El Blog de Justo Sotelo
Un diario para el siglo XXI
domingo, 15 de marzo de 2026
"Las chicas listas leen libros".
sábado, 14 de marzo de 2026
"Voy a ser un príncipe del Renacimiento en una próxima novela".
viernes, 13 de marzo de 2026
"Un beso, un libro y una música de saxo".
jueves, 12 de marzo de 2026
"Charo, la última de los Panero".
Conocí a la artista tinerfeña Charo Alonso Panero en mi tertulia literaria con su marido, el escritor Javier De La Rosa, que presentó uno de sus libros. Charo vino a Madrid con su hermana gemela. Después ha formado parte de la tertulia virtual desde Tenerife y la he visitado con mi familia varias veces. Como secretaria de la Cátedra Leopoldo Panero, su tío, en diciembre del 2019 me invitó a dar una conferencia sobre Leopoldo María Panero en la Universidad de La Laguna, y reforzamos nuestra amistad. Recuerdo que el confinamiento por el COVID-19 la cogió en Agaete, un pueblo del norte de Gran Canaria, y desde aquel lugar me envió por Wasap, diariamente, fotos de atardeceres y amaneceres sobre el mar (esta foto es de su última visita a Madrid, después de la pandemia, en la Plaza de Oriente). Más tarde hizo muchos collages con mis libros y fotos (era una estupenda artista plástica). Estas cosas son hermosas y me gusta valorarlas, como este texto que me envió en cierta ocasión:
"Es maravilloso cómo cuentas tantas cosas y con tanta belleza y elegancia. Me recuerda aquellos momentos inolvidables de mi infancia en el comedor de la calle Ibiza 35 de mi tía Felicidad Blanc. Mi tío Leopoldo Panero había muerto en agosto del 62. Llegamos a vivir a Madrid en septiembre, un mes después. Recuerdo a aquellos grandes poetas y escritores departiendo en la casa de mis tíos. Era increíble lo bien que hablaban. Mis primos Leopoldo María, Michi, mi gemela y yo escuchábamos todo con atención, ya que nos dejaban estar con ellos, al lado de nuestra tía Felicidad y mi querida madre María Luisa Panero. Todos los demás eran varones, pero ellas se integraban maravillosamente en aquel ambiente. Ellos continuaron frecuentando el ya legendario comedor donde se reunieron durante años como si mi tío viviera todavía. También se reunían en la casa de mi tía Odila Panero en Ferraz 28, o en mi casa en Vallehermoso 32. Y hablábamos con grandes literatos. Los más asiduos eran Luis Rosales, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Mi padre sacaba su Whisky Chivas y mi madre cocinaba tortillas de papas, como se dice en Canarias. Las tertulias podían alargarse hasta la media noche, y los niños nos sentábamos en la alfombra del salón y si subían de tono nos mandaban a salir. ¡Vayan a jugar, aquí no estén, es para mayores! Y nos escondíamos en el pasillo y escuchábamos todo."
Te echaré de menos, Charo, aunque, como me sucede con las personas que aprecio, siguen a mi lado.
En fin, una parte de la historia literaria de España.
miércoles, 11 de marzo de 2026
"Esta tertulia es un lujo universal".
Mis amigos son inteligentes y se encuentran en todo el mundo, en México, Chile, Madrid, Sevilla, Tenerife, Mallorca, Zaragoza, incluso en Perú, como contaré al final con la muerte de Bryce Echenique, el autor de "La vida exagerada de Martín Romaña" y "Un mundo para Julius".
Pero antes hablemos del gran escritor norteamericano John Cheever.
Cheever tenía tres ideas en la cabeza antes de escribir su relato "El nadador", que publicó en la revista The New Yoker en el año 1964, la obsesión por el poder curativo del agua, que plasmó en las piscinas y el río que quiere llamar Lucinda, en honor de su mujer, la idea de un Narciso de Bullet Park, y el envejecimiento físico e intelectual. Tenía 52 años cuando escribió este cuento. Es lo que dije para empezar la tertulia "on line" de ayer por la tarde y después no dejé de aprender escuchando a Carmen, Miguel Ángel, Ignacio, Iván, David, Almudena, Mariola, María Victoria, Elena, Iñaki, Paqui, Chema, Consuelo y Mercedes.
Ignacio nos contó al final una anécdota del gran escritor peruano que falleció ayer y que él contó más de una vez. Estaba Bryce Echenique casi adormilado en la mesa de una conferencia, por lo visto un tanto aburrida, y en cierto momento el presidente de la mesa, dijo "y ahora llamaremos a don Manuel Alvar", el conocido filólogo y catedrático. En ese momento Bryce despertó y dijo, "eso, eso, al bar todos".
Pues eso, que seamos felices.
martes, 10 de marzo de 2026
"Su relato tenía 150 páginas y lo dejó en 15".
Durante varios años impartí en la Universidad un Taller de Literatura, Tertulia y Debate como asignatura de Libre Elección. Aparte de pedir a mis alumnos que leyeran las obras más importantes de la historia de la literatura universal (nada que ver, por supuesto, con la bobada del canon de Harold Bloom y cosas por el estilo) les insistía en el hecho de que escribir bien es decir las cosas con la menor cantidad de palabras, solo las necesarias, las esenciales. Es algo que sabían Poe, Chéjov, Borges, Hemingway, Rulfo y Cortázar. Y sabía el escritor norteamericano John Cheever, que nos visitará esta tarde en nuestra tertulia on line que hacemos cada tres martes. Hablaremos con él de su relato "El nadador" publicado en la revista The New Yoker (1964) y que se quedó en quince páginas porque lo importante es lo que no se dice, lo que el lector debe rellenar. Es la llamada semántica cero. Estamos ante la historia de un tipo de mediana edad, Neddy Merrill, que recorre trece kilometros hasta su casa nadando por las piscinas de las urbanizaciones de clase alta que encuentra en su camino. Es una metáfora de la vida, de la alegría y los fracasos. En las historias de este escritor se reúne la mejor tradición americana, desde Scott Fitzgerald a Hemingway, y la de sus contemporáneos como Salinger, Capote o Nabokov, que elogiaron su obra.
Y en esa búsqueda de la esencia me viene Satie a la cabeza:
https://www.youtube.com/watch?v=Ojr8IACpU-4&list=RDOjr8IACpU-4&start_radio=1
lunes, 9 de marzo de 2026
"La universalidad de la lluvia".










