sábado, 14 de marzo de 2026

"Voy a ser un príncipe del Renacimiento en una próxima novela".


 
La está escribiendo mi amigo Pepe Villacís, y me lo dijo el otro día en la comida que tengo con mis amigos profesores cada semana desde hace más de un cuarto de siglo, ahora también en el Hotel Indigo de mis tertulias literarias. Parece ser que este "príncipe" de novela será veneciano, como un Casanova del siglo XXI, sus criados se llamarán Rusell y Leonardo y serán de Oxford y Sevilla. Y se dedicará a raptar escritoras y llevárselas a su palacio de San Marcos para hablar con ellas de literatura. Pepe repite a menudo que le recuerdo a un sujeto italoamericano, un personaje de película de Scorsese o de Coppola, así que a lo mejor también soy algo mafioso, aunque no lo aparento, creo, en la foto que me saqué ayer. La verdad es que me parece una historia curiosa, aunque yo jamás raptaría a nadie porque jamás he estado con nadie que no quisiera estar antes conmigo. De todas formas, a Pepe le dejo imaginar lo que quiera. Sabe que me cae bien y a las personas que me caen bien les dejo que me conviertan en literatura, por ejemplo en príncipe, quizá el que baila con la chica en "El Cascanueces" (1892) de Chaikovski. Es el Grand Pas de Deux del Acto II, el momento culminante del ballet, donde Clara y el Príncipe Cascanueces celebran su victoria en el Reino de los Dulces. Es una pieza elegante, marcada por una melodía melancólica basada en una escala descendente. Hace años esta música acompañó a uno de los besos más hermosos que he dado en mi vida:
 
 
Sinceramente, más que escritor o personaje, siempre he preferido ser el amante, el tipo al que la chica se muere por besar. Sin tensión sexual esta vida es un aburrimiento. 

 

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