viernes, 15 de mayo de 2026

"¿Los madrileños somos tan chulos?"


 
Nietzsche se enamoró del género chico español tras su desengaño de la ópera wagneriana. En diciembre de 1888, en Turín, asistió a la representación de "La Gran Vía", de Chueca y Valverde, obra que le entusiasmó tanto que la vio dos veces seguidas. Ayer me enteré de que hoy es San Isidro, el patrón de Madrid. Con estas cosas me hago un lío puesto que para mí todos los días son fiesta e incluso alguna vez he ido a clase y me he encontrado la Universidad cerrada porque era fiesta. Si es que nos somos nadie. Confieso que una vez estuve en la pradera de San Isidro y admito que me gustan las rosquillas de San Isidro, sobre todo las listas (no las de libros, claro, pues soy una persona inteligente) y las de Santa Clara, aunque sé que engordan y luego no me puedo meter la camiseta por dentro del pantalón. Por lo demás sé que el alcalde es del Atleti y que pude tenerle de alumno en Icade, ya que estudió ahí, y que la presidenta de la comunidad es una chica guapa que igualmente podría haber sido mi alumna, en su caso en la Complutense. Pero, vamos, yo celebro todas las fiestas, de cualquier país y religión, y si voy a Cataluña me pongo a bailar la sardana y me tomo un "pantumaca", en París un "café au lait" con un cruasán recién hecho mientras paseo por el Sena y en Baviera bebo una cerveza escuchando a Wagner. La culpa la tuvo Ortega que me enseñó en la adolescencia que hay que ser ciudadano del mundo. Al mediodía suelo tomarme un vermú con aceitunas y patatas fritas, como hice ayer y repetiré hoy, quizá paseando por Chueca, que da nombre a uno de los barrios más divertidos de Madrid:
 

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