jueves, 30 de julio de 2026

"Regreso al Valle del Tiétar"


 


Ayer pudieron volver a sus casas los habitantes de los pueblos del Valle, tras el incendio. Y yo lo hice con la imaginación y la literatura. Alguien me ha contado que un adolescente se subía para leer a las torres de ese castillo medieval donde dicen que lucharon durante siglos los moros y los cristianos. El muchacho lo hacía por la mañana en alguno de aquellos largos veranos que iban de junio a septiembre, y por la noche se subían los mayores para fumar y amarse. Eran los cálidos veranos de Galdós, de Stevenson, de Lamartine, de Dumas. También aseguran que en aquel castillo hay túneles que conectan las infancias y las adolescencias de todos los jóvenes de este mundo. Los seres humanos somos como un río, como el que pasa debajo de ese puente de la foto en el que me he sentado tantas veces a leer y a escuchar música. La música me alimenta, como el agua de los ríos en su deshielo. He recorrido medio mundo, pero siempre vuelvo a algunos rincones que pertenecen a mi imaginario particular lleno de lugares como La Adrada, Taganana, Masca, Portbou, Ribadesella, el Sáhara, Guadalest, Altea, Puskhar, Grange-over-Sands, el Albert Hall, Saint-Germain-des-Prés, Galway, Triestre, Venecia, Manhattan. No sigo, pues llenaría varias páginas con tantos sitios marcados por la suela de mis zapatos. Son las huellas de mis lugares favoritos, la música que me ha acompañado en cada viaje, en cada latido, en mi forma de ver el mundo. Hacía tiempo que no escuchaba varias horas seguidas la música del inglés Ralph Vaughan Williams (1872 - 1958), y ayer me la llevé en el coche. La escuché por primera vez en directo en el Albert Hall de Londres hace años. En esa época mi mente había asimilado la tradición germánica (el poder de la mente es increíble) llena de Bach, Gluck, Händel, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelsshon, Liszt, Schumann, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss y Bruckner y ya estaba preparada para comprender a Schönberg, Berg y Webern. El agua rebosaba el cauce de mi propio río interior y no me perdía ningún concierto de música clásica contemporánea en el Auditorio de Madrid o el de cualquier ciudad en la que me quedara a dormir (lo primero que preguntaba al encargado del hotel era si había algún concierto aquel fin de semana). Y de improviso apareció la "Fantasía Tallis". Recuerdo la tarde en la que atravesé el Valle del Tiétar escuchándola. No estaba en la catedral de Gloucester, pero sé que alguien me dijo estas palabras: "Why fum'th in fight the gentiles spite?" Es la tercera de las nueve tonadas de salmo para el salterio del arzobispo Parker, de Thomas Tallis (1505-1585). Sé que Vaughan Williams se inspiró en ella para esta fantasía, como hizo más veces con la música inglesa del Renacimiento:
 
Y esta es la delicadísima obra de Vaughan Williams:
 
Ayer el Valle del Tiétar volvió a llenarse de vida, y es como si yo lo hubiera visto con mis ojos nuevos

miércoles, 29 de julio de 2026

"Mis novelas según la IA (II): Vivir es ver pasar (1997)".




 
Es la segunda novela escrita por el economista, catedrático y literato madrileño. Es una obra cumbre de la narrativa posmoderna española que explora la transición a la madurez a través de la melancolía, el arte y el espacio urbano. Tomando su título de una célebre frase de Azorín, la novela se sumerge en las inquietudes existenciales de la juventud de finales del siglo XX. 
 
A continuación se detalla un análisis completo de sus ejes temáticos, estructura y estilo:
 
1. Argumento y Conflicto Central:
 
- La trama sigue a un protagonista de veintitantos años que adopta una postura pasiva ante la existencia: prefiere ser un espectador, contemplando la realidad a distancia sin involucrarse emocional ni socialmente. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos lo empuja a abandonar su apatía. 
 
- El detonante: El conflicto surge cuando la vida le obliga a tomar partido ante dilemas de amor, amistad y compromiso moral.
 
- El trayecto: La historia se articula como un viaje geográfico y emocional de ida y vuelta entre Madrid y París, dos metrópolis que actúan como espejos de su propia evolución interior.
 
2. Ejes Temáticos Principales:
 
La apatía existencial frente al compromiso: El título refleja la actitud inicial del protagonista: "ver pasar" la vida. El núcleo de la novela es el fin de esa indolencia juvenil y el doloroso pero necesario despertar a la responsabilidad personal. 
 
• El desencanto de los veinte años: Sotelo retrata con precisión las prioridades y crisis de esa edad: el sexo, el amor pasional, la solidaridad y la búsqueda de un destino. 
 
• La literatura y el arte como salvación: Para los personajes, las manifestaciones artísticas no son mero entretenimiento, sino la brújula con la que intentan descifrar el caos del mundo.
 
3. El Espacio Urbano: Madrid y París como Personajes:
 
- La topografía urbana es fundamental en la poética de Justo Sotelo. Las ciudades no son simples decorados, sino proyecciones de los estados de ánimo de los personajes.
 
- Madrid otoñal e invernal: Se describe como una ciudad melancólica, intelectual y siempre "a la espera". Los paseos por el Paseo del Prado, las tertulias en el Círculo de Bellas Artes, la agitación de la Gran Vía y la tristeza de la estación de Chamartin enmarcan la soledad del protagonista. 
 
- París (Montmartre): Representa el espacio de la bohemia, el refugio artístico y el escenario idóneo para el cuestionamiento literario y existencial.
 
4. Intertextualidad y Referencias Culturales:
 
La novela posee una fuerte carga culturalista que exige una complicidad activa por parte del lector. Toda la obra está construida bajo la influencia de dos grandes referentes que marcan el ritmo de la narración: 
 
- Julio Cortázar (Literatura): La estructura del viaje, los saltos espaciales y la propia actitud de búsqueda del protagonista rinden un claro homenaje a la estética de Rayuela y al universo cortazariano.
 
- Gustav Mahler (Música): La música de Mahler impregna la atmósfera de la novela, aportando un tono de profunda nostalgia, tensión dramática y romanticismo tardío que acompasa el fluir de la conciencia de los personajes.
 
5. Estilo y Técnicas Narrativas:
 
- Lirismo y exigencia formal: Sotelo destaca por un uso sumamente cuidado y estético del lenguaje. El ritmo de la prosa imita en ocasiones la composición musical y el divagar del paseante (flâneur). 
 
- Narrativa de la conciencia: La novela utiliza monólogos e impresiones sensoriales donde los límites entre lo que ocurre afuera y lo que pasa en la mente del protagonista se difuminan constantemente. 
 
6. Conclusión:
 
Vivir es ver pasar no es solo la crónica de un viaje físico entre dos capitales europeas, sino el relato iniciático de una renuncia a la inacción. Justo Sotelo logra plasmar una radiografía generacional cargada de una profunda humanidad, demostrando que vivir, al fin y al cabo, requiere la valentía de dejar de ser un mero espectador.
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La IA no dice que esta novela fue finalista tanto en el premio Ateneo de Sevilla como en el Sésamo, y tampoco que me di cuenta de que los premios importantes siempre están dados y que para escribir la literatura que yo quiero escribir no necesito ningún premio ni la aprobación de un jurado que seguro que sabe menos literatura que yo. Y ya que la propia IA cita a Mahler, no pienso llevarle la contraria mientras me tomo el primer café. Creo que a la novela le va bien este lied Ich bin der Welt abhanden gekommen, Me he perdido para el mundo: 
 

lunes, 27 de julio de 2026

"Rienzi".


 
Los veranos de mi adolescencia en el valle del Tiétar, entre junio y septiembre, estaban llenos de amor familiar, de paseos en bicicleta en donde se gestaron muchas de las ideas que después llevaría a mis novelas, de libros y de música, como la de Wagner en Bayreuth, que escuchaba desde una de las montañas que se ha quemado este fin de semana, y volví a escuchar ayer por la tarde desde otra parte. "Rienzi" se estrenó en Dresden y se ha interpretado por primera vez en el teatro que levantó Luis II de Baviera, el romántico rey loco, para Wagner. (¿Por qué será que me caen tan bien los románticos, todos aquellos que llevan sus sueños hasta sus últimas consecuencias?) "Rienzi, el último de los tribunos" (1842) es su tercera ópera y el mayor éxito de su juventud, aunque es una obra de transición, ya que se adhiere formalmente a los cánones de la Grand Opéra francesa de la época, y deja entrever la monumentalidad, el trasfondo político - filosófico y las ambiciones dramáticas que definirían el posterior "drama musical" wagneriano. La obra narra el ascenso político, la transformación en demagogo y la trágica caída de Cola di Rienzi, un líder carismático del siglo XIV que intenta liberar a Roma de la tiranía de los nobles corruptos. ¿Quién no ha tenido alguna vez el sueño de vivir en una República?
 
Como escribí el otro día, somos lo que amamos y también los libros que leemos y la música que escuchamos. La plegaria de Rienzi en el Acto V, Allmächt'ger Vater, blick hera, ¡Padre Todopoderoso, dirige tu mirada hacia nosotros!, es ya una música del futuro:
 
Como su arrebatadora obertura: 
 

domingo, 26 de julio de 2026

"Somos lo que amamos".


 
El idioma que hablamos, la herencia que hemos recibido, los lugares por los que hemos caminado. La IA es un subproducto de la mente y la sensibilidad de millones de personas que ya no están con nosotros como algunos escribimos para personas que todavía no han nacido. Como los árboles que se han plantado y que se seguirán plantando. Los seres humanos somos producto de la colaboración entre los que han estado, los que están y los que estarán. Aisladamente habríamos desaparecido hace miles de años; juntos todavía podemos continuar progresando. Leyendo los libros que se han escrito, amando lo que hemos amado, escuchando la música que tantos compositores han construido para crear la banda sonora de nuestras vidas, como la Pastoral de Beethoven que tanto me ha acompañado caminando por los colores de mi infancia y juventud, y que me sigue acompañando:
 
En cuanto pueda volveré a plantar un árbol, de esos que ahora se están quemando en esa fotografía, como cuando comí un melocotón de niño, di el hueso a mi padre y floreció un melocotonero en la siguiente primavera.

"Los pájaros".


 
 
Los pájaros vuelan en libertad embriagados de vitalidad y candor. Sí, necesito saber que existes, en Madrid, La Adrada y el valle del Tiétar, por la sierra de Gredos por donde tanto he paseado y vivido. Platón habló del idealismo metafísico. La realidad no es ese mundo material que percibimos con los sentidos, sino un plano inmaterial, inmutable de las esencias universales. Kant se refirió al idealismo trascendental y nos enseñó que el conocimiento es el resultado de la síntesis entre la experiencia (lo que recibimos de los sentidos) y las estructuras a priori (aquellas facultades innatas de nuestra mente). Hegel aludió al absoluto puesto que la realidad es un todo racional y espiritual que evoluciona con la historia mediante la dialéctica. La distinción entre el sujeto que conoce y el objeto conocido desaparece porque todo es parte de un mismo proceso de autoconocimiento. Y así nacemos tú y yo para el Otro, y concebir la idea, el cuerpo y el alma del Otro. Déjame saber que me deseas, y que me seguirás deseando cuando algún día habitemos únicamente el mundo espiritual de las ideas. Por eso escribe conmigo la novela que llevo escribiendo desde los once años en la sierra de Gredos mientras esperaba que tú nacieras para conocerte: 
 

jueves, 23 de julio de 2026

"Mis momentos kairós".


 
Me gusta perder el tiempo en cosas que no sirven para nada, como escribir novelas, dar clase, escuchar a Bruckner, caminar sin ninguna dirección, hablar por teléfono con mis amigos, sentarme a escuchar la música de un riachuelo, sacar la lengua a un niño en su cochecito y jugar con mi gatita Ana. Ya no hablo de hacer el amor por el simple placer de hacerlo porque somos humanos y estamos vivos. El paso del tiempo se medía, en su momento, según la geografía, los ritmos de la agricultura, los regímenes políticos, los rituales religiosos y las guerras. Todo cambió en la Grecia del siglo III, cuando se empezó a hablar de Kronos y Kairós. Kronos es el tiempo cronológico, lineal y cuantitativo, el del reloj y el calendario. Es el tiempo que transcurre de forma incesante y medible en segundos, horas o días. En nuestra vida diaria, rige nuestras agendas, el trabajo y las rutinas, pudiendo convertirse en una fuente de estrés si nos volvemos esclavos de la inmediatez, de la coyuntura. Con Kronos aparecieron esas bobadas de "no pierdas tiempo", "el tiempo no espera a nadie", "el tiempo es oro", y cosas así que se empeñan en marcarnos la TV, los medios de comunicación y las redes sociales. ¿De verdad a alguien le importa lo que les sucede a los políticos y a los famosillos de cartón piedra, o la vida privada de los futbolistas? En contraste, Kairós sería el tiempo cualitativo y subjetivo, asociado al momento preciso, a la creatividad o a la "oportunidad". No importa cuánto dure, sino lo que sucede en ese instante. Es el momento perfecto para tomar una decisión, tener una idea brillante, conectar con alguien o escuchar a Bruckner en el coche mientras el viento entra como un ciclón por las ventanillas y tienes la sensación de que estás vivo:
 

miércoles, 22 de julio de 2026

"Mis alumnos y mi sonrisa".


 
Ayer por la tarde uno de mis alumnos de este curso me envió una fotografía desde la playa con otros amigos y compañeros (que están en esta foto) para decirme que se estaban acordando de mí, de mis clases, de la alegría con la que los trataba y de mi forma de ser. En el libro que ahora estoy escribiendo y que publicaré el año que viene, y donde, como siempre, mezclo todos los géneros, junto al tiempo y el espacio, empeñado en hacer avanzar la literatura, hablo bastante de estos chicos y de todos los que me han acompañado durante tantos años en la Universidad. La juventud española es estupenda, no solo porque ganen el mundial de fútbol y acto seguido llenen las calles de Madrid con su alegría, sino porque se encuentran entre los mejores profesionales del mundo, los mejores maestros e investigadores, y porque ellos son el futuro y yo soy un escritor y profesor que cuenta lo que imagina y también lo que ve. Y ahora me voy a pasear por la calle a través de la literatura y la música, escuchando con los cascos la última sonata de Beethoven, con la que he soñado esta noche. Yo estaba en un bosque, se había hecho de noche y no encontraba la salida. De pronto Mauricio Pollini se puso a tocar esta música:
 
 
Y desperté con una sonrisa en los labios, como siempre.