martes, 16 de junio de 2026

"Me gusta mucho Madrid".


 
Ayer por la tarde me senté en un banco en el barrio de Malasaña, al lado del bar de copas que tuvo mi amigo Mariwán Shall, donde hice mis tertulias varios años y presenté algunos de mis libros y de otros escritores, y un señor se puso a hablar conmigo. Me dijo que era de Nicaragua y que llevaba algunos años viviendo en Madrid, un sitio maravilloso, tranquilo y encantador, donde nadie se metía con nadie y a todo el mundo se le recibía con los barrios abiertos. Me dijo que se llamaba Marco Antonio y luego me preguntó si me gustaba Rubén Darío, el gran poeta de su país. A esa hora se jugaba un partido de fútbol, pero en un banco del centro de Madrid nacía la magia, ya que Marco Antonio se puso a recitar "Sonatina":
 
"La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
 
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
 
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
 
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
 
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
 
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
 
¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
 
—¡Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor".
 
(Rubén Darío, 1896, "Prosas profanas y otros poemas").
 
Al terminar, el señor me preguntó la hora. No quería que se le hiciera tarde porque tenía que buscar a sus nietos. Le dije que eran las 18.30. Cuando me quedé solo pensé en lo mucho que me gusta Juan Ramón Jiménez, y en lo mucho que le gustaba a este Rubén Darío. Y me puse a tararear la Sonatina de Clementi: 
 
Me fui caminando por Fuencarral hasta la Gran Vía. Pensaba que la soledad no se combate con pastillas.

lunes, 15 de junio de 2026

"Y se acabó la Feria del Libro 26".


 

 

Este año no he ido a firmar porque no tenía ningún libro nuevo. Soy de los que piensan que uno debe publicar cuando tenga algo que decir. Sin embargo, lo que sí tengo son buenos amigos que se han acordado de mí y me han enviado estos últimos días fotos de otras ferias en las que estuvieron conmigo, como Yolanda Brown, Antonio Vaquerizas y Javier G. Valverde. Escribo mientras escucho a Brahms. Ayer me dormí con su música y con la lluvia, y es entonces cuando los recuerdos se hacen fotografías que se convierten en pequeñas luces en mi mente: 
 
Y se ilumina el firmamento

miércoles, 10 de junio de 2026

"El futuro de la literatura".


 
Aitana es la hija adolescente de nuestra tertuliana mexicana Mariola. Es una gran lectora que ya acompaña a su madre a leer cuentos a diversas escuelas, como Gabriela, la hija preadolescente de Ignacio, que está leyendo ahora "El diario de Ana Frank" y los libros de Elena Fortún. Son dos jóvenes lectores de ahora y del futuro, al igual que la hija de Carmen y mi hijo, como todos nosotros, un grupo de chalados letraheridos y amigos de una tertulia que tiene más de treinta años, Francisca, Mariwán, José Antonio, Miguel Ángel, Victoria, María José, Soledad y los amigos que no estaban, pero que me escribieron para darme un abrazo de despedida, Isabel, Iñaki y Almudena, quien se pasó toda la mañana en la Feria del Libro del Retiro con un grupo de jóvenes inmigrantes con los que trabaja cada día, animándolos a leer y haciendo actividades relacionadas con los libros. Siempre digo que mientras un niño pida a sus padres que le lean un cuento, sabré que la literatura no desaparecerá. Y dará igual la nacionalidad del niño, su color de piel y su sexo. Podrá ser del Kurdistán, de África, América o de cualquier lugar, porque los cuentos que apasionan a los niños no conocen de fronteras.
 
Y ahora sí que me voy a tumbar unos días debajo de un árbol, como Orfeo, para tocar la lira. Este célebre músico y poeta de la mitología griega es conocido por su prodigiosa habilidad para tocar la lira, un instrumento con el que lograba conmover a la naturaleza, apaciguar a las fieras y hacer que los árboles se inclinaran para escuchar sus melodías. Después vendrá Eurídice y me besará, aunque acabemos en el Segundo Círculo del infierno de Dante. Pero qué más dará si estaremos juntos toda la eternidad:
 

martes, 9 de junio de 2026

"Porá karaí".


 
Es una expresión guaraní que acabo de ver que me ha dedicado la escritora argentina Gladys Mercedes Acevedo, con relación al post que escribí ayer sobre la obra de teatro de Lope "La dama boba". El guaraní general es una lengua nativa de América del Sur que hablan más de diez millones de personas en buena parte de Paraguay y en la provincia de Corrientes en Argentina. He buscado el significado de esta hermosa expresión porque siempre me puede la curiosidad por conocer cosas, algo que también da sentido a mi tertulia, que, en su versión "online", se despide esta tarde por este curso, hablando de ese libro que llenó alguno de nuestros veranos, desde la infancia, y que aún guardamos en un rincón del corazón. La foto es de la última tertulia del martes pasado en el Hotel Indigo. Es hora de descansar y de pensar. Y de seguir viviendo como escritor, que es como más me gusta vivir, casi tanto como el hecho de escribir. También me gusta escuchar las sinfonías de Bruckner, como estoy haciendo de nuevo en los últimos días. Lo hago siempre con la integral de las sinfonías de Beethoven, Schubert, Brahms, Dvorak, Mahler o Chaikovski, todas seguidas, desde la primera hasta la última. La tercera de Bruckner, la llamada sinfonía "Wagner", es hermosa, como la vida y la diversidad de lenguas y personas que hay en el mundo: 
 

lunes, 8 de junio de 2026

"Si alguien me busca, me encontrará en un teatro".


 
Ayer por la tarde me fui a la Sala Verde de los Teatros del Canal, en pleno barrio de Chamberí, para aparecer en Illescas, entre Toledo y Madrid, llegar hasta la casa de Octavio en Madrid, pasear después por Recoletos y vivir una historia divertida y maravillosamente escrita por Lope de Vega que me habló de la "idea neoplatónica" del poder educativo y transformador del amor. Desde esta foto miro a las dos hijas de Octavio, Finea, la "boba" y Nisa, la "lista". A Finea le cuesta aprender las normas sociales, pero posee una gran dote económica. Nisa, por el contrario, es culta e inteligente, pero su dote es mucho menor. Y ahí están los pretendientes, Liseo, que llega a Madrid para casarse con Finea por su dinero, pero se desespera ante su simpleza y se siente atraído por Nisa, y Laurencio, un poeta pobre que corteja a Nisa y que decide conquistar a Finea atraído por su fortuna. Pero al enamorarse perdidamente de Laurencio, el entendimiento de Finea despierta. El deseo de comunicarse con él y de retenerlo provoca que aprenda a leer, a escribir y a comportarse con una agudeza que sorprende a toda su familia.
 
Y ese momento fantástico en el que nos habla Finea en el Acto III:
 
"¡Amor, divina invención
de conservar la belleza
de nuestra naturaleza,
o accidente o elección!
Extraños efetos son 5
los que de tu ciencia nacen,
pues las tinieblas deshacen,
pues hacen hablar los mudos,
pues los ingenios más rudos
sabios y discretos hacen. 10
 
No ha dos meses que vivía
a las bestias tan igual,
que aun el alma racional
parece que no tenía.
Con el animal sentía 15
y crecía con la planta;
la razón divina y santa
estaba eclipsada en mí,
hasta que en tus rayos vi,
a cúyo sol se levanta. 20
 
Tú desataste y rompiste
la escuridad de mi ingenio;
tú fuiste el divino genio
que me enseñaste, y me diste
la luz con que me pusiste 25
el nuevo ser en que estoy.
Mil gracias, amor, te doy,
pues me enseñaste tan bien,
que dicen cuantos me ven
que tan diferente soy. 30
 
A pura imaginación
de la fuerza de un deseo,
en los palacios me veo
de la divina razón.
¡Tanto la contemplación 35
de un bien pudo levantarme!
Ya puedes del grado honrarme,
dándome a Laurencio, amor,
con quien pudiste mejor,
enamorada, enseñarme". 40
 
Estas son algunas escenas de "La dama boba" en 1613 y a la vez en 2026:
 
Lope juega constantemente con los conceptos de quién es tonto en realidad y quién es sabio. Al final, Finea llega a fingir, incluso, que sigue siendo boba para proteger su amor.

domingo, 7 de junio de 2026

"Un laico leyendo a León XIV".


 
Javier, mi querido cura vasco, siempre dice que soy un "santo laico". Siempre me río cuando lo dice porque soy bastante poco santo. Sea como fuere, soy de los que piensan que un escritor del siglo XXI que quiera escribir una obra mínimamente coherente debe intentar saber de todo. Entre las tesis doctorales que he dirigido hay una sobre la moderna doctrina social de la Iglesia, tan interesante como conocer a Marx y Engels, después de pasar por Kant, Hegel y Goethe. Con la encíclica "Rerum novarum" (1891), de León XIII, se modernizó esa doctrina en medio de la turbulenta Segunda Revolución Industrial del siglo XIX a la que me referí por aquí el otro día. Juan Pablo II escribió cien años después la "Centesimus annus", en homenaje a esa obra. Ahora León XIV no puede dejar de mostrar su admiración a León XIII y ha escrito "Magnifica humanitas" (2026), que he estado leyendo estos días ya que se centra en gran medida en la IA. Robert Francis Prevost (Chicago, 1955) es matemático y teólogo, ha vivido muchos años en Perú y me parece un hombre inteligente y sensible. Compara la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Con la primera no se logra la unidad sino la dispersión; con la segunda la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todos. Y ese es el mensaje de la encíclica, edificar una ciudad centrada en el bien común en estos tiempos de la IA. El texto posee una cierta base científica, pero es espiritual. En la p. 169 y ss, se dice que" la paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás (...) Debemos decir "no" a la guerra de las palabras y las imágenes (...) Hay situaciones en las que para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta en pensar en no ser cómplices. Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas e infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma (...)
 
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A este papa y a mí nos gusta el canto gregoriano: 
 
 
En fin, aunque algunas me han echado fama de golfo a lo largo de mi vida, a lo mejor al final consigo ganarme el cielo

sábado, 6 de junio de 2026

"¿Existe el hombre perfecto?"


 

 
Ayer Abigail, una de mis encantadoras ex alumnas, me envió un clip que asegura que el hombre perfecto tiene una "o" en su nombre y una "e" en el apellido. Si lo dicen dos chicas guapas y encantadoras, lo acabaré creyendo, jeje:
 
Ahora ya me puedo tomar un vermú tranquilamente al mediodía, con aceitunas y patatas fritas. Reconozco que no padezco el síndrome del telediario ni el de los apocalípticos y agoreros del fin del mundo, empeñados en que el sistema capitalista nos lleva al desastre y todo se va a acabar en unos años. En el mundo pasan cosas buenas, es más, a mí me parece que ocurren más cosas buenas que malas. El ser humano es el invento más perfecto que ha creado la Naturaleza, o imperfecto, pero en cualquier caso fascinante.
 
Y es que, como he dicho otras veces, todos me llaman Bond, James Bond, digo Sotelo, Justo Sotelo, con una "o" en el nombre y una "e" en el apellido, sin duda porque "paso" del malo, del pesado, del corrupto, del machista, del xenófobo, del homófobo, del apocalíptico, y me quedo con la chica: