Dijo ayer por aquí Mayte García de la Fuente, que tiene un Club de Lectura desde hace años en Peñafiel (Valladolid) y ha leído algunas de mis novelas y libros de cuentos. Mayte siempre es muy amable y desde niño me enseñaron en casa que hay que ser agradecido con las personas que lo son. Aprovecho para agradecer los comentarios inteligentes y cariñosos sobre el post de "Poeta en Madrid" que me escribisteis los demás amigos. Las palabras de Mayte me han hecho reflexionar sobre el paso del tiempo y esa idea de lo inmortal, sobre el pasado que conforma nuestro mundo y ha llegado hasta nosotros a la espera del enigma que nos depara el futuro. Recuerdo a Eliot y sus reflexiones sobre el tiempo y la eternidad, en el sentido de que el final no es un cese absoluto, sino una especie de transformación. En mi principio está mi fin, escribió en "East Coker," el segundo de sus "Cuatro Cuartetos", una de esas obras que junto a "La tierra baldía" creo que hay que tener en la mesilla de noche para releerlo de vez en cuando. En mi fin está mi principio escribió en "Little Gidding", el último de los cuartetos. En ambos casos presenta una visión circular del tiempo, de la vida y la espiritualidad, y nos dice que el destino final está contenido en el origen. Eliot explora la idea de que la vida, la historia y la creación son ciclos de destrucción y reconstrucción (como los edificios), y sugiere que la exploración espiritual no es una línea recta, sino un viaje que termina donde comenzó, lo que permite comprender el lugar de origen por primera vez.
Me tomo un café y pienso que el primer canto del cuco en primavera tiene algo de esta inmortalidad, como sabía el compositor inglés Frederick Delius:
https://www.youtube.com/watch?v=3xHIhcstxUM
martes, 24 de marzo de 2026
"Tu obra será inmortal, Justo Sotelo".
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