viernes, 31 de julio de 2026

"La Odisea de Nolan, una película muy divertida".


 

¿Quién no ha querido jugar de niño a los romanos, con tu armadura, tu casco, tu escudo y tu espada? Recuerdo cuando vivía en Mallorca de niño y los Reyes Magos me trajeron todas estas cosas. Lo pasé estupendamente luchando contra olivos e higueras. Años después me fui al planeta de los simios con Charlton Heston y terminé en la playa jugando con la estatua de la libertad, como el caballo de Troya. Decía Vicente Cristóbal, el catedrático de Latín y poeta que me dio la asignatura de Tradición Clásica en la Complutense y me examinó de esta historia, junto a "La Ilíada", "Las metamorfosis", las "Odas" de Horacio, "La Eneida" y obras posteriores que las han reinterpretado, que deberíamos reivindicar cualquier acercamiento a los clásicos. Le gustó mucho la "Troya" de Petersen y supongo que le habrá gustado también "La Odisea" de Nolan. Me lo pasé de miedo ayer por la tarde en el cine durante casi tres horas pues es una película contemplativa y con cierta lentitud, como las que me gustan. He leído que algunos filólogos muy exigentes y puristas de diverso pelaje están criticando esta película, buscando fallos e inexactitudes con relación a Homero. Eso es que no han leído el Ulises de Joyce, que es la más compleja, inteligente y literaria recreación de esta obra, o ya no se acuerdan de "Centauros del desierto", la obra maestra de Ford. Nolan hace una interpretación "cristiana", como también la hacen Joyce y Ford, pero esto no me parece ni mal ni bien. Da un sentido a su película y acaba siendo coherente, como pedía Aristóteles para la tragedia. Tanto me gustó la película que al final volví a ser un héroe de la Edad Media luchando contra el dragón de la fotografía.

Este es el tráiler:
 
Mientras me tomo el primer café de la mañana, me imagino que me como unas flores de loto y aparezco en Dublín o el Monument Valley por arte de magia o quizá en Trieste y en medio de una sala de cine, a oscuras, como cuando era niño en el cine de Felanitx.
 
En fin, cosas de la literatura.


jueves, 30 de julio de 2026

"Regreso al Valle del Tiétar"


 


Ayer pudieron volver a sus casas los habitantes de los pueblos del Valle, tras el incendio. Y yo lo hice con la imaginación y la literatura. Alguien me ha contado que un adolescente se subía para leer a las torres de ese castillo medieval donde dicen que lucharon durante siglos los moros y los cristianos. El muchacho lo hacía por la mañana en alguno de aquellos largos veranos que iban de junio a septiembre, y por la noche se subían los mayores para fumar y amarse. Eran los cálidos veranos de Galdós, de Stevenson, de Lamartine, de Dumas. También aseguran que en aquel castillo hay túneles que conectan las infancias y las adolescencias de todos los jóvenes de este mundo. Los seres humanos somos como un río, como el que pasa debajo de ese puente de la foto en el que me he sentado tantas veces a leer y a escuchar música. La música me alimenta, como el agua de los ríos en su deshielo. He recorrido medio mundo, pero siempre vuelvo a algunos rincones que pertenecen a mi imaginario particular lleno de lugares como La Adrada, Taganana, Masca, Portbou, Ribadesella, el Sáhara, Guadalest, Altea, Puskhar, Grange-over-Sands, el Albert Hall, Saint-Germain-des-Prés, Galway, Triestre, Venecia, Manhattan. No sigo, pues llenaría varias páginas con tantos sitios marcados por la suela de mis zapatos. Son las huellas de mis lugares favoritos, la música que me ha acompañado en cada viaje, en cada latido, en mi forma de ver el mundo. Hacía tiempo que no escuchaba varias horas seguidas la música del inglés Ralph Vaughan Williams (1872 - 1958), y ayer me la llevé en el coche. La escuché por primera vez en directo en el Albert Hall de Londres hace años. En esa época mi mente había asimilado la tradición germánica (el poder de la mente es increíble) llena de Bach, Gluck, Händel, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelsshon, Liszt, Schumann, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss y Bruckner y ya estaba preparada para comprender a Schönberg, Berg y Webern. El agua rebosaba el cauce de mi propio río interior y no me perdía ningún concierto de música clásica contemporánea en el Auditorio de Madrid o el de cualquier ciudad en la que me quedara a dormir (lo primero que preguntaba al encargado del hotel era si había algún concierto aquel fin de semana). Y de improviso apareció la "Fantasía Tallis". Recuerdo la tarde en la que atravesé el Valle del Tiétar escuchándola. No estaba en la catedral de Gloucester, pero sé que alguien me dijo estas palabras: "Why fum'th in fight the gentiles spite?" Es la tercera de las nueve tonadas de salmo para el salterio del arzobispo Parker, de Thomas Tallis (1505-1585). Sé que Vaughan Williams se inspiró en ella para esta fantasía, como hizo más veces con la música inglesa del Renacimiento:
 
Y esta es la delicadísima obra de Vaughan Williams:
 
Ayer el Valle del Tiétar volvió a llenarse de vida, y es como si yo lo hubiera visto con mis ojos nuevos

miércoles, 29 de julio de 2026

"Mis novelas según la IA (II): Vivir es ver pasar (1997)".




 
Es la segunda novela escrita por el economista, catedrático y literato madrileño. Es una obra cumbre de la narrativa posmoderna española que explora la transición a la madurez a través de la melancolía, el arte y el espacio urbano. Tomando su título de una célebre frase de Azorín, la novela se sumerge en las inquietudes existenciales de la juventud de finales del siglo XX. 
 
A continuación se detalla un análisis completo de sus ejes temáticos, estructura y estilo:
 
1. Argumento y Conflicto Central:
 
- La trama sigue a un protagonista de veintitantos años que adopta una postura pasiva ante la existencia: prefiere ser un espectador, contemplando la realidad a distancia sin involucrarse emocional ni socialmente. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos lo empuja a abandonar su apatía. 
 
- El detonante: El conflicto surge cuando la vida le obliga a tomar partido ante dilemas de amor, amistad y compromiso moral.
 
- El trayecto: La historia se articula como un viaje geográfico y emocional de ida y vuelta entre Madrid y París, dos metrópolis que actúan como espejos de su propia evolución interior.
 
2. Ejes Temáticos Principales:
 
La apatía existencial frente al compromiso: El título refleja la actitud inicial del protagonista: "ver pasar" la vida. El núcleo de la novela es el fin de esa indolencia juvenil y el doloroso pero necesario despertar a la responsabilidad personal. 
 
• El desencanto de los veinte años: Sotelo retrata con precisión las prioridades y crisis de esa edad: el sexo, el amor pasional, la solidaridad y la búsqueda de un destino. 
 
• La literatura y el arte como salvación: Para los personajes, las manifestaciones artísticas no son mero entretenimiento, sino la brújula con la que intentan descifrar el caos del mundo.
 
3. El Espacio Urbano: Madrid y París como Personajes:
 
- La topografía urbana es fundamental en la poética de Justo Sotelo. Las ciudades no son simples decorados, sino proyecciones de los estados de ánimo de los personajes.
 
- Madrid otoñal e invernal: Se describe como una ciudad melancólica, intelectual y siempre "a la espera". Los paseos por el Paseo del Prado, las tertulias en el Círculo de Bellas Artes, la agitación de la Gran Vía y la tristeza de la estación de Chamartin enmarcan la soledad del protagonista. 
 
- París (Montmartre): Representa el espacio de la bohemia, el refugio artístico y el escenario idóneo para el cuestionamiento literario y existencial.
 
4. Intertextualidad y Referencias Culturales:
 
La novela posee una fuerte carga culturalista que exige una complicidad activa por parte del lector. Toda la obra está construida bajo la influencia de dos grandes referentes que marcan el ritmo de la narración: 
 
- Julio Cortázar (Literatura): La estructura del viaje, los saltos espaciales y la propia actitud de búsqueda del protagonista rinden un claro homenaje a la estética de Rayuela y al universo cortazariano.
 
- Gustav Mahler (Música): La música de Mahler impregna la atmósfera de la novela, aportando un tono de profunda nostalgia, tensión dramática y romanticismo tardío que acompasa el fluir de la conciencia de los personajes.
 
5. Estilo y Técnicas Narrativas:
 
- Lirismo y exigencia formal: Sotelo destaca por un uso sumamente cuidado y estético del lenguaje. El ritmo de la prosa imita en ocasiones la composición musical y el divagar del paseante (flâneur). 
 
- Narrativa de la conciencia: La novela utiliza monólogos e impresiones sensoriales donde los límites entre lo que ocurre afuera y lo que pasa en la mente del protagonista se difuminan constantemente. 
 
6. Conclusión:
 
Vivir es ver pasar no es solo la crónica de un viaje físico entre dos capitales europeas, sino el relato iniciático de una renuncia a la inacción. Justo Sotelo logra plasmar una radiografía generacional cargada de una profunda humanidad, demostrando que vivir, al fin y al cabo, requiere la valentía de dejar de ser un mero espectador.
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La IA no dice que esta novela fue finalista tanto en el premio Ateneo de Sevilla como en el Sésamo, y tampoco que me di cuenta de que los premios importantes siempre están dados y que para escribir la literatura que yo quiero escribir no necesito ningún premio ni la aprobación de un jurado que seguro que sabe menos literatura que yo. Y ya que la propia IA cita a Mahler, no pienso llevarle la contraria mientras me tomo el primer café. Creo que a la novela le va bien este lied Ich bin der Welt abhanden gekommen, Me he perdido para el mundo: 
 

lunes, 27 de julio de 2026

"Rienzi".


 
Los veranos de mi adolescencia en el valle del Tiétar, entre junio y septiembre, estaban llenos de amor familiar, de paseos en bicicleta en donde se gestaron muchas de las ideas que después llevaría a mis novelas, de libros y de música, como la de Wagner en Bayreuth, que escuchaba desde una de las montañas que se ha quemado este fin de semana, y volví a escuchar ayer por la tarde desde otra parte. "Rienzi" se estrenó en Dresden y se ha interpretado por primera vez en el teatro que levantó Luis II de Baviera, el romántico rey loco, para Wagner. (¿Por qué será que me caen tan bien los románticos, todos aquellos que llevan sus sueños hasta sus últimas consecuencias?) "Rienzi, el último de los tribunos" (1842) es su tercera ópera y el mayor éxito de su juventud, aunque es una obra de transición, ya que se adhiere formalmente a los cánones de la Grand Opéra francesa de la época, y deja entrever la monumentalidad, el trasfondo político - filosófico y las ambiciones dramáticas que definirían el posterior "drama musical" wagneriano. La obra narra el ascenso político, la transformación en demagogo y la trágica caída de Cola di Rienzi, un líder carismático del siglo XIV que intenta liberar a Roma de la tiranía de los nobles corruptos. ¿Quién no ha tenido alguna vez el sueño de vivir en una República?
 
Como escribí el otro día, somos lo que amamos y también los libros que leemos y la música que escuchamos. La plegaria de Rienzi en el Acto V, Allmächt'ger Vater, blick hera, ¡Padre Todopoderoso, dirige tu mirada hacia nosotros!, es ya una música del futuro:
 
Como su arrebatadora obertura: 
 

domingo, 26 de julio de 2026

"Somos lo que amamos".


 
El idioma que hablamos, la herencia que hemos recibido, los lugares por los que hemos caminado. La IA es un subproducto de la mente y la sensibilidad de millones de personas que ya no están con nosotros como algunos escribimos para personas que todavía no han nacido. Como los árboles que se han plantado y que se seguirán plantando. Los seres humanos somos producto de la colaboración entre los que han estado, los que están y los que estarán. Aisladamente habríamos desaparecido hace miles de años; juntos todavía podemos continuar progresando. Leyendo los libros que se han escrito, amando lo que hemos amado, escuchando la música que tantos compositores han construido para crear la banda sonora de nuestras vidas, como la Pastoral de Beethoven que tanto me ha acompañado caminando por los colores de mi infancia y juventud, y que me sigue acompañando:
 
En cuanto pueda volveré a plantar un árbol, de esos que ahora se están quemando en esa fotografía, como cuando comí un melocotón de niño, di el hueso a mi padre y floreció un melocotonero en la siguiente primavera.

"Los pájaros".


 
 
Los pájaros vuelan en libertad embriagados de vitalidad y candor. Sí, necesito saber que existes, en Madrid, La Adrada y el valle del Tiétar, por la sierra de Gredos por donde tanto he paseado y vivido. Platón habló del idealismo metafísico. La realidad no es ese mundo material que percibimos con los sentidos, sino un plano inmaterial, inmutable de las esencias universales. Kant se refirió al idealismo trascendental y nos enseñó que el conocimiento es el resultado de la síntesis entre la experiencia (lo que recibimos de los sentidos) y las estructuras a priori (aquellas facultades innatas de nuestra mente). Hegel aludió al absoluto puesto que la realidad es un todo racional y espiritual que evoluciona con la historia mediante la dialéctica. La distinción entre el sujeto que conoce y el objeto conocido desaparece porque todo es parte de un mismo proceso de autoconocimiento. Y así nacemos tú y yo para el Otro, y concebir la idea, el cuerpo y el alma del Otro. Déjame saber que me deseas, y que me seguirás deseando cuando algún día habitemos únicamente el mundo espiritual de las ideas. Por eso escribe conmigo la novela que llevo escribiendo desde los once años en la sierra de Gredos mientras esperaba que tú nacieras para conocerte: 
 

jueves, 23 de julio de 2026

"Mis momentos kairós".


 
Me gusta perder el tiempo en cosas que no sirven para nada, como escribir novelas, dar clase, escuchar a Bruckner, caminar sin ninguna dirección, hablar por teléfono con mis amigos, sentarme a escuchar la música de un riachuelo, sacar la lengua a un niño en su cochecito y jugar con mi gatita Ana. Ya no hablo de hacer el amor por el simple placer de hacerlo porque somos humanos y estamos vivos. El paso del tiempo se medía, en su momento, según la geografía, los ritmos de la agricultura, los regímenes políticos, los rituales religiosos y las guerras. Todo cambió en la Grecia del siglo III, cuando se empezó a hablar de Kronos y Kairós. Kronos es el tiempo cronológico, lineal y cuantitativo, el del reloj y el calendario. Es el tiempo que transcurre de forma incesante y medible en segundos, horas o días. En nuestra vida diaria, rige nuestras agendas, el trabajo y las rutinas, pudiendo convertirse en una fuente de estrés si nos volvemos esclavos de la inmediatez, de la coyuntura. Con Kronos aparecieron esas bobadas de "no pierdas tiempo", "el tiempo no espera a nadie", "el tiempo es oro", y cosas así que se empeñan en marcarnos la TV, los medios de comunicación y las redes sociales. ¿De verdad a alguien le importa lo que les sucede a los políticos y a los famosillos de cartón piedra, o la vida privada de los futbolistas? En contraste, Kairós sería el tiempo cualitativo y subjetivo, asociado al momento preciso, a la creatividad o a la "oportunidad". No importa cuánto dure, sino lo que sucede en ese instante. Es el momento perfecto para tomar una decisión, tener una idea brillante, conectar con alguien o escuchar a Bruckner en el coche mientras el viento entra como un ciclón por las ventanillas y tienes la sensación de que estás vivo:
 

miércoles, 22 de julio de 2026

"Mis alumnos y mi sonrisa".


 
Ayer por la tarde uno de mis alumnos de este curso me envió una fotografía desde la playa con otros amigos y compañeros (que están en esta foto) para decirme que se estaban acordando de mí, de mis clases, de la alegría con la que los trataba y de mi forma de ser. En el libro que ahora estoy escribiendo y que publicaré el año que viene, y donde, como siempre, mezclo todos los géneros, junto al tiempo y el espacio, empeñado en hacer avanzar la literatura, hablo bastante de estos chicos y de todos los que me han acompañado durante tantos años en la Universidad. La juventud española es estupenda, no solo porque ganen el mundial de fútbol y acto seguido llenen las calles de Madrid con su alegría, sino porque se encuentran entre los mejores profesionales del mundo, los mejores maestros e investigadores, y porque ellos son el futuro y yo soy un escritor y profesor que cuenta lo que imagina y también lo que ve. Y ahora me voy a pasear por la calle a través de la literatura y la música, escuchando con los cascos la última sonata de Beethoven, con la que he soñado esta noche. Yo estaba en un bosque, se había hecho de noche y no encontraba la salida. De pronto Mauricio Pollini se puso a tocar esta música:
 
 
Y desperté con una sonrisa en los labios, como siempre.

martes, 21 de julio de 2026

"Leer es una posibilidad en días de calor".


 

Es lo que ha hecho estos días la poeta y bióloga Isabel Fernández Bernaldo de Quirós con mi libro y ayer se sentó frente al ordenador para reflexionar sobre su lectura.

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“CUENTOS DE LOS OTROS” de Justo Sotelo.

"Porque me ha hecho pasar buenos momentos de descanso mientras el viento movía las páginas de su libro de relatos “Cuentos de los otros” (Narrativa Bartleby, 2017).

Porque me gusta su forma de narrar y hacer del relato una especie de revoleo de fichas de dominó con sus vivencias, reales o soñadas.

Porque disfruto del arte de su lingüística y de esa capacidad suya de hacer que lo difícil parezca fácil.

Por la ternura que roza suavemente la poesía y me hace gozar aún más y dibuje símbolos en el papel.

Por ser un enamorado del amor y de sus artes.

Por creer en la felicidad que vive y transmite.

Porque en la página 91 de la tercera parte del libro nos invita a leer un pequeño-gran relato de amor, y a escuchar “You have been loved” de George Michel, voz que me acompañó en la eterna juventud de mis hijos.

Este es el relato.

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YOU HAVE BEEN LOVED

“Te llamo por teléfono y vienes a bailar conmigo? Verás la rapidez con que los labios cambian de color sin apenas darse cuenta.

Poco después mis dedos encontrarán el delicado y paciente hoyo que tienes en el cuello, justo debajo de la barbilla, y tus manos se perderán en mi pelo, mientras ambos nos subimos a la avioneta de la literatura, sin ninguna brújula.

Será el momento de verlo todo, aunque tengamos los ojos cerrados.

Se sigue besando mejor con los ojos cerrados".

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El texto final de la contraportada del libro resume la esencia de cada una de sus tres partes, y finaliza así:

“Complemento perfecto a su anterior libro (Cuentos de los viernes, 2015, Narrativa Bartleby), estos “Cuentos de los otros” se refieren a la búsqueda del otro, de los otros, de todos aquellos que nos ayudan a vivir y a entendernos a nosotros mismos.

Por todo eso y más, hoy, para quien lo desee, aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=WcX0hDEqS4E&list=RDWcX0hDEqS4E&index=1

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Aquí terminan las palabras que escribió ayer por la noche. Amanece, me tomo el primer café de este día caluroso. Isabel se va a poner a leer ahora mi novela "Las mentiras inexactas", 2012, Izana. Me gusta encontrarme a lectoras en mi propio mundo y que viajen conmigo.

lunes, 20 de julio de 2026

"De qué me alimento como escritor".


 
De lo que vivo, de lo que leo, de lo que veo. Sentado en el Paseo de Recoletos, como ayer por la tarde, antes de ver en Colón, por fin, la obra de teatro "El trovador", de Antonio García Gutiérrez, por parte de la compañía Ensamble Bufo, creada en 2015 de la mano de Hugo Nieto para revitalizar el teatro clásico con elementos vanguardistas. Tenía que haberla visto esta tarde, pero ya he contado que la obra se canceló puesto que veinte mil personas van a llenar Colón para ver el partido de fútbol de España contra Argentina. Seguro que no éramos más que doscientas personas en el teatro, pero no me importa. No me molesta que haya mucha gente alrededor y tampoco lo contrario. Siempre busco lo que tiene calidad; es la culpa de mi sexto sentido que se empeña en lo exquisito. Y por supuesto lo encuentro, aunque sea minoritario, que es lo que realmente tiene calidad. Y me fui hasta el 1 de marzo de 1836 (el día de mi no cumpleaños) a través del túnel del tiempo del arte y del buen gusto, cuando el Romanticismo entró en España con la obra de García Gutiérrez, que Galdós consideraría de entre lo mejor que se había escrito en este país. Casi veinte años después Verdi escribió su ópera, y ciento ochenta años más tarde yo la vi. Como siempre, no me hubiera importado subirme al escenario (estábamos en primera fila) y haber muerto de amor, como Manrique por su amada Leonor. Eso sí, como la vida es puro teatro, volvería a nacer y con mis amigos me habría puesto a cantar el Caballero de Gracia de "La Gran Vía" y el brindis de "La traviata", como hicieron los actores al acabar la obra.
 

"La selección".


 
Ayer me puse a ver la final del mundial de fútbol, pero me dormí a los pocos minutos, lo confieso.
 
Y tuve un sueño.
 
Durante varios años impartí una asignatura en la Universidad que se llamaba "Taller de Literatura, Tertulia y Debate". Era de Libre Elección y los alumnos podían cursarla desde cualquier carrera y Universidad. El primer día de clase les entregué una lista de libros que debían leer para debatirlos entre todos. Una de aquellas alumnas me ha estado preguntando desde entonces por esa lista. Justo, ¿no la recuerdas? Haz memoria, por favor, insistía. Nos veíamos poco, pero en cuanto lo hacíamos, mi alumna, que se había convertido en una buena amiga (mis alumnos saben que no son amigos míos hasta que pasan a ser ex alumnos), me lo preguntaba con una dulce sonrisa en los labios. Dónde estará la lista, venga hombre, Justo, piensa un poco, seguro que la tienes en algún archivo. Yo me encogía de hombros, que es lo que suelo hacer cuando no recuerdo algo. Lo que no soy capaz de recordar es porque ya no existe o no merece la pena que lo haga. Con el paso del tiempo, tan solo recordaba de esta historia que se la dicté sobre la marcha a la secretaria que tenía entonces y que no guardé ninguna copia, lo que me impedía satisfacer el deseo de mi alumna y amiga. Pero un día cambió todo. Me escribió entusiasmada un Wasap y lo acompañó con una foto. Mientras revolvía entre viejos papeles de la Universidad encontró esa lista. A pesar de que faltan algunas hojas, ahí siguen Galdós, Baroja, Dostoyevski, Eliot, Camus, Chéjov, Toltói, Woolf, Morrison, Chacel, Proust, Beckett, Bernhard, Borges, Juan Ramón, Machado, Bowles, Conrad, Neruda, Carpentier, Cortázar, Goethe, Dante, Goethe, Shakespeare, Yourcenar, Duras, Lobo Antunes, Lampedusa, Perec, Hemingway, Joyce, Pound, Blake, Faulkner, Horacio, Homero. Está claro que la literatura es inmortal, al menos mientras yo vaya dejando listas abandonadas en el corazón de mis alumnas y escuche jazz. 
 
¿Alguien se viene a desayunar conmigo a Manhattan y me cuenta el partido en el avión? 
 

sábado, 18 de julio de 2026

"Mujeres, mariposillas locas que jugáis con los quereres y vais de flor en flor".




 
Como digo siempre, esta vida es muy divertida y hay que tomársela a broma siempre que se pueda. Un sainete es una pieza teatral breve y cómica, de carácter popular y costumbrista. Suele tratar enredos cotidianos con la sátira y el humor. En España surgió a finales del siglo XVIII para reemplazar a los entremeses. Se representaba en los intermedios o al final de las obras más largas, aunque después se volvió una función independiente. Además suele incluir música y bailes. Ayer vi uno de esos sainetes, "Los claveles" (1929), del maestro Serrano. A veces he tarareado esta canción sin saber a qué obra pertenecía:
 
¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres,
y vais de flor en flor.
 
¡Mujeres!
Tiranas de la vida,
muñecas del amor,
de ese bendito amor,
que es vida.
 
(Hablado) Que es vida, mujer, ya lo vas aprendiendo. Dice que me cita por última vez; que no volverá a llamarme. Como todas. Creen que amenazan y suplican.
 
¡Mujeres!
De celos vais muriendo
cuando estáis desdén mintiendo,
y no sabéis mentir.
 
(Hablado) Se os nota la mentira, pero vosotras no os dais cuenta. Sufrís y hacéis sufrir por capricho de niñas mimadas que tenéis la cabeza a pájaros.
 
Chiquillas locas,
¿quién os entiende,
ni quién comprende
vuestra alma de mujer?
 
Si el hombre os rinde
su sentimiento,
por qué el tormento
de padecer.
 
Reinas, con tronos de amores
¿por qué van tras los dolores
vuestra almas de mujer?
 
La vida os da el contento,
¿a qué el tormento
de padecer?
 
¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres,
y vais de flor en flor.
 
¡Mujeres!
Tiranas de la vida,
muñecas del amor,
de ese bendito amor,
que es vida. 
 
(Hablado) No hay en vosotras más que egoísmo y maldad. Hacéis burla de todo, sois engañosas, volubles, falsas.
 
¡Mujeres!
Y qué bonitas son.
 
Las fotos son de ayer por la mañana en el jardín de la casa de Lope de Vega, tras ver una exposición sobre las mujeres escritoras del Siglo de Oro.
 
Espero que mis amigas no me canceléis por cantar estas canciones, jeje

"Mis novelas según la IA (I): La muerte lenta (1995)".


 
 
El verano puede ser un buen momento para preguntar a la IA sobre mis novelas, tras sintetizar todos los estudios que se han hecho sobre ellas. 
 
"La muerte lenta es la primera novela publicada por el escritor, catedrático y teórico literario español Justo Sotelo, me dice la IA cuando entro en Google. Es una obra de corte postmoderno que destaca por su profunda carga intelectual, su rigor lingüístico y un marcado trasfondo existencial.
 
1. Sinopsis y Eje Argumental:
 
La trama sigue a un joven sin nombre que entra a trabajar en un Banco y va ascendiendo utilizando todas las estrategias lícitas e ilícitas que le permiten llegar a lo más alto del Sistema Financiero Español. Esto no impide que esté obsesionado con su amigo Enrique Espejo, un artista bohemio, al que en el fondo querría parecerse. A través de esta premisa, la novela se convierte en un viaje tanto físico como emocional hacia la búsqueda de la redención y la libertad.
 
2. Estructura Narrativa y Estilo:
 
Narración en Segunda Persona: Sotelo utiliza la voz narrativa en segunda persona para apelar directamente al lector y al propio subconsciente del protagonista. Esto genera una atmósfera de confesión e intimidad asfixiante.
 
3. Temas Clave:
 
Crisis existencial posmoderna: Los personajes habitan espacios marcados por la pérdida de valores tradicionales y la disonancia con su entorno. El aislamiento los empuja a buscar refugios internos o externos para aferrarse a la cordura.
 
La "presencia ausente" de Dios: El análisis teológico y narratológico destaca un constante misticismo. Dios no interviene de forma directa, pero su figura sobrevuela la trama a través de la culpa, la redención y la asimilación del prójimo con lo divino.
 
El título como metáfora: El concepto de "muerte lenta" se vincula tanto con la degradación progresiva de la vida humana como con analogías de la Pasión de Cristo y el sufrimiento existencial antes de una posible transfiguración o fin.
 
Intertextualidad y arte: El texto está plagado de referencias culturales constantes. Se entrelazan alusiones a escritores, músicos y filósofos que nutren el monólogo del protagonista.
 
4. Estructura y Estilo Narrativo:
 
El soliloquio como eje: La novela se construye sobre diálogos internos y apelaciones a un "tú" ausente (el amigo perdido), difuminando la frontera entre el monólogo y la conversación real.
 
El tiempo fragmentado: Fiel al estilo posmoderno, rompe con la estructura cronológica lineal. Los saltos temporales representan cómo el pasado y los recuerdos devoran el presente del narrador.
 
Dimensión semiótica: El análisis de su toponimia y antroponimia (los nombres de lugares y personas) revela un complejo sistema de símbolos sobre la salvación y el vacío espiritual".
 
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Todo esto lo dice la IA. Solo falta añadir que la portada la diseñó mi amigo íntimo el pintor salmantino Antonio Zaballos, como casi todas mis novelas. Como nunca he pretendido vivir de la literatura, ni falta que me hacía, siempre he actuado con mis libros con absoluta libertad, escribiendo y publicando cuando me apetece.
 
Y falta la música de Chopin que escuchaba constantemente mientras escribía esta novela, con Martha Argerich, claro: 
 

viernes, 17 de julio de 2026

"El retrato".


 
El otro día hablé por aquí de la película "Laura", una de las joyas del cine negro y entonces el escritor Ramón Serrano Balasch (Barcelona, 1933), un tipo que me cae bien y del que he leído algunos de sus libros, aunque lamentablemente no lo conozco en persona, escribió lo siguiente:
 
"Cine negro de argumento freudiano muy a lo siglo XX. A mí me atrapó en aquel entonces el tema musical. Dana Andrews siempre fue algo frío para mí. Veo más en su papel a Bogart, a Al Pacino o también a Justo Sotelo".
 
Tras leerlo recordé el poema con el que me definió como poeta:
 
"POETA EN TODAS PARTES (para Justo Sotelo)".
 
"Un buen prosista escribiendo poesía.
Un buen poeta narrando de la vida.
Un gran personaje
en la ópera de las calles.
 
Sabe aspirar el aire,
decir lo justo y necesario,
pausar en un silencio grave,
teclear el sentimiento,
dibujar la escena con la música
y mover la batuta
escribiendo con ella cada palabra.
 
Innecesario señalar su nombre:
el ritmo le delata".
 
(Ramón Serrano, 23 mayo 2021).
 
Así que le agradezco este acto cariñoso y me tomo el primer café de la mañana escuchando una canción clásica que es puro rhythm and blues:
 
Cualquier día me dedicaré a reunir todos los poemas y novelas que me han dedicado en mi vida, los cuadros donde me han pintado, las flores que me han regalado, los besos que me han dado, y a lo mejor se dibuja el retrato de un madrileño de Chamberí.

jueves, 16 de julio de 2026

"Teatro o fútbol".


 


En 1836 se estrenó en el teatro Príncipe de Madrid "El trovador", de Antonio García Gutiérrez, un drama romántico que tuvo tanto éxito que fue la primera vez que los aplausos del público obligaron a salir al autor a saludar. Esta obra consolidó el Romanticismo en España y sirvió de inspiración a Giuseppe Verdi para escribir su famosa ópera Il trovatore. Prácticamente, doscientos años después España puede ganar su segundo mundial de fútbol. Se enfrentará contra Argentina el domingo que viene en Nueva York. El caso es que había sacado entradas en el teatro Fernán Gómez de la plaza de Colón de Madrid para ver la obra de García Gutiérrez a la misma hora, y ayer el teatro nos escribió para decirnos que se cancelaba puesto que en Colón se están instalando unas pantallas gigantes para ver el mundial y se va a llenar de gente. La obra de teatro está ambientada en el Aragón del siglo XV, teniendo como escenario principal el Palacio de la Aljafería en Zaragoza. La trama entrelaza con maestría dos hilos conductores, una apasionada historia de amor y una sombría venganza familiar:
 
Estos días se ha interpretado en el teatro Real de Madrid la ópera de Verdi, precisamente. Esta es una bonita versión de la ópera desde Chile, en 2017: 
 
La tercera foto es un curioso montaje que ha hecho Óscar Viosca, un amigo virtual, que me envió ayer. Y esto me lleva a preguntarme si mis amigos y amigas me veis más como jugador de fútbol vestido de rojo o como trovador vestido de negro.

miércoles, 15 de julio de 2026

"El número 51".


 

Esta vida es tan divertida que no dejan de ocurrir cosas simpáticas cada día. Ayer por la mañana caminaba tranquilamente por la calle Cea Bermúdez, en Moncloa, leyendo la famosísima autobiografía que Wagner dictó a su mujer, Cósima, la hija de Liszt, que me regalaron en casa por mi último cumpleaños (es sabido que no cumplo años, pues soy bisiesto, aunque debería ser trisiesto o cuatrisiesto) cuando casi me choco con mi amigo Pepe Villacís, escritor, economista y un tipo con el que llevo comiendo cada semana desde hace treinta años con otros amigos profesores, que venía en dirección contraria por la acera. Nos dimos un abrazo, charlamos un poco y seguí mi camino, en esa página en la que Nietzsche, que adoraba a Wagner, hasta que dejó de hacerlo por esas cosas que tienen los genios, dice que "es extremadamente dudoso que Wagner sea capaz de dar testimonio sobre sí mismo". Y añadió que "como Víctor Hugo, permaneció fiel a sí mismo incluso en su biografía: siguió siendo un actor". Después me senté a desayunar en la terraza de un Café donde a veces ruedan películas y miré la fotografía que había sacado. Casualmente allí vivió otro escritor que escribió algunas novelas estupendas y que me caía muy bien, José Luis Sampedro, que una vez estuvo en mi tertulia. Aparte de hablarnos de sus novelas, nos dijo que escribía para que lo quisieran. Todo lo envolvía la música de Lohengrin, aquel personaje que surgía de los romances épicos alemanes del siglo XIII (como el Parzival de Wolfram von Eschenbach), y representa la pureza, la fe ciega y el origen divino, pero también la tragedia del amor terrenal, pues cuando la duda obliga a Elsa a preguntar su nombre, Lohengrin debe revelar su identidad y regresar al castillo del Grial para siempre:

https://www.youtube.com/watch?v=oxqyUW2txQw

¿Realmente escribimos para que nos quieran?