Como soy un romántico empedernido, la imagen que tenía de joven de todo escritor era la del protagonista de "La bohème" de Puccini, Rodolfo, un poeta que vivía en una buhardilla y llevaba el pelo largo. Yo también tenía que vivir en algún momento de mi vida una historia en París, donde un grupo de jóvenes artistas y bohemios comparten pobreza, ilusiones y camaradería en una buhardilla. Rodolfo y Mimí se enamoran, instantáneamente, durante una Nochebuena, pero la frágil salud de Mimí, consumida por la tuberculosis, lleva el romance a un destino trágico que contrasta con la relación tempestuosa de Marcello y Musetta. Por eso, debía escribir una novela que hablara de estos personajes y comenzara con el mítico "Che gelida manina". Hoy me apetece tomarme el primer café de esta preciosa mañana recordando a algunas de mis amigas que han compartido algunos instantes de mi vida. Ellas siempre van a la Feria del Libro, compran mis libros y después los leen. Es lo que ocurrió con Aurora, Susana, Pilar, Ana y Almudena cuando se acercaron a verme al Retiro donde estaba firmando "Poeta en Madrid", la novela que tienen en la mano (es la sexta que he escrito, la última por ahora y también hablaré de ella cuando lea lo que dice la IA). Y tras leerse mis libros, mis amigas piensan en ellos y escriben sus opiniones en revistas y las redes. El poeta vive en una buhardilla en Madrid o en París y se pone a escribir un libro que podría llamarse "Poeta en Madrid", novela que empieza con el "Che gelida manina" de "La bohème". De joven llevaba el pelo más largo que el tenor de este video en el Covent Garden de Londres y me lo tenía que recoger en una coleta cuando empecé a dar clase en la Universidad con 25 años:
Y no me resisto a volver a escuchar el dúo de amor entre Rodolfo y Mimí:
¿Cómo no enamorarse escuchando a Puccini?
Siendo escritor, ¿cómo no iba a escribir en algún momento de mi vida una novela que comenzara con esa música?

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