jueves, 18 de junio de 2026

"Un traje de lino".


 
Me acerco a Zara a comprarme un traje de lino como los que vestía Gustav Aschenbach en la novela de Thomas Mann que Visconti llevó al cine. Desde el espejo del fondo imagino historias que suceden en el interior de cada probador, algo parecido a lo que pensó Perec con "La vida instrucciones de uso" para aquel edificio de París que busco siempre que voy a esa ciudad. Quitamos la fachada y encontramos el mundo privado de los habitantes de cada piso. En el interior de los probadores la gente se pone y se quita ropa como si fuera parte de su piel, como una manera de estar en el mundo. Como novelista se me ocurren historias continuamente o a lo mejor es al revés, que esa pulsión narrativa para observar la vida me convirtió en novelista casi desde niño sin apenas darme cuenta. Sé que únicamente podría vivir en Madrid porque en realidad siempre he vivido en París sin saberlo, y en Venecia, dentro de una ópera de Puccini o en un fotograma de la película de Visconti, mientras suena la música de Mahler y ella me besa en uno de los probadores de Zara:
 

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