Siempre me han gustado los diferentes, los que no se conforman con respirar, los que siempre llevan la contraria al poder, aunque coincida con sus ideas, los que leen libros de papel en los Cafés mientras los camareros les preguntan lo que leen y aquellos que escriben sobre las mesas de mármol, todos los que sonríen a los niños y se quedan extasiados mirando el mar, los que juegan con los perros y los gatos, aquellos que tienen fama de locos y a los que les gusta volar, los que hacen el amor volando. Me gustan los poetas que se llaman William Blake, Rainer María Rilke, Antonin Artaud, Silvia Plath, Miguel Ángel Andés, Leopoldo María Panero, Candelaria Villavicencio, Gabriela Amorós Seller, aunque no solo ellos. Los novelistas como Laurence Sterne, James Joyce, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Clarice Lispector, Julio Cortázar, Toni Morrison, Ana María Navales y algunos más. Todos aquellos que inventaron el amor y quieren reinventar el lenguaje. Me gustan las amigas que me regalan cosas, como ocurrió ayer mientras atardecía con la argentina Luz Etchemendigaray, que me regaló un tango de Piazzola, después de escribir un post con su música:
Mis amigas Almudena Mestre y Clara Vega Rodríguez también me regalaron canciones mientras me daba una vuelta por el desierto, como cada verano. Me gusta el silencio de las dunas, la historia que me cuentan cada vez que paseo por su cuerpo líquido, como sobre el cuerpo de la mujer.
Supongo que yo también estoy un poco loco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario