domingo, 6 de septiembre de 2026

"Los domingos, poesía".


 
En realidad la poesía está por todas partes, en los libros, la música, el amanecer, la mirada de ella. El mero hecho de abrir los ojos cada día al mundo ya me parece un acto poético. Hoy me he levantado muy romántico (también como todos los días) y me he acordado de unas palabras que me escribió este verano Toñy Toro Garrido, una amiga virtual de hace muchos años:
 
"Justo, despiertas todos los sentidos".
 
"Anoche estuvimos paseando por Moguer después de ver una obra de teatro y me acordé de ti al pasar delante de la casa natal de Juan Ramón Jiménez e hice exclusivamente, para ti, esta foto".
 
Tras leer a Toñy, una mujer muy sensible que vive en Huelva aunque es de Almendralejo, la romántica tierra extremeña de Espronceda y Carolina Coronado, recordé que cuando era adolescente solía llevar en el bolsillo de la chaqueta (siempre me han gustado las chaquetas) un libro de poemas de Juan Ramón, "Arias tristes" (1903), la de una época marcada por la sensibilidad, la música y la melancolía, tres palabras que me gustan mucho, donde se pueden leer poemas como este:
 
Viene una música lánguida,
no sé de dónde, en el aire.
Da la una. Me he asomado
para ver qué tiene el parque.
 
La luna, la dulce luna,
tiñe de blanco los árboles,
y, entre las ramas, la fuente
alza su hilo de diamante.
 
En silencio, las estrellas
tiemblan; lejos, el paisaje
mueve luces melancólicas,
ladridos y largos ayes.
 
Otro reló da la una.
Desvela mirar el parque
lleno de almas, a la música
triste que viene en el aire.
 
El tiempo fue pasando; incorporé muchos escritores a mi biblioteca, pero seguí leyendo a Juan Ramón. En cierto momento llegué hasta su poema "Espacio", la obra maestra de la poesía española del siglo XX, así como a los poemas de Pound y Eliot, y comprendí dónde está la calidad en la poesía. Por eso, mientras me tomo el primer café, os invito, amigos y amigas, a que escuchéis conmigo sus poemas en este disco, con las voces de Berta Riaza, Fernando Fernán Gómez y Agustín González, y la música de Federico Mompou, el compositor barcelonés de una obra, "Música callada", que me gusta mucho y se inspira en los versos de San Juan de la Cruz:
 
No me hubiera importado invitar a Juan Ramón y a San Juan de la Cruz a mi tertulia literaria. Les hubiera preguntado si también les gusta despertarse escuchando estas hermosas folías españolas, de Marin Marais, para viola de gamba, que escuché por primera vez en la película "Todas las mañanas del mundo":
 

sábado, 5 de septiembre de 2026

"Farmeando aura".


 
Ahora que empieza la Universidad, no sé por qué voy a ser menos que mis alumnos. Por eso a mí también me divierte "farmear aura". Este fenómeno ha saltado de las pantallas al mundo físico en ciertos países como Brasil, Colombia, México, Argentina y España. Así los jóvenes se reúnen en las plazas públicas para competir en "batallas de aura". Se colocan cara a cara en círculos y realizan poses (como el famoso "gesto six-seven"), caminatas exageradas, miradas fijas o coreografías de los videojuegos. El público aplaude para determinar quién posee la mayor presencia y quién gana cada ronda. Aunque a menudo roza el absurdo o genera "vergüenza ajena" en los adultos, los participantes lo adoptan como una forma divertida de expresión, unión y pérdida del miedo al ridículo. Y ahí estoy yo, o estuve ayer por la tarde, delante de un cartel con una de las palabras que más me gustan del diccionario. Podría preguntarme, mientras me tomo el primer café de este sábado de verano tan agradable, si a lo mejor yo también estoy haciendo el ridículo, aunque, pensándolo bien, nunca he sabido que es eso exactamente. En fin, lo dejaré en "six-seven" y ya me diréis mis amigos y amigas si he ganado esta ronda. Y seguiré saboreando mi café y escuchando una música que me transporte a La Habana, como algunas de las páginas de mi novela "Las mentiras inexactas", y su idea de que el amor quizá no tenga edad. ¿Se puede enamorar una mujer de cerca de sesenta años de un muchacho de veintitantos, que fue su alumno de Filología en la Complutense a la vez que estudiaba a Borges, Saramago, Alberti o Sampedro, que se enamoraron de mujeres mucho más jóvenes que aparecen en esta novela? ¿Y ser correspondida? 
 
Sí, me gusta hacerme fotos delante de la palabra amor; bueno, en realidad lo que más me gusta es hacerlo. En realidad los escritores siempre estamos "farmeando aura", incluso en la cama.

viernes, 4 de septiembre de 2026

"Ya que es viernes".

 

 
Después de publicar cinco novelas, como he venido contando este verano, en 2015 pensé que podía abordar otros géneros literarios. La IA y yo hablamos, en una entrevista en TV, de mi primer libro de relatos, los "Cuentos de los viernes" que publiqué con Bartleby. 
 
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Esto es lo que dice la IA entre otras cosas: 
 
"Cuentos de los viernes (2015), del escritor y economista español Justo Sotelo, es una obra de microficción que explora el misterio del amor contemporáneo y la creación literaria. El libro recopila relatos breves que originalmente nacieron como entregas semanales en el "Diario Progresista". Destaca por su alta carga intelectual, lirismo y enfoque posmoderno. 
 
1. Estructura narrativa: Tres etapas de una fusión:
 
La obra está dividida de forma matemática y conceptual en tres partes progresivas (denominadas UNO, DOS y TRES), las cuales marcan la evolución de la pareja protagonista: 
 
• UNO (El Descubrimiento Físico): Los personajes exploran la realidad tangible. Se reconocen mediante el cuerpo, los sentidos, las miradas y la cotidianidad urbana. 
 
• DOS (La Transformación en Literatura): El plano real se mezcla con la ficción. Los amantes empiezan a convertirse en palabras y relatos, buscando la inmortalidad a través de la escritura. 
 
• TRES (La Eternidad Espiritual): Se produce el encuentro definitivo de sus almas. El tiempo y el espacio se diluyen, integrando a los personajes en un todo universal mientras el lenguaje mismo se extingue. 
 
2. Personajes universales:
 
El libro se sostiene únicamente sobre dos personajes universales: "él" y "ella". El autor los despoja a propósito de nombres propios, nacionalidades o identidades geopolíticas concretas. Esta técnica permite que cualquier lector se identifique con ellos, convirtiendo su relación en un arquetipo puro de las relaciones amorosas actuales.
 
3. Temas clave del análisis:
 
• La metaliteratura y el amor: Los protagonistas no solo se aman físicamente, sino que se aman a través de la literatura. Los escenarios suelen ser intelectuales (conferencias en la Sorbona, debates sobre Pedro Salinas, talleres de arte), donde el conocimiento y los libros sirven como el principal vehículo de seducción.
 
• Erotismo sutil: La sensualidad en la obra no es explícita ni vulgar. Sotelo maneja un erotismo leve, elegante y transparente que se funde directamente con el afecto y la complicidad intelectual. 
 
• La espacialización del tiempo: Es una de las apuestas teóricas del autor. En lugar de una narración cronológica lineal, el tiempo cronológico desaparece. Las historias se experimentan como fogonazos o instantáneas donde los personajes quedan suspendidos en un espacio eterno. 
 
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Y esto es lo que dije yo en una entrevista en TV, hace ya diez años, en un programa llamado "Los placeres y los días". En fin, cómo pasa el tiempo. Ahora tengo más barriga; voy a tener que dejar de comer pasteles y beber champán:
 

jueves, 3 de septiembre de 2026

"El libro, ese hermoso objeto a punto de desaparecer".


 


Leer despacio, escribir por uno mismo, perder el tiempo pensando, simplemente pensando. Cada vez estoy más convencido de que, si no leemos, en un futuro no tan lejano se hablará de aquel paréntesis de quinientos años en el que existió el libro, desde la invención de la imprenta de Gutenberg hasta la llegada de Internet. Nos lo avisaron Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury. En "Un mundo feliz" (1932), Huxley no afirma de manera explícita que los libros vayan a desaparecer por completo, sino que muestra una sociedad donde la literatura clásica y el pensamiento profundo se vuelven obsoletos e innecesarios. En "1984" (1949) Orwell imaginó un futuro donde el poder controla la información mediante la censura dura, prohibiendo los libros independientes, quemándolos o reescribiendo la historia para que coincida con los intereses del Estado. En "Fahrenheit 451" (1953) Bradbury presenta una sociedad en la que los libros sí están prohibidos y los "bomberos" tienen la misión de quemarlos para que la gente no piense de manera crítica. La idea exacta de que "nadie querrá leer libros" es una conocida interpretación del educador y crítico cultural norteamericano Neil Postman en su libro "Divertirse hasta morir" (1985), donde contrasta las interpretaciones de Huxley y Orwell. La gente ya no va a leer por el exceso de entretenimiento, la comodidad y la distracción constante, que destruyen la capacidad de pensar. En su opinión Huxley tenía razón. Y llegó Internet en un proceso que va desde 1969 a 1983. En 1991 apareció World Wide Web y las redes sociales lo hicieron a finales de los noventa, sobre todo con la creación de Facebook en 2004, que es la que cuenta con más usuarios en el mundo. Y ahora me tomo el primer café de esta mañana, escribo lo anterior y mientras lo hago pienso en ello. Como digo siempre a mis alumnos, a mis amigos de mi tertulia literaria y a todo el que me quiera escuchar, leamos libros, por favor, y además que sean libros difíciles, que nos hagan pensar y tengan diferentes lecturas, desde la más superficial a la más profunda, y supongan un esfuerzo. Soy de los progresistas (no de los que están de moda, por supuesto) que valoran el estudio y los méritos. Ayer la poeta y crítica de arte Efi Cubero dijo en un post de Almudena Mestre sobre mi libro "Un hombre que se parecía a Al Pacino" (estoy con él en la mano en esta foto que me envió el otro día Silvia López) que "Justo Sotelo es mucho Justo y requiere de muchas relecturas. Hay matices que se escapan, y hay que releer para fijarlos". Y es que quiero libros que me hagan pensar, incluso cuando los escribo yo. En mis clases no dejo de bromear y reírme con mis alumnos, pero soy implacable con el temario que les explico y tienen que aprenderlo porque lo digo yo. El día en que mis alumnos no me hagan caso, me largaré. Procuro contar los temas con sencillez, para que parezcan fáciles, aunque no lo sean en absoluto. Y lo mismo pienso de los libros. Un libro sencillo no es bueno como tal, lo que hay que intentar (a lo mejor lo consigo algún día) es que el libro bueno parezca sencillo. Esto también pasa con la música. La gran música es buena si lo es técnicamente ya que Bach, Mozart, Beethoven y Mahler se dejaron la vida estudiando. En este caso siempre recuerdo a aquel profesor de Geografía e Historia que tuve en el colegio con once años que nos comentó un día que la diferencia entre la música clásica y la comercial es que esta gusta mucho al principio, pero termina aburriendo al poco tiempo. Con la gran música ocurre lo contrario.

Como con esta ópera que se va a interpretar este mes en el Teatro Real:

https://www.youtube.com/watch?v=BnEPuYiOBoM&list=PLBRr-RlcHns32JAf7rQzWwMObqhuVyBQ8

miércoles, 2 de septiembre de 2026

"Tres exiliados".


 

En esta foto estoy leyendo la última novela de la escritora alemana Letitia Vladislav. Se titula "¿Por qué?" (2026, Diversidad Literaria) y es la historia de una lucha contra el suicidio cuando ves que la vida aún tiene sentido. Letitia escribe bien, con una aparente ligereza que no oculta la profundidad de su mensaje. Por eso la novela se lee con una gran facilidad, aunque después te deja pensando un tiempo, que es, exactamente, lo que pido a la buena literatura. De ella he leído su libro de cuentos "Herr Wang y el genitivo" (2024) y su novela "Nada" (2025). Nacida en Rumania, huyó del régimen de Nicolae Ceaușescu, se nacionalizó alemana y vive en Alicante desde hace unos años. No nos conocemos en persona, pero confía en mi opinión como "crítico literario independiente que no se casa con nadie en sus reseñas y su tertulia literaria" (así es como, por lo visto, me califica la IA). Letitia me envió la novela antes del verano y la estuve leyendo ayer por la tarde. Me gusta la dedicatoria que me puso porque no solo habla de mí, sino del mundo en el que vivimos.

Reproduzco este párrafo:

"Para Justo Sotelo, el escritor que me tendió la mano cuando todos me dieron de lado..."

Me gusta leer a la gente menos conocida, pero que tiene talento. Letitia sabe que no leo lo que dicta el mercado, ni los libros que se anuncian en TV, radio y otros medios de comunicación que siempre ocultan intereses económicos, como suelo contar a mis alumnos en la Universidad. Es más, procuro no leer ningún premio, incluidos los Nobel, aunque hice una excepción con la francesa Annie Ernaux, una exiliada interior. Me animé a leer una de sus novelas y le dedicamos un par de tertulias virtuales en 2022. Dos catedráticas de literatura francesa de la Complutense, Lourdes Carriedo y Dolores Picazo, discípulas de Javier del Prado, me convencieron de su valor o, mejor, de su originalidad, de que todavía una escritora actual puede aportar algo después de Woolf y Morrison, por ejemplo, y "construir" (no copiar como casi todos) unos mundos realmente originales.

Mientras me tomo el primer café y escribo lo anterior, me viene a la cabeza una obra sinfónica de otro exiliado, Kurt Weill. Su Segunda sinfonía combina la sofisticación armónica con melodías directas y expresivas, y se aleja del expresionismo más radical de su etapa juvenil. Fue escrita en 1934, justo cuando Weill huía de la Alemania nazi y se encontraba en el exilio en París antes de trasladarse hasta los Estados Unidos:

https://www.youtube.com/watch?v=zmKsoqXFbnQ

A veces la vida se parece a una ópera de tres centavos.

martes, 1 de septiembre de 2026

"La 7ª diferencia".

 

Ayer me escribió una alumna del año pasado para comentarme que uno de mis posts les había interesado especialmente a ella y a unos amigos (lo habían leído en LinkedIn) y que lo estuvieron discutiendo este fin de semana. Leí el Wasap en el móvil mientras paseaba por una playa de nudistas tan ricamente. Pero de eso no voy a hablar. En concreto los jóvenes (mis alumnos tienen alrededor de 19 años) se habían pasado un buen rato hablando de la 7ª diferencia en el juego que planteé de las 7 diferencias entre los dos tipos de la fotografía. Creo que este post lo escribí a primeros del mes pasado y en esa red de LinkedIn tuvo miles de visitas:
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Y hoy me he despertado con un café, como siempre, buscando las 7 diferencias del juego clásico que nos encontrábamos cuando había prensa en papel:
 
1. Él es más alto que yo.
 
2. Él es más guapo que yo.
 
3. A él le gusta el cantante Quevedo, que no sé quién es. A mí me gusta el escritor, obviamente.
 
4. Los dos somos progresistas, aunque creo que no hablamos del mismo progreso.
 
5. Le pude haber dado clase en un centro universitario privado del Escorial, donde estudió, ya que me ofrecieron dar clase allí, pero nunca lo hice.
 
6. Cuando asesoré al PSOE madrileño junto a mi amigo Antonio Carmona, nunca nos vimos en la plaza de Callao, en el centro de Madrid.
 
7. Esta la dejo en blanco.
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Mi alumna dijo que la 7ª diferencia tenía que ver con los conceptos de "auctoritas" y "potestas" del Derecho Romano que explican cómo funcionaba el poder en la sociedad. La diferencia principal es que la potestas es el poder legal para mandar y la auctoritas es el respeto moral que hace que la gente obedezca de forma voluntaria. Y añadió que a sus amigos y a ella les hubiera gustado de verdad que yo fuera el presidente de gobierno. Entonces le respondí que me alegraba que recordara la diferencia entre esos conceptos, que les expliqué un día en clase, pero que si no soy poeta, menos aún soy un político, y que lo que me gusta es pasear por la playa y ver anochecer, y que suene una música como esta:
 

lunes, 31 de agosto de 2026

"Hoy voy a hablar de poetas, ya que se acaba agosto".


 
Ayer vi una película colombiana de 2025 que todavía no había visto y que me recordó a algunos amigos poetas que he tenido en mi vida, encantadores perdedores que vivían de otra manera. Ni que decir tiene que siempre he preferido tomarme un café con ellos que con los triunfadores que venden su alma al diablo para llevarse premios, fama y dinero (tengo alergia a los grupos de poder, de los políticos, editoriales, medios de comunicación y escritores que se lo reparten todo, aunque sean mediocres). Esta película cuenta, entre el humor y el drama, la historia de Óscar Restrepo caminando de un lado a otro por la ciudad de Medellín, interpretado por un convincente Ubeimar Ríos que no conocía, como tampoco al director de la película Simón Mesa Soto. Óscar es un tipo de cincuenta y tantos años, envejecido, lunático, errático, separado, con una hija a la que adora, pero que no sabe cómo decírselo, y que bordea el alcoholismo y la frustración. A pesar de que publicó algunos libros en su juventud, en el presente está desempleado, vive con su madre y arrastra el estereotipo del poeta perdedor. Presionado por su familia, consigue un trabajo como profesor en un colegio, donde conoce a Yurlady, una adolescente de origen humilde con gran talento para la poesía. Al intentar abrirle las puertas de los círculos literarios, lo que Óscar busca es una segunda oportunidad para trascender, aunque exponerla al mundo poético no resulte como él esperaba. En realidad nunca dejaría de ser un poeta triste que quería escribir un poema feliz.
 
Estas son algunas escenas: 
 
En los títulos de crédito del final de la película, Jeanette nos canta su "corazón de poeta": 
 
De joven me lo cantaban algunas chicas, pero como no soy poeta solo me quedé con el corazón (bueno, mi corazón se lo quedaron ellas, claro).