Javier, mi querido cura vasco, siempre dice que soy un "santo laico". Siempre me río cuando lo dice porque soy bastante poco santo. Sea como fuere, soy de los que piensan que un escritor del siglo XXI que quiera escribir una obra mínimamente coherente debe intentar saber de todo. Entre las tesis doctorales que he dirigido hay una sobre la moderna doctrina social de la Iglesia, tan interesante como conocer a Marx y Engels, después de pasar por Kant, Hegel y Goethe. Con la encíclica "Rerum novarum" (1891), de León XIII, se modernizó esa doctrina en medio de la turbulenta Segunda Revolución Industrial del siglo XIX a la que me referí por aquí el otro día. Juan Pablo II escribió cien años después la "Centesimus annus", en homenaje a esa obra. Ahora León XIV no puede dejar de mostrar su admiración a León XIII y ha escrito "Magnifica humanitas" (2026), que he estado leyendo estos días ya que se centra en gran medida en la IA. Robert Francis Prevost (Chicago, 1955) es matemático y teólogo, ha vivido muchos años en Perú y me parece un hombre inteligente y sensible. Compara la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Con la primera no se logra la unidad sino la dispersión; con la segunda la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todos. Y ese es el mensaje de la encíclica, edificar una ciudad centrada en el bien común en estos tiempos de la IA. El texto posee una cierta base científica, pero es espiritual. En la p. 169 y ss, se dice que" la paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás (...) Debemos decir "no" a la guerra de las palabras y las imágenes (...) Hay situaciones en las que para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta en pensar en no ser cómplices. Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas e infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma (...)
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A este papa y a mí nos gusta el canto gregoriano:

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