viernes, 23 de enero de 2026

"El ascenso de la alondra".


 
En esta fotografía se encuentran algunos libros que me han regalado en la tertulia del martes pasado o que han llegado a mis manos en los últimos días. Ya se sabe lo que me gusta que me hagan regalos, como serían flores, tiestos, poemas, retratos, personajes o su propio corazón, señorita. Me lo merezco ya que soy muy mimoso y además no tengo abuela.
 
Hay cuatro libros de poemas:
 
"Poemas como nubes", de David Blanco, Adarve, 2025, un libro del que hablaremos en la tertulia virtual del martes que viene desde Chile, que es donde vive desde hace años mi amigo y ex alumno David (también hablaremos de la situación de la literatura en Chile).
 
"El tiralíneas de plomo", de Lluïsa Lladó, Buenos Aires Poetry, 2025, que se presentará en Madrid el próximo 7 de febrero en la librería La Fabulosa.
 
"Yo no titulo", de Guido Martínez Carbonell, Homo Sapiens, 2023. Guido es un tipo encantador que dirige el teatro Círculo de Rosario, en Argentina, al que conocí en la tertulia del martes pasado ya que esté de viaje por España.
 
"Ante el estío", de Catalina Bello, Olé Libros, 2025, que también ha estado alguna vez en mi tertulia.
 
Tres libros de relatos:
 
"Vivir entre extraños", de Reina Roffé, Menoscuarto, 2024.
 
"Donde acaba y empieza la vida", de Cristina García-Rosales, Mandala, 2025.
 
"Rahima y el jardín de la memoria", de Montserrat Abumalham, Ayuntamiento de Murcia, 2025.
 
Y un libro inclasificable, quizá un ensayo entre filosofía y física, de uno de mis amigos más cercanos:
 
"La realidad es una probabilidad del pensamiento", de José Villacís, Sial Pigmalión, 2025.
 
Y pienso en el vuelo de la alondra mientras comienzo a leerlos:
 
El ruiseñor y la alondra son los pájaros que más se citan dentro de la poesía occidental (uno de mis "Cuentos de los viernes" habla de ello aludiendo a la escultura de Lorca de la Plaza Santa Ana de Madrid). Sabemos que lo bucólico ya se manifiesta con Teócrito en el III a. C. y siguió hasta los paisajistas ingleses de principios del XX, con los tópicos de "edad dorada", "locus amoenus" y "beatus ille". Vaughan Williams tomó unos versos de un poema del inglés George Meredith (1828-1909). La alondra representa la luz, la alegría y la ascensión mística. Siempre me ha llamado la atención el mundo interior de los artistas y he intentado narrarlo desde la literatura. Vaughan Williams compuso una obra luminosa y serena durante la Gran Guerra; vivió los horrores del frente y perdió a sus amigos en el campo de batalla. En las fechas de composición de esta obra las vanguardias rompían con el lenguaje tradicional del arte, y el mensaje artístico tendía a mostrar cierto pesimismo existencial. En música, la tonalidad se fue desintegrando por la enorme influencia del "dodecafonismo" de los compositores Schonberg, Webern y Berg (una de las novelas más fascinantes de Thomas Mann es "Doctor Faustus", sobre la música de Schonberg).
 
Son pensamientos que siempre me asaltan cuando tengo un libro en la mano y vuelan los pájaros.

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