Te levantas temprano, te tomas un café mientras suena la Pavana de Ravel y te vas a recorrer el mundo. Te sientas en la plaza del pueblo junto a la iglesia. Abres los ojos para apresar la belleza, de los árboles y las esculturas de piedra, de los perros que se te quedan mirando. De los rostros de la gente que reflejan vidas diferentes, algunas de novela. Ravel sigue sonando dentro de mí, de todos los que hemos conocido el amor y hemos sido amados.
Todo está en orden.
Algo así es la felicidad:

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