Ayer iba por la calle y de pronto me dieron ganas de bailar un bolero, como si estuviera en la Habana paseando quizá por el Malecón como cuando hace años me fui a Cuba para escribir uno de los capítulos de mi novela "Las mentiras inexactas" (2012). Me divierte viajar a los sitios para inspirarme y después ponerme a escribir, que es algo así como ponerme a bailar. Sí, para mí escribir es algo parecido a bailar, hacerlo con las palabras, con las figuras retóricas, como bailar con ella, con la forma de su cuerpo entre mis manos que escriben sobre el diccionario de su piel. Y ayer fui capaz de pensar en las noches cálidas de La Habana, en una mezcla entre el bolero tradicional, las melodías suaves y una atmósfera íntima que invitaba a sentir cada palabra y cada nota. Porque viajar y bailar es como el amor, incluso como el desamor, tan literario. Hacer el amor es lo más parecido que se me ocurre a escribir una novela:
Y ahora voy a seguir bailando mientras me tomo el primer café de este jueves de verano tan hermoso y literario.

No hay comentarios:
Publicar un comentario