelto / extendió ante mis ojos una gran niebla / y robó la razón a mi tierno pecho".

Estos son unos versos del poeta Arquíloco de Paros, que vivió entre los años 712 y 664 aC. Nietzsche lo llamó poeta dionisíaco o lírico en "El nacimiento de la tragedia", en contraste con Homero que sería un poeta épico o apolíneo, y a mí no deja de sorprenderme que ya se pudiera escribir tan bien hace casi treinta siglos. Aprovechando que tal vez alguien vuelva a leer en este mundo globalizado los 24 cantos de "La odisea" y "La Ilíada", los dos poemas de Homero que se han puesto de moda gracias al cine, al que sigo aplaudiendo, no estaría de más que leyéramos uno de los libros más interesantes de mi vida, "El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música" (1872), el primer libro de Nietzsche donde presenta una visión revolucionaria de la cultura griega antigua y critica la decadencia de la sociedad occidental contemporánea. Considera que el arte y la cultura griega evolucionaron gracias a la tensión entre dos fuerzas espirituales y estéticas opuestas. Lo apolíneo (Apolo) es la luz, la razón, el orden, la medida, la armonía y la individualidad. Se expresa principalmente a través de la escultura y la arquitectura. Lo dionisíaco (Dioniso) es el caos, la embriaguez, el exceso, la pasión, la música y la disolución de la individualidad en la unidad primordial de la naturaleza. La tragedia griega clásica (sobre todo de Esquilo y Sófocles) surgió de la unión de ambas fuerzas, que se rompió con esa idea moderna de que todo debe ser lógico para ser bello, lo que extirpa la fuerza vital del arte y da inicio a la decadencia de la cultura occidental.

¿Mis amigos y amigas me veis guapo o feo en términos de Nietzsche en esta foto del otro día en un parque cercano a una Universidad?

Lo que en ningún caso voy a dejar es de leer, escribir y escuchar música, por ejemplo la que tanto le gustaba a Nietzsche ahora que estamos en plena temporada de verano de Wagner:

https://www.youtube.com/watch?v=XdqRLSWXDlM

viernes, 31 de julio de 2026

"La Odisea de Nolan, una película muy divertida".


 

¿Quién no ha querido jugar de niño a los romanos, con tu armadura, tu casco, tu escudo y tu espada? Recuerdo cuando vivía en Mallorca de niño y los Reyes Magos me trajeron todas estas cosas. Lo pasé estupendamente luchando contra olivos e higueras. Años después me fui al planeta de los simios con Charlton Heston y terminé en la playa jugando con la estatua de la libertad, como el caballo de Troya. Decía Vicente Cristóbal, el catedrático de Latín y poeta que me dio la asignatura de Tradición Clásica en la Complutense y me examinó de esta historia, junto a "La Ilíada", "Las metamorfosis", las "Odas" de Horacio, "La Eneida" y obras posteriores que las han reinterpretado, que deberíamos reivindicar cualquier acercamiento a los clásicos. Le gustó mucho la "Troya" de Petersen y supongo que le habrá gustado también "La Odisea" de Nolan. Me lo pasé de miedo ayer por la tarde en el cine durante casi tres horas pues es una película contemplativa y con cierta lentitud, como las que me gustan. He leído que algunos filólogos muy exigentes y puristas de diverso pelaje están criticando esta película, buscando fallos e inexactitudes con relación a Homero. Eso es que no han leído el Ulises de Joyce, que es la más compleja, inteligente y literaria recreación de esta obra, o ya no se acuerdan de "Centauros del desierto", la obra maestra de Ford. Nolan hace una interpretación "cristiana", como también la hacen Joyce y Ford, pero esto no me parece ni mal ni bien. Da un sentido a su película y acaba siendo coherente, como pedía Aristóteles para la tragedia. Tanto me gustó la película que al final volví a ser un héroe de la Edad Media luchando contra el dragón de la fotografía.

Este es el tráiler:
 
Mientras me tomo el primer café de la mañana, me imagino que me como unas flores de loto y aparezco en Dublín o el Monument Valley por arte de magia o quizá en Trieste y en medio de una sala de cine, a oscuras, como cuando era niño en el cine de Felanitx.
 
En fin, cosas de la literatura.


jueves, 30 de julio de 2026

"Regreso al Valle del Tiétar"


 


Ayer pudieron volver a sus casas los habitantes de los pueblos del Valle, tras el incendio. Y yo lo hice con la imaginación y la literatura. Alguien me ha contado que un adolescente se subía para leer a las torres de ese castillo medieval donde dicen que lucharon durante siglos los moros y los cristianos. El muchacho lo hacía por la mañana en alguno de aquellos largos veranos que iban de junio a septiembre, y por la noche se subían los mayores para fumar y amarse. Eran los cálidos veranos de Galdós, de Stevenson, de Lamartine, de Dumas. También aseguran que en aquel castillo hay túneles que conectan las infancias y las adolescencias de todos los jóvenes de este mundo. Los seres humanos somos como un río, como el que pasa debajo de ese puente de la foto en el que me he sentado tantas veces a leer y a escuchar música. La música me alimenta, como el agua de los ríos en su deshielo. He recorrido medio mundo, pero siempre vuelvo a algunos rincones que pertenecen a mi imaginario particular lleno de lugares como La Adrada, Taganana, Masca, Portbou, Ribadesella, el Sáhara, Guadalest, Altea, Puskhar, Grange-over-Sands, el Albert Hall, Saint-Germain-des-Prés, Galway, Triestre, Venecia, Manhattan. No sigo, pues llenaría varias páginas con tantos sitios marcados por la suela de mis zapatos. Son las huellas de mis lugares favoritos, la música que me ha acompañado en cada viaje, en cada latido, en mi forma de ver el mundo. Hacía tiempo que no escuchaba varias horas seguidas la música del inglés Ralph Vaughan Williams (1872 - 1958), y ayer me la llevé en el coche. La escuché por primera vez en directo en el Albert Hall de Londres hace años. En esa época mi mente había asimilado la tradición germánica (el poder de la mente es increíble) llena de Bach, Gluck, Händel, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelsshon, Liszt, Schumann, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss y Bruckner y ya estaba preparada para comprender a Schönberg, Berg y Webern. El agua rebosaba el cauce de mi propio río interior y no me perdía ningún concierto de música clásica contemporánea en el Auditorio de Madrid o el de cualquier ciudad en la que me quedara a dormir (lo primero que preguntaba al encargado del hotel era si había algún concierto aquel fin de semana). Y de improviso apareció la "Fantasía Tallis". Recuerdo la tarde en la que atravesé el Valle del Tiétar escuchándola. No estaba en la catedral de Gloucester, pero sé que alguien me dijo estas palabras: "Why fum'th in fight the gentiles spite?" Es la tercera de las nueve tonadas de salmo para el salterio del arzobispo Parker, de Thomas Tallis (1505-1585). Sé que Vaughan Williams se inspiró en ella para esta fantasía, como hizo más veces con la música inglesa del Renacimiento:
 
Y esta es la delicadísima obra de Vaughan Williams:
 
Ayer el Valle del Tiétar volvió a llenarse de vida, y es como si yo lo hubiera visto con mis ojos nuevos