martes, 30 de abril de 2019

"El vals"

El viernes pasado estuve en la "Noche de los Libros del Casino de Madrid" vestido con un traje azul oscuro y mi pajarita de Harrods. El Casino está al lado de la Puerta del Sol, muy cerca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y fue fundado en el año 1836. Nada más subir las escaleras de la entrada te trasladas por arte de magia a uno de los palacios de Viena o de los salones de los castillos del rey Luis II de Baviera, aquel enamorado de las óperas de Wagner que le construyó a este su teatro y que era primo de Sisí o Romy Schneider. Por la escalera principal llegas hasta una biblioteca bellísima y a una terraza desde donde puede tocarse el cielo de Madrid con los dedos. 

¡Sí, ese cielo! 

La velada resultó sumamente agradable. Dos amigos leyeron allí sus obras (mi tertuliana Mari Carmen Bergado y Fausto Guerra Nuño, al que presenté hace dos años un libro de relatos en este mismo sitio, y así pude conocer a la excelente escritora Patricia José Álvarez) y además la pianista que dirige la tertulia musical del Casino interpretó con delicadeza a Schubert, Chopin, Halffter y Strauss, entre otros. El vino blanco, el champán y los canapés no desentonaron, mientras yo continuaba escuchando el vals interpretado por la pianista. En mi cabeza no dejaban de dar vueltas Sisí, Luis II, Visconti, Wagner y la primera vez que bailé con ella en una playa, cuando ni siquiera se escuchaba el sonido del mar.

Afuera el reloj de la Puerta del Sol seguía marcando las horas. 

Al salir pasé junto a un señor, vestido de negro de arriba abajo, que tocaba un vals con el acordeón sentado en un banco. A pesar de la hora, me senté junto a él y me quité la pajarita:

https://www.youtube.com/watch?v=LAVvBF7m260




lunes, 29 de abril de 2019

Tertulia en el Gijón sobre Angelina Gatell.

La tertulia de mañana martes por la tarde en el Café Gijón será especial, ya que brindaremos por la poeta Angelina Gatell, que nos dejó hace dos años y fue una mujer comprometida en la defensa de los derechos sociales y la memoria.

Gatell (Barcelona, 1926-Madrid, 2017) es una de las grandes poetas que ha habido en España, aunque tardó en recibir el reconocimiento que merecía, lo que es habitual en este país. Participó durante años en las tertulias del Café Gijón (en la segunda fotografía que he puesto está con Buero Vallejo, que conoció allí), y por eso queremos recordarla con la presencia de Sandra Santana, que es una poeta y profesora madrileña que da clase en la Universidad de La Laguna. Ha escrito el epílogo sobre el libro 'Poema del soldado" que en breve reeditará la editorial Bartleby en su serie Lecturas21 y con el que Gatell logró el premio "Alfons el Magnànim" el año 1954 (fue la primera mujer galardonada con un premio poético en aquella España de la posguerra).

Será, como siempre, a las 18,30 en el Paseo de Recoletos 21 de Madrid, y también nos acompañarán su hijo, el poeta Miguel Sánchez Gatell, además de Pepo Paz, editor de Bartleby, y Manuel Rico, director de su colección de poesía, que son los que han recuperado su obra.

Dejo por aquí un par de artículos sobre Angelina. En uno de ellos se cuenta el curioso enfrentamiento que tuvo con Adolfo Suárez cuando este dirigía TVE. Además se pueden leer algunos de sus poemas y apreciar su enorme calidad.

https://www.poetica2puntocero.com/dia-angelina-gatell-no-…/…
https://www.ocultalit.com/…/angelina-gatell-poeta-sonando…/…

(La primera foto es una de las últimas que me hice con ella, en compañía del poeta Javier Lostalé).


domingo, 28 de abril de 2019

sábado, 27 de abril de 2019

"La democracia de las emociones".

En vísperas de unas elecciones, quizá sea buena idea hablar de la llamada "democracia de las emociones" a partir de los filósofos Walter Benjamin, María Zambrano, Emmanuel Lévinas y Tomás Valladolid, y de una curiosa anécdota que me ocurrió el otro día.

En un post que escribí a principios de esta semana, mi amiga virtual Lorena Mancera puso esta fotografía en mi muro como comentario, sin añadir nada más. Tuve que ampliar la pantalla para leerla, ya que en el móvil solo había distinguido un dedo femenino sobre la página de un libro:

"El escritor Justo Sotelo, en su portal de Facebook, y en contraste con este reino en constante y olvidadiza actualidad, no ha mucho se refirió a Walter Benjamín para señalar dos advertencias: primera, que "el pensamiento debe tener otro ritmo si quiere servir a la libertad y no ser estéril"; segunda "que el aventurero que está, aparentemente, en medio del desierto no se detiene en ninguna parte. Sabe que su objetivo es encontrar la tierra prometida de la libertad". Magnífica forma, la de Justo Sotelo, análoga también a la de María Zambrano, de defender la perspectiva del ritmo exílico del tiempo y de la diáspora como liberación". Ciertamente, no es lo mismo tener como objetivo la tierra prometida de la libertad que fijarse como horizonte la libertad de la tierra prometida. En este último sentido (que define a los variados nacionalismos y otros tipos de ideologías) la libertad es una libertad esclava, una forma más de servidumbre voluntaria. La imagen o la idea que se tenga del ser humano (y de la ciudadanía) depende de esta distinción. El "ethos" de la vida personal y colectiva está aquí en juego, pues la libertad y la alteridad se vinculan de manera radicalmente distinta, como a su vez dejó muy bien expuesto Emmanuel Lévinas".

Después de leerlas, recordé que estas palabras aluden a una conversación que tuve hace meses con el profesor Tomás Valladolid Bueno.

Tomás Valladolid nació en Siles (Jaén) en 1959 y es doctor en Filosofía. Ha escrito varios libros y artículos sobre victimología, religión y política, justicia reconstructiva, pensamiento judío medieval, poesía y ética democrática, y memoria e identidad democrática. Sé que acaba de publicar y presentar un nuevo libro; lo que ignoraba es que yo apareciera citado en él. Me refiero a "La amistad debida" (Editorial Anthropos, 2019), donde analiza el espacio público de la virtud reordenado con el "ethos" de la amistad, del ideal de la humanidad. Tal virtud se condensa en la amistad democrática, la apertura a los otros y a ese otro que queremos ser según el deber de la amistad.

Me tomo un café mientras pienso cómo terminar de escribir este post; en realidad lo tengo fácil. A la amistad no se le puede poner un precio, como tampoco a la tierra prometida de la libertad.

viernes, 26 de abril de 2019

"Cosas de amigos y de estética".

Como me ha ocurrido tantas veces, me agrada que me pinten retratos y me dediquen canciones y poemas, y poder inspirarlos, como sucedió ayer con este poema de Javier del Prado, mi catedrático de literatura favorito. Nos conocimos hace cinco años y, a pesar del poco tiempo transcurrido, creo que podemos considerarnos amigos. 

Entre otras cosas, en un poema procuro buscar su semántica expresiva, esa estilítica que relaciona el signo linguístico con el pensamiento, y dentro de este el dominio intelectual de las ideas y el afectivo de los sentimientos. A su vez el signo linguístico tiene que poseer un significado evocativo, sin el cual sería deficiente. En el poema de Javier observo una expresividad que es tanto estética como intelectual.

"Me dices que vuelva ya a Madrid,
que ya está bien de Galicia,
que en la tertulia me echan de menos.


Justo, ¿tú crees?,
tú que te pasas de julio a diciembre estudiando el mundo,
sus calles, sus músicas,
sus cafés, sus recuerdos de viejos literatos,
sus chicas,
estudiantes de intertextos sajones y de músicas nórdicas,
el rincón donde nace
un amor de novela
para meterlo en un cuento,
un cuento de "otros", dices,
que nosotros leemos en tu ausencia.


Madrid es Madrid.
no lo dudo.
Pero Galicia es Galicia,
no lo dudes,
real y mágica
medieval y simbolista.


Tengo mi Prado privado en mis ojos:
Velázquez (con sus fondos) por todos los rincones de la Ría
tengo campos de nubes que no abarcan,
ni en sueños,
los pinceles de Constable
y rincones de follajes secretos, con su vacas,
que elevan los pinceles de Ruisdael
a la altura de un Tiepolo asentado
en la tierra, olvidados
sus cielos italianos
poblados por los santos
que sienten que sus cuerpos se deshacen
en música y en nubes.


Volveré, Justo,
amigo.
No porque se echen de menos mis frases razonadas,
mis racimos de fechas, de nombres y de datos,
mi voluntad de ser,
a toda costa,
racional,
de no empezar una frase si no pienso acabarla,
de no iniciar un juicio
si no tengo previstas tres o cuatro salidas,
ni siquiera mi razón grotescamente amarga.


Estoy cansado
-ya he vivido, aunque siga
gozosa y lúcidamente viviendo.


Volveré
porque tres o cuatro caras me esperan,
tal vez cinco,
a lo más seis o siete.


Seis sonrisas y una frase agradable.

Ya puedes ir diciendo que Javier se hace viejo,
que ya encuentra sus frases sin sentido,
sus razones sin eco,
sus historias salidas de la historia
y sus flores, un pálido recuerdo,
un recurso,
de la belleza de sus viejos pensamientos.


Amigos".

jueves, 25 de abril de 2019

"Peter Brook, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019".

El señor de la fotografía quizá sea el mayor director de teatro que ha habido en el siglo XX, además de director de cine y ópera. Lo conocí cuando yo era muy joven, y siempre que pienso en la revolución en el arte me acuerdo de él.

Aún sigue vivo y ayer le concedieron el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Intelectuamente, no suelen interesarme los premios, pero a veces hago excepciones. Peter Brook (Londres, 1925) fue el causante de que, en cierta ocasión, yo permaneciera 12 horas seguidas dentro de un teatro, lo que solo me ha vuelto a ocurrir con "Las comedias bárbaras" de Valle y la Tetralogía de Wagner.

Tras dirigir la Royal Opera House, Brook se unió a la Royal Shakespeare Company en Stratford-upon-Avon. En 1970 se instaló en París y empezó su verdadera revolución artística, con actores de todo el mundo. Con ellos viajó por todas partes haciendo teatro, incluso en aldeas africanas. Sus mayores éxitos no solo fueron sus originales escenificaciones de obras de Shakespeare o su experiencia con el Teatro de la Crueldad que culmina con su escenificación de su mítico "Marat/Sade" (1964) de Peter Weiss. También se encuentran obras de Jarry, Chéjov, Genet o Beckett, creaciones a partir del psicólogo Oliver Sacks, piezas sencillas tomadas del mundo africano, óperas de Debussy o de Bizet. El ideal expresado en su libro más famoso, "El espacio vacío", se ha ido plasmando de diversos modos, si bien en sus últimas piezas el despojamiento ha sido radical.

En 1985 trajo a Madrid el montaje del "Mahabharata". Es el poema épico más largo de la historia. Culturalmente, la India es un país atravesado por su historia; los primeros asentamientos se produjeron nueve siglos a.C. y fueron desarrollando su cultura en el Valle del Indo hacia 3.300 a.C. Tras su caida después de la invasión aria, tuvo lugar el periodo védico (entre 1.000-500 a.C.) en el que se establecieron las bases del hinduismo y otros aspectos culturales de la sociedad india. Sus textos más populares son narraciones épicas datadas en esa época. Tanto el "Mahabharata" como el "Ramayana" forman parte de los "Itijasa" ("asi realmente fue") que es el nombre que reciben los textos sánscritos no directamente filosóficos, junto con los "Puranas" (historias antiguas) que las forman.

Cuando terminé de ver el montaje de Brook pensé que sería difícil volver a tener una experiencia que mezclara el misticismo con lo intelectual, la belleza con el pensamiento, el viento inmenso con la calma más absoluta. En aquel texto y con aquel montaje se fusionaban el ser, el estar y el hacer. Era como escuchar la voz de una vieja inteligencia que se planteaba las mismas preguntas que nos seguimos haciendo más de 2000 años después. Y eso te permite pensar en el misterio del mundo y el ser humano.

Dejo por aquí una versión reducida para TV de esta obra dirigida por el propio Brook. Es imposible que pueda compararse con la experiencia en directo; aun así a veces la veo para no olvidarme de que todo está dentro de nuestro cerebro.

Y de que podemos ver más lejos si lo intentamos.

https://www.youtube.com/watch?v=HWkepuGV4cIyoBr



"La culpa fue del cha cha cha".

Si en los años 20, París era una fiesta, como escribió Hemingway, Madrid lo fue en los 80, con todo lo que eso implicaba. De ello nos habló ayer por la tarde Manuel Rico en la tertulia del Café Gijón, a la hora de referirse a su último libro publicado, "Escritor a la espera. (Diarios de los 80)".

Madrid fueron las primeras películas de Almodóvar, Trueba y Colomo, de la sala Rock-ola donde tocaron los grandes grupos de entonces (los Secretos, Gabinete Caligari, Radio Futura), de revistas culturales, del nacimiento de la idea del orgullo gay y de toda una forma de entender la vida que venía del franquismo y quería romper con él. Desde luego que no hay que olvidar los intentos de golpes de estado, el terrorismo, el desempleo, la inflación, la droga y la crisis económica. En su libro Manuel Rico habla de un joven que empezaba a escribir, embargado por un gran compromiso político y social, ese escritor a la espera que terminó convirtiéndose con el tiempo en un escritor importante.

La tertulia fue deliciosa gracias a Manuel, pero también a las intervenciones de Mariwan, Ramón, Antonio, Victoria, Valentín, Albertina, Santiago, Juana y su marido y las dos Cármenes (en la fotografía antes de empezar y de que apareciera Juan Bautista con las bebidas). Al principio yo tuve un ataque de tos, me fui arriba a por un vaso de agua y al regresar me senté en este otro lado de la fotografía para cerrar el círculo o el cuadrado. Así la tertulia se convirtió en un círculo repleto de literatura y nostalgia (a medida que pasan los años, a todos se nos va muriendo la eternidad y estamos velándola, como dijo Manuel que dijo Vallejo en uno de sus célebres versos) e incluso de fotografías, como ese momento mágico que vivimos cuando Santiago nos contó que hace poco había encontrado los negativos de muchas fotos de su juventud que creía perdidas y un mundo olvidado regresó de golpe a su presente.
Como sé que a Manolo le sigue gustando Gabinete Caligari, echémosle la culpa al cha cha cha para poner música al post:


Una tertulia con gente culta que habla de cosas cultas suele ser irrepetible en sí misma, como puede serlo una clase en la Universidad. Por eso nunca me apetece grabarlas, porque se viven realmente en ese momento y no en otro (siempre digo que no me arrepiento de ningún día que he vivido en mi vida). Aun así recojo a continuación una deliciosa entrevista que hizo Carles Mesa a Manuel en Radio 1 de RNE unas horas antes para hablar del libro.

Esto es cultura:

http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SGENDES/mp3/8/1/1555972398118.mp3?fbclid=IwAR38z6oRAG3D-eONe7ISJ0j_IONmtLaFmjq4TdE4SP_PmkkeKRcoIu6WfTA



 

martes, 23 de abril de 2019

"Las alas de los pájaros".

Las alas de los pájaros son como las páginas de los libros. 

Como las migas de pan que recogen del suelo para dárselas a sus crías y seguir volando en su imaginación.

¡Feliz Día del Libro, amigos!

domingo, 21 de abril de 2019

Sibelius en el Albert Hall.

Ayer escribí un post a partir del relato que me inspiró el Concierto de Violín de Sibelius. En mis "Cuentos de los otros" hay otro relato que se basa en la música del compositor finlandés, en concreto en esa Segunda Sinfonía que tanto aprecio, y mi primera visita a la mítica sala de conciertos de Londres (la foto es de hace unos años), aunque no tiene porqué haber autoficción en esto:

"Sibelius en el Albert Hall".

"Llevaste un canapé a su boca y ella te ofreció a cambio un trozo de empanada. Se había arrodillado en un costado de la cama y sus pechos subían y bajaban frente a tus ojos mientras la comida penetraba en tu garganta.

Cuéntame otra vez la historia de ese concierto de Londres, dijo acariciando tus labios. Ya sé que eras muy joven y viajabas por primera vez a esa ciudad. También quiero que me digas que te alojaste en una residencia de estudiantes de la Universidad, al lado de Hyde Park. Que veías el edificio de la orquesta a todas horas y por fin sacaste las entradas para un concierto con obras de Respighi y Sibelius. Y que estuviste tumbado y sentado en el patio de butacas porque los Proms son así. Dime que aquella música te cambió la vida y que fuiste capaz de apreciar la belleza que existe en ese vacío inefable del Universo del que nace el arte como una delicada rosa en primavera. ¿Sabes por qué te amo? Voy a decírtelo. Porque representas la belleza humana y la felicidad.

No se me ocurre otra mejor manera de pasar la tarde que con ella en la cama, le digo por mi parte tras pasar el brazo por su espalda y acariciar el lunar de su cuello, comiendo canapés y escuchando la Segunda Sinfonía de Sibelius, con las trompetas y los violines repitiendo sin descanso la misma frase del final.

Hasta que llega al orgasmo entre mis brazos".

Esta es la música de Sibelius, el final de la Segunda Sinfonía, algo así como la perfecta unión física entre dos seres humanos a través de la música y la literatura:

https://www.youtube.com/watch?v=anrC1gca-qs

sábado, 20 de abril de 2019

"Los Alpes", uno de mis "Cuentos de los otros".

Amanece.

Me tomo el primer café de la mañana con el Concierto de Violín de Sibelius, lo que me recuerda que he escuchado varias veces a este compositor en el Albert Hall de Londres, lo que a su vez me lleva a uno de mis "Cuentos de los otros" (Bartleby, 2017):

"Los Alpes".

"La distinguió desde lejos. Era una cabaña de madera en medio del bosque. También se veía una cascada al otro lado de la carretera. Detuvo el coche antes de llegar. Cerró los ojos. Aquello era música o tal vez la música ya formara parte de su interior.

Las paredes estaban llenas de fotografías de los Alpes. Se fijó en un hombre y una mujer que hablaban entre susurros, frente al ardiente fuego de la chimenea.

Se acerca a la barra y pide un té con leche y dos terrones de azúcar. Luego se sienta en una esquina, se quita el abrigo y la bufanda y finje leer y escuchar música en el teléfono mientras mueve el té con la cucharilla. Quizá alguien piense que está leyendo “La montaña mágica” de Mann y escuchando el Concierto de Violín de Sibelius. Observa de nuevo a la pareja y se imagina su historia de amor. Mira hacia la ventana y recuerda que hace años estuvo con ella en la montaña de ahí afuera, esquiando, y sufrió un accidente. Era su primer viaje juntos y estaban enamorados. Quizá por eso ella no quiso trasladarle a España, para no olvidarse nunca de ese lugar. Le enterraron en el cementerio del pueblo y un cura joven dijo unas palabras.

Desde entonces sueña con la nieve".

(Esta es la música que inspiró el relato, y que escuché innumerables veces antes de ponerme a escribir. Quería interpretar esta música a través de la literatura, si es que algo así puede hacerse:

https://www.youtube.com/watch?v=gpS_u5RvMpM)

viernes, 19 de abril de 2019

"De qué hablamos cuando hablamos de amor".

"-¿Qué es lo que cualquiera de nosotros sabe realmente del amor? -dijo Mel-. Creo que en el amor no somos más que principiantes. Decimos que nos amamos, y nos amamos, no lo dudo. Yo amo a Terri y Terri me ama a mí, y también vosotros os amáis. Ya sabéis a qué tipo de amor me refiero ahora. Al amor físico, ese impulso que te arrastra hacia alguien concreto, y al amor que inspira el ser de la otra persona. La esencia de esa persona, podríamos decir. El amor carnal y, bueno, digamos el amor sentimental, ese cuidado cotidiano para con la otra persona. Pero a veces me resulta difícil explicarme el hecho de que también debí de amar a mi primera mujer. Pero la amé, sé que la amé. Así que supongo que soy como Terri a este respecto. Como Terri y Ed. -Se quedó pensando en ello y luego continuó-. Hubo un tiempo en que creí que amaba a mi ex mujer más que a la propia vida. Pero ahora la aborrezco. De verdad. ¿Cómo se explica eso? ¿Qué ha sido de aquel amor? Qué ha sido de él, eso es lo que quisiera yo saber. Me gustaría que alguien pudiera decírmelo. Ahí tenemos a Ed. De acuerdo, otra vez Ed. Ama tanto a Terri que trata de matarla, y acaba matándose a sí mismo. -Calló y bebió un trago de ginebra-. Vosotros lleváis juntos dieciocho meses, y os amáis. Se os nota en todo. Rebosáis amor. Pero los dos habéis amado a otra gente antes de encontraros. Los dos habéis estado casados antes, igual que nosotros. Y probablemente habréis amado a otras personas antes de vuestro primer matrimonio. Terri y yo llevamos juntos cinco años, y casados cuatro. Y lo terrible, lo terrible, aunque también lo bueno, la gracia salvadora, podríamos decir, es que si algo nos pasara a alguno de nosotros, perdonadme que lo diga, si algo nos pasara a alguno de nosotros mañana, creo que el otro, la otra persona, lo pasaría mal una temporada, entendéis, pero, luego, el que sobreviviese saldría y volvería a amar, tendría a alguien muy pronto. Y todo esto, todo el amor del que hablamos no sería sino un recuerdo".

(Carver, R. "De qué hablamos cuando hablamos de amor", pp. 143 y 144, Anagrama, 2007).

Es el penúltimo de los 17 relatos que componen el libro del mismo título de Carver (1939-1988), que tanto ha influido en la literatura de finales del siglo pasado.

Ayer por la tarde vi una representación teatral basada en él, donde se habla de la soledad de la gente, de la falta de comunicación, de cómo las parejes se desintegran por una u otra causa porque, en realidad, nadie sabe lo que es el amor. Este es un resumen en Youtube de esa representación. Confieso que me gusta mucho el teatro. Es posible que ser actor de teatro sea la actividad artística más completa que existe:

https://www.youtube.com/watch?v=z2lIax1yToI
 
 

miércoles, 17 de abril de 2019

Un paseo por la mente de Pepo Paz Saz y su libro de relatos "Las demás muertes".


Solo hay tres temas en literatura, el tiempo, el espacio y el otro, y ya se encuentran en los testimonios escritos más antiguos que se conservan. Siempre lo recuerdo cuando leo un libro, como me ha ocurrido estos días con el primer libro de relatos de Pepo Paz (Madrid, 1962), publicado en 2018 por la editorial Demipage. 

Pepo Paz es economista, editor, fotógrafo, escritor de libros de viajes y un sentimental que escribe muy bien. 

El libro comienza con un breve y bello prólogo titulado "Dos pequeñas maletas", y en cuanto empezamos a pasar sus páginas comprendemos que están representados los tres grandes temas de la literatura universal que he citado al principio. Todo lo domina el paso del tiempo, pero a su vez todo está lleno de espacios y personas encerradas en ellos. Son esos "otros" que nos hacen a cada uno, tanto por lo que nos dicen como por lo que nos ocultan. A lo largo de 150 páginas, observo la mezcla estilística de una prosa cuidada y decidida a ser poética, con una intuitiva melancolía que me llevan a pensar en Conti, Aldecoa y Carver, aunque citar solo a estos autores tal vez sea demasiado reduccionista, pues se nota que el autor es un buen lector y además tiene buena memoria.

Las demás muertes son las muertes que nos importan, empezando por la nuestra, ya que vamos muriendo poco a poco desde que nacemos, por ejemplo, en el barrio de Canillejas de Madrid, que es donde nació el autor. Este barrio tiene una presencia constante en el libro y en el inconsciente de la mayoría de los narradores y protagonistas de los relatos, que alternan la primera y la tercera personas con fortuna. "Canillejas era su sueño", podemos leer en la página 31, dentro de "Lágrimas de cemento". "Allí había crecido, cuando el paisaje no era otra cosa que una campa pelada, y la tapia del cementerio la frontera con el mundo que se perdía hacia el Jarama y el bullicio de Alcalá".

El Jarama de Ferlosio y el Jarama de Paz, el río de la vida donde se siente el deseo de recordar para no olvidar o de imaginar que se recuerda, que es lo que hacen muchos de los personajes del libro. Por eso aparecen la abuela de la madre, el fútbol al que jugaban los niños, el lento paso del tranvía, los polvorones de la Nochebuena y los roscones de Reyes, las vacaciones de verano en el Cantábrico y los bailes de los sábados. En esos recuerdos, y gracias a la cuidada semántica que utiliza Pepo Paz en cada relato, los árboles son capaces de sonreírnos y las montañas de adquirir diversos colores que son más del alma que de la realidad. El discurso alterna, sobre todo, los estilos indirecto e indirecto libre, aunque en algún caso me ha parecido atisbar al "autor implícito".

Por otra parte Pepo Paz siempre se pone de parte de los más débiles ("Transeúnte" o "La huida imposible"), y al final regresa a cuidar del jardín de su casa, un lugar donde se siente feliz y el mundo se encuentra equilibrado, en orden. Esto ocurre en el último y más extenso relato, "Ciruelas en junio", lo que da un cierto carácter circular al libro, como si tuviera necesidad de cerrarse sobre sí mismo. La "casa" es su "locus amoenus" particular, y no creo equivocarme demasiado al decir que, para él, esa casa también es la literatura en la expresión más noble de la palabra.

Y es que encima de la bicicleta azul de la infancia se puede llegar a todas partes, incluso a los corazones de los seres queridos.

"Madrid / París a través de tres Cafés literarios".

Ayer no tuvimos tertulia en el Café Gijón, pero aun así me apetece escribir un post sobre ella. 

Albertina de Oria Rueda es una nueva tertuliana de este año que el otro día escribió un texto sobre las tertulias y su entorno madrileño, como si fueran parisinas (la fotografía también es suya). Con ese nombre y su amor por la literatura le he dicho que me recuerda a un personaje de Proust escapado de "En busca del tiempo perdido".
Este es su texto:

"Me he sentado en el suelo, en pleno centro del Paseo de Recoletos, para mirar y remirar las hileras de árboles, los palacetes, la gran bandera de Colón y la diosa Cibeles. Me gusta contar los árboles y agruparlos por especies botánicas, colores y olores. A los palacios les pongo nombres: el del marqués de Salamanca, el del Consejo General de la Abogacía, el de la sala de exposiciones de Mapfre, el de la Casa de América. A la bandera la miro y pienso cuantos trajes podría cortar Ruiz de la Prada. Y al mirar a la diosa Cibeles tengo tanta envidia que me pongo tiñosa. 

En el centro de todo el Café Gijón.

Esta tarde he visto entrar a Valle Inclán, con sus escritos bajo el brazo, para asistir a la tertulia y he corrido como una posesa para poder verle mejor, pero se ha evaporado en una nube densa tras la que se veía, al disiparse, a la gente asomada a las ventanas, tomando su café mientras dejaban pasar el tiempo.

En el Café Gijón siguen los mismos muebles, cuadros, mesas, camareros, todo sigue igual. Pasas el umbral y te das de bruces con la mejor tertulia de Madrid, la de Justo Sotelo. Las prepara como si no hiciera nada, como si se colara tras los pasos del autor de Luces de Bohemia o de Don Antonio en su camino a Collioure. Es la tertulia en la que se ensalza la libertad que da la palabra, cuando se busca escribir literatura de la buena. Es la esencia de las presencias del Café Gijón, las de la planta baja".

Hasta aquí su texto.

Tras leerlo de nuevo he recordado los dos Cafés más famosos de París, que están en Saint-Germain-des-Prés, uno al lado del otro, Les Deux Magots, el preferido de Cortázar, y el de Flore donde siempre iban a leer y escribir Beauvoir y Sartre, y donde podría aparecer en cualquier momento Mireille Mathieu para cantar "Un monde avec toi" y "La derniêre valse", mientras un video nos enseña esos Cafés y nosotros nos ponemos a bailar con el amor de nuestra vida:

https://www.youtube.com/watch?v=tQ9ECWayYNE

martes, 16 de abril de 2019

"Notre-Dame de París".

Mi madre siempre me decía que yo tenía que vivir en París, un lugar donde se valora la cultura y todavía quedan librerías. El verano pasado me di una vuelta por allí, como tantas veces (después de todo Madrid solo está a una hora y tres cuartos), y escribí este post:

"Junto a esa catedral pasa un río atravesado por bellos y antiguos puentes. Allí mismo un hombre y una mujer bailaron y cantaron hace muchos años "Our Love is Here to Stay" (1951):


Después otro hombre y otra mujer volvieron a bailar y a cantar en el mismo sitio (1996):

https://www.youtube.com/watch?v=p2Lei_PbwJ4.

Woody Allen homenajeaba con su "Everyone Says I Love You" a una de las películas más graciosas y surrealistas que se han hecho en el cine, "Plumas de caballo" (1932), y que yo no dejo de ver para convencerme de que el ser humano es un espécimen que a veces puede llegar a ser inteligente, sobre todo si se llama Groucho Marx:

https://www.youtube.com/watch?v=0lCPmaq960E".

En fin, París siempre será la ciudad más hermosa del mundo, aunque se queme. En buena medida es producto de nuestra imaginación, al menos de la mía.

"Claro de luna".

La chica era ciega, pero quería saber cómo era un "claro de luna".

Ayer escuché en directo la célebre sonata de Beethoven interpretada por Marina Marrero Polegre, una joven tinerfeña de veinte años que dentro de un mes se examina de sus estudios de posgrado en la Associated Board of the Royal Schools of Music, de Londres. Beethoven tenía treinta años, vivía deprimido porque había perdido a uno de sus discípulos más queridos y su relación sentimental con la condesa Josephine Brunswick no iba por buen camino. Paseando una noche por las calles de Bonn llegó hasta un barrio pobre. Una música atrajo su curiosidad. Se sorprendió cuando, en un viejo cuarto, sentada junto a un piano, vio que una mujer tocaba algunas notas. Nadie le había enseñado música, solo interpretaba obras de Beethoven, el mayor genio de Alemania, comentó sin saber que era él. Estuvieron juntos riendo, tocando y cantando, y, al despedirse por la mañana, él le dijo que quería hacerle un regalo. Ella le respondió que, debido a su ceguera, solo deseaba "ver" cómo era un claro de luna.

Los "puristas" suelen decir que esta historia es demasiado romántica para ser verdad. Yo solo soy escritor y me limito a escribir que ayer pude ver y escuchar cómo es, de nuevo, un claro de luna. Después de todo la belleza es la misma en 1801 que en 2019, y yo lo sé:

https://www.youtube.com/watch?v=q5OaSju0qNc

Hay cosas que parece que solo suceden en tu interior.

Anoche me dormí escuchando a Bach y hoy me he despertado habitando el Paraíso.

Un hombre solo y un cello, sentado en el lugar menos pensado, dentro de una abadía, en medio de la calle, entre las páginas subrayadas de un libro que has releído recientemente o que aún no has escrito. La música sobre el mar y los ríos que lo llenan, entre las olas, en su ropa, en su lápiz de labios, en sus uñas recién pintadas.

"Anochece".


El agua siempre es una utopía.

Es lo que tiene la vida, que permite imaginar la eternidad.

Miro el mar desde mi acantilado como una utopía eterna y escucho a María Callas interpretando esa aria que dio lugar a una de las declaraciones de amor a la vida más bellas que he visto en el cine.

La voz humana es como el agua, dulce o salada, que lo recoge todo a su paso, la historia y la ficción, el cine y el arte, el sentido y la sensibilidad, la palabra.

Algo así es la utopía de la belleza:

https://www.youtube.com/watch?v=nIcwNDBPGsk

sábado, 13 de abril de 2019

Siempre escribo las novelas que me apetece escribir.

Lo hago durante el tiempo que me pide la historia que deseo contar, incluso veinte años, como me ocurrió con "Entrevías mon amour" (2009). En cierto momento entendí que el personaje principal tenía que evolucionar conmigo o yo con él. Solo ha habido una excepción, "La paz de febrero" (2006), que apenas tardé tres años en escribir. La delirante invasión de Irak me llevó a plasmar en una novela la impotencia que sentía como ser humano, por esa guerra y por todas las guerras. 

Hace unos pocos días mi amiga y tertuliana María Victoria Huertas me dijo que la había comprado porque le apetecía leerla. Lo ha hecho visto y no visto, y ha escrito estas palabras en su muro de Facebook: "Ayer terminé de leer la novela de Justo Sotelo "La paz de Febrero", una novela que nos lleva a esos días del inicio de la Guerra de Irak y a su incertidumbre y recuerdo. La sencillez de los personajes se mezcla con la literatura, la música, el dolor, los sentimientos de lucha por ser felices, con esa elegancia, respeto y generosidad que Justo Sotelo pone siempre en sus novelas".

Después de leer estas palabras, pensé que si los malos supieran escribir comprenderían que las guerras solo se ganan aparentemente.

viernes, 12 de abril de 2019

"Porque dar clase no es trabajar".

Me he pasado la vida estudiando, leyendo, escribiendo, viajando, ayudando a todas las personas que he podido, riendo, sonriendo, siendo feliz y dando clase. Dar clase te permite ser feliz, más incluso que ser escritor, a pesar de que escribir también sea divertido. 

Me faltaba este grupo de ICADE por hacerme una fotografía este año, y la hicimos el lunes pasado. Son unos chicos encantadores y muy estudiosos. Y veo que acababa de llenar la pizarra de fórmulas matemáticas, una de las cosas que más me gustan. 

Por cierto, también observo en la foto que tengo un poco de barriga. Como lo de ir a un gimnasio a mi edad es una actividad inhumana (en realidad lo es a cualquier edad), voy a tener que beber menos champán.

jueves, 11 de abril de 2019

Ficción o realidad a propósito de "El orden del día", de Éric Vuillard.

A las cinco he quedado con el escritor y periodista Javier Valenzuela en el "Café Comercial" de la Glorieta de Bilbao para tomarnos algo. Después de hablar un rato sobre el futuro del periodismo y la literatura, nos levantamos y nos dirigimos hacia la puerta giratoria de la entrada. Entonces nos detiene un señor de sesenta y tantos años que nos muestra una novela, "El orden del día", de Éric Vuillard (Lyon, 1968), que ganó el premio Goncourt hace un par de años y ha mantenido una fuerte polémica con el historiador Robert Paxton (Virginia, 1932). El tipo nos dice que es un fiel lector de "Infolibre", el periódico de Javier donde este habló hace poco de esa novela. Ya lo leía cuando Javier dirigía EL PAÍS.
 
La eterna discusión entre la ficción y la realidad ya se encontraba en Platón y se reproduce en el Quijote y otras muchas obras de ficción y no ficción. A algunos historiadores siempre les ha molestado que los novelistas se metan en su terreno, y a algunos novelistas que los historiadores siempre tengan razón. Éric Vuillard escribe ficciones reales o pseudonovelas; observa algún hecho histórico, se documenta sobre él y lo reconstruye. En menos de 150 páginas, su novela analiza el fenómeno del nazismo en tres momentos. Una reunión de Hitler en febrero de 1933 con empresarios alemanes con el fin de recaudar fondos; un almuerzo de Ribbentrop, que es embajador saliente de Alemania en Londres y ya ministro de Exteriores, con el primer ministro británico Chamberlain en marzo de 1938, y la invasión de Austria por parte de Alemania en esas mismas fechas. Y todo esto le parece poco serio al historiador. Paxton es un reputado historiador que escribe siempre con las fuentes bibliográficas, los testimonios y los archivos a mano. Si se pretende hablar de la verdad de la historia, hay que hacerlo con un conocimiento profundo de las cosas.

Javier y yo charlamos unos minutos con este señor y nos vamos de paseo. Entonces comento que en la última película de Almodóvar, "Dolor y gloria", hay muchas referencias literarias. Aparecen por allí Shakespeare, Cocteau, Tennessee Williams, Chirbes, Pessoa, Bolaño y Vuillard. En varias escenas el personaje que interpreta Banderas, el "álter ego" de Almodóvar, lee "El orden del día".

¿Casualidad, ficción o realidad?


miércoles, 10 de abril de 2019

Tertulia con el escritor Luis Quiñones en el "Café Gijón".

¿Por qué una tertulia literaria puede ser apasionada, divertida, interesante y culta? 

¿Por qué pueden abordarse temas muy serios como las desapariciones de personas en los primeros años de la Transición, del gravísimo problema de la droga (sobre todo de los estragos que causó la heroína en España, algo que también está presente en la última película de Almódovar de la que hablé ayer por aquí) y de los secretos y mentiras de los poderes del Estado, pero sin perder la sonrisa de los labios y la buena educación? ¿Por qué se puede hablar de una bella, profunda y lograda novela, "Crónica del último invierno", del escritor madrileño Luis Quiñones, de 42 años, destacando los puntos esenciales de la misma, pero sin exagerar las alabanzas, ni hacer la pelota al autor, algo demasiado habitual en el mundo literario de este país y de cualquier parte? ¿Por qué digo siempre que el lenguaje es el que puede salvar a la literatura en este vertiginoso presente, dominado por Internet y las redes sociales, con una tecnología que ha democratizado la cultura y la información en todo el mundo, terminando con monopolios y oligopolios, incluidos los países más pobres? 

Para responder a estas preguntas y a otras muchas que no dejan de surgir durante hora y media en una tertulia literaria madrileña, lo mejor es pasarse todos los martes por el "Café Gijón" del Paseo de Recoletos, entre Cibeles y Colón. 

(El próximo martes los tertulianos no estaremos en ese lugar, porque será el momento de comer torrijas en otra parte).




martes, 9 de abril de 2019

"Almodóvar y yo".

No conozco personalmente a Almodóvar. Lo más cercano que he estado de él ha sido a través de la que fue su jefa de prensa, Mercedes Barreira, a la que tuve como alumna en la Universidad hace muchos años. Nos volvimos a encontrar ella y yo cuando presenté un libro a otro alumno, amigo suyo, en la librería "Tres rosas amarillas" de Madrid, con una clara referencia al escritor norteamericano Raymond Carver. Mercedes se convirtió en una de mis tertulianas y hablamos mucho de Almodóvar.

Esto viene a cuento a raíz del estreno de su última película, "Dolor y gloria", un título que me recuerda la novela de Graham Greene "El poder y la gloria", términos que, a su vez, aparecen en el Padrenuestro; como se ve no hay nada nuevo bajo el sol. Con Almodóvar me ocurrió durante mucho tiempo casi lo mismo que con Allen, Rohmer, Tanner, Kieslowsky o Kar-wai, que no me perdía ninguna de sus películas cuando se estrenaban. Tal vez por eso no me apetecía demasido ver su última película (lo que hice ayer), porque es posible que sea su testamento. Es una buena película (ni mejor ni peor que otras), pero con esa carga de "autoficción" que no me convence en el arte. Me ocurre como a la "madre", ya de mayor, que interpreta Julieta Serrano (lo mejor de la película, con diferencia), a la que tampoco le gusta la autoficción. Es algo que me sucede también con la literatura. Creo en la creación de mundos posibles, la construcción de esos mundos desde la nada, no en la mímesis o copia de lo que ya existe, aunque sea la vida de cada uno. Me parece que el "pacto de ficción" es lo que da sentido al arte y la literatura.

Y dicho eso se me pasaron las dos horas volando.

(Por cierto, en la foto que he puesto el único que mira de frente es el niño).

"Crónica del último invierno", de Luis Quiñones.

"Crónica del último invierno", de Luis Quiñones, es una novela que he leído recientemente y me ha interesado mucho.

Luis Quiñones (Madrid, 1977) es filólogo por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de Secundaria, y mañana por la tarde nos acompañará en la tertulia del "Café Gijón" para hablarnos de ella. Es la cuarta novela que ha publicado.

En enero de 1977, coincidiendo con la matanza de los abogados de Atocha, un joven del barrio de Vallecas desaparece sin dejar rastro. Cuarenta años después, la única pista que puede arrojar luz sobre su caso llega hasta un periodista jubilado que decide investigarlo. El resultado de sus pesquisas será la crónica que reconstruye la turbia biografía del joven, pero también los trágicos sucesos de aquel enero y cómo el proceso de la Transición fue cambiando la anatomía de una ciudad como Madrid.

A partir de tres voces que se van alternando a lo largo de la trama, surge una novela en la que el género policiaco se desdobla y se convierte en una narración periodística y de evocación poética. Y eso es lo que la convierte en una buena novela, porque de lo contrario estaríamos con lo de siempre. El lenguaje y la estructura están muy trabajados, son densos y complejos, y adquieren sentido propio al margen de la historia.

(La tertulia será a las 18.30 en el Paseo de Recoletos 21 de Madrid).

domingo, 7 de abril de 2019

"Dime qué lees y te diré qué escribes".

He recordado la frase del profesor Ángel García Galiano en un artículo para referirse a la biblioteca del escritor Francisco Ayala (Granada, 1906-Madrid, 2009), uno de los grandes escritores españoles del siglo XX. Esa biblioteca estaba formada por las obras de Cervantes, Quevedo, Galdós y Unamuno, casi en exclusiva. Ángel me dio clase, en la Complutense, de "Teoría de la Literatura" y "Lenguaje Literario (I) y (II)", y nos hicimos buenos amigos. Ha venido varias veces como invitado a mi tertulia y hace poco coincidimos en una comida.

Y he recordado esta frase mientras observaba una foto de la última tertulia, en la que tres escritores miramos hacia la pantalla de un teléfono móvil (es posible que Mohamed mirase hacia Almería en esos momentos) y a su vez otro teléfono móvil nos está haciendo una foto parecida, aunque no sea la misma. En el artículo, Ángel define la obra de Ayala como una especie de poliedro caleidoscópico, con algo de espejo roto, donde los ensayos sobre cine o sociológicos iluminan su obra narrativa, y esta a su vez se nutre de sus reflexiones teóricas y el estudio de los autores que más admira. Como señala con buen criterio Pinedo, el astuto y sedicente narrador de la novela de Ayala "Muertes de perro": "Nadie conoce la realidad, solo nos es dado interpretarla".

En ese espejo roto de la realidad y la ficción, me pregunto si tendrá cabida la música de Donizetti que estoy escuchando mientras escribo este post y me tomo un café.

Espero que María Callas diga que sí:

https://www.youtube.com/watch?v=BpJ2u1MiE7E

sábado, 6 de abril de 2019

"Rayuela".

Ayer dos alumnos me pidieron al terminar la clase que les recomendara una novela para leer este verano.

Les hablé de "Rayuela". Uno de ellos me dijo que ya la había leído, así que mencioné el "Retrato del artista adolescente", de Joyce. Tras despedirme de ellos, recordé mi ejemplar desvencijado de "Rayuela", por lo manoseado que está. Me gustaría ser el chico que todavía no ha leído esa novela, me dije mientras caminaba por unas calles que también podrían ser las calles de París.

Hace muchos años que encontré a la Maga.

Amanece lentamente, me tomo el primer café de la mañana y pienso en mis dos alumnos. 

Leer "Rayuela" por primera vez es una de esas cosas por las que merece la pena saber leer.