jueves, 2 de abril de 2026

"Galatea entre vasos de vino".


 




Con el primer vaso de vino se me ocurrió un cuento, con el segundo pensé en su desarrollo y con el tercero me quedé dormido sobre la mesa del restaurante. Y soñé que quería escribir un cuento, pero al despertar lo había olvidado. En el largo camino sonó varias veces la obertura "La bella Galatea", de Franz von Suppé, que se escuchó en el Concierto de Año Nuevo, y de nuevo no sé si soñaba. Galatea es la belleza mitológica, la pureza y la transformación, una ninfa marina y a la vez la estatua creada por Pigmalión que cobró vida. Evoca así la creación artística, el ideal femenino y el amor idealizado. En la novela que es todas las novelas, Ovidio cuenta que Pigmalión se enamoró de su creación, y Afrodita le dio vida, con lo que se materializaron el deseo y el ideal amoroso. Como ninfa fue hija de Nereo y Doris, y la amó el cíclope Polifemo en la tradición clásica (cuando hice Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, el examen de la asignatura de Siglo XVII fue sobre el hermoso y dificilísimo poema de Góngora, "La fábula de Polifemo y Galatea", con la profesora Isabel Colón. A veces todavía nos saludamos por aquí). Se asocia con la pureza de espíritu, la elegancia, y dentro del arte, con la belleza inalcanzable. El efecto Galatea en psicología se refiere a cómo las propias expectativas y creencias positivas sobre uno mismo pueden transformar la realidad, similar a la estatua que cobra vida, como se observa en "Pigmalión y Galatea" (1781), un lienzo de Louis-Jean-François Lagrenée que está en el Detroit Institute of Arts.

Esta es la música:

https://www.youtube.com/watch?v=jGdAfPHunHE&list=RDjGdAfPHunHE&start_radio=1

Mientras escribo este post, leo los comentarios de ayer, siempre tan cariñosos e inteligentes. El último es de la poeta Isabel Fernández Bernaldo de Quirós, donde me llama coqueto. ¿Está segura mi querida poeta? Sonrío.

miércoles, 1 de abril de 2026

"Siempre estás donde quieres estar".


 

Dijo el otro día por aquí la poeta Soledad Velázquez Moreno, que es tertuliana y está leyendo todos mis libros. Estas palabras me dejaron pensativo unos minutos. La verdad es que Soledad tiene razón pues siempre he procurado estar donde quería estar, estudiar lo que me gusta y trabajar donde me apetecía hasta que me aburría o llevaba la contraria a los que mandaban y cambiaba de trabajo y Universidades (tampoco he llevado bien eso de tener que fichar). Y no he dejado de escribir desde niño. Como la palabra "curiosidad" es una de las que me gustan del diccionario, estudio y aprendo, ya que a estas alturas de la vida continúo pensando como Sócrates y su famoso aforismo, que no sé nada, aunque la expresión es una síntesis de la "Apología de Sócrates" escrita por Platón, donde Sócrates afirma saber que no sabe. Mi amigo José Luis, que me dejó hace poco y tanto echo de menos, siempre decía que soy un "trapero del tiempo", como decía el doctor Marañón. Y quizá sea verdad. No presto ninguna atención a la política ni a los medios de comunicación, pero mi tertulia sigue sin aburrirme (ahí estoy charlando con Torrente Ballester, al que he leído mucho y al que no me hubiera importado invitar a la tertulia), aunque ayer hemos descansado porque no es periodo lectivo. Cada día es un nuevo día y lo cierto es que me divierto estudiando, aprendiendo, escribiendo, tomando café, viajando y escuchando jazz:

https://www.youtube.com/watch?v=8AooSjJNkSs&list=RD8AooSjJNkSs&start_radio=1

Y amando, claro, pero eso no lo cuento por aquí.

martes, 31 de marzo de 2026

"Lo primero que hago cada día al despertar es leerte".


 

Mi escribió el otro día en un mensaje Patricia Viola, desde Córdoba, Argentina. Esto sucede desde hace cuatro años. En 2024 estuvo de viaje por España con su marido. Un día leyó que iba a acercarme a la presentación en el Ateneo de un libro de Javier del Prado, se animó e hizo lo mismo para que nos conociéramos en persona. Patricia me ha enviado también la fotografía como recuerdo, en la que estamos con una discípula y amiga de Javier de la que no recuerdo el nombre (ella es la rubia). Las últimas palabras de su mensaje son las siguientes: "Ahora estoy leyendo “Un hombre que se parecía a Al Pacino”y casi terminando “Entrevías mon amour”. Atrapante". Me parece que no hace falta añadir nada más. Solo, quizá, que soy un tipo afortunado, un enamorado del tango y de la libertad, sin la que sería incapaz de escribir y de vivir:

https://www.youtube.com/watch?v=kdhTodxH7Gw&list=RDkdhTodxH7Gw&start_radio=1

lunes, 30 de marzo de 2026

"Un Domingo de Ramos de cuento".




 
Me paso la vida yendo al teatro, al cine, a los conciertos. Y también disfruto subiendo y bajando montañas, como ayer, mientras suena Sibelius, por ejemplo. Luego escribo, siempre termino escribiendo.
 
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"La distinguió desde lejos. Era una cabaña de madera en medio del bosque. También se veía una cascada al otro lado de la carretera. Detuvo el coche antes de llegar. Cerró los ojos. Aquello era música o tal vez la música ya formara parte de su interior.
 
Las paredes estaban llenas de fotografías de los Alpes. Se fijó en un hombre y una mujer que hablaban entre susurros, frente al ardiente fuego de la chimenea.
 
Se acerca a la barra y pide un té con leche y dos terrones de azúcar. Luego se sienta en una esquina, se quita el abrigo y la bufanda y finje leer y escuchar música en el teléfono mientras mueve el té con la cucharilla. Quizá alguien piense que está leyendo “La montaña mágica” de Mann y escuchando el Concierto de Violín de Sibelius. Observa de nuevo a la pareja y se imagina su historia de amor. Mira hacia la ventana y recuerda que hace años estuvo con ella en la montaña de ahí afuera, esquiando, y sufrió un accidente. Era su primer viaje juntos y estaban enamorados. Quizá por eso ella no quiso trasladarle a España, para no olvidarse nunca de ese lugar. Le enterraron en el cementerio del pueblo y un cura joven dijo unas palabras.
 
Desde entonces sueña con la nieve".
 
("En los Alpes", Cuentos de los otros, 2017, Bartleby, p. 75).
 
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Y la música: 
 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

"Viendo la última de Almodóvar".



 
Almodóvar nunca ha vuelto a hacer una película como "Hable con ella", aunque su cine siempre me dice algo. El último cuarto de hora de "Amarga Navidad" es sin duda lo mejor, ya que Almodóvar se ríe de sí mismo y la autoficción, de la típica pedantería de los escritores y directores de cine, de los creadores en general. Toda la película es un juego de espejos entre la realidad y la ficción o la doble ficción, ya que la película se desdobla además entre lo que estamos viendo y el guion que escribe Leonardo Sbaraglia, el "álter ego" de Almodóvar. Y esto ocurre entre la madre de Almodóvar y la de Elsa, la protagonista del guion, interpretada por una bellísima Bárbara Lennie, o la propia Elsa que inspira el personaje de Aitana Sánchez Gijón, espléndida en su corto papel. El resto de esta película son varias "mujeres al borde de un ataque de nervios", pero sin Carmen Maura y Julieta Serrano y la bendita locura de entonces. Almodóvar se hace mayor y también una forma de hacer cine (me gustaría que hubiera más cine de Erice, pero qué le vamos a hacer). De paso me meto también en este post con una fotografía que me hice antes de entrar en la sala porque la jefa de prensa de Almodóvar durante varios años Mercedes Barreira fue mi alumna en la Universidad, nos encontramos tiempo después en una librería de Malasaña, "Tres rosas amarillas", como el libro de relatos de Carver, donde yo presentaba la novela de otro ex alumno, y se integró un tiempo en mi tertulia. Ella podría haber sido incluso la representante que interpreta Aitana Sánchez Gijón en la película. Es lo que tiene ser escritor o director de cine, que podemos hacer lo que queramos con las historias y la propia vida.
 
Este es el tráiler:
 
Por cierto, no sé si convertirme yo también en un personaje de Justo Sotelo.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

"Flores en las gafas"


El otro día la artista catalana Gloria Grau hizo un curioso montaje con mis gafas de sol y lo primero que pensé al verlo es que no me habría importado ser un jipi, uno de aquellos jóvenes que se iban a amar a Ibiza y a Tenerife, a Marruecos y a la India, cosa que acabé haciendo con el tiempo. Los que quisieron cambiar el mundo con las revueltas universitarias de Berkeley, París y Praga. Y por supuesto tampoco me hubiera importado escribir "La insoportable levedad del ser". Como es lógico soy antimilitarista y siempre elijo hacer el amor y pasarme media vida haciéndolo y la otra escribiendo, estudiando, viajando y dando clase. Todo empezó en la Universidad de California, Berkeley, donde di clase una primavera con veintitantos años, junto a Antonio Carmona y otros amigos de la Universidad. En esa época las chicas llevaban flores en el pelo y Scott McKenzie cantaba el himno jipi por excelencia. La escritora de Zaragoza Ana María Navales, a la que siempre admiré por haber escrito un libro de cuentos que se inspiraba en Virginia Woolf y su mundo de Bloomsbury, me llamaba "el chico de la mochila" porque en ella guardaba mis sueños, decía, y mis futuras novelas. Se enamoró de mi novela "Entrevías mon amor" y me ayudó a corregir el difícil manuscrito. Ella quería que se llamara "Entrevías my love", pero me equivoqué de manuscrito cuando se lo envié al editor de Bartleby, Pepo Paz Saz, y me dio pereza cambiar el título. Ana María es de las que siempre llevará flores en el pelo, allí donde esté, como las mujeres que me gustan:

https://www.youtube.com/watch?v=PQHb4z0prjo&list=RDPQHb4z0prjo&start_radio=1 

viernes, 27 de marzo de 2026

"La pasión".


 


Tal vez sea escritor por culpa de Bach o gente como Bach. Ayer por la tarde me fui al teatro Monumental de la calle Atocha para escuchar en directo la "Pasión según San Mateo", la obra cumbre de Bach que trasciende el mundo material para llegar a la absoluta espiritualidad. Siempre que la escucho me recuerda a la "Comedia" de Dante; no se me ocurre otra comparación. Bach lleva la crónica de la crucifixión a una meditación lírica que une música y texto para explorar la piedad y el amor. Y, a través de las arias, la narración bíblica se interrumpe para prestar su voz a un alma creyente que contempla, se conduele y reflexiona sobre el significado del sacrificio, y convierte la teología en poesía musical. Es la intervención del "yo" lírico, algo que me fascina como escritor y que me anima a continuar escribiendo, en realidad me justifica como escritor. Me siento afortunado por haber conocido esta música en mi breve paso por la tierra e intento dialogar con su autor. Escribir es mi manera de dar gracias a la belleza que me han regalado algunas personas, ya sea a través del amor físico o por la contemplación de la belleza, de la Naturaleza y el mundo o una obra que estuvo olvidada durante casi cien años y que logró recuperar un jovencísimo Mendelssonn y se basa en los capítulos XXVI y XXVII del Evangelio de Mateo y que dramatiza el relato para convertirlo en un monumento al consuelo y a la espiritualidad, no solo a la muerte. La espléndida versión que escuché ayer fue de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigida por Christoph König. Parece mentira que tres horas se me pasaran en un simple suspiro. Esta música hay que escucharla en directo, por supuesto, viendo los rostros de los músicos y tocando casi la piel de los instrumentos. Esta otra versión es de la Orquesta Nacional de Perú con el director canadiense Julián Kuerti, que hace una bonita e interesante introducción:

https://www.youtube.com/watch?v=QnF04o07jN4&list=RDQnF04o07jN4&start_radio=1&t=1593s