Acaba el curso, se firman las actas, me saco la foto tras la revisión de exámenes y los alumnos rellenan las encuestas para opinar sobre nosotros, los profesores. Como nunca digo palabrotas, pido perdón por la frase entrecomillada que me han dicho algunos alumnos este año, por otra parte similar a la de siempre, aunque alguno también me pone verde, pues está en su derecho. Si es que no somos nadie. Cuando era joven a veces iba a bailar con mis alumnos al terminar el curso y las chicas siempre me decían que un tipo como yo o era gay o estaba casado, y cosas así. Soy un tipo afortunado en esto del trabajo. Cuando fui bróker, me lo pasé de maravilla en el centro del mundo financiero de este país; nada que ver con lo que nos cuenta Scorsese en "El lobo de Wall Street" y el desenfreno de las drogas y el sexo. Y es curioso que más de un alumno me ha preguntado si yo me comportaba como el personaje de DiCaprio. En cierto momento me fui a dar clase a la Universidad Carlos III, y a continuación a otras Universidades. La verdad es que procuro cambiarme de trabajo si me aburro; no entiendo eso de trabajar en lo que no te gusta o no posee suficiente clase y glamour. Y hablando de glamour, ¿nos subimos a un Mercedes, nos vamos a la Costa Azul mientras nos da el viento de cara, bebemos champán y escuchamos esta música?
(Se lo dedico a mi amiga y tertuliana Susana Fraile, a la que no pude ver ayer para darle un beso. Para que se ponga buena pronto y vuelva a nuestra tertulia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario