domingo, 19 de noviembre de 2017

"Quien habla solo espera hablar a Dios un día".

Es ese verso trascendental de Antonio Machado que siempre he admirado: "Quien habla solo espera hablar a Dios un día". 

¿No es eso lo que hacemos tantas veces los que queremos vivir y sentir de otra manera?

Forma parte de un poema conocidísimo del que tuve que examinarme en la asignatura de "Literatura española" con Andrés Amorós (a quien medio convertí en personaje de una de mis novelas). De vez en cuando me gusta recordarlo, sobre todo si duermo en uno de los barrios más bonitos del mundo y escucho a Serrat mientras las gotas de aceite se deslizan por las rebanadas de pan recién tostado:

https://www.youtube.com/watch?v=lRRzSvjIZac

Retrato.

"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.


Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.


Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.


Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.


Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.


¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.


Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.


Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.


Cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar".


sábado, 18 de noviembre de 2017

Uno de mis cuentos en Youtube.


El poeta leonés Felipe J. Piñeiro lee en Youtube "La forma de tu pubis", uno de mis "Cuentos de los otros", con una voz preciosa, en su programa Poetry Music Radio.

https://www.youtube.com/watch?v=xEKDcvUKOWQ


 

viernes, 17 de noviembre de 2017

"Quiero estar viva cuando me muera".

Tomando un café hace poco con la escritora canaria Isabel Medina.
Hace algo más de un año presenté en la "Casa del Lector" del centro cultural del Matadero de Madrid su "Olympe de Gouges", una novela excelentemente escrita, que cuenta la vida de Marie Gouze, una escritora y filósofa francesa, autora de la "Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana" (1791), que murió en la guillotina.

Esta vez Isabel y yo intercambiamos libros. Yo le regalé mis cuentos y ella el último libro de poesía que ha publicado, "Los ojos de la lluvia" (Ediciones La Palma, 2016), en una colección muy bella.

La frase del principio es de Isabel y hace refencia a sus ganas de vivir, de escribir, de seguir siendo feliz, a pesar de sus problemas físicos, sobre todo con la vista. Hablamos de lo difícil que es escribir bien o, dicho de otra forma, de lo complicado que es ser "escritor" de verdad, con ese misterio inefable que te acompaña a todas partes, incluso en lo más cotidiano de la vida. En su opinión la literatura no tiene que basarse en la "catarsis" personal del que escribe, sino nacer del conocimiento y la objetividad, y a ser posible de la felicidad. Esa es la mejor manera de acercarse a la belleza y a la idea de lo universal. Vivimos tiempos excesivamente relativistas, asegura, que pronto pasarán de moda. Y solo quedarán las obras intemporales y técnicamente buenas.

De vez en cuando me gusta tomarme un café con escritores de verdad.



jueves, 16 de noviembre de 2017

"La teoría del caos y el codo de Yolanda".

Ayer puse por aquí la segunda foto para referirme al juego de las apariencias en la vida y la literatura. A la izquierda de la foto observé el solitario brazo de Yolanda y le comenté que podría escribir algo al respecto. En la primera foto ya se la ve bien, al lado de Johana y delante de Isabel, mientras entraba la gente para la presentación de los cuentos en el café "Puro Teatro" del barrio de Malasaña de Madrid.

Una curva en el plano no tiene área. Sin embargo, si se dobla varias veces y se consiguen formas complicadas, la curva comenzará a llenar el plano. No logrará una dimensión 2 -pues no es una figura geomética-, sino una curva, pero a la vez es densa. Para caracterizar hasta qué punto empieza a llenar el plano, podemos imaginar una malla situada en el mismo. En este caso la distancia entre líneas es δk = 1/2 elevado a k. Sobre esta malla se sitúan figuras geométricas, con forma de pequeños cuadrados, N (k). Si se dispone en la malla una figura geométrica bidimensional sencilla, como un círculo o un cuadrado, se podría llegar al área de la figura. Extendiéndolo a cualquier figura arbitraria, se lograría una dimensión fractal. Aunque lo expuesto es para objetos de dos dimensiones, es fácilmente generalizable a 3, como el caso del atractor de Lorenz.

Las consideraciones filosóficas que se derivan de este planteamiento son interesantes, ya que se puede pasar del determinismo de Newton o Laplace a la Teoría Cuántica. La Naturaleza es caótica. La mecánica cuántica introduce pequeñas perturbaciones, por lo que la evolución del Universo no es determinista. Cada decisión que tomamos, por intrascendente que parezca, modifica la evolución de nuestra vida y de la vida de los que nos rodean. Por ejemplo, que no suene el despertador y salgamos tarde de casa para trabajar puede evitar que nos involucremos en un accidente en la carretera o el Metro, o, por el contrario, que suceda algo maravilloso. En este sentido el Caos nos hace libres y terrible y hermosamente mortales.

Y aquí es donde aparece el codo de Yolanda.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Blow up".

No había caído en el secreto de esta foto, durante la presentación en Madrid de mis "Cuentos de los otros", hasta que anoche un amigo me comentó el detalle del espejo. En la foto se ve a un grupo de mujeres inteligentes, a un catedrático de literatura también muy inteligente y al editor del libro, un estupendo fotógrafo.

El caso es que en la parte superior estoy yo vestido con mi traje blanco de lino, subido a la barra del bar (que es como presenté el libro) y haciendo la foto, pero sin apercibirme de que también salgo en ella. ¿Qué hubiera ocurrido si en este lado de la cámara se estuviera produciendo en esos momentos un asesinato, no sé, por celos o algo de ese estilo, o una pareja de enamorados se estuviera dando el beso de su vida? Pues que estaríamos ante el planteamiento de uno de los mejores cuentos escritos en castellano, "Las babas del diablo", de Cortázar, que Antonioni convirtió en una película de culto, "Blow up".

¿Somos lo que vemos, lo que ven los demás de nosotros, el reflejo de una cámara de fotos, los personajes de un cuento o de una película? 

En todo caso yo siempre me pido el beso.



martes, 14 de noviembre de 2017

Don Juan nunca muere.

Ayer fue el cumpleaños de mi amigo Antonio Zaballos. Ya he dicho otras veces que Antonio ha diseñado y pintado las portadas de las cinco novelas que he publicado hasta ahora. Nos conocimos en las Cuevas de Sésamo de Madrid hace más de un cuarto de siglo y nos hicimos amigos. En esa foto estábamos, hace dos o tres años, en el café Novelty de Salamanca, junto a Gonzalo Torrente Ballester.

Parece que Torrente Ballester -uno de los novelistas españoles que me interesan-, quiere decirnos algo. Ha terminado de escribir su novela "Don Juan", buscando mantener encendido el mito que inició "oficialmente" Tirso de Molina con su "Burlador de Sevilla", aunque las raíces eran un poco anteriores.

En realidad no sé si se dirije a Antonio o a mí.

Estamos en 1963 y esto no es ni Salamanca ni Sevilla. Hemos viajado a París y Leporello está a punto de entrar por la puerta del café. Tanto Torrente Ballester como yo guardamos un secreto, pero no pensamos hablar de ello hasta la última página de la novela.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La vida es una película.

Lo que son las casualidades y lo que es el cine. Ayer hablaba de mi película favorita de Win Wenders, "Cielo sobre Berlín" y hoy voy a hacerlo de otra suya que también admiro, "Paris, Texas".

Mientras espero en un aeropuerto, leo los comentarios de los últimos días en Facebook. Me fijo en uno de Celsi Vera de Ron -una encantadora amiga virtual que vive en Texas, aunque es de Asturias-, refiriéndose a mi forma de entender la vida. "Qué linda manera tienes de despertar", dijo.

Por asociación de ideas, pienso en el guión de "Paris, Texas", que escribió para esa película Sam Shepard, recientemente fallecido, basado en su libro de relatos "Crónicas de motel", que recomiendo a todo el mundo por su gran calidad. Son pequeñas historias de carretera, de motel en motel a lo largo de Texas, algunas de menos de una página, similares a lo que pretendo escribir yo en esta red social y que de alguna forma ha dado lugar a mis dos libros de cuentos, algo impensable en mí porque, básicamente, concibo la literatura a través de una novela (una película con otro lenguaje).
En realidad la película de Wenders, los relatos de Shepard y mis cuentos no tratan sobre nada en concreto, únicamente buscan captar la "emoción" de la vida.

Estas asociaciones de ideas necesitaban una música de jazz adecuada, ya que soy incapaz de pensar, de escribir, incluso de amar sin música. Recuerdo una preciosa canción, "The Sky is Crying", de Gary B. B. Coleman, que nació, precisamente, en Paris, Texas:

https://www.youtube.com/watch?v=71Gt46aX9Z4

Todos vamos de un sitio para otro, los aviones llegan y se van, los asientos se quedan vacíos. Solo alguna botella de agua olvidada o el envoltorio de una tableta de chocolate.

El periódico ya es de ayer.