domingo, 7 de marzo de 2010

“Tiempo de silencio”, de Luis Martín-Santos



1. En qué consiste esta “crítica”. 
            Lo primero que haré será esbozar el argumento y los principales personajes de la novela, que en mi opinión son lo menos significativo de esta obra, para estudiar acto seguido sus antecedentes literarios, la ideología latente en la misma y los aspectos más destacados de la estructura y el estilo que nos permitan diferenciar entre la técnica subjetivista y la objetivista. Estas dos técnicas tienen cabida, sin mayores problemas, dentro del actual paradigma dominante (en relación a lo que podríamos denominar una concepción “postmoderna” del arte), lo que no ocurría cuando apareció Tiempo de silencio, y ocasionó un gran revuelo literario.

 2. Una pequeña historia dentro de la gran historia.
            Pedro es un joven médico madrileño dedicado a descubrir las causas de un determinado tipo de cáncer a finales de los años cincuenta del siglo pasado. Trabaja en un laboratorio perteneciente a una especie de aburrido y siniestro CSIC. En su cabeza late el mensaje de nuestro Nobel de medicina, de cómo pudo lograrlo trabajando en un país tan poco dado a la investigación, y que, por ello mismo, no valora a sus hombres de ciencia. Pedro se puede considerar un héroe postbarojiano, con un mundo propio constituido por la pensión donde vive, las calles de Madrid que recorre continuamente, y sus visitas al prostíbulo y al café bohemio...
Amador es su ayudante, que le presenta al Muecas, un personaje perteneciente al lumpen, y que es el que se encarga de proporcionarle los ratones que tienen inoculado el cáncer que investiga Pedro. El Muecas desarrolla una técnica que consiste en que las mujeres de su familia den calor a los ratones con su propio cuerpo. Ricarda, su mujer, y Florita, una de sus hijas, adquieren un protagonismo destacado a partir del momento en que el médico aparece por su barrio.
Tras las descripciones de la vida cotidiana de Pedro en su pensión y su vida laboral y artística, la novela se sumerge en el chabolismo del extrarradio. En cierto momento se le pide que haga un aborto a Florita (que se supone que ha sido embarazada por Cartucho, el típico personaje achulado del lumpen), pero, cuando está practicando el legrado, la joven fallece. La policía acusa a Pedro de este acto delictivo y, cuando se le va a acusar del homicidio, Ricarda confiesa que su hija ya estaba muerta.
Libre de toda culpa, Pedro se compromete con Dorita, la hija de la dueña de la pensión, pero en un baile Cartucho la asesina. Ante este triste panorama el médico no tiene más remedio que salir de Madrid, en dirección a provincias, como si fuera otra vez un viaje a ninguna parte. En ese momento se “ve” castrado física y mentalmente.
Las últimas páginas de la novela, repletas de la técnica del monólogo interior y el flujo de conciencia son demoledoras.

 3. Análisis de la técnica y estructura de la novela.
            Martín-Santos es médico y psiquiatra, y eso se nota en los temas sobre los que escribe: el amor, la muerte, el dolor, el sexo, la soledad...
Baroja es el primer nombre que acude a nuestra mente cuando leemos Tiempo de silencio. En sus páginas late La Busca, y, por descontado, El árbol de la ciencia, aunque en mi opinión Martín-Santos ahonda más en sus personajes. Pedro es un personaje más profundo que Hurtado, a pesar de que el personaje de Baroja me sigue resultando tan entrañable como cuando leí la novela por primera vez.
            También toman cuerpo las figuras de Cervantes y Joyce. En su novela Martín-Santos se refiere con elogios al autor del Quijote, y se pregunta cómo es posible que esta novela pudiera ser escrita en un país como España. Con relación alUlises, tampoco oculta su admiración por esta obra, y la considera como la gran novela de la modernidad en lengua inglesa. Y también encontramos continuas alusiones literarias y meta literarias a la Biblia, a la gran literatura inglesa, francesa y alemana del siglo XVIII, a Sastre y Ortega, a las obras clásicas griegas y romanas, a los mejores libros del Renacimiento y el Barroco, si bien en este último caso a veces se dejan caer críticas mordaces. La erudición de Martín-Santos es manifiesta y la utiliza como una técnica literaria más a la hora de hacer evolucionar la historia (Rey, 2005).
En Tiempo de silencio observamos aspectos como la omnisciencia editorial, con juicios explícitos del narrador sobre Madrid, la ciencia y el arte, o la sociedad en su conjunto; y la omnisciencia neutral, con la que se demuestra que el narrador conoce la intimidad de los personajes. También se utilizan, de forma magistral, los monólogos interiores. Martín-Santos defendió un estilo culto frente al llano, la dificultad frente a la sencillez, lo artístico frente a lo periodístico, si bien no puede eludir cierto hermetismo en su manera de escribir. Usó el estilo bajo para los soliloquios de Cartucho y los monólogos de Amador, el estilo medio para los diálogos de personajes más cultos, y el estilo elevado para los descripciones del narrador. Se observa un predominio de expresiones latinizantes en la “compositio” de Martín-Santos, con abundancia de prótasis y apódosis, con muchos incisos e hipérbatos, como en la conocida descripción de la ciudad de Madrid, donde se pueden leer hasta 27 prótasis y una apódosis final.
Podemos decir que Tiempo de silencio es un buen ejemplo de novela donde domina la técnica subjetivista. Por oposición a ella señalaré a continuación en qué aspectos principales se fundamenta la técnica objetivista. En este tipo de obras se ha producido la desaparición del narrador, que no se dirige al lector y deja sólo a los personajes en sus aventuras vitales; un patente dominio del diálogo; el hecho de que no exista un protagonista individual claro, y que los aspectos psicológicos no sean relevantes. Todo lo contrario se produce en la descripción de ambientes, con la intención de reducir la trama y los aspectos temporales y espaciales.
Una obra que refleja, perfectamente, la técnica objetivista es Tormenta de verano, de García Hortelano, publicada en 1962. La técnica utilizada en esta novela reproduce fielmente el diálogo, a través del cual se capta la moralidad (o incluso amoralidad) de unos amigos que veranean en la costa catalana en una colonia de nuevos ricos. El libro se inicia con una situación muy dramática; una joven aparece muerta, desnuda, en la playa. El shock provocado por la aparición llevará a Javier, el protagonista, a una continua introspección y a una revisión de sus valores. La novela transcurre lenta, plácidamente, mostrando el entresijo de las relaciones de las parejas que veranean en la urbanización. El trasfondo del crimen aporta una tensión subyacente leve, pero omnipresente, casi hiperrealista. La resolución del mismo hará que Javier encuentre la calma y que el orden establecido, aunque pleno de hipocresía, vuelva a reinar. Algo similar podríamos decir sobre Dos días de septiembre, de Caballero Bonald, y Fin de fiesta, de Goytisolo.  

4. Por qué hay que leer esta novela.
           
Tiempo de silencio es una novela formalmente experimental, pero ácida e irónica en el trasfondo de su denuncia social, no sólo de la burguesía y los estratos sociales más privilegiados, sino del subproletariado de las chabolas, así como de los valores y mitos de una España que evoluciona muy lentamente hacia la modernidad.
Estos son algunos de los motivos que la convirtieron en una verdadera revolución en el momento de su aparición.
Al componente político (el autor intentó plasmar algunos de sus ideales marxistas) habría que unir el existencial, en la línea de Sastre y Camus, mostrando unos personajes carentes de ilusión, frustrados, abúlicos y degradados.
            Igualmente habría que destacar la visión desmitificadora del paisaje castellano, en claro contraste con el que podían tener los escritores del 98. Es como si Martín Santos buscara criticar al franquismo valiéndose de algunos de sus mitos, en muchas ocasiones demasiado tópicos. Me refiero al origen de la lengua castellana, la mística del Siglo de Oro en alusión a las Moradas de Santa Teresa o las propias alusiones al éxtasis místico, así como al símbolo por excelencia de la España imperial y la dictadura de Franco: el Monasterio del Escorial.
Debido a la condición de psiquiatra del autor, se ha interpretado en clave psicoanalítica el motivo de la “castración” espiritual de Pedro que se alude en las últimas páginas de la novela, lo que contrastaría con el símbolo fálico de las torres del Monasterio. En caso contrario, ¿a qué se estaría refiriendo el personaje cuando insiste en que está capado sin ruido alguno?
De forma textual aparece en sus pensamientos la expresión que da título a la novela, y que resume claramente lo que Martín Santos pensaba de la situación que intentó reflejar con tanta maestría.

 5. Bibliografía utilizada.     
Caballero Bonald, J. M. (2002) Dos días de septiembre (1961). Editorial Castalia. Madrid.
García Hortelano, J. (1995). Tormenta de verano (1961). RBA editores. Barcelona.
 Goytisolo, J. (1981). Fin de fiesta (1962). Biblioteca breve de bolsillo, Libros de enlace.
Martín-Santos, L. (2005). Tiempo de silencio (1961). Editorial Crítica. Barcelona.
Rey, A. (2005). Noticia de Luis Martín-Santos y “Tiempo de Silencio”. Editorial Crítica. Barcelona.

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