sábado, 24 de enero de 2026

"Ayer la Décima sinfonía de Mahler en un Madrid frío y lluvioso".





No había escuchado en directo la inacabada y conmovedora última sinfonía de Mahler. Por eso tenía muchísimo interés en ir ayer por la tarde al teatro Monumental de la calle Atocha para escucharla. Esta obra refleja su crisis personal, en particular su agitación matrimonial con Alma. A partir de la atonalidad radical y una música disonante y fragmentada, explora la desesperación, la ansiedad y el anhelo. La obra fue escrita a raíz de descubrir el romance de su esposa con el joven arquitecto radical Walter Gropius, creador de la Bauhaus. Las conmovedoras inscripciones que Gustav Mahler añadió a la partitura expresan su profunda ansiedad por perder a Alma, pero también el dolor que debió sentir por su traición. El adagio inicial es una de las músicas más intensas y dramáticas de Mahler, como si explorara el dolor de despertar del enamoramiento. Está luchando por descubrir qué existe de real en lo que siente. Pensó que había encontrado el amor con Alma. La había idealizado, proyectado sentimientos sobre ella, la había imaginado como una mujer parecida a una diosa. Pero, por un acto de infidelidad, ella había destrozado sus esperanzas y sus sueños, lo que le llevó a analizar sus defectos de percepción en sí mismo. Había quedado deslumbrado por su belleza y sus deseos hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad. Es como si estuviera debatiendo consigo mismo y se preguntara si tomaba o no el camino de la introspección y examinaba su realidad interior. Es una especie de exploración del amor sexual y de la espiritualidad. La sexualidad aparece así como una danza de la muerte dirigida por la despiadada Madre Naturaleza, que a través del impulso sexual logra la reproducción, pero no le importan las consecuencias emocionales. Mahler parece decir que el desamor es el estado natural de las cosas porque, con verdadero pesimismo schopenhaueriano, considera que la naturaleza se expresa ciegamente y nos engaña por la belleza de la apariencia exterior. Él admite la derrota, pero al final encuentra la compasión y el perdón, tal vez porque a lo largo de la música se da cuenta de que Alma es tan solo el espejo de su propia herida interior, algo innato a la condición humana. Al encontrar esa verdad universal en su situación personal, Mahler descubre una verdad más profunda que va más allá de su ego dañado y puede perdonar. De esa manera la compasión vence a los celos y la realidad triunfa sobre la ilusión.


La interpretación de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el danés Thomas Dausgaard, en la obra terminada por el musicólogo inglés Deryck Cooke con el apoyo de Anna Mahler, la hija de Alma y Gustav, fue excelente, como lo es la de la Filarmónica de Róterdam dirigida por Yannick Nézet-Séguin:


https://www.youtube.com/watch?v=YMN_DWY9RX8&list=RDYMN_DWY9RX8&start_radio=1

Ayer me emocioné realmente. 

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