lunes, 5 de octubre de 2026

"Un amor argentino en el Rastro y la próxima tertulia literaria".


 


Mañana la tertulia será "on line" con mis amigos de fuera de Madrid. Quiero saludarlos después del verano y que hablen del libro que leen o de la película o exposición que han visto. Por mi parte no voy a leer ninguno de mis textos sino uno del escritor Manuel de la Fuente Vidal que ha trabajado treinta años en la sección de Cultura del ABC y nos ha acompañado otras veces en la tertulia. Estas fotos son de cuando las hacía en la cripta del Café Gijón, y a Manuel lo acompañan Charo Alonso Panero y Javier de la Rosa, entre otros amigos. Su literatura es urbana, desolada, rocanrolera y rebelde; Dylan y Springsteen son dos de sus profetas líricos y vitales. Ahora está delicado de salud, y aun así me escribe textos por Messenger que le leo con cariño. Este es de hace unos días:
 
"La argentina del Rastro".
 
"Como todos los progres de mi época, yo tuve un amor argentino. Se llamaba Manuela, como mi abuela, y era una exiliada, bueno, hija de exiliados, que, como en la canción de Sabina, tenía un puesto en el Rastro. Como nosotros, mi pandilla. Ella vendía muñecas de trapo, nosotros imperdibles en los que engarzábamos cuentas de colores compradas en Pontejos, con las que simulábamos banderas: de las recién estrenadas autonomías, del Vietnam, de Cuba, del Frente Sandinista, o de la República. Manuela se apellidaba Rinaldi y procedía de una familia de inmigrantes italianos de ascendencia napolitana que habían llegado a Argentina a finales del XIX con su bisabuelo a la cabeza. Manuela tenía 19 años, quinta del 59, como yo. Tenía el pelo muy negro, hasta la cintura, y unos ojos negros que refulgían como relámpagos de la Pampa. Era de Rosario, como Messi, y a mí me ganó el corazón por goleada. A pesar de los muchos horrores y desgracias de su vida, siempre estaba sonriendo, con una risa transoceánica y austral. Había estudiado Historia en la UBA (Universidad de Buenos Aires), como el Che Guevara, pero tuvo que dejarlo cuando se quedó sin patria y muchos de sus compañeros desaparecían para siempre en los Ford Falcon de los represores. A Manuela la amé en plena Ribera de Curtidores, su boca sabía a mate pampero, sus besos eran un tango y su cintura era una milonga. Tras su mate y mis cervezas nos cantábamos muy acarameladitos "El día que me quieras", de Gardel y Le Pera. Leíamos bajo el toldo de su tenderete el Martín Fierro y me hablaba de un genio bajito y tirando a regordete que se llamaba Diego Armando Maradona. Un buen día, mejor un día espantoso, un domingo de finales de abril, ni el puesto, ni Manuela aparecieron por el Rastro. Nunca más volví a saber de ella, ni de su poncho, ni de sus labios de Pampa y mate. Sólo muchos años después, a finales de los 80, me llegó una pequeña carta. Un tío suyo había muerto en las Malvinas, había retomado su carrera de Historia y se seguía sintiendo montonera. Hoy será abuela, yo sigo aquí, con la frente marchita, y nunca he vuelto a ir al Rastro, ni he vuelto a escuchar a Gardel".
 
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Aquí lo tienes, Manuel, por si estás bien para escuchar a Gardel. Sé que Charo también lo estará escuchando allí donde esté:
 

domingo, 4 de octubre de 2026

"Brindo por el mejor novelista madrileño actual y el más guapo".


 

La primera parte de esta frase la escribió el otro día Marisol Anguita González y la segunda Rosario Wierna Cairo, que además me dedicó unos versos desde Argentina. Y como me educaron muy bien desde pequeño en casa, me tomo a su salud el primer café de un hermoso domingo. Lo hago con una música que me regaló ayer Laura a través de Linkedln, una ex alumna a la que no veo desde hace veinte años por lo menos. Me dijo que siempre que me ve por las redes le viene esta música a la cabeza y no sabe porqué. Y añadió que también me había visto siempre como un personaje de una película de Woody Allen, quizá "Medianoche en París":

https://www.youtube.com/watch?v=_yzpfUGHChM

Cómo no vivir como un romántico del siglo XXI.

sábado, 3 de octubre de 2026

"Pon un helado y un libro en tu vida".


 
Me gustan los helados, las horchatas, los batidos de vainilla, coco y leche merengada, de fresa y chocolate. Supongo que nunca dejaré de ser un niño con pantalones cortos de la mano de mamá. Siempre llevo un libro en la mano y en cuanto me encuentro con una heladería como la Romana o los Alpes me meto para tomarme un cornetto y me pongo a leer. Aunque no tengo mucho tiempo, llevo dos semanas de viaje literario por Venecia gracias a la última novela del escritor y profesor de Teoría de la Literatura de la Complutense Ángel García Galiano. Es posible que escriba una reseña puesto que es una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. Es una historia que se lee de adelante hacia atrás y al revés, y supone una construcción o creación auténtica a pesar de partir de la autoficción o de una falsa autoficción. Desde la mirada de un escritor que nació en algún lugar de la Mancha, que da clase en la Complutense y es profesor visitante en Venecia, surgen cuatro personajes femeninos redondos. Ángel demuestra conocer bien a las mujeres, y eso me resulta interesante. Como él, yo también creo que la mujer es lo más hermoso que le ha ocurrido a la humanidad. 
 
La música solo puede ser esta, claro, en el mar de Italia:
 
Al final siempre me mancho con el helado, como cuando era un niño.
 
Y sonrío.

viernes, 2 de octubre de 2026

"El último genio vivo del cine en Madrid".


 

Ayer por la mañana estaba en medio de mi máster, hablando muchas horas seguidas sin parar, cuando hice un descanso, entré en esta red social y leí el post del crítico de cine y escritor Juan Luis Sánchez, un tipo que me cae muy bien. Se refería a la rueda de prensa que había dado Woody Allen, donde contó cómo se enamoró de Madrid cuando vino a tocar jazz con su grupo al Jardín Botánico de la Complutense en junio de 2019. La productora Wanda que distribuyó en España su última película, Golpe de suerte, rodada en un precioso París ofreció a Allen otras localizaciones con más desgravaciones fiscales (País Vasco, Navarra o las islas Canarias), pero dijo que Madrid porque le gustan las grandes ciudades para sus guiones. En la película que va a empezar a rodar este lunes, aparecerán diplomáticos, extranjeros, romances e infidelidades, que son los temas que le gustan, dijo. Y lo que yo dije a Juan Luis es que con un poco de suerte Allen se hace del Atleti, mi equipo, el mejor de España.

No he encontrado ninguna grabación de esa noche en el Botánico, así que me quedo con esta en el Café Carlyle de New York:

https://www.youtube.com/watch?v=QENBt_8NV4k&list=PLaZwJIexCD7oaV55lAsbDTuuDn4q0B6QT

Las cosas que más me gustan son la música, el cine y la literatura, pero hablando de fútbol, y ya que hoy es viernes, dejo por aquí uno de mis Cuentos de los viernes, cuando perdimos injustamente una Champions en Lisboa:

"Un partido de fútbol en Lisboa".

"El taxi se detuvo cerca del Hotel Borges. Ellos sabían que Lisboa era una ciudad tan fascinante como melancólica, aunque esos días todo el mundo estuviese pensando en la final de la Champions.

Se habían conocido en el campo del Atlético de Madrid, durante la semifinal. Se dirigieron a la vez al vendedor de bocadillos, y en ese instante se miraron, se sonrieron, se les cayó el dinero al suelo y se enamoraron mientras dos monedas rodaban en paralelo hasta terminar una encima de la otra.

Desde la ventana se veía la escultura de bronce de Pessoa, en la entrada del café La Brasileira. Pessoa fue un poeta que sólo escribía cosas que merecían la pena, dijo él. Se pasó la vida en busca del nombre, la definición y la medida de las cosas, pero no tuvo paciencia para ello, dijo ella. Dejaron el equipaje en el hotel y se dirigieron hacia el castillo; tras atravesar la puerta principal se adentraron en el parque. Luego se acercaron al mirador y se fijaron en las tenues luces de las farolas y en otras luces todavía más oscuras de un bar que se negaba a cerrar, y hasta escucharon el rumor de los barcos descascarillados. Lo importante es entusiasmarse por la vida, dijo él, tener la capacidad de maravillarse con ella. Pueden decir de nosotros que somos testarudos, pero eso no debe preocuparnos, dijo ella. El secreto es perseguir la luz blanca de la ternura…, aseguraron a la vez.

Al día siguiente se disputó el partido de fútbol, pero ellos no salieron de la habitación, ni de la cama".

("Cuentos de los viernes, 2015, Bartleby, Madrid, p. 22).

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En realidad las cosas que más me gustan y me han gustado siempre son el amor y el sexo.

jueves, 1 de octubre de 2026

"Gonzalo Suárez o cuando se unen el cine y la poesía".



El director de cine asturiano nos ha dejado el martes. Siempre digo que en España el cine de calidad es Víctor Erice y luego está el resto, con una excepción, la de una película. Ayer por la noche me acosté con la Sinfonía Manfred de Chaikovsky, que cuenta un misterio, una historia de fantasmas. Mi mente se trasladó desde la poesía del 30 de septiembre de 2026 en Madrid (no soy poeta, pero me gusta vivir rodeado de poesía, en las personas, en los objetos, en los libros que acaricio y la música que escucho) al mismo mes de 1885 pero ahora en Moscú, cuando Chaikovsky estrenó su obra, y de ahí hasta 1817 cuando Lord Byron escribió el poema Manfred. Este surgió bajo la influencia del Fausto de Goethe. La obra fue escrita tras el fracaso del matrimonio de Byron con Annabelle Millbanke, que lo acusó de una relación incestuosa con su hermanastra Augusta Leigh. En ese momento, se había exiliado de Inglaterra y vivía en la Villa Diodati en Suiza, donde transcurrió la conocida noche de fantasmas en la que nació el Frankenstein de Mary Shelley (y pienso en Erice otra vez y en Suárez). La sinfonía siempre me ha recordardo a Berlioz y Liszt, aunque la fuerza melódica de Chaikovsky te deja estaqueado en medio del patio, como diría Cortázar. El primer movimiento presenta a Manfred perdido en los Alpes y lamentando su amor imposible por Astarté. El segundo describe su encuentro con el Hada de los Alpes bajo el arcoíris de un torrente. El andante es una bucólica evocación del paisaje ruso. Por último el cuarto movimiento nos lleva hasta el palacio subterráneo de Arimanes. Astarté reaparecerá en la trompa con sordina y cuerdas, y con el glissandi de las arpas. El espíritu nos anuncia la próxima muerte de Manfred, con las notas del órgano que entonan el Dies Irae y las palabras que dice el Abad de San Maurice en el poema: "Se ha ido. Su alma ha volado fuera de este mundo;/ ¿A dónde? Me da miedo pensarlo, pero se ha ido". Manfred comienza con la cita de la frase de Hamlet de Shakespeare: "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía". Esta interpretación de la Orquesta de la Radio de Frankfurt dirigida por un joven Vasily Petrenko me parece espléndida:

https://www.youtube.com/watch?v=S6Mn1UjggBY

Es hermoso remar al viento en la vida y los sueños.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

"Una tertulia de altísimo nivel".


 



No lo digo porque sea mi tertulia en el centro de Madrid, ni yo sea muy simpático y majete, como dice la IA, sino porque me acompañan cada martes algunas de las personas más interesantes que conozco y que más literatura saben. Y porque ayer tuvimos como invitada a la poeta granadina Teresa Gómez, que con solo tres libros me parece de lo mejor de lo que se llamó Nueva sentimentalidad y luego Poesía de la Experiencia, como lo demuestran "Los tulipanes son demasiado rojos" (2026, Bartleby).
 
Leo "Tulipanes", de Sylvia Plath, uno de sus poemas más célebres, y encuentro el título y el último poema del libro de Teresa. Plath había ingresado en un hospital para una operación de apendicitis; se suicidaría dos años después, en 1963. 
 
Empieza así:
 
"Los tulipanes son demasiado entusiastas, acá es invierno.
Vean qué blanco todo, qué tranquilo, qué nevado.
Aprendo a estar en paz, acostada sola, en silencio
como la luz se acuesta en estas paredes blancas, esta cama
[estas manos.
No soy nadie. Nada tengo que ver con explosiones.
Les di mi nombre y mi ropa de calle a las enfermeras
y mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos (...)
 
En las páginas 69 y siguientes del libro de Teresa leemos:
 
(The tulips are too red in the first place, they hurt me. Sylvia Plath)
 
"Los grillos macho excavan su madriguera
en mi cráneo y afinan su chirrido.
No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar.
El océano que tiende su espalda bajo mi ventana ahora es de color naranja
Y el universo es de color naranja
Y la tierra de mis macetas se inflama y es de color naranja.
Lanzan granadas…
No, misiles.
Cientos de niños están heridos.
No, muertos.
No, asesinados.
Las palabras en la cuerda floja ejecutan acrobacias
capaces de provocarte vértigo,
de provocarte náuseas.
Vociferan en todos los idiomas la noticia
“el aire nos hará enfermar”.
No respiro.
Me aturde la cháchara de los cuervos que cuchichean entre los matorrales.
Construyo mi madriguera llorando a lágrima viva.
Hiberno.
No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar.
Creo que son de plástico…
No, de plasma.
Los girasoles tienen un color desajustado
Y los tulipanes son demasiado rojos".
 
Esto es lo que en Teoría de la Literatura llamamos "falacia patética". Sylvia Plath encuentra el mundo absurdo, terrible, sobre todo si lo compara con la belleza de los tulipanes rojos que le llevó su marido al día siguiente de su ingreso en el hospital. Teresa Gómez utiliza la tristeza interior del mundo de Plath para proyectarla sobre el mundo exterior que ella observa desde sus ojos de filóloga y psicoterapetua. La falacia patética sería un recurso literario para atribuir emociones, estados de ánimo, pensamientos y sensaciones a la naturaleza, los objetos inanimados o animales. A pesar de llevar la palabra "falacia", no alude a un error lógico en una discusión, sino a un tipo específico de personificación muy utilizado en la literatura para construir una atmósfera o reflejar el mundo interior de los personajes. El concepto fue acuñado en 1856 por el crítico de arte y escritor británico John Ruskin en su obra Pintores modernos (Modern Painters). La palabra "patético" proviene de la raíz griega pathos, que significa emoción, sentimiento o sufrimiento.
 
Entre todos recitamos varios de los poemas del libro. Vi feliz al editor Pepo Paz Saz, de Bartleby, a la pareja de Teresa, el hermano de Pilar del Río, viuda de Saramago, a Javier Lostalé, a mi ex alumna Ruth, a la que hacía tiempo que no veía. A todos mis amigos y amigas, en definitiva, que me acompañaron. La música de hoy es la del Pequeño vals vienés, de Poeta en Nueva York, con la voz de Cohen, que me hace especialmente feliz a mí:
 

martes, 29 de septiembre de 2026

"Un mundo tan grande".


 

A veces pregunto a mis alumnos que me digan dónde está Camerún. Tras pensarlo unos instantes les digo que en algunas Universidades de este pais, Yaundé y Maoua, los alumnos leen todos los posts que escribo. Y estudian mis libros. Todo ello gracias al libro que escribió el doctor en literatura española el camerunés Patrick Toumba Hamán sobre mis novelas, "Del amor liquido en las novelas de Justo Sotelo" (Bartleby, 2023). Ayer encontré esa fotografía del norte de Camerún con unas palabras en el muro de mi amigo Depores Kossini tomadas del profesor y escritor Patrice Nganang:

"OÙ EST PARLÉ LE FULFULDE DANS L'EXTRÊME-NORD ET QU'EST-CE QU'UNE LANGUE VÉHICULAIRE - UNE NOTE QUI ME VIENT DE L'EXCEPTION LOGONE ET CHARI".

En el Noroeste, Logone y Chari, hablamos más kotoko y árabe choa. En Mayo-Danai hablamos más massa, toupouri y mousgoum, y el fulfulde ni siquiera llega al 10%. En Mayo-Sava tenemos mandara, mada, donde la lengua foulbe se habla solo en el CENTRO DE LA CIUDAD. El mismo caso en Mayo Tchanaga, donde hablamos más mafa y kapsiki; la lengua foulbe se habla solo en el CENTRO DE LA CIUDAD; el mismo caso en Mayo Kani. El Noroeste no está limitado solo a DIAMARE, donde hablamos más fulfulde".

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Después de leer a Depore busqué lo que era el fulfulde, y entonces supe que es el nombre de la lengua del pueblo fulani (también se conoce como fulbe o peul), un grupo étnico de África Occidental. Patrick me ha dicho más de una vez que tengo que ir a Camerún para hablar de mis libros.

Como el profesor Keating, de "El club de los poetas muertos", a veces pido a mis alumnos que se suban a la mesa y miren el mundo desde ahí. Comprobarán cómo cambia su punto de vista. Recuerdo la primera vez que invité a unos amigos médicos muy jóvenes del Hospital de la Princesa a que se vinieran conmigo a un concierto en directo, en el que se iba a interpretar a Rachmaninov. No les gustaba especialmente la música clásica, y no habían estado nunca en una sala de conciertos. A la salida me dieron las gracias porque escuchar a Rachmaninov en directo no tenía nada que ver con el disco o con el simple hecho de no escucharlo:

https://www.youtube.com/watch?v=QBy_ACHvEJs

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El mundo es inmenso, termino diciendo a mis alumnos; así que si me quieren seguir los llevaré a muchos sitios. En caso contrario que no me hagan perder el tiempo. Se tienen que aprovechar de mí, y si no que se vayan a otra parte.