domingo, 17 de mayo de 2026

"Un Lope protofeminista".


 

El escritor madrileño sabía mucho de mujeres, entre otras cosas, por la gran cantidad de amoríos que tuvo en su vida. En los últimos años nos habló de Laura, una mujer que quería convencer a su entorno de los valores de la mujer y sus capacidades físicas e intelectuales que no desmerecían a las de los hombres, en una sociedad no preparada para ello. Ayer por la noche me lo contó en el coqueto Teatro de la Comedia de la calle Príncipe, al lado de la Plaza Santa Ana que tanto me gusta. Laura es una mujer culta que, tras sufrir el desprecio y los engaños de los hombres, renuncia al amor para vengarse de quienes lo han convertido en un instrumento de abuso. Su objetivo es poner en pie una escuela de mujeres para enfrentarse a los galanes que la rodean usando el lenguaje y su inteligencia para desenmascarar su vanidad, su inconstancia y su hipocresía. Ella controlará así el juego amoroso, cuestionando la superioridad masculina. Pero esta historia se complicará en el momento en el que los hombres, heridos en su orgullo, intenten recuperar el control de la situación, lo que genera un cúmulo de equívocos y conflictos resueltos con humor. Y al final triunfa el amor, como Dios manda. Aunque se sea feminista, incluso muy feminista, nadie puede sustraerse al poder del amor y del sexo. No es que yo sea tan experto como Lope en estas cuestiones, pero me parece que es así.
 
Y, por supuesto, qué bien escribía este hombre en 1621 y qué bien nos lo cuentan los actores del Teatro aragonés del Temple:
 
Por cierto, las croquetas y patatas bravas de antes de la obra en la Cervecería Alemana de la Plaza Santa Ana a la que he ido toda la vida estaban muy ricas. Ahí al lado situé la librería donde transcurre mi novela "Las mentiras inexactas".
 
Pasear, tomar el sol, escribir, ver y escuchar teatro y hasta tomarte una cerveza. ¿Que por qué escribo? Es obvio, porque la vida es muy divertida.

sábado, 16 de mayo de 2026

"El Café de Rick y la tertulia de Justo".


 

Nuestra próxima tertulia será on line y he pensado que la podíamos dedicar al mismo asunto que el martes pasado en el Hotel Indigo (en la segunda foto), a la crítica literaria actual. Así podré escuchar la opinión de mis amigos de fuera de Madrid. Hablando de la tertulia, el otro día el reconocido poeta argentino Hector Berenguer escribió:
"Ese lugar que has ido gestando para debatir ideas y arte me parece uno de los logros más importantes de los últimos tiempos en la medida de que he sido consciente de la igualdad de oportunidades, de las palabras en la diversidad. Es realmente algo magnífico que celebro desde la otra orilla. Gracias Justo Sotelo por todo lo bueno que haces por la humanidad que es allí donde hay que trabajar. Sé que tu problema no es el culto a la personalidad, son las ideas, eres un verdadero juglar de las ideas. Una persona que tiene cultura y humor tiene verdadera inteligencia superior, no artificial. Has nacido para dar nota de la experiencia humana más alta, el arte".
 
En "Casablanca" todo el mundo iba al Café de Rick/Bogart a tomarse algo, charlar, jugar y lograr salvoconductos que llevaran a la libertad. Algo parecido ocurre con nuestra tertulia, donde la gente va porque quiere, donde no se cobra la entrada y la única condición es hablar de literatura y libertad. Por eso me tomo el primer café de la mañana y pido a Sam que vuelva a tocar la mítica canción.
 
"Play, it, Sam": 
 
Y luego que la chica guapa se quede con quien quiera:
 

viernes, 15 de mayo de 2026

"¿Los madrileños somos tan chulos?"


 
Nietzsche se enamoró del género chico español tras su desengaño de la ópera wagneriana. En diciembre de 1888, en Turín, asistió a la representación de "La Gran Vía", de Chueca y Valverde, obra que le entusiasmó tanto que la vio dos veces seguidas. Ayer me enteré de que hoy es San Isidro, el patrón de Madrid. Con estas cosas me hago un lío puesto que para mí todos los días son fiesta e incluso alguna vez he ido a clase y me he encontrado la Universidad cerrada porque era fiesta. Si es que nos somos nadie. Confieso que una vez estuve en la pradera de San Isidro y admito que me gustan las rosquillas de San Isidro, sobre todo las listas (no las de libros, claro, pues soy una persona inteligente) y las de Santa Clara, aunque sé que engordan y luego no me puedo meter la camiseta por dentro del pantalón. Por lo demás sé que el alcalde es del Atleti y que pude tenerle de alumno en Icade, ya que estudió ahí, y que la presidenta de la comunidad es una chica guapa que igualmente podría haber sido mi alumna, en su caso en la Complutense. Pero, vamos, yo celebro todas las fiestas, de cualquier país y religión, y si voy a Cataluña me pongo a bailar la sardana y me tomo un "pantumaca", en París un "café au lait" con un cruasán recién hecho mientras paseo por el Sena y en Baviera bebo una cerveza escuchando a Wagner. La culpa la tuvo Ortega que me enseñó en la adolescencia que hay que ser ciudadano del mundo. Al mediodía suelo tomarme un vermú con aceitunas y patatas fritas, como hice ayer y repetiré hoy, quizá paseando por Chueca, que da nombre a uno de los barrios más divertidos de Madrid:
 

miércoles, 13 de mayo de 2026

"Dos escritores bajo la lluvia".




La tertulia de ayer en el barrio de Argüelles de Madrid sobre la crítica literaria fue divertidísima y de nuevo nos tiramos, como Dios manda, los trastos a la cabeza, pero sin que la sangre llegara al río, jeje, en este caso al Manzanares. Al principio de nuestra charla me puse en plan profesor hablando de los paradigmas de la crítica literaria como marcos teóricos que evolucionaron para analizar la literatura desde el autor, el texto, el lector o el contexto sociohistórico. Y en ese sentido hablé de los paradigmas clásico o mimético, romántico, formalista y estructuralista, hermenéutico, psicológico y simbólico, y Mariwán hizo bien en cortarme el rollo académico, como Lola, que, por cierto, vino acompañada de Pilar, una nueva tertulia, encantadora y jurista a la que le gusta mucho leer. María Victoria además de invitarme a una manzanilla nos confesó que con sus nietos lee mis posts de esta red social, lo que también hace Begoña con sus hijos, según comentó. Mariwán estuvo tan espiritual y espléndido como siempre, igual que Ignacio, José Antonio, Mercedes, Vicente y Carmen. Y al final llegó nuestra poeta Isabel, que estuvo un rato con nosotros y dijo que la tertulia es estupenda y que cada vez le gusta más, pues en ella habla y discute todo el mundo. A las ocho de la tarde cayó un chaparrón en Madrid e Isabel me brindó su paraguas. Caminamos un rato y al final terminamos charlando en una esquina, bajo la lluvia. Un rato después Francisca me envió un pequeño video desde Sevilla con un cuento de Borges. Paqui es tertuliana on line y forma parte de nuestra gran familia:
 
Como diría Borges, la literatura es universal y gracias a ella podemos contarnos todos los secretos del Universo. Y por eso sigo haciendo tertulias literarias, para estrechar la mano de mis amigos y besar a mis amigas, como hice con Isabel antes de que se subiera a un taxi, como habría hecho Borges. Es la escritura del jaguar, de Borges y Hemingway, de la propia literatura

martes, 12 de mayo de 2026

"Hoy en nuestra tertulia analizaremos el estado de la crítica literaria en España y en el mundo".


 
A las 18.15 me reuniré con mis amigos tertulianos en el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo 4, en pleno centro de Madrid, para hablar de la crítica académica y la de los medios de comunicación actuales. O de su inexistencia. Mi amiga María Victoria Huertas, fiel tertuliana desde hace muchos años, escribió ayer un interesante comentario por aquí, aludiendo a la cita de la página 7 de uno de mis libros de relatos en el que recojo unas palabras de mi maestro de crítica literaria García Berrio y de Teresa Hernández hablando del antropólogo y crítico de arte francés Gilbert Durand:
 
"Ayer en tu libro "Cuentos de los otros" encontré esta cita: "Durand, en su libro "Las estructuras antropológicas de lo imaginario", divide los símbolos y los mitos del hombre en tres grandes regímenes: diurno o postural, nocturno o digestivo y copulativo o amoroso (...) El diurno es la exploración como adquisición de la conciencia del espacio exterior, el nocturno como anulación del espacio y el copulativo que funde los dos regímenes anteriores, el tiempo y el espacio". 
 
Estas palabras explican mi libro donde parece que cuento historias, aunque en realidad es otra cosa, y comienza con un recorrido por las dunas de África (como en la película "El paciente inglés) o del cuerpo de la mujer y su régimen nocturno. Después María Victoria compartió esta fotografía. Esta tarde abriré la tertulia con mis amigos con estas palabras. Ahora me tengo que ir a un examen en la facultad mientras escucho a George Michael. Como me dijo uno de mis profesores de crítica literaria de la Complutense, Fernando Rodríguez Lafuente, al regresar de un pueblo de Toledo, donde habíamos participado los tertulianos de entonces en un cine club apoyando a mi querido José Ángel a través de la película "Mi pie izquierdo", "Justo, eres un sentimental":
 
Por cierto, la película del irlandés Jim Sheridan interpretada por un inmenso Daniel Day-Lewis habla de Christy Brown, un joven irlandés que vive con parálisis cerebral desde su nacimiento (como mi amigo José Ángel). Pese al rechazo social que sufre diariamente, Christy aprende a escribir y pintar usando la única parte de su cuerpo con sensibilidad, su pie izquierdo.

lunes, 11 de mayo de 2026

"¿Existe Justo Sotelo?"


 
"Te has convertido en una especie de "personaje" a mitad de camino entre la realidad y la ficción, como hicieron ya antes, con notable éxito, Dalí, Borges o Andy Warhol".
 
Escribió ayer por aquí el poeta y profesor Pedro López Lara. Pedro es un tipo interesante, de gran cultura y una atractiva ironía que me cae bien. Es filólogo y ha sido profesor de literatura en la Complutense y es un estimable poeta. En noviembre del año pasado me acerqué con Almudena Mestre a la presentación de su obra poética completa en la Librería Sin Tarima de Antón Martín, y saqué esa foto.
 
El caso es que no voy a quitar la razón a Pedro, pero no exactamente en el sentido en que él lo ha dicho. Siempre me he tomado esta vida como si fuera una película o una novela. Todo me provoca curiosidad y me puedo convertir en el Bogart de "Casablanca" (hace unos días me preguntaron algunos alumnos qué película era mi favorita de la historia del cine y dije que esta), el Darín de "El secreto de sus ojos", el Power de "El filo de la navaja", el Pacino de "El padrino" o el Gable de "Lo que el viento se llevó". Y lo mismo me sucede con el Gabriel Araceli de la primera serie de los "Episodios Nacionales" de Galdós, el príncipe Mishkin de "El idiota" de Dostoyevski o el Hemingway de "París era una fiesta". También me gusta el Andrés Hurtado de "El árbol de la ciencia", de Baroja, otro de los libros de mi vida que sigue por ahí, en un rinconcito de mi mente. 
 
Y como me gustan mucho las técnicas circular y de "mise en abyme" en una novela (y en cualquier libro), recuerdo que Hurtado estudió Medicina en el viejo edificio de la calle Atocha. De esta forma recorro esa calle desde la Cuesta Moyano -con las librerías de viejo donde compré "Rayuela" siendo un adolescente- hasta la librería de la foto, pasando por el Monumental, donde escucho tanta música, como una sinfonía de Mahler cuando se convirtió en la sede de la Orquesta de RTVE: 
 
No me importaría ser La Maga (en mi caso El Mago) para alguna escritora. Después de todo, como ha dicho Pedro López, a lo mejor soy un personaje de película o de novela.

"¿Para qué sirve un crítico literario?"


 
Es la pregunta que voy a hacer a mis amigos tertulianos el próximo martes en el Hotel Indigo, a las 18.15. Cuando me dio por estudiar la carrera de Crítica o Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense tras hacerme catedrático de Política Económica lo que quería era distraerme y pasarlo bien con los mejores escritores de la historia de la literatura. Ya sabía que un crítico literario está al servicio del medio de comunicación que le paga para que escriba la reseña, sean radios, periódicos, televisiones, etc., pero me resultaba interesante saber qué opinaban algunos de los críticos importantes de este país, como Santos Alonso, Antonio García Berrio o Fernando Rodríguez Lafuente, que serían mis profesores. Después fue bonito encontrar a gente de todo el mundo estudiando literatura española en uno de los másteres que estudié tras la carrera, lo que reafirma la idea de lo anacrónico que resulta ser nacionalista y localista en este mundo y estos tiempos. Aquello parecía la ONU, como decíamos en broma, con estudiantes de China, Chipre, Holanda, Italia, Camerún, Turquía, Uruguay, Argentina, España y hasta uno de Chamberí. Allí estaba el doctor Patrick Toumba, que se enamoró de mis novelas y con el paso de los años escribió el ensayo de crítica literaria "El amor líquido en las novelas de Justo Sotelo" (2023, Bartleby). Y es el que tengo en la mano mientras me tomo un yogurt helado llaollao, jeje. El problema es que como me gustan mucho los helados, la horchata y el batido de coco, a lo mejor termino echando un poco de barriguita y pierdo "sex appeal", jeje. 
 
Pero, bueno, qué le vamos a hacer. La vida son dos días y mientras me tomo el primer café del domingo suena la música que escuché ayer en el Teatro Real sobre Romeo y Julieta de Shakespeare con el Real Ballet de Suecia y Chaikovski:
 
Y este es el romántico poema sinfónico que atraviesa toda la velada: