El otro día la artista catalana Gloria Grau
hizo un curioso montaje con mis gafas de sol y lo primero que pensé al
verlo es que no me habría importado ser un jipi, uno de aquellos jóvenes
que se iban a amar a Ibiza y a Tenerife, a Marruecos y a la India, cosa
que acabé haciendo con el tiempo. Los que quisieron cambiar el mundo
con las revueltas universitarias de Berkeley, París y Praga. Y por
supuesto tampoco me hubiera importado escribir "La insoportable levedad
del ser". Como es lógico soy antimilitarista y siempre elijo hacer el
amor y pasarme media vida haciéndolo y la otra escribiendo, estudiando,
viajando y dando clase. Todo empezó en la Universidad de California,
Berkeley, donde di clase una primavera con veintitantos años, junto a
Antonio Carmona y otros amigos de la Universidad. En esa época las
chicas llevaban flores en el pelo y Scott McKenzie cantaba el himno jipi
por excelencia. La escritora de Zaragoza Ana María Navales, a la que
siempre admiré por haber escrito un libro de cuentos que se inspiraba en
Virginia Woolf y su mundo de Bloomsbury, me llamaba "el chico de la
mochila" porque en ella guardaba mis sueños, decía, y mis futuras
novelas. Se enamoró de mi novela "Entrevías mon amor" y me ayudó a
corregir el difícil manuscrito. Ella quería que se llamara "Entrevías my
love", pero me equivoqué de manuscrito cuando se lo envié al editor de Bartleby, Pepo Paz Saz,
y me dio pereza cambiar el título. Ana María es de las que siempre
llevará flores en el pelo, allí donde esté, como las mujeres que me
gustan:
https://www.youtube.com/watch?v=PQHb4z0prjo&list=RDPQHb4z0prjo&start_radio=1
sábado, 28 de marzo de 2026
"Flores en las gafas"
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario