Acababan de abrir, no se veía a casi nadie por el Paseo de Recoletos y me acordé de mis tertulias durante varios años en este mismo sitio. Pensé en más cosas, como que 250 años atrás se firmó en Filadelfia la Declaración de independencia de los EE.UU, con unos principios filosóficos básicos como que todos los hombres son creados iguales con derechos como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y considera que el poder del gobierno emana del consentimiento de los gobernados. En 1776 también se publicó la obra en cinco tomos de Adam Smith "Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones", donde analiza cómo los países generan riqueza y prosperidad y desafía las teorías mercantilistas de la época que medían la riqueza únicamente por la acumulación de oro y plata. Y si esto fuera poco, en 1776 se produjo un hito fundamental en la historia, la instalación y puesta en marcha comercial de las primeras máquinas de vapor perfeccionadas por Watt y Boulton. La empresa tenía su base y fundición en Birmingham, pero sus motores fueron adoptados con rapidez por las fábricas de Mánchester y el resto del país, marcando el inicio de la Revolución Industrial. Había nacido el desarrollo urbano moderno. En sus análisis políticos y económicos, Marx y Engels encontraron en la máquina de vapor mucho más que un avance técnico. Como explicaron en "El Capital" y el "Manifiesto Comunista", esta máquina fue el catalizador que cambió el curso de la historia social. Un rato después de tomarme un café con leche y un cruasán, como si estuviera en Saint-Germain-des-Prés, pasó por allí la cabalgata del Orgullo LGTBIQ+.
En esto pensaba mientras la música ambiental del Café me trasladó al verano de 1942, aunque estaba en el de 2026, en los tiempos de la IA:

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