martes, 31 de marzo de 2026

"Lo primero que hago cada día al despertar es leerte".


 

Mi escribió el otro día en un mensaje Patricia Viola, desde Córdoba, Argentina. Esto sucede desde hace cuatro años. En 2024 estuvo de viaje por España con su marido. Un día leyó que iba a acercarme a la presentación en el Ateneo de un libro de Javier del Prado, se animó e hizo lo mismo para que nos conociéramos en persona. Patricia me ha enviado también la fotografía como recuerdo, en la que estamos con una discípula y amiga de Javier de la que no recuerdo el nombre (ella es la rubia). Las últimas palabras de su mensaje son las siguientes: "Ahora estoy leyendo “Un hombre que se parecía a Al Pacino”y casi terminando “Entrevías mon amour”. Atrapante". Me parece que no hace falta añadir nada más. Solo, quizá, que soy un tipo afortunado, un enamorado del tango y de la libertad, sin la que sería incapaz de escribir y de vivir:

https://www.youtube.com/watch?v=kdhTodxH7Gw&list=RDkdhTodxH7Gw&start_radio=1

lunes, 30 de marzo de 2026

"Un Domingo de Ramos de cuento".




 
Me paso la vida yendo al teatro, al cine, a los conciertos. Y también disfruto subiendo y bajando montañas, como ayer, mientras suena Sibelius, por ejemplo. Luego escribo, siempre termino escribiendo.
 
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"La distinguió desde lejos. Era una cabaña de madera en medio del bosque. También se veía una cascada al otro lado de la carretera. Detuvo el coche antes de llegar. Cerró los ojos. Aquello era música o tal vez la música ya formara parte de su interior.
 
Las paredes estaban llenas de fotografías de los Alpes. Se fijó en un hombre y una mujer que hablaban entre susurros, frente al ardiente fuego de la chimenea.
 
Se acerca a la barra y pide un té con leche y dos terrones de azúcar. Luego se sienta en una esquina, se quita el abrigo y la bufanda y finje leer y escuchar música en el teléfono mientras mueve el té con la cucharilla. Quizá alguien piense que está leyendo “La montaña mágica” de Mann y escuchando el Concierto de Violín de Sibelius. Observa de nuevo a la pareja y se imagina su historia de amor. Mira hacia la ventana y recuerda que hace años estuvo con ella en la montaña de ahí afuera, esquiando, y sufrió un accidente. Era su primer viaje juntos y estaban enamorados. Quizá por eso ella no quiso trasladarle a España, para no olvidarse nunca de ese lugar. Le enterraron en el cementerio del pueblo y un cura joven dijo unas palabras.
 
Desde entonces sueña con la nieve".
 
("En los Alpes", Cuentos de los otros, 2017, Bartleby, p. 75).
 
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Y la música: 
 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

"Viendo la última de Almodóvar".



 
Almodóvar nunca ha vuelto a hacer una película como "Hable con ella", aunque su cine siempre me dice algo. El último cuarto de hora de "Amarga Navidad" es sin duda lo mejor, ya que Almodóvar se ríe de sí mismo y la autoficción, de la típica pedantería de los escritores y directores de cine, de los creadores en general. Toda la película es un juego de espejos entre la realidad y la ficción o la doble ficción, ya que la película se desdobla además entre lo que estamos viendo y el guion que escribe Leonardo Sbaraglia, el "álter ego" de Almodóvar. Y esto ocurre entre la madre de Almodóvar y la de Elsa, la protagonista del guion, interpretada por una bellísima Bárbara Lennie, o la propia Elsa que inspira el personaje de Aitana Sánchez Gijón, espléndida en su corto papel. El resto de esta película son varias "mujeres al borde de un ataque de nervios", pero sin Carmen Maura y Julieta Serrano y la bendita locura de entonces. Almodóvar se hace mayor y también una forma de hacer cine (me gustaría que hubiera más cine de Erice, pero qué le vamos a hacer). De paso me meto también en este post con una fotografía que me hice antes de entrar en la sala porque la jefa de prensa de Almodóvar durante varios años Mercedes Barreira fue mi alumna en la Universidad, nos encontramos tiempo después en una librería de Malasaña, "Tres rosas amarillas", como el libro de relatos de Carver, donde yo presentaba la novela de otro ex alumno, y se integró un tiempo en mi tertulia. Ella podría haber sido incluso la representante que interpreta Aitana Sánchez Gijón en la película. Es lo que tiene ser escritor o director de cine, que podemos hacer lo que queramos con las historias y la propia vida.
 
Este es el tráiler:
 
Por cierto, no sé si convertirme yo también en un personaje de Justo Sotelo.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

"Flores en las gafas"


El otro día la artista catalana Gloria Grau hizo un curioso montaje con mis gafas de sol y lo primero que pensé al verlo es que no me habría importado ser un jipi, uno de aquellos jóvenes que se iban a amar a Ibiza y a Tenerife, a Marruecos y a la India, cosa que acabé haciendo con el tiempo. Los que quisieron cambiar el mundo con las revueltas universitarias de Berkeley, París y Praga. Y por supuesto tampoco me hubiera importado escribir "La insoportable levedad del ser". Como es lógico soy antimilitarista y siempre elijo hacer el amor y pasarme media vida haciéndolo y la otra escribiendo, estudiando, viajando y dando clase. Todo empezó en la Universidad de California, Berkeley, donde di clase una primavera con veintitantos años, junto a Antonio Carmona y otros amigos de la Universidad. En esa época las chicas llevaban flores en el pelo y Scott McKenzie cantaba el himno jipi por excelencia. La escritora de Zaragoza Ana María Navales, a la que siempre admiré por haber escrito un libro de cuentos que se inspiraba en Virginia Woolf y su mundo de Bloomsbury, me llamaba "el chico de la mochila" porque en ella guardaba mis sueños, decía, y mis futuras novelas. Se enamoró de mi novela "Entrevías mon amor" y me ayudó a corregir el difícil manuscrito. Ella quería que se llamara "Entrevías my love", pero me equivoqué de manuscrito cuando se lo envié al editor de Bartleby, Pepo Paz Saz, y me dio pereza cambiar el título. Ana María es de las que siempre llevará flores en el pelo, allí donde esté, como las mujeres que me gustan:

https://www.youtube.com/watch?v=PQHb4z0prjo&list=RDPQHb4z0prjo&start_radio=1 

viernes, 27 de marzo de 2026

"La pasión".


 


Tal vez sea escritor por culpa de Bach o gente como Bach. Ayer por la tarde me fui al teatro Monumental de la calle Atocha para escuchar en directo la "Pasión según San Mateo", la obra cumbre de Bach que trasciende el mundo material para llegar a la absoluta espiritualidad. Siempre que la escucho me recuerda a la "Comedia" de Dante; no se me ocurre otra comparación. Bach lleva la crónica de la crucifixión a una meditación lírica que une música y texto para explorar la piedad y el amor. Y, a través de las arias, la narración bíblica se interrumpe para prestar su voz a un alma creyente que contempla, se conduele y reflexiona sobre el significado del sacrificio, y convierte la teología en poesía musical. Es la intervención del "yo" lírico, algo que me fascina como escritor y que me anima a continuar escribiendo, en realidad me justifica como escritor. Me siento afortunado por haber conocido esta música en mi breve paso por la tierra e intento dialogar con su autor. Escribir es mi manera de dar gracias a la belleza que me han regalado algunas personas, ya sea a través del amor físico o por la contemplación de la belleza, de la Naturaleza y el mundo o una obra que estuvo olvidada durante casi cien años y que logró recuperar un jovencísimo Mendelssonn y se basa en los capítulos XXVI y XXVII del Evangelio de Mateo y que dramatiza el relato para convertirlo en un monumento al consuelo y a la espiritualidad, no solo a la muerte. La espléndida versión que escuché ayer fue de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigida por Christoph König. Parece mentira que tres horas se me pasaran en un simple suspiro. Esta música hay que escucharla en directo, por supuesto, viendo los rostros de los músicos y tocando casi la piel de los instrumentos. Esta otra versión es de la Orquesta Nacional de Perú con el director canadiense Julián Kuerti, que hace una bonita e interesante introducción:

https://www.youtube.com/watch?v=QnF04o07jN4&list=RDQnF04o07jN4&start_radio=1&t=1593s 

 

 

jueves, 26 de marzo de 2026

"Las gafas de sol".


 

Me fijo en la montura y en las lentes. Los materiales incluyen acetato, metal, titanio o una fibra de carbono para monturas, y policarbonato, CR-39 o vidrio para lentes, a menudo con tratamientos polarizados y filtros UV para protección. Según el origen material, los cristales de las gafas de sol de la foto que me saqué el otro día en un descanso en la Universidad entre clase y clase, mientras me tomaba un café de máquina, responden a dos tipologías, las orgánicas y las minerales. La orgánica está hecha con polímeros y la otra es vidrio compuesto por sílice y óxidos metálicos. Las dos tipos se utilizan para elaborar gafas de sol polarizadas y fotocromáticas. Cuando escribo no es que no quiera saber lo que ocurre en el mundo, sino que escribir requiere de soledad. Mientras pienso, escribo y me tomo el primer café de la mañana leo los comentarios que mis amigos escribisteis al post de la tertulia del martes sobre teatro y José Luis García Barrientos. Son estupendos. El último es del poeta y profesor Pedro López Lara. "Me ha gustado que alguien se acuerde de Greimas y de sus ya viejos y entrañables actantes. Qué generación aquella: Foucault, Barthes, Genette, Levi-Strauss, Bremond, Lacan... Y al fondo la prolongada y lingüística sombra de Benveniste, prolongada luego en Martinet. La magnífica revista "Communications", portavoz de todos ellos. Eran los años sesenta y el mundo estaba cambiando. Lo que nadie podía esperar es que el cambio desembocara en esto de ahora. "Esto": un premio para quien me diga qué es en el fondo "esto de ahora". Se me ocurre decir a Pedro que ayer decía a mis alumnos que un "buen profesor" es el que explica bien su materia a sus alumnos, y para ello tiene que habérsela preparada a fondo y haberlo leído todo; si no la domina entonces la explicará mal y sus alumnos no entenderán nada o se equivocarán a la hora de estudiarla. Y con los libros sucede algo parecido. Así la buena literatura debería contener todo lo que se ha escrito hasta el 26 de marzo de 2026 y continuar avanzando. Soy progresista humano, no ideológico. La buena literatura debería hacer pensar al lector, pero sin guiarle, dejándole que saque sus propias conclusiones, como las gafas de sol a través de sus lentes orgánicas o minerales.

Como el jazz y un café:

https://www.youtube.com/watch?v=wCgK9GlW21g&list=RDwCgK9GlW21g&start_radio=1

miércoles, 25 de marzo de 2026

"Como en una película de Woody Allen".





 
José Luis viste un traje impecable y una corbata de colores, con una barba cuidada y una cabeza culta e inteligente que en seguida acude a la "Poética" de Aristóteles para hablarnos de poiesis, la “creación”, que deriva en nuestro idioma como “poesía”. Es decir, todo artista es un poeta, un creador. Y esa creación artística se produce a partir de la imitación de la vida que en griego es la mímesis. Para Aristóteles imitar es natural en el ser humano y supone el modo de aprendizaje en nuestra cultura. Yo no soy actor, pero como profesor universitario desde los veinticinco años siempre lo he sido un poco. Son las seis y pico de la tarde, estamos en el Hotel Indigo del centro de Madrid y van llegando mis amigos, los actantes, como diría Greimas, de esta obra de teatro, incluso película, en la que me gusta convertir mi vida, Almudena, Miguel Ángel y José Luis están en la primera foto junto a una amiga de Lola de la que no recuerdo el nombre, pero que me va a pedir amistad por aquí, y ya me enteraré. Y los demás personajes de Woody Allen se ven en las otras que comparto y que podrían ser de la Quinta Avenida de Nueva York y que ilustran la tarde de película de ayer. Me gusta el teatro, me gustan los autores de teatro, los actores y actrices, los teóricos, y me gusta José Luis García Barrientos, que es profesor de investigación Ad Honorem del CSIC en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y no sabía si estudiar matemáticas o literatura cuando llegó de joven a Madrid desde Badajoz.
 
Woody dice "acción, se rueda" y por arte de magia nos vamos desde Madrid a bailar a París:
 

 

martes, 24 de marzo de 2026

"Tu obra será inmortal, Justo Sotelo".


 

Dijo ayer por aquí Mayte García de la Fuente, que tiene un Club de Lectura desde hace años en Peñafiel (Valladolid) y ha leído algunas de mis novelas y libros de cuentos. Mayte siempre es muy amable y desde niño me enseñaron en casa que hay que ser agradecido con las personas que lo son. Aprovecho para agradecer los comentarios inteligentes y cariñosos sobre el post de "Poeta en Madrid" que me escribisteis los demás amigos. Las palabras de Mayte me han hecho reflexionar sobre el paso del tiempo y esa idea de lo inmortal, sobre el pasado que conforma nuestro mundo y ha llegado hasta nosotros a la espera del enigma que nos depara el futuro. Recuerdo a Eliot y sus reflexiones sobre el tiempo y la eternidad, en el sentido de que el final no es un cese absoluto, sino una especie de transformación. En mi principio está mi fin, escribió en "East Coker," el segundo de sus "Cuatro Cuartetos", una de esas obras que junto a "La tierra baldía" creo que hay que tener en la mesilla de noche para releerlo de vez en cuando. En mi fin está mi principio escribió en "Little Gidding", el último de los cuartetos. En ambos casos presenta una visión circular del tiempo, de la vida y la espiritualidad, y nos dice que el destino final está contenido en el origen. Eliot explora la idea de que la vida, la historia y la creación son ciclos de destrucción y reconstrucción (como los edificios), y sugiere que la exploración espiritual no es una línea recta, sino un viaje que termina donde comenzó, lo que permite comprender el lugar de origen por primera vez.

Me tomo un café y pienso que el primer canto del cuco en primavera tiene algo de esta inmortalidad, como sabía el compositor inglés Frederick Delius:

https://www.youtube.com/watch?v=3xHIhcstxUM

lunes, 23 de marzo de 2026

"Sorprendente y atrevida".



 
 
 
Han pasado cinco años desde su publicación y mi novela "Poeta en Madrid" (Huso, 2021) se sigue leyendo. No deja de resultar curioso en una época en la que todo va tan deprisa y los libros se olvidan en seguida. Ayer me escribió José Carlos Oliver Marugán para decirme que había escrito una reseña en Amazon sobre mi novela, y adjuntó la fotografía del libro. "Sorprendente y atrevida. Una puerta abierta a la diversidad que me ha hecho pensar. Tendré que leer más de este autor". No conozco en persona a José Carlos, pero le agradezco que siga leyendo mis libros. Y desde luego al primero que le tiene que sorprender lo que escribo es a mí, pues si no me aburro; y lo mismo sucede con atrevido. La verdad es que desde mi primera novela he procurado no repetirme nunca, intentar avanzar en el mundo de la literatura, mirar hacia atrás solo para saber lo que se ha escrito antes de mí e intentar abrir nuevos caminos, sobre todo en su unión con la ciencia. Ya he dicho muchas veces que la literatura me parece el arte más conservador y menos desarrollado. Me aburren los best sellers, los libros de seudo historia (si son sobre Franco, reyes y esas cosas casi provocan que me den ganas de cortarme las venas), las novelas policiacas, los libros premiados, incluidos con el Nobel, etc.
Lo que no me aburre es escuchar jazz cada día:
 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

"La vida es puro teatro".


 

 

Como a mí me gusta mucho la vida, vivo como si estuviera siempre en un teatro. Por eso ayer por la noche me fui a la Comedia para ver una obra casi desconocida de Calderón, "El escondido y la tapada" y para el próximo martes he invitado a la tertulia del Hotel Indigo, a las 18.15, a uno de los tipos que más sabe de teatro en este país, José Luis García Barrientos, del CSIC, que conocí hace años en un tribunal de tesis y ha estado varias veces con nosotros, como en la tercera fotografía con Almudena Mestre en Casa Manolo. Nos hablará de su conferencia "El teatro como literatura. (Una provocación)" publicada en la revista de Estudios de Literatura Comparada.
 
Este es el abstract:
 
"El artículo defiende que el teatro es literatura y espectáculo, plena y ventajosamente, en relación copulativa, no disyuntiva. Esta tesis se explica teóricamente mediante las distinciones entre texto dramático y obra dramática, de una parte, y entre las tres dimensiones del texto de teatro, como "partitura", como "obra" y como "documento..."
 
De la obra de Calderón me apetece decir que la disfruté durante casi dos horas, en primera fila, oliendo el humo, sintiendo el ruido de los trajes, viendo los gestos, las risas y hasta las arrugas de los actores de la Joven Compañía de Teatro Clásico. Es un Calderón divertido y juguetón, realmente moderno, con juegos de espejos, enamorados y enamoradas, criados simpáticos y todo tipo de enredos. Y, mientras me tomo el primer café de un bonito domingo de primavera, dejo por aquí la primera lectura de los actores. No me extraña que se lo pasen tan bien haciendo lo que hacen y que sean felices. Trabajar en lo que a uno le gusta es la primera condición para serlo:
 
Y estas son algunas escenas de la obra:
 
Y sales a la calle Príncipe, en el centro de Madrid, junto a la Plaza Santa Ana, con una sonrisa en el rostro, 400 años después de que lo hicieran otros hombres y mujeres del mismo Madrid. Porque la vida es puro teatro.

sábado, 21 de marzo de 2026

"Usted tiene algo de Oliverio".


 
Acostumbro a decir que la vida es bella, entre otras cosas, porque siempre me han amado mujeres hermosas que sabían volar. La frase del principio me la dijo una vez una amiga argentina, comparándome con Oliverio Girondo, el poeta de fuerza arrolladora que conquistó a Norah Lange, la mujer de la que Borges estuvo enamorado en su juventud. Borges jamás se lo perdonó y al cabo de los años escribió "El Aleph", uno de los cuentos más influyentes de la historia de la literatura, para ridiculizar a la pareja. Ese "usted" tan argentino me resultó entrañable. Me gustó la frase además porque esa historia es uno de los leitmotiv de mi novela "Las mentiras inexactas", donde "El Aleph" es una de las piedras angulares de la novela. Al final incluso aparece María Kodama en la librería de la plaza Santa Ana donde se desarrolla la historia (a Kodama acababa de conocerla en Madrid en una presentación de la obra de Borges). Además esta frase me hizo recordar una de las películas más poéticas, surrealistas y hermosas que he visto, "El lado oscuro del corazón", de Eliseo Subiela, donde se cita aquel "me importa un pito" de Girondo refiriéndose a las mujeres que no saben volar:
 
Un tipo que se llama Oliverio busca a una mujer que le haga volar. También aparece Benedetti alternando por los bares y recitando sus poemas. Dice Oliverio: "Ana me rompió el corazón, pero al herirlo, lo creó. Nunca lo entenderías. Mi pobre Ana. Mi querida Ana. Nunca hubiera podido pagarte esto que hiciste por mí, iluminaste el lado oscuro de mi corazón. ¿Por qué decidiste permanecer pobre, dejándome a mí tan rico?".

viernes, 20 de marzo de 2026

"El primer principio de la termodinámica".


 
Como todos los días son festivos para mí (perdone, señorita, que no me levante ante los Trump, Sánchez, Torrente y compañía, con sus historias tan viejas como la humanidad y que están más vistas que el tebeo), ayer estuve de paseo por ahí celebrando la vida con mi jersey roto, mis zapatos blancos y la mochila al hombro. Y sonó Brahms en el coche, una de sus obras de cámara que más habré escuchado en mi vida, su Quinteto para clarinete. Cuando se estrenó, Clara Wieck, el gran amor de Brahms, la artista a la que nunca se declaró porque estaba casada con su maestro Robert Schumann, y siempre respetó este hecho, le escribió para decirle que se había apoderado de ella "el suave e insistente lamento del clarinete sobre unos instrumentos sutilmente fusionados". Y a continuación añadió que "la alegría que sentí al escucharlo todavía sobrevive en mi corazón y por eso estoy agradecida". A veces las grandes historias de amor son imposibles, pero no dejan de ser historias que merece la pena vivir puesto que el verdadero amor es la felicidad:
 
La belleza no desaparece con el tiempo, solo se transforma.

jueves, 19 de marzo de 2026

"Mis alumnas me siguen dibujando corazones".


 
Esto volvió a ocurrir ayer y sonreí una vez más. Y luego les hablé del éxito, que me parece que está reñido con la ambición desmesurada por lograr el triunfo y el reconocimiento, y tiene más que ver con lo que damos a los demás, en definitiva, con la bondad del ser humano, como aprendí de mi padre. El mayor éxito que conozco es el de vivir tu propia vida y tomarte un café en el Viena, por ejemplo, o en una playa o en lo alto de la montaña, cerca del cielo, mientras te acaricia el viento, o en la plaza de los pintores de París, escuchando un saxo y un violín en cualquier calle del mundo, al sol, como pedía el filósofo griego, y tú me miras y me escribes una historia de amor con tus ojos:
 

martes, 17 de marzo de 2026

"Escritor en zapatillas".


 

Llevo unos días dando vueltas a esta fotografía que me hice en una librería hace poco. Sabía que algo no iba bien en ella, y creo que por fin he dado con la causa, las zapatillas. Me parece que un escritor no debe ir en zapatillas por la vida, y menos aún delante de una página en blanco o de un ordenador. No tiene sentido escuchar a Wagner en zapatillas, por ejemplo, como sucede con su ópera más romántica, "Lohengrin". De esta ópera se enamoró Luis II de Baviera, aquel "rey loco" que mitificó Visconti en una película de cuatro horas que vi en el cine Bellas Artes de joven. Y creo que estas cosas marcan para los restos, sobre todo cuando te encuentras ante la exquisitez llevada al cine, la brillantez, la decadencia, la elegancia, la belleza y el espíritu rupturista de Wagner, Musil o Kraus. Visconti es el gran cineasta de los mundos en extinción, el que con mayor lucidez y mirada poética ha reflejado en el cine la desaparición del Antiguo Régimen, la eterna decadencia de la aristocracia de la sangre y su paulatina sustitución por la aristocracia del dinero. Estoy pensando en "El gatopardo", "La caída de los dioses", "El inocente" e incluso la mahleriana "Muerte en Venecia". "Ludwig" nos cuenta la vida del mecenas de Wagner que, ascendido al trono antes de cumplir veinte años, cayó en desgracia ante la nobleza y el pueblo al arrastrar a su país a una guerra que lo puso en manos de Bismarck y su empeño de construir un Imperio de hegemonía prusiana a costa de los estados alemanes más débiles y pequeños. Luis II era primo de la hermosa Sisí, construyó el teatro de las óperas de Wagner y el castillo que inspiraría a Disney para su Bella Durmiente. En mi particular imaginario, Sisí solo podría tener el rostro de Romy Schneider, de la que vi una película, "Lo importante es amar", de Andrzej Zulawski, que me dejó pegado a la butaca del cine Bellas Artes varios minutos una vez terminada. En fin, Wagner, Luis II, Sisí, Visconti, el cine Bellas Artes y una parte de mí mismo, de mi imaginario personal y de mi forma de entender la vida:

https://www.youtube.com/watch?v=uHuqg51iyc4&list=RDuHuqg51iyc4&start_radio=1

lunes, 16 de marzo de 2026

"La tertulia de los amigos de Justo".


 

 
Mañana martes haremos una fiesta a las 18.15 en el restaurante Best Princesa del Hotel Indigo, en Marqués de Urquijo, 4. Tendremos la presentación de "Historia de un idiota financiero", del consultor Luis Ignacio Fernández Irigoyen, que me ha dicho que nos va a invitar a los tertulianos a una copa, no sé si de champán. El libro lo acaba de publicar con mi amigo Antonio Benicio Huerga, editor de Los libros del Mississippi. Es un recorrido divulgativo y en tono humorístico a lo largo de 6000 años de historia económica para demostrar cómo los humanos repetimos una y otra vez los mismos errores financieros. Y como si estuviéramos ante una novela mezcla la explicación histórica con entrevistas a personajes reales e inventados para analizar cómo surgieron el dinero, el comercio, la deuda y las primeras formas de organización financiera.
 
Y como he dicho que va a ser una fiesta y yo soy un peliculero, como decía mi madre (por cierto, la película que acaba de ganar los Óscar no está mal, aunque tampoco es para tirar cohetes), además de un príncipe, claro, como diría mi amigo Pepe Villacís, también podríamos bailar un vals. El otro día bailé uno de Chaikovski, y Teresa Tramunt comentó por aquí que ella me veía más como el príncipe de Salinas, del Gatopardo, bailando con la Cardinale:
 

domingo, 15 de marzo de 2026

"Las chicas listas leen libros".


 
Me detengo frente al escaparate de una librería y me fijo en las dos bolsas de tela. En una se lee que las chicas listas leen libros; en la otra se ve el rostro de Virginia Woolf, una escritora que no me canso de recomendar a mis alumnos, junto a su amigo John M. Keynes, los genios del Grupo de Bloomsbury del que también hablo en clase. He escrito artículos sobre ambos y les he dedicado tertulias. Desde que leí "Al faro", "Orlando", "Las olas" y "La señora Dalloway" supe que formarían parte de mi biblioteca particular, que acumula libros como yo acumulo años. "Las horas" (2002) es una película poética y triste que se basa en "La señora Dalloway". La música es de Philip Glass, una pura delicia que he escuchado decenas de veces en el coche. Lo que más me gusta de conducir es poder escuchar la música como si estuviera en una sala sinfónica, y subir y bajar montañas al ritmo de los latidos de la belleza. Son esos momentos en los que parece que el ser humano formara un todo con la Naturaleza, es decir, con Dios:
 
El otro día releí tres relatos de uno de los libros contemporáneos que aprecio, los "Cuentos de Bloomsbury" (1999) de Ana María Navales, escritora muy atraída por el mundo artístico e intelectual de Woolf y Keynes. Siempre que venía a Madrid desde Zaragoza tomábamos un café. Ana María me contaba un montón de cosas del mundo literario, pues se lo sabía todo de todos, y hablábamos de un asunto que me interesaba más, de aquella gente bohemia e intelectual del barrio de Bloomsbury, al lado del Museo Británico. Lo más parecido que hubo en España fue la Residencia de Estudiantes donde estuvieron Lorca, Buñuel, Dalí y casi desapareció con la Dictadura. Lo que más valoro de Ana María son los consejos que me daba. Tan solo debes escribir y publicar, Justo, si verdaderamente tienes algo que decir, me decía. No escribas por escribir o presumir de que eres escritor, añadía. No dejes de leer ni de estudiar para que merezca la pena leerte. Y sé humilde, acepta los consejos de los viejos escritores, que saben más que tú, y corrige lo que tengas que corregir. Solo así se producirá el pacto con el lector y este te seguirá, te admirará y te querrá.

sábado, 14 de marzo de 2026

"Voy a ser un príncipe del Renacimiento en una próxima novela".


 
La está escribiendo mi amigo Pepe Villacís, y me lo dijo el otro día en la comida que tengo con mis amigos profesores cada semana desde hace más de un cuarto de siglo, ahora también en el Hotel Indigo de mis tertulias literarias. Parece ser que este "príncipe" de novela será veneciano, como un Casanova del siglo XXI, sus criados se llamarán Rusell y Leonardo y serán de Oxford y Sevilla. Y se dedicará a raptar escritoras y llevárselas a su palacio de San Marcos para hablar con ellas de literatura. Pepe repite a menudo que le recuerdo a un sujeto italoamericano, un personaje de película de Scorsese o de Coppola, así que a lo mejor también soy algo mafioso, aunque no lo aparento, creo, en la foto que me saqué ayer. La verdad es que me parece una historia curiosa, aunque yo jamás raptaría a nadie porque jamás he estado con nadie que no quisiera estar antes conmigo. De todas formas, a Pepe le dejo imaginar lo que quiera. Sabe que me cae bien y a las personas que me caen bien les dejo que me conviertan en literatura, por ejemplo en príncipe, quizá el que baila con la chica en "El Cascanueces" (1892) de Chaikovski. Es el Grand Pas de Deux del Acto II, el momento culminante del ballet, donde Clara y el Príncipe Cascanueces celebran su victoria en el Reino de los Dulces. Es una pieza elegante, marcada por una melodía melancólica basada en una escala descendente. Hace años esta música acompañó a uno de los besos más hermosos que he dado en mi vida:
 
 
Sinceramente, más que escritor o personaje, siempre he preferido ser el amante, el tipo al que la chica se muere por besar. Sin tensión sexual esta vida es un aburrimiento. 

 

viernes, 13 de marzo de 2026

"Un beso, un libro y una música de saxo".


 

El otro día Isabel Fernández Bernaldo de Quirós presentó su octavo libro de poemas, "Una mujer a contraluz" (Ondina Ediciones, 2026) y aunque tenía trabajo en la Universidad me acerqué a darle un beso y a llevarme el libro. Esta profesora titular de Biología en la Universidad Complutense nunca ha olvidado mirar a su mundo interior y creativo de poeta, algo que siempre me ha parecido entrañable. Isabel es una mujer sensible e inteligente. Nos hemos relacionado más desde que se incorporó a mi tertulia, tanto presencial como on line, una de las puertas por las que se puede entrar en mi mundo. En la biblioteca del Cuartel del Conde Duque me encontré con varios amigos que se han conocido igualmente en la tertulia, e Isabel me firmó su libro. El libro es interesante porque ella sabe escribir, pero lo que yo quería esa tarde era darle un beso. Se lo di y me marché con el libro en el bolsillo de la chaqueta. Mientras salía a la calle recordé aquella lluviosa noche en la que compartí un taxi con Isabel después de la presentación de otro libro. Madrid de noche era una sucesión de luces y de lluvia, y atravesar la Gran Vía me recordaba un paseo por Times Square o Picadilly Circus. El taxista era indio, entendía poco español y durante un instante me vi dentro de la película "Taxi driver", de Scorsese, con la música de Bernard Herrmann:
 
Es un solo de saxo que no tiene piedad. Lo escuchaba anoche, a lo largo de ese instante efímero de la existencia en que todo el mundo duerme y yo me meto en el interior de una fotografía que acabo de sacar a oscuras, en busca de un sentido a las páginas que escribo y siento a través de la música de mis pisadas. Es una forma de seguir recorriendo el asfalto mojado de la ciudad a bordo de un taxi en la madrugada. Es la selva de cemento vacía, una espiral que no llega al centro, un impacto emocional que te deja sin aliento. Somos los hombres huecos, los hombres rellenos.
 
Y yo escribo, yo sigo escribiendo.
 
¿Qué otra cosa puedo hacer ante los sonidos que miro y las luces que toco con la yema de los dedos del ordenador, ante la realidad teñida por el misterio de la noche, a oscuras, del último taxi del que se bajan un hombre y una mujer que no he tardado en reconocer, en algún momento? (...) Dime algo. ¿Por qué nunca me dices nada? Habla. ¿En qué piensas? Nunca sé en qué estás pensando. Piensa. ¿Qué es ese ruido? El viento por debajo de la puerta. ¿Qué es ese ruido ahora? ¿Qué hace el viento? Nada, otra vez nada. ¿No sabes nada? ¿No ves nada? ¿No recuerdas nada?

jueves, 12 de marzo de 2026

"Charo, la última de los Panero".


 

Conocí a la artista tinerfeña Charo Alonso Panero en mi tertulia literaria con su marido, el escritor Javier De La Rosa, que presentó uno de sus libros. Charo vino a Madrid con su hermana gemela. Después ha formado parte de la tertulia virtual desde Tenerife y la he visitado con mi familia varias veces. Como secretaria de la Cátedra Leopoldo Panero, su tío, en diciembre del 2019 me invitó a dar una conferencia sobre Leopoldo María Panero en la Universidad de La Laguna, y reforzamos nuestra amistad. Recuerdo que el confinamiento por el COVID-19 la cogió en Agaete, un pueblo del norte de Gran Canaria, y desde aquel lugar me envió por Wasap, diariamente, fotos de atardeceres y amaneceres sobre el mar (esta foto es de su última visita a Madrid, después de la pandemia, en la Plaza de Oriente). Más tarde hizo muchos collages con mis libros y fotos (era una estupenda artista plástica). Estas cosas son hermosas y me gusta valorarlas, como este texto que me envió en cierta ocasión:

"Es maravilloso cómo cuentas tantas cosas y con tanta belleza y elegancia. Me recuerda aquellos momentos inolvidables de mi infancia en el comedor de la calle Ibiza 35 de mi tía Felicidad Blanc. Mi tío Leopoldo Panero había muerto en agosto del 62. Llegamos a vivir a Madrid en septiembre, un mes después. Recuerdo a aquellos grandes poetas y escritores departiendo en la casa de mis tíos. Era increíble lo bien que hablaban. Mis primos Leopoldo María, Michi, mi gemela y yo escuchábamos todo con atención, ya que nos dejaban estar con ellos, al lado de nuestra tía Felicidad y mi querida madre María Luisa Panero. Todos los demás eran varones, pero ellas se integraban maravillosamente en aquel ambiente. Ellos continuaron frecuentando el ya legendario comedor donde se reunieron durante años como si mi tío viviera todavía. También se reunían en la casa de mi tía Odila Panero en Ferraz 28, o en mi casa en Vallehermoso 32. Y hablábamos con grandes literatos. Los más asiduos eran Luis Rosales, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Mi padre sacaba su Whisky Chivas y mi madre cocinaba tortillas de papas, como se dice en Canarias. Las tertulias podían alargarse hasta la media noche, y los niños nos sentábamos en la alfombra del salón y si subían de tono nos mandaban a salir. ¡Vayan a jugar, aquí no estén, es para mayores! Y nos escondíamos en el pasillo y escuchábamos todo."

Te echaré de menos, Charo, aunque, como me sucede con las personas que aprecio, siguen a mi lado.

En fin, una parte de la historia literaria de España.