viernes, 8 de mayo de 2026

"El conductor desnudo".


 
Nunca había vivido una granizada semejante a la de ayer. Las calles estaban alfombradas con bolitas blancas o diminutos trozos de hielo como la nieve. No dejaban de caer y se apelotonaban unas encima de las otras. El coche estaba lejos, y tuve que caminar sobre ellas casi media hora con mis zapatos blancos. Sentía que estaba mojado, pero no creí que fuera del todo, la cazadora, la camiseta, el pantalón, y no sentía los zapatos, a pesar de que la dueña del restaurante del pueblo me había dejado un enorme paraguas. Siguió lloviendo toda la tarde, a veces con fuerza, y conduje el coche sin ropa por varias carreteras secundarias y por la autopista. No tuve que hacer ninguna parada, afortunadamente, porque no me podía poner esa ropa. Me crucé con una pareja de la Guardia Civil, pero estaban a otras cosas. En el pequeño video en la autopista se escucha el movimiento lento del precioso Concertino de Bacarisse, que es lo que sonaba en la radio. Tengo que volver un día para devolver el paraguas a la señora del restaurante. Seguro que entonces lucirá un sol espléndido y hará calor. Todo esto en el fondo es como el amor. El amor no se busca, no se persigue, no se suplica. El amor aparece sin más, y entonces se queda contigo para siempre. No te vas enamorando poco a poco; eso también es otra cosa. El amor es como una granizada que te cae encima y entonces por más ropa que te pongas o te quites, el amor ya conducirá tu vida, por autopistas y carreteras secundarias, como esta romanza:
 

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