sábado, 5 de septiembre de 2026

"Farmeando aura".


 
Ahora que empieza la Universidad, no sé por qué voy a ser menos que mis alumnos. Por eso a mí también me divierte "farmear aura". Este fenómeno ha saltado de las pantallas al mundo físico en ciertos países como Brasil, Colombia, México, Argentina y España. Así los jóvenes se reúnen en las plazas públicas para competir en "batallas de aura". Se colocan cara a cara en círculos y realizan poses (como el famoso "gesto six-seven"), caminatas exageradas, miradas fijas o coreografías de los videojuegos. El público aplaude para determinar quién posee la mayor presencia y quién gana cada ronda. Aunque a menudo roza el absurdo o genera "vergüenza ajena" en los adultos, los participantes lo adoptan como una forma divertida de expresión, unión y pérdida del miedo al ridículo. Y ahí estoy yo, o estuve ayer por la tarde, delante de un cartel con una de las palabras que más me gustan del diccionario. Podría preguntarme, mientras me tomo el primer café de este sábado de verano tan agradable, si a lo mejor yo también estoy haciendo el ridículo, aunque, pensándolo bien, nunca he sabido que es eso exactamente. En fin, lo dejaré en "six-seven" y ya me diréis mis amigos y amigas si he ganado esta ronda. Y seguiré saboreando mi café y escuchando una música que me transporte a La Habana, como algunas de las páginas de mi novela "Las mentiras inexactas", y su idea de que el amor quizá no tenga edad. ¿Se puede enamorar una mujer de cerca de sesenta años de un muchacho de veintitantos, que fue su alumno de Filología en la Complutense a la vez que estudiaba a Borges, Saramago, Alberti o Sampedro, que se enamoraron de mujeres mucho más jóvenes que aparecen en esta novela? ¿Y ser correspondida? 
 
Sí, me gusta hacerme fotos delante de la palabra amor; bueno, en realidad lo que más me gusta es hacerlo. En realidad los escritores siempre estamos "farmeando aura", incluso en la cama.

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