martes, 17 de agosto de 2021

"Atravesando el espejo del Quijote".

¿Soy yo el de la foto, que se ha escapado de una película de Woody Allen, o mi rostro pertenece al personaje de una novela intercalada en el Quijote, me pregunto mientras me tomo el primer café de esta agradable mañana de verano?
 
Desde el mismo origen de las palabras, la literatura no ha dejado de citarse a sí misma, como también le ha ocurrido al cine. El otro día pensé en ello mientras recorría la casa donde nació Cervantes y me sacaban la foto en el Cuarto de las Damas, del piso de arriba. Veo el rostro de un tipo que escribe novelas varios siglos después de que naciera el concepto gracias a escritores como el propio Cervantes. El discurso narrativo y cinematográfico está sometido a cierto juego especular por la manipulación de las convenciones de la ficción. Las obras se convierten en polifonías textuales al resonar nuevas voces. En el Quijote está la intertextualidad y se dan cita la ficción implícita en la práctica narrativa, la ficción explícita o metaficción (la poética neoaristotélica que nace en el Renacimiento), las ficciones internas o creaciones imaginarias en boca de otros (historias incrustadas), la autoficción y las ficciones con don Quijote y Sancho. Los capítulos dedicados a los duques han dado lugar a novelas y ensayos sobre su propia identidad, como "El diario de la duquesa" (1983) de Robin Chapman. Al convertir la mimesis en un concepto estético flexible, en el Quijote se admiten como verosímiles las modalidades tanto de lo posible como de lo imposible siempre que sean aceptables para el lector, sin romper el decoro técnico que pedía Aristóteles. Frente a la tradición mimética que desaparece en determinadas épocas, se puede reivindicar que los textos de la literatura contengan mundos imposibles que contradigan las leyes lógicas o naturales. El poder de persuasión del escritor es una capacidad que depende de que el lector acepte la ilusión de autonomía de la historia y los personajes respecto del mundo real.
 
No me importaría haber sido un personaje del Quijote o de una obra de teatro de Lope de Vega.
 
Ni por supuesto haber sido el rubio de esta película y pasear por la ciudad mientras apuro el café en un local bohemio de una de sus dos islas.
 
¿Te acuerdas de nuestro último paseo por allí?
 

lunes, 16 de agosto de 2021

"Cuando la ficción crea la realidad".

Borges escribió un relato, "Tema del traidor y el héroe" ("Ficciones", 1944), que releí ayer tras ver la película "La verdadera historia de la banda de Kelly" (2019), del australiano Justin Kurzel, basada en la novela del escritor también australiano Peter Carey, publicada con el mismo título el año 2000. El libro de Borges está formado por dos partes, "El jardín de senderos que se bifurcan" y "Artificios", donde se incluye el cuento que he mencionado. Es uno de los libros más importantes de la literatura universal del siglo XX.

Ned Kelly (1854-1880) es el "bushranger" (bandido) más famoso de Australia y casi una gloria nacional, del estilo de las de Billy el Niño o Robin Hood, y los propios australianos no se ponen de acuerdo en si fue un héroe o villano. Su padre era irlandés, al igual que muchos de los personajes de la novela y la película. La historia de Borges se sitúa en la Irlanda real de 1824, y en ella un tal Ryan nos habla de su abuelo, Fergus Kilpatrick, que se convierte en un héroe después de ser asesinado. Ryan alude a la conocida muerte de Julio César y a varios párrafos de Macbeth para aportar verosimilitud al hecho real. Luego sabremos que Kilpatrick fue un traidor ya que escenificó su muerte para convertirse en héroe, Por tanto la obra de Shakespeare se utiliza como elemento esencial para constatar la realidad, y no al revés. De la misma forma, desde el principio de la novela de Carey, dividida en legajos encontrados (como ocurre con el Quijote y otros libros) Kelly nos cuenta su historia en primera persona, desde que se convierte en bandido cuando era un niño hasta su muerte frente a un ejército de policías, y lo mismo pasa con la película de Kurzel, que se puede considerar un neo-western punk que oscila entre lo terrible, casi el terror, y la poesía más desatada. Es ese concepto de Seudo Longinos que tanto me gusta, sobre lo sublime, lo siniestro y lo bello. Carey y Kurzel se inventan personajes para volver a contar la realidad de la leyenda de Kelly.
 
Hoy ya me he tomado dos cafés cuando escucho la música con la que termina la película, que casi parece de los Sex Pistols, y pienso que, a pesar de la banalidad que a veces quiere inundarlo todo, en este mundo estilo Instagram, siguen interesándome algunas cosas:
 

domingo, 15 de agosto de 2021

"Pío Baroja y el Café Viena".

El otro día pasé por delante de la Antigua Facultad de Medicina de la calle Atocha, construida a finales del siglo XV. En ese momento recordé a Andrés Hurtado, el protagonista de la novela de Baroja "El árbol de la ciencia", que estudió allí. Ya en casa estuve hojeando un viejo ejemplar de la novela, con esos diálogos entre un racionalista Hurtado y un idealista doctor Iturrioz. El protagonista de mi novela "Vivir es ver pasar" se llama César por otro personaje de Pío Baroja, "César o nada". Si siempre digo que, en cierta medida, aprendí a escribir siendo adolescente leyendo a Galdós, también debo decirlo de Baroja (filosóficamente me influyeron mucho Ortega y Unamuno en aquella época). En su día tuve en mi tertulia literaria a su sobrino Julio Caro Baroja hablando de Antropología (también visité su casa de la calle Alfonso XII, ese trozo de Madrid que ha sido declarado hace unas semanas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), y aproveché para decirle que la obra de su tío es inmensa y su lectura me enseñó muchas cosas en ese momento de mi vida. En realidad, somos los que leemos o más bien lo que hemos leído desde niños. Además, tras casarme en los Jerónimos celebré la boda en el Café Viena de la calle Luisa Fernanda, al lado del Templo de Debod. Este Café fue fundado hace 90 años y allí escribió Baroja algunas de sus novelas, lo mismo que en la trastienda de los Viena Capellanes de las calles Misericordia y Ruiz de Alarcón. La música de aquella cena la puso un piano de cola.
 
Como es domingo y estamos en verano, qué mejor que tomarme el primer café de la mañana marchándome a Viena unos minutos para escuchar el vals "Voces de primavera", de Johann Strauss II, con Battle y Karajan:
  
 



 
 

sábado, 14 de agosto de 2021

"Marcello, come here".

El otro día estaba leyendo EL PAÍS en la terracita del Café Comercial cuando en la página 24 me encontré una fotografía de una chica en la Fontana di Trevi. En seguida me vino a la cabeza la bella melodía de Nino Rota que acompaña a Marcello Mastroianni a lo largo de la película de Fellini. Y luego están Anita Ekberg y Anouk Aimée:

Suelo desayunar a veces en este sitio, ya que no está lejos de casa. Aquí pasé muchas tardes estudiando con mis amigos y resolviendo problemas de Matemáticas. La Facultad estaba cerca, en el centro de Madrid, y siempre que salíamos de un examen nos íbamos a los cines de Fuencarral. En el quisco de la Plaza de Bilbao he comprado películas (recuerdo algunas de Woody Allen), además del periódico. Fellini quiso hacer una película como una escultura de Picasso, que le permitiera romper la historia en pedazos, para juntarlos después. Era una nueva moral, donde la libertad no tenía límites y el pecado había sido desterrado. Y la fuente. "Marcello, come here. Hurry up". La primera mujer de la creación, la madre, la hermana, la amante, la amiga, el ángel y el demonio. En aquella fuente, donde Marcello desea tocarla como si la diva fuera una imagen inaccesible, deja de correr el agua. Ocurre de repente, en medio del silencio, y llega el amanecer, como ahora.
 
Dicen que hoy va a ser el día más caluroso del año. 
 
Ahora me tomo el primer café y regreso al cine Azul de la Gran Vía donde vi esta película por primera vez. Luego volveré al Café donde yo resolvía problemas de Matemáticas y empezaba a convertirme en escritor.
 



 
 
 

jueves, 12 de agosto de 2021

Esta es la entrevista en Youtube que me hicieron ayer en la radio de Tenerife.

Dentro del apartado literario "Guajara", los entrevistadores Isidro y Remi Pérez Brito me recibieron con afecto y cariño, y me pidieron que hablara de mi novela "Poeta en Madrid". Yo estuve a gusto con ellos durante media hora analizando los lenguajes literario y musical que apliqué en su escritura, desde la música de Puccini, Beethoven y Mahler, hasta la Poética de Aristóteles con sus conceptos sobre la coherencia, la verosimilitud y el decoro.
 
Al final terminé hablando de lo que busca todo creador, es decir, de la rosa, del nombre de la rosa. 
 

miércoles, 11 de agosto de 2021

"Vuelve la entrevista de todos los veranos, como Verano azul".

A las 11.30 hablaré de mi novela "Poeta en Madrid" en una radio del Norte de Tenerife (10.30 en la isla).

La entrevista se podrá ver en directo por Facebook y Youtube en la página de "Radio Realejos" o escuchar en el 107. FM y pinchando aquí:
 
He estado varias veces en esta radio con los hermanos Brito, Remi e Isidro, al pie del Teide y frente al oceano Atlántico, y dentro de un rato volveré a hacerlo, aunque sea en la distancia. La fotografía que he puesto se refiere a otra que me hicieron en 2016 y está subida en Youtube, como otras entrevistas.
Ahora me tomo el primer café de la mañana y escucho un aria de Puccini con la voz de Plácido Domingo. En "Poeta en Madrid" aparece Taganana, uno de los sitios que más me gustan de la isla de Tenerife, y esta música la escuché la primera vez que estuve allí, subiendo las montañas de Anaga:
 

"Tomando el aperitivo con dos portentos intelectuales en Casa Manolo, el Café más literario de Argüelles".

Como a Javier Del Prado le gustan tanto las plantas (como a tantos profesores de filología que he tenido en la Facultad) y yo solo sé que el campo está lleno de árboles y bichitos, le dije que llevara un geranio para celebrarlo. Todas las plantas son geranios para mí y de eso entiendo algo más; aun así compro muchos geranios cada año en un vivero que está cerca de casa y todos se acaban muriendo. De la arquitecta María José Muñoz Spínola únicamente puedo decir que se pone a hablar y Javier y yo cerramos la boca (cosa harto difícil) y la miramos embelesados. 
 
En fin, literatura y vermú.