domingo, 9 de agosto de 2026

"Las mujeres son ya las únicas que leen".


 
Ellas son las que se arreglan para salir a la calle, las que se pintan y maquillan, las que se cuidan el pelo. Los hombres cada vez visten peor y van hechos unos verdaderos adefesios. Ayer me metí en este cuadro que podían haber pintado Cézanne o Monet para leer un rato en el jardín de un Café bohemio que me gusta porque está lleno de los muebles del comedor que la abuela tiró a la calle. Se sentaron enfrente de mí dos jóvenes con la típica gorra americana del revés y una ropa ancha y deportiva. No pienso decir nada de sus zapatillas, que parecían sacadas del siglo XX. Mientras leía mi libro, les escuché hablar de sus novias y de las raves donde habían estado. De pronto empezaron a llegar chicas que se sentaron a mi espalda; primero una con un vestido rojo, después dos con vestidos estampados. Una más de negro de arriba abajo y otra con una camiseta blanca ajustada y una falda negra. Y se pusieron a hablar de una novela que acaban de leer. Me pareció que era una especie de club de lectura. Cada una de las chicas contaba lo que le había parecido la novela. En principio no me percaté de su título, solo de algunos personas. Al rato supe que se trataba de "El libro de la desaparición", de la escritora y periodista palestina Ibtisam Azem, publicada originalmente en árabe en 2014 y traducida al español por la editorial Las afueras este mismo año. Fue preseleccionada para el Premio Booker Internacional 2025, y plantea una pregunta audaz y profundamente inquietante: ¿Qué ocurriría si, de un día para otro, todos los palestinos desaparecieran de su tierra sin dejar rastro? A partir de esta premisa, la autora explora el trauma, la memoria y el arraigo. Ambientada en Tel Aviv, la narración alterna las voces de Alaa -joven palestino que escribe en un diario dirigido a su abuela fallecida- y Ariel, su vecino israelí, un periodista que busca entender lo ocurrido. Cada una de las chicas daba su opinión, si le había gustado más o menos la historia, pero lo que me resultó más interesante fue escuchar cómo se implicaban en esta trama desde su propia vida. Cada una habló del arraigo, de la pertenencia a una tierra, a una familia, como si estuvieran dentro de la historia. Una era vasca, otra canaria, otra más madrileña, la cuarta catalana y la quinta israelí.
 
La música de fondo del Café era algo de "low-fidelity": 
 

sábado, 8 de agosto de 2026

"El escritor de su tiempo".


 


La mujer blanca es un hombre, el hombre negro es una mujer. Ahora un cuadro del pintor barroco madrileño de origen flamenco Juan de Van der Hamen. Lo pintó entre 1625 y 1628. Es el Retrato de doña Catalina de Erauso, la Monja Alférez, una obra al óleo que inmortaliza a la célebre y singular militar y aventurera vasca del Siglo de Oro. Yo soy del siglo XXI, pero me gusta viajar en el tiempo a través del arte y la literatura. Artísticamente no puedo evitar vivir en mi época, pero, aceptando el valor de lo que me ha precedido, intento buscar nuevos caminos a la hora de escribir. No tiene sentido escribir lo que ya está escrito. Por eso me meto en los museos de arte contemporáneo que encuentro en mi camino.
 
La historia de Catalina de Erauso es muy conocida. Siendo una joven novicia, escapó del convento de San Sebastián el Antiguo, donde su tía era priora y en el que la habían internado sus padres de niña, para buscar aventuras en el Nuevo Mundo. Se vistió de hombre y vivió así veinte años como soldado temerario y aventurero. Luchó contra los indios araucanos, y logró el título de alférez. Ya teníamos a la Monja Alférez. Se batió en duelos en múltiples ocasiones, pero gracias a sus dotes de buen espadachín consiguió salvar su vida. Cuando por fin se descubrió su identidad, recibió de Felipe IV una pensión militar por su heroísmo y del Papa Urbano VIII una dispensación y permiso eclesiástico para vestir como hombre el resto de su vida. Está casi admitido que fue lesbiana.
 
Y siglos después aparezco yo para escribir sobre esta historia.
 
Cabello /Carceller (Helena Cabello, París, 1963 / Carceller, Madrid, 1964) parten de una figura que es, en sí misma, un problema para la historia, Catalina de Erauso, pero también Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso, los nombres e identidades que asumió a lo largo de su vida y la historia simplificó en una sola, la de la Monja Alferez. A partir del cuadro del pintor barroco Juan de Van der Hamen, que funciona como punto de partida y también de fricción, se transforma en un espejo con el que distintos personajes actuales dialogan, interpelan a esa imagen, se proyectan y reflejan en ella (como se ve en los pequeños videos que hice). Erauso deja de ser una imagen fantasmal para convertirse en un espacio de enunciación en el que se cruzan tiempos, cuerpos y lenguajes distintos.
 
Si los escritores no transgredimos las convenciones sociales y culturales de cada época, ¿para qué escribimos?

viernes, 7 de agosto de 2026

"Los de Chamberí".


 
No voy a hablar de las chicas guapas a las que les sientan muy bien los pantalones cortos y que podían haber sido mis alumnas y tal vez presidentas de la Comunidad de Madrid, sino de otra cosa.
 
Siempre digo que tengo el mundo en mis manos, como en aquella película de aventuras de Gregory Peck. Los madrileños somos así, no lo podemos evitar, sobre todo los de Chamberí. El mundo es nuestro, por supuesto, jeje, como lo son el Taj Majal, la Alhambra, las suaves y verdes colinas de Irlanda, todas las maravillas del mundo y cada una de las playas del planeta, aunque nos queden un poco lejos, pero que son madrileñas. Total, te subes a un avión en Barajas y puedes tomarte una copa de champán en París, Londres, Delhi o Nueva York en un rato.
 
¿De dónde aprendemos los escritores de Chamberí a escribir? Pues de todo lo que vivimos, leemos, amamos y del cine, claro. ¿Quién no querría aprender de las obras maestras de Ford, Hitchcock, Hawks y de otro de los clásicos que adoro, Raoul Walsh? Esto también le pasó a Woody Allen, con una de sus imágenes icónicas, aquella del Puente de Queensboro (también conocido como el puente de la calle 59) y sus maravillosas historias de amor. ¿Qué hubiera hecho Woody Allen sin los clásicos? ¿Qué hubiera hecho yo sin Woody Allen? 
 
Siempre he escrito por amor:
 

miércoles, 5 de agosto de 2026

"Mis novelas según la IA (III): La paz de febrero (2006)".


 

Es la tercera novela (de las seis que ha publicado) del escritor y catedrático Justo Sotelo, una obra clave en su producción literaria (también ha escrito libros cientificos). Arranca formalmente el 15 de febrero de 2003 en la masiva manifestación en Madrid contra la Guerra de Irak, hito histórico que otorga sentido al título por la demanda social de paz.

A continuación se presenta un análisis detallado de sus aspectos temáticos, formales y estilísticos.

1. Marco Histórico y Punto de Inflexión Personal:

A diferencia de sus obras previas fijadas en la Transición española, en este libro Sotelo se abre a un panorama global.

- El pretexto sociopolítico: La movilización pacifista madrileña sirve como el motor que activa la memoria y las conciencias de los personajes.

- Dilemas morales: Funciona como un texto contestatario que denuncia la guerra y ordena las crisis éticas del ciudadano contemporáneo frente a los sistemas de violencia impuestos.

2. Estructura Narrativa y Espacio Urbano:

La técnica de Sotelo destaca por su dinamismo y su particular uso de la topografía.

- Madrid como escenario: La capital de España no actúa como simple decorado, sino como una red topográfica donde la identidad de los protagonistas se mimetiza con las calles y plazas.

- Perspectiva y voces: Combina el uso de un narrador en primera persona con un marcado protagonismo colectivo. Se despliega una polifonía de voces donde alternan diálogos fluidos y monólogos interiores con constantes saltos e intercalaciones temporales guiadas por el flujo de los recuerdos.

3. Temáticas Principales:

Bajo la capa de la protesta social, la novela profundiza en la psicología de un grupo de existencias cruzadas orientadas hacia la búsqueda existencial:

- El microcosmos íntimo: Explora de forma directa el amor, los universos del sexo, el dolor y el complejo de culpa.

- El concepto de "inmensidad": La búsqueda de "la paz de febrero" funciona simbólicamente como un anhelo de dotar a la vida de un sentido noble ante la muerte.

Es un viaje de entrega y reconocimiento en el "otro" frente a la adversidad individual.

4. Banda Sonora e Influencias:

La prosa de la novela está estrechamente ligada a la música, creando una atmósfera melancólica. El autor introduce de fondo el célebre disco "Lágrimas Negras" de Bebo Valdés y Diego el Cigala, además de piezas de ópera, confiriendo un ritmo poético y rítmico a las reflexiones de los antihéroes. La crítica literaria de Juan Ángel Juristo en el ABC llegó a emparentar la atmósfera y el tratamiento de los personajes de esta novela con clásicos de la modernidad como El extranjero de Albert Camus o el Retrato del artista adolescente de James Joyce.

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Por eso hoy me tomo un café escuchando esta música, la de un CD que desgasté de tanto escuchar cuando escribía la novela:

https://www.youtube.com/watch?v=UT-JoJO1GEk&list=PL2DD633BA0AE8142E

martes, 4 de agosto de 2026

"Me gusta mimetizarme con la Naturaleza".


 

En realidad lo que me gusta es pasármelo bien en cualquier lugar al que voy de paseo. Toda mi vida es un paseo continuo, quizá porque desde niño mis padres me llevaron de acá para allá (mi padre hacía hoteles por toda España en esa época de los Planes de Desarrollo de los 60 que sacaron a España de la autarquía y el retraso económico y cultural). Si me doy una vuelta por el desierto, como por mi querido Sáhara, que espero que sea libre alguna vez, me pongo una camisa ligera de lino o de algodón, como cuando he paseado por la India. Si estoy junto al mar, me saco una fotografía como esta del otro día. En cualquier caso lo que me gusta es ir ligero de equipaje (y, por favor, no con una maleta con ruedas, que hace un ruido ensordecedor). Al mar hay que "dejarlo" con su música y esa eternidad a cuestas que nos permitió nacer en una ola o un suspiro, al igual que al desierto que también fue mar y estuvo lleno de suspiros, con su libertad y su silencio, donde puede sonar esta música:


https://www.youtube.com/watch?v=zVSnV8zP9z8&list=PLtBLTuU4KzggwnoxTKlWTlHJ1zo8k4TOa

Al mar y al desierto solo se debería viajar en bicicleta para hacer el amor.

lunes, 3 de agosto de 2026

"¿Qué se puede hacer un largo y caluroso domingo de verano? Pues leer a Justo Sotelo, claro".


 
 
Es lo que estuvo haciendo ayer la atractiva mujer de la foto con mi Pacino en la mano, Encarna Cantalejo, una amiga que no conozco personalmente, aunque nos seguimos por aquí desde hace años. A media tarde escribió lo siguiente:
 
"Nada más agradable en una tarde calurosa de verano, bajo una sombra, que disfrutar de la lectura de una obra de arte, diferente y culta como su autor, Justo Sotelo; la recomiendo vehementemente. Gracias al autor por la tarde tan instructiva y entretenida que estoy pasando este domingo agobiante. Feliz lectura a todos. Por cierto, se trata del libro "Un hombre que se parecía a Al Pacino".
 
A esa hora, más o menos, yo escuchaba en el coche la última ópera de la tetralogía de Wagner, que se acaba de interpretar en Bayreuth. Varios relatos de mi libro se los dedicado a los veranos de mi adolescencia en compañía de Wagner. 
 
Este es uno de ellos:
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"El crepúsculo de los dioses".
 
"Con esta ópera se cierra el ciclo del anillo. Posiblemente aquí se encuentre la música más hermosa de Wagner (la más moderna es el Tristán), aunque el libreto sea un tanto convencional. 
 
La metáfora, no obstante, posee una validez incuestionable en estos tiempos. El hombre ya no necesita a los dioses para vivir, se ha liberado de su yugo. El arte y la ciencia son un buen sustituto. Y el amor, por supuesto, y si se me apura incluso el sexo. Sabemos de sobra que la inmortalidad no existe, y lo más cercano que tenemos nos lo ofrecen las obras de arte imperecederas, los adelantos científicos y la sensación de que durante un instante “divino” somos capaces de amar y ser amados. A partir del siglo xviii cambia la actitud del artista ante la verdad y la realidad, en definitiva ante el poder de la naturaleza sobre la obra de arte, y lo hace con dos nuevas miradas: la secularización de la experiencia religiosa y la sacralización del arte. En el primer caso, aparece el “artista-creador”, comparable al “Dios-creador” (como un nuevo Prometeo) que construye mundos posibles, coherentes y cerrados como si fueran mundos paralelos al real. En el segundo, la obra de arte crea belleza por sí misma, lo que también supone la laicización de la idea de divinidad.
 
El arte contribuye a captar y asimilar las ideas sociales de cada momento histórico. El artista que consigue trascender su propia historia (como le ocurre a Wagner) es el que percibe lo que todavía no está resuelto en la mentalidad de su época, y lo brinda a la sociedad para que esta lo transforme en el verdadero estilo de su tiempo. La mentalidad o espíritu de una época no son solo las ideas puras de los científicos o filósofos, sino también la fantasía, la imaginación y la sentimentalidad éticas. En El crepúsculo de los dioses, Wagner se vale de la coartada del filtro del olvido para que Sigfrido sea infiel a Brunilda. Desde entonces Brunilda es capaz de odiar y amar con locura al mismo tiempo, e incluso de sacrificarse. Cuando se inmola en la última escena de la ópera subida a su caballo, para que el anillo vuelva al Rin, lo que el compositor consigue es que entendamos que es la belleza de la música y del amor lo único que puede salvar a la humanidad. Por eso mismo tuvo que posponer la terminación de la tetralogía para componer Tristán e Isolda. Escribió los dos primeros actos de Sigfrido y durante años se dedicó a la hermosa leyenda de los dos amantes y a Los maestros cantores. La música del Tristán une las ideas del amor, el sexo y la muerte. Cuando regresó al Anillo, Wagner ya era inmortal".
 
("El crepúsculo de los dioses", de "Un hombre que se parecía a Al Pacino", 2023, Pagés editors y Universitat de Lleida, pp. 85 y 86).
 
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En los últimos tiempos las producciones de las óperas de Wagner suelen ser muy feas y de mal gusto, así que vuelvo a una bastante fiel que vi en su día en la Metropolitan Opera House dirigida por James Levine: 
 

domingo, 2 de agosto de 2026

"Preocuparse por la persona, sea de derechas o de izquierdas".


 
"La belleza o la no belleza es algo subjetivo. Lo que para mí lo es, para otros no. Para mí eres un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra, que te preocupas por la persona, ya sea guapa, fea, alta, baja, delgada, menos delgada, de derechas, de izquierdas, de arriba o de abajo... Te suelen gustar más "los de abajo", por lo tanto, y como te he dicho, eres un hombre bueno y eso no es subjetivo, es realidad. Lo diga Nietzsche, Apolo o Dionisio..."
 
Estas son palabras que escribió ayer por aquí mi ex alumno y amigo Antonio Vaquerizas, y las reproduzco porque al leerlas me hicieron pensar unos instantes. He estudiado y dado clase en Universidades privadas y públicas, incluso clases gratis a inmigrantes cuando me lo pidió el sacerdote de la iglesia de San Carlos Borromeo, en el barrio de Entrevías de Madrid, que ha fallecido recientemente, y terminé escribiendo una novela, "Entrevías mon amour" (2009). Acostumbro a escribir usando todos los medios a mi alcance, como las novelas y libros de cuentos, las clases, las redes sociales, siempre desde la absoluta libertad. Nunca he consentido que me paguen por exponer lo que no pienso. Cuando en RTVE me dijeron que me invitaban a un programa de por la mañana (creo que la televisión también funciona a esas horas), pero que tenía que defender una determinada postura pues ya tenían a otra persona para la contraria, les dije que tenía que terminar de probarme un traje en el probador de Zara. La verdad es que me llamaron al móvil cuando estaba casi desnudo. Y no me han vuelto a llamar, pero el pantalón y la chaqueta de lino me quedan de cine, y así me seguirán quedando, aunque en esta foto esté con cholas y pantalones cortos.
 
Nunca me he dejado llevar por los cantos de sirenas de Ulises y los de las hijas del Rin de Wagner, pero me gusta mucho su música: