sábado, 31 de enero de 2026

"No me hubiera importado ser un personaje de Cortázar".


 

En mi tertulia y en las redes sociales hablo de literatura. Así que no pienso decir nada de Franco, un señor que murió hace nada menos que 50 años, ni de Alatristes y de escritores con boina. Me interesa la literatura y por eso mismo me interesan Cortázar y el mundo del jazz. Para la tertulia del próximo martes en Argüelles he pedido a mis amigos que lean "El perseguidor", uno de sus grandes cuentos, casi una "nouvelle", un antecedente de la inmensa "Rayuela", es decir, mi intención es que hablemos de literatura de verdad:

https://www.ucm.es/data/cont/docs/119-2014-02-19-Cortazar.ElPerseguidor.pdf

Esta es una conferencia sobre Cortázar y El perseguidor que me ha pasado el escritor y tertuliano Antonio Tello, en un ciclo literario que organizó él en Córdoba, Argentina:

https://www.youtube.com/watch?v=Bg2o9szO2Jo

Y me falta la música, que en este caso tan solo puede ser de Charlie Parker, que podría ser del saxofonista Johnny Carter:

https://www.youtube.com/watch?v=8OqSnuwaiyQ&list=RD8OqSnuwaiyQ&start_radio=1

Sin jazz y sin Cortázar la vida es mucho más aburrida.

viernes, 30 de enero de 2026

"El primer novelista de Occidente es del siglo IV"


 




Me refiero a San Agustín de Hipona, que nació y murió en el norte de África, lo que hoy sería Argelia (Tagaste, 354- Hippo Regius, 430), y vivió en Roma y Milán. Es el pionero de la narrativa moderna por sus "Confesiones" en las que nos cuenta su vida antes de convertirse al cristianismo. Cuando hoy se habla tanto de la literatura del yo o de la autoficción y cosas por el estilo siempre sonrío. Esto ya lo discutimos en la Universidad en la asignatura de Géneros Literarios. Ayer por la tarde me fui a escuchar una conferencia en el Museo de San Isidro, "Rutinas agustinas: aspectos cotidianos de San Agustín de Hipona", por el filólogo clásico de la Complutense Iván López Martín. Y en el Metro pensaba, mientras veía a la gente con sus pequeñas cosas de cada día, la mayoría envueltos en sus pensamientos y sus móviles, que sus "Confesiones" introdujeron la introspección, la subjetividad y el análisis psicológico en la literatura. A diferencia de las biografías antiguas que se basaban en hechos externos, Agustín centró su obra en el "hombre interior" y analizó sus emociones, memoria y voluntad. Por eso se habla de la primera "autobiografía" espiritual occidental, estructurada como una narrativa de transformación personal con un antes y un después que marca un viaje dramático desde la juventud pecaminosa hacia la fe, que es la estructura base de muchas novelas posteriores. Estudió el tiempo y la conciencia, aspectos que tienen más que ver con la novela moderna que con la clásica. Aunque sus obras son teológicas y filosóficas, el formato confesional y el énfasis en su experiencia personal lo convierten en el "primer moderno" y en el precursor de la novela introspectiva. La conferencia estuvo bien ya que se habló también de Manes, Cicerón, Apuleyo, Séneca, etc., lo que siempre me gusta.

La cuarta foto es del fresco más antiguo (siglo VI) que se conserva de San Agustín y que está en la catedral de Letrán en Roma. Y en su honor me tomo un café escuchando la arrebatadora sinfonía italiana del alemán Félix Mendelsshon. Es lo que tienen los artistas, que se van de viaje por Italia, por ejemplo, y te escriben una sinfonía:

https://www.youtube.com/watch?v=_HX_jF1_Tgc&list=RD_HX_jF1_Tgc&start_radio=1

jueves, 29 de enero de 2026

"El nuevo mundo o el único mundo".


 

"La barbería junto a mi casa es famosa por recibir celebridades del mundo del cine, escribió el otro día la manchega que vive en Nueva York Juana Martinez Lopez-Prisuelos. Su dueño dice que Al Pacino vive enfrente, añadió. Nunca lo he visto, pero sí muchas fotos en su interior de celebridades. Justo Sotelo se parece físicamente al actor que dio vida al hijo del Padrino. Quiso separarse del mundo infernal de su padre, pero quedó atrapado por los vínculos a su familia. El collage es de su gran amiga Charo Alonso Panero, terminó Juana".

Refiriéndome a nuestra última tertulia, ayer hablé de lo que significa dar la vuelta al mundo gracias a ella. Entre los comentarios quiero destacar estos párrafos que acabo de leer de una de mis amigas tertulianas, Francisca Arias Tovar (aprovecho para agradecer todos los comentarios de mis amigos sobre la tertulia, estuvierais o no en ella; después de todo esto también es una tertulia literaria a través de las redes sociales, que es para lo que yo estoy en este mundo virtual):

"La presencia simultánea de voces, dijo Francisca, desde distintos puntos del mundo, confirma que la literatura sigue siendo una patria portátil, una comunidad electiva de letraheridos que resisten el ruido con escucha y con profundidad. Y que ese diálogo se produzca hoy por Zoom no le resta densidad: al contrario, subraya la paradoja de nuestro tiempo donde la tecnología -tan acusada de superficialidad- puede, si se la habita bien, servir a la experiencia lenta, reflexiva, casi mística de la palabra. Al final viajar continúa siendo eso, aprender a mirar de otra manera".

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La música, hoy, solo puede ser la del Nuevo Mundo que nos regaló Dvorak para hacernos felices:

https://www.youtube.com/watch?v=jOofzffyDSA&list=RDjOofzffyDSA&start_radio=1

miércoles, 28 de enero de 2026

"Y nuestra tertulia se fue a Chile para viajar a la India".


 

El de ayer por la tarde con el escritor David Blanco fue un viaje astral, espiritual, onírico, profundo, el del vagabundo (o vagamundo, como diría Cervantes) a través de la India del norte, donde mira, ve, siente, escribe, se difumina y transforma. Como en este poema de su libro "Poemas como nubes", 2025, editorial Adarve, de la mano del editor Luis Folgado que también nos acompañó en nuestra tertulia, al igual que lo hicieron desde Santiago de Chile Ingrid, la mujer de David, y el escritor Iván Quezada, que nos habló de la situación de la literatura y la crítica literaria chilenas. En el libro de David hay varios homenajes a escritores que me gustan, como Kenzaburō Ōe, Mario Benedetti y Javier Lostalé (no pude estar este lunes en la presentación de su Antología "Revelación", publicada por Bartleby Editores, porque tenía clase, pero ya vendrá a nuestra tertulia):

https://www.youtube.com/watch?v=kQl5qjqgHHs

 
Es maravilloso que en pleno siglo XXI demos la vuelta al mundo en hora y media gracias a Zoom y se conecten "letraheridos" de todas las partes, esta gran familia que sigue reuniéndose los martes para hablar de literatura y arte. Por eso me voy a clase escuchando esta música que a algunos nos acompaña desde los sueños de nuestra infancia cuando dábamos la vuelta al mundo en 80 días y ahora lo hacemos subidos a la literatura:

https://www.youtube.com/watch?v=MP2eI3q7U1M&list=RDMP2eI3q7U1M&start_radio=1 

martes, 27 de enero de 2026

"Este profesor me cae bien".


 
Ayer empezaron las clases en el Cunef y me pasé el día entre alumnos, hablando sin parar. Por la mañana algunos alumnos me dieron las gracias y me estrecharon la mano; a última hora de la tarde, cuando ya me iba de clase, escuché que un alumno le decía a otro la frase con la que he titulado este texto. Y ahora me tomo un café, observo la foto que me hice por la mañana antes de dar clase, y pienso que parece mentira que me siga gustando después de tantos años. Ya he dicho en otras ocasiones que ser profesor es una de las profesiones más hermosas y agradecidas que existen; en realidad no es una profesión, sino una manera de ser, de comportarse, de mirar la vida pensando en los demás. Como nos contaba un profesor de matemáticas en el colegio uno más uno nunca son dos, sino tres. Y yo lo sigo pensando cuando doy clase. Y pienso en dónde puede estar el secreto de la felicidad. ¿De verdad algunos son felices por pasar un tiempo en el Palacio de la Moncloa o en la Casa Blanca? ¿De verdad son felices por acumular más y más dinero? ¿De verdad que lo son por tener esos 15 minutos de celebridad según Warhol al salir en la TV o en las páginas de un periódico? ¿De verdad saben lo que quería decirnos Platón cuando hablaba de la bondad?
 
¿Han cantado supercalifragilisticoexpialidoso alguna vez y después dormido sin preocupaciones por la noche?
 

lunes, 26 de enero de 2026

"Mentiras inexactas".


 
"Este Justo Sotelo no es profesor de universidad, no ¡qué va!; no es escritor, ni poeta, ni melómano, ¡que no! Este monstruo es un puñetero renacentista, de esos que dominaban todas las artes a la par. ¡Odiooooso!"
 
Las frases son del poeta de Alcalá de Henares Fernando Pastor Pons del que he leído recientemente dos libros de poemas. Y las escribió para el post de ayer, y por eso ahora aprovecho para agradecer los comentarios cariñosos e inteligentes que escribisteis mis amigos. La foto es del otro día en la Cervecería Alemana que lleva abierta toda la vida (al menos la mía) en la Plaza Santa Ana del centro de Madrid. Es uno de los lugares de los que tomé algunos detalles para mi novela "Las mentiras inexactas" (2012) que imaginé al lado, en una librería a la que van todos los personajes y sucede gran parte de la historia. El leitmotiv principal es si una mujer mayor se puede enamorar de un joven y a la inversa o es pura retórica: 
 
"La mujer abrió la puerta de la librería, y Daniel se apresuró a decirles que se había encontrado con María Kodama en el aeropuerto y le había invitado a pasarse por allí. Habían compartido el taxi hasta la plaza, pues ella se alojaba en el hotel. El pelo de María era inconfundible, así como su mezcla de rasgos japoneses y alemanes, y la abundancia de anillos de plata en las manos. Nora observó cierta complicidad en la sonrisa de Sergio, como si recordara su conferencia del Aula Magna. Solo faltaban Beatriz Talaván, Alba Martínez, Erea Gómez, Beatriz Malanda y el propio Amorós para llevarle la contraria. La mitología creada en torno al escritor argentino hacía pensar en un hombre que nunca abandonaba su torre de marfil, pero no era cierto. Desde sus primeros amores de juventud hasta la consagración definitiva al lado de Kodama, Borges conoció a muchas mujeres, aunque solo una le dejó una huella imborrable. Borges admiraba a los Beatles, los Rolling y Pink Floyd, dijo María Kodama en cierto momento con voz cansada; también le gustaban el blues, la milonga, los espirituales negros y los tangos antiguos. Lo más curioso es que se pasaba buena parte del día en silencio, encerrado en sí mismo. Una de sus ocupaciones favoritas era pensar, lo que no le impedía sacar tiempo para maravillarse y reírse con cualquier tontería. Nunca olvidaría su encuentro con Cortázar en el Museo del Prado. Se quitaron la palabra continuamente, como dos críos que quisieran llevar siempre la razón.
 
Nora dejó sonar el móvil varios segundos, pero la viuda de Borges seguía hablando (lo último que escuchó es que había venido a Madrid para preparar la celebración del “año Borges” y que estaba tan emocionada como cuando vivía con él) y decidió salir fuera para responder a Amorós.
 
(...)
 
Iba a cerrar la puerta cuando dos mujeres maduras le preguntaron si podían pasar. Nora les abrió la puerta por completo. Eran las viudas de otros dos escritores célebres, Pilar del Río y Asunción Mateo, y nada más verlas María Kodama se les acercó con muestras de alegría. Daniel hizo lo mismo, y luego se dirigió a su escritorio, abrió un cajón y sacó las primeras ediciones de unas obras de Saramago, Borges y Alberti. Los tres habían pasado buenos ratos entre aquellas paredes bebiéndose su mejor vino.
 
Siempre defendieron los derechos humanos…, aseguró Pilar del Río observando el libro de su marido.
 
Pilar era una mujer hermosa, y se expresaba con una dicción perfecta. En su mirada había cierta tristeza.
 
Vivieron épocas diferentes, pero demostraron la misma integridad moral, añadió Asunción Mateo con una sonrisa aniñada. Yo trabajaba como profesora en un instituto y conocí a Alberti en un homenaje a Machado. No tardé en comprobar que era fácil enamorarse de él, y no solo por su impresionante presencia.
 
Pilar le dio la razón; a ella le había ocurrido lo mismo con su marido".
("Las mentiras inexactas", 2012, Editorial Izana, pp. 218-223).
 
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Esta mañana en que empiezan las clases es un buen momento para volver a escuchar la banda sonora de la novela, ya que a Borges también le gustaba el rock:
 

domingo, 25 de enero de 2026

"Café y calle, muy Madrid".




Estos días se está hablando mucho en el mundillo cultural del cierre de la librería Tipos Infames, en el barrio de Malasaña. Es una lástima, como lo es que cierren otras librerías. Uno de estos "tipos infames" estudió conmigo Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense, luego trabajó en la Casa del Libro y después montó su librería con dos socios, donde he estado muchas veces; incluso me planteé hacer allí mi tertulia. De paso estoy leyendo críticas a Madrid por el hecho de que ya no es lo que era o si los políticos y el turismo la están transformando con ayuda de la gentrificación. Como no me gusta discutir, sino más bien dialogar (lo hago continuamente en la Universidad con mis alumnos o en mi tertulia literaria) tan solo puedo aportar la idea de que Madrid es una de las ciudades más libres que conozco, donde se puede hacer de todo. Un sábado por la mañana como el de ayer te permite acercarte a una concentración en Antón Martín como recuerdo de los abogados asesinados en Atocha, como hacía uno de los personajes de mi novela "La paz de febrero", 2006. Acto seguido puedes pasear por la calle Huertas y sacarte esta foto con la que titulo el texto. Continúo bajando, aterido, y llego al Museo del Prado para ver una exposición sobre el pintor neoclásico Mengs, antes de pasear y pisar las hojas melancólicas en el Jardín Botánico. En una esquina toca un violinista a pesar del frío, a la vuelta están los libreros de la Cuesta Moyano donde te puedes comprar un libro por un euro. Y Pío Baroja que se ríe un poco más arriba y está el Retiro y están las barcas donde suspiraste una vez antes de besarme. Admito que me han dado muchos besos en mi vida, besos de lado, directos, inclinados, bajo presión. Me han dado besos superiores, de broche, palpitantes, de contacto, para encender la llama, para distraer, besos nominales. Y besos con las pestañas, con un dedo, con dos dedos, besos que despiertan y demuestran. Besos del recuerdo, lacrimosos, viajeros, al pecho y besos sin reloj, muchos besos sin reloj, que son los que más me gustan. Cómo no iba a vivir la vida con pasión, con lo bien que he besado y me han besado. Y escuchando canciones como esta en la Puerta del Sol, por donde seguí el paseo de ayer, un lugar universal:

https://www.youtube.com/watch?v=P6ZKW3xzK7I

Esta canción va para Cristina Cisneros Luaces, que nos dejó ayer, mi querida gallego leonesa como la llamaba siempre y ella me lo pagaba leyéndose mis libros y dejando cada día hermosos comentarios en esta red social. Nunca llegamos a conocernos en persona, pero qué importa si nos conocimos a través de la literatura.

Después de todo Madrid soy yo.

sábado, 24 de enero de 2026

"Ayer la Décima sinfonía de Mahler en un Madrid frío y lluvioso".





No había escuchado en directo la inacabada y conmovedora última sinfonía de Mahler. Por eso tenía muchísimo interés en ir ayer por la tarde al teatro Monumental de la calle Atocha para escucharla. Esta obra refleja su crisis personal, en particular su agitación matrimonial con Alma. A partir de la atonalidad radical y una música disonante y fragmentada, explora la desesperación, la ansiedad y el anhelo. La obra fue escrita a raíz de descubrir el romance de su esposa con el joven arquitecto radical Walter Gropius, creador de la Bauhaus. Las conmovedoras inscripciones que Gustav Mahler añadió a la partitura expresan su profunda ansiedad por perder a Alma, pero también el dolor que debió sentir por su traición. El adagio inicial es una de las músicas más intensas y dramáticas de Mahler, como si explorara el dolor de despertar del enamoramiento. Está luchando por descubrir qué existe de real en lo que siente. Pensó que había encontrado el amor con Alma. La había idealizado, proyectado sentimientos sobre ella, la había imaginado como una mujer parecida a una diosa. Pero, por un acto de infidelidad, ella había destrozado sus esperanzas y sus sueños, lo que le llevó a analizar sus defectos de percepción en sí mismo. Había quedado deslumbrado por su belleza y sus deseos hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad. Es como si estuviera debatiendo consigo mismo y se preguntara si tomaba o no el camino de la introspección y examinaba su realidad interior. Es una especie de exploración del amor sexual y de la espiritualidad. La sexualidad aparece así como una danza de la muerte dirigida por la despiadada Madre Naturaleza, que a través del impulso sexual logra la reproducción, pero no le importan las consecuencias emocionales. Mahler parece decir que el desamor es el estado natural de las cosas porque, con verdadero pesimismo schopenhaueriano, considera que la naturaleza se expresa ciegamente y nos engaña por la belleza de la apariencia exterior. Él admite la derrota, pero al final encuentra la compasión y el perdón, tal vez porque a lo largo de la música se da cuenta de que Alma es tan solo el espejo de su propia herida interior, algo innato a la condición humana. Al encontrar esa verdad universal en su situación personal, Mahler descubre una verdad más profunda que va más allá de su ego dañado y puede perdonar. De esa manera la compasión vence a los celos y la realidad triunfa sobre la ilusión.


La interpretación de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el danés Thomas Dausgaard, en la obra terminada por el musicólogo inglés Deryck Cooke con el apoyo de Anna Mahler, la hija de Alma y Gustav, fue excelente, como lo es la de la Filarmónica de Róterdam dirigida por Yannick Nézet-Séguin:


https://www.youtube.com/watch?v=YMN_DWY9RX8&list=RDYMN_DWY9RX8&start_radio=1

Ayer me emocioné realmente. 

viernes, 23 de enero de 2026

"El ascenso de la alondra".


 
En esta fotografía se encuentran algunos libros que me han regalado en la tertulia del martes pasado o que han llegado a mis manos en los últimos días. Ya se sabe lo que me gusta que me hagan regalos, como serían flores, tiestos, poemas, retratos, personajes o su propio corazón, señorita. Me lo merezco ya que soy muy mimoso y además no tengo abuela.
 
Hay cuatro libros de poemas:
 
"Poemas como nubes", de David Blanco, Adarve, 2025, un libro del que hablaremos en la tertulia virtual del martes que viene desde Chile, que es donde vive desde hace años mi amigo y ex alumno David (también hablaremos de la situación de la literatura en Chile).
 
"El tiralíneas de plomo", de Lluïsa Lladó, Buenos Aires Poetry, 2025, que se presentará en Madrid el próximo 7 de febrero en la librería La Fabulosa.
 
"Yo no titulo", de Guido Martínez Carbonell, Homo Sapiens, 2023. Guido es un tipo encantador que dirige el teatro Círculo de Rosario, en Argentina, al que conocí en la tertulia del martes pasado ya que esté de viaje por España.
 
"Ante el estío", de Catalina Bello, Olé Libros, 2025, que también ha estado alguna vez en mi tertulia.
 
Tres libros de relatos:
 
"Vivir entre extraños", de Reina Roffé, Menoscuarto, 2024.
 
"Donde acaba y empieza la vida", de Cristina García-Rosales, Mandala, 2025.
 
"Rahima y el jardín de la memoria", de Montserrat Abumalham, Ayuntamiento de Murcia, 2025.
 
Y un libro inclasificable, quizá un ensayo entre filosofía y física, de uno de mis amigos más cercanos:
 
"La realidad es una probabilidad del pensamiento", de José Villacís, Sial Pigmalión, 2025.
 
Y pienso en el vuelo de la alondra mientras comienzo a leerlos:
 
El ruiseñor y la alondra son los pájaros que más se citan dentro de la poesía occidental (uno de mis "Cuentos de los viernes" habla de ello aludiendo a la escultura de Lorca de la Plaza Santa Ana de Madrid). Sabemos que lo bucólico ya se manifiesta con Teócrito en el III a. C. y siguió hasta los paisajistas ingleses de principios del XX, con los tópicos de "edad dorada", "locus amoenus" y "beatus ille". Vaughan Williams tomó unos versos de un poema del inglés George Meredith (1828-1909). La alondra representa la luz, la alegría y la ascensión mística. Siempre me ha llamado la atención el mundo interior de los artistas y he intentado narrarlo desde la literatura. Vaughan Williams compuso una obra luminosa y serena durante la Gran Guerra; vivió los horrores del frente y perdió a sus amigos en el campo de batalla. En las fechas de composición de esta obra las vanguardias rompían con el lenguaje tradicional del arte, y el mensaje artístico tendía a mostrar cierto pesimismo existencial. En música, la tonalidad se fue desintegrando por la enorme influencia del "dodecafonismo" de los compositores Schonberg, Webern y Berg (una de las novelas más fascinantes de Thomas Mann es "Doctor Faustus", sobre la música de Schonberg).
 
Son pensamientos que siempre me asaltan cuando tengo un libro en la mano y vuelan los pájaros.

jueves, 22 de enero de 2026

"Me gusta apoyar a mis amigos y a la cultura".


 

Con el editor Pepo Paz en la puerta de la Librería Enclave de Libros antes de la presentación de ayer de "La llama ebria. Antología de mujeres poetas del surrealismo", publicado por Bartleby Editores y La Torre Magnética. Coordinado y prologado por Lurdes Martínez (y con traducciones de Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez), este libro no se centra en las cuestiones de género e incluye escritoras desde los años veinte hasta la actualidad. Tampoco se queda en el mundo francófono. Poetas célebres como Valentine Penrose, Claude Cahun, Mary Low, Joyce Mansour, Unica Zürn conviven con otras menos conocidas, como Irène Hamoir, Laurence Iché, Marianne Van Hirtum, Alena Nádvorníková, Carmen Bruna, Silvia Guiard, Aase Berg o Beatriz Hausner. Y comienza con el poema de Valentine Penrose (Mont de Marsan, 1898- Chiddingly, 1978), de su libro "Hierba en la luna" (1935):

Descendiendo a los abismos
por escaleras lluvias doradas cúspides y rutilos
las verticales del sueño
las más altas sembradas en todas las lenguas del mundo
las demás en todas las simientes del mundo
con sus horticulturas dentro

mis propias lápidas en cada uno de mis restos
voy
polen del polo negro

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Lo bueno de ver a un amigo de muchos años es que puedes hablar de literatura, pero sobre todo de la vida, de las pequeñas o grandes cosas de la vida.

Y ahora me tomo el primer café de la mañana escuchando a Satie, un músico surrealista, aunque me traslado a París, claro, con permiso de André Breton:

https://www.youtube.com/watch?v=wnacdOIoTBQ&list=RDwnacdOIoTBQ&start_radio=1

miércoles, 21 de enero de 2026

"Una lúcida experiencia vivida".


 

Esa fue la tertulia literaria de ayer por la tarde en el hotel Indigo con la escritora Montserrat Abumalham (1949, Tetuán, Marruecos), con ascendencia libanesa y catalana (para los amigos virtuales se llama Nuria Condor porque le apetece). Y como esta mujer es encantadora (aunque me dijo que no soy su tipo, quizá porque nos acompañaba su marido, jeje), nuestra tertulia literaria resultó igual de encantadora con unos entregados y apasionados tertulianos que intervinieron sin parar, no dejaron de hacer preguntas y de plantear interrogantes con una sonrisa siempre en los labios. Me limité a presentar sus últimas novelas, la trilogía formada por "Todos extraños" (2019), "Trapos sucios" (2022) y "Cuando el cielo era azul" (2024), para dar paso a la novela "Una comuna en Caltanissetta" (2025). Desde ese instante Montserrat nos embarcó en la búsqueda de la utopía de la paz en el mundo, pasando por la amistad de un grupo de amigas, la pandemia de la Covid-19 y llegando hasta un interesantísimo diálogo sobre el mundo árabe. Dejo sus palabras al final en un pequeño video y escucho algo implícito en la tertulia con una mujer que ama las historias:
 
Shakespeare no tenía razón cuando dijo a través de Macbeth que "La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia que nada significa", en el acto V, en un momento de desesperación y de nihilismo, reflejando su visión de la existencia como algo sin sentido, efímero y caótico tras perderlo todo. La vida puede ser muy divertida e interesante, o al menos tener momentos divertidos e interesantes, como ayer por la tarde en el centro de Madrid.

martes, 20 de enero de 2026

"Metalepsis".


 


Gérard Genette es un teórico literario, escritor y crítico francés y uno de los creadores de la narratología que tanto me gusta. Sus estudios de estética y poética, teoría de géneros, Proust, Rousseau y Flaubert son esenciales. Una de las figuras retóricas de la que nos habló es la metalepsis que he utilizado en mis libros y que une niveles narrativos diferentes y permite, por ejemplo, que un personaje dialogue con el autor y el narrador. Este fin de semana he vivido una aplicación de la metalepsis desde la música y la propia vida, tras escuchar a la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) con obras de Liszt, Planells y Shostakóvich. La Quinta de este último resultó espectacular, aunque mientras apuro el café me detengo en el estreno de "Metalepsis", la obra que escuché de Josep Planells Schiaffino (Valencia, 1988). El sonido de la música es asemántico, por eso mismo fue interesante que el joven compositor se basara en la metalepsis, con la dialéctica entre familias de materiales sonoros, tanto en el contraste como en la difuminación de un elemento en otro, así como en su interacción e integración, con nexos armónicos, rítmicos y tímbricos. Y los jóvenes músicos de entre 18 y 25 años aplicaron la metalepsis, pues no solo sabían tocar, sino que se reían y sonrían mientras lo hacían y al final ofrecieron tres propinas, de Prokofiev, Falla y el pasodoble Amparito Roca. Con este terminaron saltando con el instrumento en la mano y abrazándose, lo que provocó nuestra sonrisa y complicidad, como cuando un tal Justo Sotelo se mete en sus novelas y cuentos. El otro día compartí la sinfonía de Shostakóvich, así que ahora escucho el pasodoble que tocaron sin director el Jonathan Nott:

https://www.youtube.com/watch?v=Z7mAcnJ-mI8&list=RDZ7mAcnJ-mI8&start_radio=1

Esto de aprender cada día es maravilloso.

domingo, 18 de enero de 2026

"El Café literario de los domingos".


 

Ébano es un Café tropical en el que he leído mucho. Hace unos días pasé por allí y lo encontré cerrado. Me hice la foto mientras echaba de menos los sillones de mimbre en los que me sentaba a leer y ver pasar a la gente. Hace un año estaba allí sentado, como si formara parte de la misma fotografía de entonces (la primera que he puesto), y en cierto momento me escribió por Messenger el poeta argentino Hector Berenguer y me dijo: "¿Esto es una cuestión literaria o es un concurso de belleza masculino? No sería mala idea. Sé que juegas y eres el juglar de las ideas, Justo Sotelo. La literatura tiene que traer también un poco de alegría". Siempre me he tomado la vida como la oportunidad para ser feliz cada día, y desde luego la literatura, como la música, el cine, el arte son oportunidades que tenemos a nuestra disposición para traer alegría a este mundo, como dice Héctor. Apuro el café y pienso que he escrito mucho en ese Café, muchas cuartillas o páginas de ordenador que han quedado en nada, pues solo publico menos de la mitad de lo que escribo. El Café tenía algo de los Cafés decadentes, esos lugares perdidos en el tiempo y en el espacio, que le gustaban tanto a Paul Bowles en su Tánger literario, como el que aparece en la adaptación al cine con Debra Winger y John Malcovich de Bernardo Bertolucci en "El cielo protector":
 
¿Los escritores podemos hacer felices a los demás?

"La mujer del puente".


 
Hace unos días me saqué esta fotografía en una ciudad parecida a La Habana, pero sin el Malecón, que cuenta con un museo de arte contemporáneo en el que me gusta perderme e incluso echarme la siesta. Nada más hacérmela pasó junto a mí una mujer guapísima de cuarenta y tantos años que también atravesaba el puente de la foto en dirección al museo. Me miró, me sonrió y dijo que yo debía sonreír siempre porque la sonrisa le iba bien a los rasgos de mi cara. Estuve a punto de enseñarle la foto, para que me dijera lo que opinaba, pero solo me limité a sonreír. Me senté en un Café con un precioso patio interior lleno de palmeras y bancos de madera que hacían de mesas improvisadas y una tierra llena de charcos por las últimas lluvias, y miré la foto. Aquella mujer no había salido en ella, por supuesto, pero me dio la sensación de que continuaba mirándome desde un rincón casi imperceptible de la fotografía. El Café fue llenándose de jóvenes que se contaban la vida en varios idiomas. Unos hablaban de Madrid, París y Londres; una chica con la melena sobre los hombres dijo que quería viajar a Nueva York. Al fondo, una pareja se besaba como si solo existieran esos momentos. Dos chicos negros pusieron música en el móvil. Y yo seguí leyendo una novela o escribiéndola día a día.
 
Todo se llenó de jazz mientras la mujer de cuarenta y tantos años me sonreía:
 

 

sábado, 17 de enero de 2026

"En la próxima tertulia literaria de los amigos de Justo".


 
En esa foto tengo pinta de chuleta, pero mis amigos sabéis que no lo soy en absoluto, jeje. Es de esas fotos que saca esta red social para conmemorar la amistad con alguien, en este caso que Nuria Condor, que tampoco se llama así, sino Montserrat Abulmaham, una escritora y profesora de lenguas semíticas que nos visitará en nuestra tertulia del martes que viene y que vendrá a Madrid desde Murcia. Será a las 18.15, en el hotel Indigo, Marqués de Urquijo 4, esquina con Princesa. Nos hablará de su novela "Una comuna en Caltanissetta". Hace unos cuantos meses escribí sobre ella en mi blog, en el que decía que sus personajes no han podido cambiar el mundo y tal vez por eso sueñan con vivir en una especie de comuna de la edad madura, al igual que la que imaginó Leonardo Sciacia, el escritor siciliano que decía que El Quijote había que leerlo al menos dos veces en la vida. Si el mundo de Montserrat nace en una ciudad como Ceuta (más que en Tetuán) y pasa por Madrid -universitariamente hablando- termina en Murcia, donde vive la propia autora una vez retirada de sus clases y del ruido del mundo:
 
Y ahora me tomo el primer café mientras diluvia tras los cristales y escucho música, como siempre. La verdad es que no sé vivir de otra forma; en realidad no me apetece vivir de otra manera, desde luego sin escuchar música como la sonata "Hammerklavier" de Beethoven interpretada por la ucraniana Valentina Lisitsa, una música abstracta a primeros del siglo XIX, de ese tipo de obras que me hace sentirme agradecido al género humano:
 

viernes, 16 de enero de 2026

"Convertir la vida en una película".

 

"Aquí, muy contenta, porque al fin llegó mi regalo de Reyes", me escribió ayer la abogada Montserrat Lahiguera López desde Tarrasa, y añadió esta hermosa fotografía. Y lo primero que pensé es que el regalo me lo ha hecho precisamente ella a mí. Ahora espero que le guste un libro que tiene mucho de mí, pero sobre todo tiene mucho del mundo, del cine y la literatura, de la filosofía y el arte, en suma, de la vida que he vivido y vivo y miro y pienso y siento y comparto. Neruda llamó a sus memorias "confieso que he vivido" y yo también lo digo.
El cine es uno de mis "locus amoenus" o lugares idílicos particulares y soy agradecido con las cosas que me han hecho feliz. Desde que era pequeño me veo pasando la tarde en una sala inmensa, dorada y con columnas. Era aquel instante en el que se corrían las cortinas, surgía la pantalla en blanco, se apagaban las luces y comenzaba la película. Por todo eso escribí este prólogo para el libro que ahora Montserrat tiene entre sus manos:
 
"Sabemos que el cine inventó la ciudad de París y que antes lo hicieron los pintores y los bohemios. No es nada nuevo porque el amor romántico también fue una creación de la literatura de los siglos XVIII y XIX, como antes lo había sido el amor cortés en los siglos XII y XIII.
 
"El filo de la navaja" es una novela del escritor inglés Somerset Maugham del año 1944 que se convirtió en película de la mano del director Edmund Goulding en 1946. Esta historia ha influido, decisivamente, en la formación de mi personalidad. En los años ochenta la película se reestrenó en la gran pantalla, y en ese momento tuve ocasión de verla en un cine de la calle Luchana de Madrid. Desde entonces la novela y la película no han dejado de acompañarme. Es una historia intemporal, que vuelve a adquirir sentido en estos tiempos, ya que durante su desarrollo se describen los efectos del crac del 29, una crisis con tantas similitudes con la de 2008 y de alguna manera con la originada por la pandemia de la COVID-19. La mayor parte se desarrolla en Europa, pero sus principales personajes son americanos. El periodo temporal abarca desde 1919 a 1931 y describe la vida de Larry Darrell (que en la película interpreta Tyrone Power), usando el recurso narrativo de la analepsis. Larry es un joven idealista que regresa a su casa después de participar en la Primera Guerra Mundial, donde ha estado a punto de morir. Le salva uno de sus amigos, pero a costa de perder su propia vida. Obsesionado con ese suceso, Larry no se siente atraído por el espíritu emprendedor de un país con unas expectativas inmejorables de crecimiento económico. Las dificultades para adaptarse a la vida ordinaria le hacen dudar incluso del amor que siente por su novia, Isabel Bradley (que en la adaptación cinematográfica interpreta Gene Tierney). Su única obsesión es aprender, reflexionar y explorar aquellas cosas que pueden conceder un verdadero sentido a la existencia. Decide viajar un tiempo a París, y pide a Isabel que le espere, pero ella se cansa de hacerlo y termina casándose con un tipo que le ofrece lo que él es incapaz de darle, dinero, posición y una familia (paradójicamente, su marido se arruinará con la crisis de 1929). Tras vivir un tiempo en la zona bohemia de París, Larry trabajará en las minas de carbón de Francia y, por último, viajará a la India en busca de iluminación, un lugar donde aprenderá que el camino de la salvación es como “caminar por el filo de una navaja”. A su regreso a París, su obsesión será ayudar a los demás en todo lo que pueda, sacrificarse por ellos y llevar una vida sencilla y reflexiva. Estará, incluso, a punto de casarse con una amiga de la infancia solo para salvarla de su lamentable estado, después de perder a su marido y a su hija en un accidente de coche, y dedicarse a la bebida y la prostitución. Incluso Larry animará al marido de Isabel a sobrellevar la ruina económica tras el crac y, en general, a transmitir confianza a las personas con las que se cruza en su camino.
 
La enseñanza esencial para mí de esta historia de aprendizaje, en la tradición de las clásicas “bildungsroman”, es que se puede luchar contra el destino, sobre todo cuando se vive persuadido de que la bondad es una de las mejores maneras de derrotar a la mayoría de los problemas del ser humano.
 
Siempre he encontrado puntos en común con otra de mis novelas favoritas, "El idiota", de Dostoyevski, aunque aparentemente no tengan mucho que ver.
 
Esta también podría ser la novela de mi vida".
 
("A modo de prólogo", de "Un hombre que se parecía a Al Pacino", 2023, Pagés editors y Universitat de Lleida, pp. 15 y 16).
 
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Sí, "locus amoenus" es una expresión hermosa:
 

jueves, 15 de enero de 2026

"Con el editor y escritor Enrique Murillo".


 
Enrique y yo queríamos conocernos y ayer quedamos un rato en la librería Cervantes y Compañía, en San Bernardo. El día anterior había hablado a mis amigos tertulianos de su libro de memorias "Personaje secundario" (Trama, 2025), del que escribí una reseña en la revista Todo Literatura y que ha revolucionado el mundillo literario español. Hablamos con la dueña de la librería, repasamos el libro de Enrique y sus múltiples historias relativas al mundo de la edición española en los últimos cincuenta años y quedamos en que participará pronto en una de mis tertulias literarias. Por cierto, me contó que la mayoría de las novelas de Cormac McCarthy han sido traducidas al español por su hermano Luis Murillo Fort. 
 
A la salida de la librería me encontré con un ex alumno y su novia. Ella iba a una audición en la Escuela Superior de Canto que está al lado, ya que es soprano. No me pude quedar pues tenía un examen, pero ahora me tomo un café y escucho una de las obras que tenía que cantar: 
 
Después de todo yo también vivo para el arte y para el amor, como la Tosca de Puccini.