domingo, 18 de octubre de 2026

"Jipi o yuppi".


 

"Quizás si se mezclara en una coctelera tu parte hippie y tu parte yuppie sería el cóctel perfecto. Porque no veo a un hippie con la botella de Moët en la mano, pero siempre creí que a pesar de todo entendías a Larry Darrell. Eres ese particular cóctel llamado Justo Sotelo. Vivir es tu camino, no tu meta. No necesitas cruzar el mundo como Larry para encontrarte, ni como Odiseo para llegar a Ítaca".


Escribió el otro día por aquí M Jesús Egmont, y estuve pensando en ello ayer mientras me sacaba esa fotografía. Como me ocurre con tantas personas de este mundo virtual, no la conozco en persona, pero nos escribimos desde hace años y además me cae muy bien. Cuando cita a Larry Darrell, el protagonista de "El filo de la navaja", una de las novelas y de las películas de mi vida, sabe que ahí está la introducción de "Un hombre que se parecía a Al Pacino". A lo mejor me doy un aire al protagonista de "El padrino", pero mi forma de ser tiene más que ver con el personaje que creó Somerset Maugham. Como él paso del dinero y el poder, como él me fui a París y después a la India. Y como él intento ayudar a todo el mundo que me lo pide. El problema de Larry, que en el cine interpretó Tyrone Power, es que al ser un don nadie y no querer trabajar, la chica que le ama con locura (una guapísima Gene Tierney) se casa con otro que sí es rico y le va a dar amor, estabilidad y dos hijos. Por otra parte el personaje de Ulises es de los más esenciales de la historia de la literatura, y en una de mis novelas, "La paz de febrero", me planteé la elección entre Aquiles, Ulises y Eneas, algunos de los héroes básicos de la cultura cristiana y europea en la que yo he nacido. El que me conoce sabe de sobra quién me cae mejor de los héroes de la Ilíada, la Odisea y la Eneida.


Y también sabe que me puede encontrar fácilmente escuchando jazz bajo la lluvia:

https://www.youtube.com/watch?v=thU_Ncursyo

Con veintipocos años me ponía un sombrero de vez en cuando; las chicas me decían que parecía un novelista. Supongo que intuían que siempre he vivido la vida como una película.

sábado, 17 de octubre de 2026

"La inspiración del escritor".


 

"Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos".

(Pedro Salinas, La voz a ti debida, 1933).

Junto a Razón de amor (1936) y Largo lamento (1939) conforman la trilogía poética dedicada a Katherine R. Whitmore. Ella fue su amor secreto, su amante y la musa que transformó por completo su obra literaria. Se conocieron en Madrid en el verano de 1932, cuando ella era una profesora estadounidense que asistía a uno de sus cursos. A pesar de que él estaba casado y tenía dos hijos, iniciaron una intensa y clandestina relación. Tras su regreso a Estados Unidos, Salinas le envió más de trescientas cartas de amor que años más tarde fueron publicadas como un monumento de la literatura epistolar del siglo XX. La relación sufrió una grave crisis cuando la esposa de Salinas, Margarita Bonmatí, descubrió el romance e intentó suicidarse. Esto empujó a Katherine a distanciarse y, tiempo después, a casarse con el profesor Brewer Whitmore (de quien tomó el apellido), dando fin al romance, aunque el poeta estuvo enamorado de ella hasta el final de sus días.

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Anoche me dormí pensando en esta historia tras leer el poema del principio. Y sonaba esta música:

https://www.youtube.com/watch?v=f6Mvd0Ob62Y

Todos los escritores tenemos un rincón desde el que escribir, donde sentarnos a mirar a la gente y hacia el interior de nosotros mismos, aunque llueva o nieve. Todos los escritores buscamos historias de amor, aunque terminen mal. ¿O no? El hecho de existir quizá les dé sentido, en una página, en la pantalla de un ordenador, en la inmensa historia de la humanidad.

jueves, 15 de octubre de 2026

"El escritor veinticinco años después".


 
Ayer por la tarde se presentó en la Fnac de Callao (con un Madrid atestado de gente) la reedición de la novela "Labia" (2026, Galaxia), de Eloy Tizón, después de que fuera editada por Anagrama en 2001. Es la historia de un muchacho en el Madrid de los 70 que se enamora de una papelería de barrio regentada por tres hermanas. A través de una atmósfera de melancolía alegre, la novela mezcla el realismo y la fantasía para explorar la memoria, el arte y la escritura como formas de la reconstrucción del mundo. La presentadora fue la profesora y escritora Ana Pellicer, mientras que la poeta Vanessa Simonka leyó algunos fragmentos (en el pequeño video).
 
Ya se sabe que la mayoría de las presentaciones de libros, como de las conferencias en la Universidad y otros lugares muy serios, suelen ser aburridísimas (eso lo sabe todo el mundo, pero no se dice ya que sería políticamente incorrecto, claro), aunque ayer lo pasé muy bien pues fue casi una clase de teoría de la literatura, lo que me divierte. Además pude saludar a algunos escritores que aprecio, como Emma Prieto Rubio, cuya literatura me interesa especialmente. Y estuve pensando todo el rato en el escritor que se es con treinta años y con sesenta. ¿Cómo ha cambiado en estos años? ¿Es justo que se revise un libro y se reescriba? ¿Tiene la culpa el libro del paso del tiempo? Como siempre me tomo la vida como si fuera una novela, en la hora de ayer convertí a Eloy en el protagonista de una novela imaginaria, el muchacho de los setenta, el escritor de los noventa y el que es en este momento. Y me lo pasé bien viéndole evolucionar como si fuera Indiana Jones en busca del arca perdida.
 
En fin, cosas que se me ocurren mientras amanece y escucho jazz, como siempre: 
 

miércoles, 14 de octubre de 2026

"Mis cosas favoritas".


 


Sigo haciendo tertulias porque me lo sigo pasando muy bien. Ayer dedicamos media hora a discutir sobre la película "La bola negra", con opiniones a favor y en contra, pero no me voy a quedar en ello sino en el texto que nos leyó la poeta Myriam De Benito, una de nuestras últimas incorporaciones.
 
"El espacio íntimo del escritor, su soledad creativa, es el vínculo más importante que ostenta y debe cultivar su autoría. La clave de todo es distinguir su verdadera motivación al escribir. No todos los escritores tienen la motivación correcta, más allá del camino que elijan para su publicación, o de si ganan premios o no los ganan. Se debe de escribir con un puente hacia el otro lado, pero sin que los lectores sean más importantes que el creador de obras literarias. Así como la validación externa. La literatura se forja con talento, dedicación, autenticidad, siendo la expresión externa de nuestras mentes alineadas con nuestros corazones si nos interesa nuestra humanidad y si somos valientes. Ojalá pudiéramos sintetizar qué se requiere para ser intelectual. Pero en percepción directa y con enfoque escribir es escribir, y vender la obra y promocionar su sentido y contenido necesario. Pero, ¿hasta dónde llega el aspecto mercader de algunos escritores? ¿Son mejores? ¿Son peores? Son distintos. Yo escribo por llamada de la vocación, con devoción y con servidumbre. Me siento elegida por la poesía, para vivir, según su mirada a cada instante, en cada instante...
Y con respecto a categorizar a un intelectual creo que un intelectual es ilimitado como el espacio y custodia ideas filosóficas. En sus textos se puede ver: " la luz clara". La convicción. La conciencia. La consciencia. Y el inconsciente individual y colectivo. Un intelectual es alguien que con su mente despierta a otros. Tiene el gran sello de su esencia única. Es unidad indisociable entre lo profundo y lo rutinario. Un intelectual trasciende y transciende los discursos ordinarios porque experimenta sus palabras, su voz y sus textos. Corta la ilusión con espontaneidad. Desde cada mirar, podríamos contemplar como nos hallamos todos asistidos, al estar presentes en conversaciones estimulantes donde el diálogo nos abre la mente para no ser solo testigos y espectadores en nuestras vidas. Emitir. Expresar.
Un gran intercambio intelectual sucedió ayer en la tertulia. Un espíritu común. Y diferentes personalidades y criterios con un mundo interno intelectual. Lo importante es el sentir acompañando el pensar. De esa forma individualmente estamos completos. Y cuando hay tertulias colectivas tan conmovedoras lo intelectual es nuestra brújula y nuestro norte".
 
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Al final firmé dos de mis libros a Marina Martín Baz, mi ensayo sobre Murakami y mi novela "Las mentiras inexactas", y ahora escucho jazz, a John Coltrane, que nos gusta a los dos:
 
(Si te gusta Coltrane eres de los míos).


martes, 13 de octubre de 2026

"Dónde quiero pasar la eternidad".


 



Evidentemente en el Segundo Círculo del Infierno de Dante, con ella de la mano y al lado de Paolo y Francesca, Tristán e Isolda, Cleopatra y Marco Antonio, Aquiles, Dido y Paris y Helena de Troya, entre otros. La Fundación del Canal acaba de inaugurar la exposición "El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg". La muestra reúne, por primera vez, las series completas que el grabador del siglo XIX Gustave Doré y el referente del Pop Art del siglo XX Robert Rauschenberg crearon para ilustrar la primera parte de la Divina comedia. El segundo círculo está reservado para el pecado de la lujuria. Dante se encuentra y dialoga con personajes históricos, mitológicos y de la literatura clásica. Para él la lujuria está dentro de los pecados de incontinencia, y surge de un impulso corrupto del amor, pero amor al fin y al cabo, a diferencia de la fría malicia que reina en los círculos inferiores (como el fraude o la traición). Al escuchar el lamento de Francesca, Dante siente tanta compasión y dolor ante la vulnerabilidad de las emociones humanas que se desmaya. Es un desmayo poético que muestra que el propio narrador reconoce en sí mismo esa fragilidad ante el poder del amor, un poder avasallador:

https://www.youtube.com/watch?v=Ap6kH8e5Br0

Y por supuesto escucharé a Chaikovski y Wagner mientras continúo escribiendo novelas, eternamente:

https://www.youtube.com/watch?v=3AhZDsY44pc

https://www.youtube.com/watch?v=IaZZVRd_WeU

lunes, 12 de octubre de 2026

"Más que guapo, sexy, el Casanova del web".


Me definió por aquí hace unos días Mónica Valencia Casal, profesora de la Università degli Studi di Modena e Reggio Emilia. Esto de ser un escritor sexi ya me lo han dicho otras veces, lo que siempre me saca una sonrisa. Lo sexi nace en la sugerencia, en la posibilidad. Aquello que nos atrae física y sexualmente crece en la ausencia parcial, en lo que no se ve, pero se intuye que está en alguna parte. Ahora bien lo que cada uno entiende que es "seductor", para los demás a menudo es irreal, una fantasía motivada por la época en la que vivimos. A uno le hace o no sexi su propia autoestima, el que te importe un comino lo que los demás piensen de ti. Es algo más psicológico que físico, y no tiene que ver con la edad ni con la ropa que te pongas. La moda cambia continuamente, pero no sucede igual con la valoración que cada cual hace de sí mismo. Mientras me tomo un café, observo esa fotografía de ayer sobre un puente medieval del siglo XIV, es decir, lo más romántico. Ser romántico es una manera de mirar el mundo, de regresar a otra época, la del amor cortés y raptar de su castillo a la chica, aunque su padre, su marido y sus hermanos se opongan. Ser romántico es que te guste una de las películas argentinas más sexis y literarias que he visto nunca, "El lado oscuro del corazón" (1992), de Eliseo Subiela:

https://www.youtube.com/watch?v=PEqPp6s2EAg

Por supuesto la chica quería ser raptada.

domingo, 11 de octubre de 2026

"Todos dicen te quiero".


 

El otro día me fui a desayunar con Paco Rabadán, un profesor de la Universidad Rey Juan Carlos que fue mi alumno hace años y pronto se convirtió en un gran amigo. Fue tertuliano hasta que sus horarios de trabajo le impidieron venir. Hacía tiempo que no nos veíamos por varios motivos, pero sabe que casi lo considero un miembro más de mi familia y que no me importa acercarme en cualquier momento a un pueblo cercano a Madrid para estar un rato con él. Cuando nos despedimos me dijo aquello de "todos dicen te quiero, Justo". Sonreí y lo abracé, y por el camino de vuelta recordé la película de Woody Allen (en la segunda foto está en la Plaza de Oriente empezando a rodar su película sobre Madrid) donde homenajea a los Hermanos Marx. Y pensé en la secuencia que va en línea recta desde Chaplin, Keaton y los Hermanos Marx hasta Allen. Así se escribe la historia del cine y mi propia historia en este mundo, ya que todos ellos también forman parte de mi familia intelectual:
 
Con lo fácil que es ser feliz, la verdad, tanto como poner morritos en las fotos y pasear con tu chica por el Sena mientras nos besamos porque mi tren nunca se queda en España y atraviesa todas las fronteras: