- Te llamas Justo, ¿verdad? Me diste clase hace años en el CEU.
- Sí, me acuerdo de tu cara. ¿Cómo te llamabas?
- Stefanía. Tú estás igual, es como si el tiempo no hubiera pasado por ti. Una vez dijiste en clase que me parecía a Gina Lollobrigida, ¿te acuerdas?
- Te sigues dando un aire a ella.
- Todavía conservo la novela que me firmaste en la Feria del Libro del Retiro.
Ayer dejé al personaje de Woody Allen corriendo por las calles de Manhattan para intentar impedir que se fuera a Londres la chica que interpretaba la nieta de Ernest Hemingway. Después me encontré a Stefanía, una ex alumna italiana y alta directiva de una empresa muy conocida a la que comenté en su día que me recordaba a una actriz italiana. Charlamos un rato y me dijo que no me había conseguido olvidar a pesar de que habían pasado muchos años desde que le di clase y que todavía guardaba la novela que le firmé en una Feria del Libro del Retiro. Al despedirnos le comenté que iba a sacarle una fotografía de película, como si escapara de una película de verdad de Allen, Wilder o Edwards (pensaba en los finales de "Manhattan", "El apartamento" y "Desayuno con diamantes"). Nos dimos dos besos y dijimos que a lo mejor nos encontrábamos cualquier día por alguna otra parte. La vida es una película tan poética como divertida que me gusta vivir. Llevo unos días inmerso en la lectura de una novela de mi profesor y amigo Ángel García Galiano sobre Venecia y varios lugares de Italia. Tres mujeres italianas, Elena, Giovanna y Ana, me están contando su vida, desde Milán y Venecia hasta el sur de Italia, como me la acaba de contar en los cines Renoir el director Francesco Sossai, con "La última ronda en Venecia", una celebración gozosa de la amistad, el alcohol y la arquitectura, y que me ha reconciliado con el cine. Este es un tráiler de la película que ha sido un éxito en Italia:
https://www.youtube.com/watch?v=J_wXYs6hgCk
Me parece que no voy a tener más remedio que darme una vuelta por Amalfi con alguno de mis trajes de lino:
https://www.youtube.com/watch?v=BLEdysTwz3E&t=819s
El Blog de Justo Sotelo
Un diario para el siglo XXI
domingo, 20 de septiembre de 2026
"La vida es como una divertida y poética película (italiana)".
sábado, 19 de septiembre de 2026
"Woody en Madrid".
viernes, 18 de septiembre de 2026
"Vuelven las tertulias literarias el próximo martes".
Como no puedo evitar ser un romántico empedernido, este próximo martes he quedado con mis amigos y todos los que quieran pasarse a las 18.30 por el Hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4 (en el metro de Argüelles) para hablar de esa cosa tan "inútil" llamada literatura y de esos objetos que algunos dicen que están a punto de desaparecer, los libros, además de cualquier otra cosa relacionada con el arte, el cine, la pintura, la arquitectura, etcétera. Y para tomar carrerilla, ayer ya quedé a desayunar en su barrio de Barajas con Almudena Mestre, que no ha faltado a la tertulia desde que se incorporó en 2014 en el Café Este o Este de Mariwán Shall. Son más de treinta años haciendo tertulias, primero en las diversas Universidades donde he dado clase y luego en Cafés como Ruiz, Este o Este, Puro Teatro, Gijón, Manolo y ahora en este clásico hotel de Argüelles que antes se llamaba Tirol, un lugar que se hizo famoso por sus cócteles y porque ahí se reunían algunos intelectuales para intentar terminar con la dictadura. Y en cierto momento Almudena me preguntó por mis trajes, como este de lino que llevo en el selfie que hice sobre la marcha. Que dónde me los compro. Que de qué color me gustan. Que si son muy literarios y me quedan muy bien, según ella. A la vuelta estuve escuchando la Novena sinfonía de Bruckner por la M-40, mientras veía lo bonito que está Madrid a punto de llegar el otoño:
https://www.youtube.com/watch?v=swULVZ5zLkM
Con la Novena termina el ciclo de las sinfonías de Bruckner que he escuchado seguidas. Como todo lo que escribo tiene que tener un ritmo musical, siempre escucho las colecciones completas de cada músico, de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Verdi, Wagner, Puccini, Mahler, etcétera.
Quizá por mis venas no corra la sangre, sino notas musicales, porque todo lo veo y lo escribo desde la música, como si el mundo fuera una gran sala sinfónica donde Leonard Bernstein me guiñara un ojo.
A lo mejor la felicidad tiene que ver con todo esto.









