viernes, 20 de julio de 2018

"No somos más que átomos".

Escucho una voz y una música maravillosas en el interior de un autobús que parece sacado de otra época y que atraviesa lentamente un desfiladero por un camino polvoriento. Vamos tan despacio que casi soy capaz de atrapar el futuro con las manos.

Me levanto a preguntar quién canta.

https://www.youtube.com/watch?v=8lwh7c-mHWM

Regreso a mi asiento y continúo escuchando la música y la voz que parecen venidos de otro mundo mientras observo a la gente que también viaja en el autobús. Sin pretenderlo me he convertido en parte del paisaje, de la tierra, de su propia historia, como un átomo más, como un latido más, como si la espuma de las olas acariciara las líneas de mis manos, y no tengo prisa por llegar a ningún sitio.
Mi cuerpo es el único desfiladero que debo atravesar para alcanzar, por fin, mi destino.

(Por cierto, el conductor del autobús tuvo la delicadeza de parar el vehículo para que hiciera la foto).

jueves, 19 de julio de 2018

Todo lo bueno nace de una utopía.

Sentado en un escalón de una mezquita azul, escribo que se me acerca un viejo vestido con una gran barba blanca y me dice que deje de escribir. Me alarga un vaso de vino. Luego dice: ¡Bebamos y escuchemos serenamente el silencio del Cosmos! 

Cierro los ojos. Al abrirlos la música sigue sonando, el vaso está vacío, el viejo ha desaparecido y hay un libro en el suelo. 

Pues sí que me he despertado hoy romántico.

Seguro que es por escuchar "L´été indien" a un cantante francés, aunque naciera en Nueva York y su padre fuera un excelente director de cine. Quizá también me influya esta habitación persa que parece sacada de los cuentos de "Las mil y una noches".

Mira que hay cosas bonitas por el mundo.

"Las reglas del juego", de Patricia José.

Una novela para leer este verano, "Las reglas del juego", de Patricia José Alvarez.

No lo digo porque Patricia y yo nos hayamos hecho amigos después de que estuviera en mi tertulia del Café Gijón, ni porque hayamos comido juntos en algún restaurante castizo de Madrid. La vida es un cúmulo de casualidades, que empezaron hace año y pico en el Casino de la calle Alcalá, al lado de la Puerta del Sol, cuando fui a presentar un libro de relatos de Fausto Guerra publicado por la editorial Huerga y Fierro, y Charo Fierro me habló más de media hora de una joven, talentosa y linda escritora a la que habían publicado una novela. Tras ese prólogo, la autora y yo nos encontramos en un cocktail en la terraza de un hotel de la Gran Vía.
Patricia está empeñada en que el destino existe y yo le digo que todo son casualidades en esta vida, al menos la vida que vivo yo.

"Las reglas del juego" comienza como un best seller, en la línea de la trilogía nórdica más conocida de los últimos años, con asesinatos en Nueva York, mujeres y hombres ricos y elegantes, guerras farmacéuticas, visitas a psicoanalistas, y demás, pero también es una obra de calidad que muestra las muchas lecturas que hay detrás, así como los numerosos viajes por el mundo de la autora, lo que la convierte en una novela profunda, elaborada, bien escrita, inteligente, divertida (la autora es abogada y experta en el Sistema Financiero español e internacional) y eso concede a su narración un estilo incluso cercano al escritor norteamericano actual que más aprecio, Don DeLillo.

Cosas de la buena literatura, que podría haber dicho Carl Jung (un referente en la novela, aunque por otro motivo).



¿Qué es una novela?

Una novela no es otra cosa que sentir cómo se deshace una magdalena en el paladar.

Cuando Nabokov se refiere a la sociedad que refleja Flaubert en "Madame Bovary" considera que ha sido "fabricada" por el autor, al igual que cuando alude al mundo de Stevenson, por ejemplo, con la historia de Jekyll y Hyde, maravillosamente "construida".

El proceso creativo abarca desde un posible shock inconsciente hasta una serie de ideas abstractas que de pronto adquieren un significado. Y se necesita a alguien que viva ese mundo, y a continuación que lo cree, que lo sueñe, que lo desee.

(Siempre que viajo llevo magdalenas en la mochila y libros en papel, como los de las fotos. En su día olvidé para qué sirven un ebook y una maleta. Por cierto, no sé cuantas veces habré releído "Madame Bovary". Para cualquier escritor que se precie, las magdalenas resultan insípidas sin el sabor de Flaubert, como le ocurrió a Proust).

"Tolerencia y respeto".

"Tolerancia" y "respeto" son dos palabras que también forman parte de mi particular e irrenunciable diccionario para ser feliz.

(En una mezquita pública, en alguna parte. La foto está sacada tan cerca que se me ven todos los defectos, yo creo que hasta el alma; aunque no es una selfie, claro).


Dormir en el desierto.

Dormir en el desierto es una experiencia que se debería tener al menos una vez en la vida.

Como me ocurre siempre que voy a algún lugar que me gusta, me siento en cualquier parte y dejo que transcurra el tiempo lentamente. En el desierto mi intención no es otra que intentar escuchar el clamor del silencio. Es algo parecido a lo que me ocurre cerca del mar o de un río. Me sitúo cerca y escucho. Luego ya vendrán las páginas de mi próxima novela. Y si no llegan no pasa nada. La literatura no siempre es escribir. En realidad no lo es casi nunca.

Todo depende de mi fuerza de voluntad para penetrar en mi interior, y escucharme.