Esto volvió a ocurrir ayer y sonreí una vez más. Y luego les hablé del éxito, que me parece que está reñido con la ambición desmesurada por lograr el triunfo y el reconocimiento, y tiene más que ver con lo que damos a los demás, en definitiva, con la bondad del ser humano, como aprendí de mi padre. El mayor éxito que conozco es el de vivir tu propia vida y tomarte un café en el Viena, por ejemplo, o en una playa o en lo alto de la montaña, cerca del cielo, mientras te acaricia el viento, o en la plaza de los pintores de París, escuchando un saxo y un violín en cualquier calle del mundo, al sol, como pedía el filósofo griego, y tú me miras y me escribes una historia de amor con tus ojos:

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