sábado, 8 de agosto de 2026

"El escritor de su tiempo".


 


La mujer blanca es un hombre, el hombre negro es una mujer. Ahora un cuadro del pintor barroco madrileño de origen flamenco Juan de Van der Hamen. Lo pintó entre 1625 y 1628. Es el Retrato de doña Catalina de Erauso, la Monja Alférez, una obra al óleo que inmortaliza a la célebre y singular militar y aventurera vasca del Siglo de Oro. Yo soy del siglo XXI, pero me gusta viajar en el tiempo a través del arte y la literatura. Artísticamente no puedo evitar vivir en mi época, pero, aceptando el valor de lo que me ha precedido, intento buscar nuevos caminos a la hora de escribir. No tiene sentido escribir lo que ya está escrito. Por eso me meto en los museos de arte contemporáneo que encuentro en mi camino.
 
La historia de Catalina de Erauso es muy conocida. Siendo una joven novicia, escapó del convento de San Sebastián el Antiguo, donde su tía era priora y en el que la habían internado sus padres de niña, para buscar aventuras en el Nuevo Mundo. Se vistió de hombre y vivió así veinte años como soldado temerario y aventurero. Luchó contra los indios araucanos, y logró el título de alférez. Ya teníamos a la Monja Alférez. Se batió en duelos en múltiples ocasiones, pero gracias a sus dotes de buen espadachín consiguió salvar su vida. Cuando por fin se descubrió su identidad, recibió de Felipe IV una pensión militar por su heroísmo y del Papa Urbano VIII una dispensación y permiso eclesiástico para vestir como hombre el resto de su vida. Está casi admitido que fue lesbiana.
 
Y siglos después aparezco yo para escribir sobre esta historia.
 
Cabello /Carceller (Helena Cabello, París, 1963 / Carceller, Madrid, 1964) parten de una figura que es, en sí misma, un problema para la historia, Catalina de Erauso, pero también Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso, los nombres e identidades que asumió a lo largo de su vida y la historia simplificó en una sola, la de la Monja Alferez. A partir del cuadro del pintor barroco Juan de Van der Hamen, que funciona como punto de partida y también de fricción, se transforma en un espejo con el que distintos personajes actuales dialogan, interpelan a esa imagen, se proyectan y reflejan en ella (como se ve en los pequeños videos que hice). Erauso deja de ser una imagen fantasmal para convertirse en un espacio de enunciación en el que se cruzan tiempos, cuerpos y lenguajes distintos.
 
Si los escritores no transgredimos las convenciones sociales y culturales de cada época, ¿para qué escribimos?

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