Hoy me tomo el primer café del domingo con las palabras que me dedicó el otro día Laura Hdez, una amiga virtual a la que no conozco personalmente, pero que siempre hace reflexiones interesantes por aquí y en su muro.
"Por algo tiene ese nombre. La vida real también es un libro. Justo, mientras toma vino y come pulpo, mastica un pensamiento que lo mantiene despierto en la noche, con los ojos abiertos a una realidad que muchos niegan por cobardía, la que su madre le dijo que estaba creada por el miedo a ser libre. En cada trago contempla su infancia, cuando se detenía en medio del ejército de hormigas después de la tormenta. Al contrario del ser humano que es cobarde, las hormigas van desnudas, con esfuerzo en su frágil cuerpo. Todas son sinceras entre ellas y ninguna se cuela porque la Reina hormiga se lo permita. Por el contrario, los humanos rompen filas, mienten, amañan premios y consienten el fraude con la excusa de que, aunque lo sea, el autor o autora es excelente. La cobardía no está en las hormigas ni en Justo. Justo camina desnudo, hacia esa luz de la justicia detrás del cristal, como el eco de un gato sin hogar que maúlla justicia".
Ayer saqué la foto en la calle Príncipe, junto a la Plaza Santa Ana del centro de Madrid donde hay una librería en la que transcurre mi novela "Las mentiras inexactas" (2012, Izana) y se habla de piratas. Cada vez que mis padres me regalaban un libro “de aventuras” me convertía en un pirata, un aventurero en la selva o un pistolero del Oeste. En “Las mentiras inexactas”, Sergio Barrios, el protagonista, enseña a su profesora de la Universidad Complutense, Nora Acosta (que está enamorada de él, a pesar de la diferencia de edad), los libros que llenaron esos años, y un tal Sotelo lo cuenta en la página 117 con estas palabras: "En una de las estanterías estaban sus libros desde los diez a los quince años, el tiempo de viajar con el profesor Challenger, el periodista Malone, lord John Roxton, y otro profesor, rival del primero, Summerlee, en busca del mundo perdido, cuando el suyo aún estaba por hacer o se hacía con otras compañías, como las del capitán Nemo a bordo de su Nautilus, al lado de Axel y Aronnax, o las de Jim Hawkins, John Silver y el fantasma del capitán Flint en la aventura más excitante que había vivido hasta entonces o las de Guillermo Brown, Tarzán y el mismísimo Sherlock Holmes".
Ya solo me falta la música:
Y entre hormigas y aventuras se hace uno escritor.

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