domingo, 7 de junio de 2020

"Chopin en Madrid".

Chopin nunca estuvo en Madrid, sino en Mallorca, pero siempre que entro en el jardín colgante del Príncipe de Anglona me parece escuchar su primer Concierto de piano. Me refiero a un pequeño jardín histórico de 500 metros cuadrados que está situado en la parte de abajo de la Plaza de la Paja, en el Madrid de los Austrias. Es de 1750 y aún conserva su estructura original. Se abrió al público en 2002 y desde entonces he estado en muchas ocasiones, como ayer por la mañana durante mi paseo diario. Mi relación con la música del compositor polaco viene de la niñez. Viví un año entero en Mallorca con seis años y por todas partes se hablaba de Chopin. Quizá en aquella época ya empezara a ser escritor, aunque todavía no lo supiera ni hubiera leído las novelas de Víctor Hugo ni los poemas de Musset, Heine y Baudelaire. Creo que tan románticos son los colores y las formas en tumulto de un Delacroix como las levísimas gradaciones que adquieren las luces y las sombras que Corot proyectó en sus paisajes. Las sinfonías y los poemas sinfónicos de Berlioz y de Liszt, las óperas de Spontini y Meyerbeer, los dramas líricos de Wagner nacen de ese apasionado espíritu romántico, como ocurrió con los lieder de Schubert y la música para piano de Schumann y Chopin. Y esa es la música que fui escuchando ayer con los auriculares.

sábado, 6 de junio de 2020

"Un jueves con Lorca y Falla".

Este jueves pasado por la mañana me tomé un metafórico café con Lorca y Falla en la Plaza Santa Ana, de Madrid. No recordaba que al día siguiente era el aniversario de Lorca. Estuve sentado en un banco de piedra junto a la conocida escultura que le hizo Julio López, situada frente al Teatro Español. Charlamos de algunas cosas, por ejemplo de que él se consideraba músico antes que poeta, lo que tiene mucho que ver con los griegos. Para estos la poesía no era otra cosa que la música. A Lorca le ocurrió lo mismo, por eso deseó estudiar piano, y fue alumno de Manuel de Falla, ese compositor que está a la altura de Ravel y Debussy. Sentado en el banco le estuve hablando de un libro que había escrito Marco Antonio de la Ossa (Cuenca, 1978), con el curioso título de "Ángel, musa y duende: Federico García Lorca". Cuando Falla se fue a vivir a Granada, él se acercó a su casa a presentarse y decirle que estaba interesado en conocerlo. Falla era muy estricto con sus alumnos y no cogía a cualquiera, pero Lorca le cayó en gracia, tal vez porque lo vio como el hijo que nunca tuvo. Estuvo muy pendiente de él y cuando se fue a estudiar a la Residencia de Estudiantes, en Madrid, se preocupó de que no se juntara con algunas compañías que consideraba perjudiciales, que fuera más pausado en las entrevistas y recatado con su homosexualidad, cuenta de la Ossa, que dice que Falla se apercibió del torrente literario de Lorca y le animó a que dejara algo de lado la música, aunque siguiera estudiándola. Gracias a Falla, él amplió sus estudios musicales y conoció las vanguardias que venían de Europa. Sin embargo, eran dos personalidades diferentes, la austeridad frente al derroche. Lorca se fue separando ideológicamente de Falla: el músico era muy religioso y al poeta le gustaba mucho el jaleo de la Semana Santa. Aun así, siguieron llevándose muy bien, y Lorca aseguraba que Falla era una persona de referencia en su vida. Lorca también entró en contacto en la Residencia de Estudiantes con los músicos de la Generación del 27 o de la República, como los hermanos Halffter, Jesús Bal y Gay, Rosa García Ascot o Bacarisse. Falla le impulsó a la investigación, y fueron juntos por los pueblos de Andalucía buscando las canciones populares. Y también es crucial la relación que Lorca y Falla establecieron en torno al flamenco, que culminó en la organización del concurso del Cante Jondo en Granada en 1922. En aquel encuentro, los dos artistas buscaban la raíz de la música española en los orígenes del flamenco. 

Seguí mi camino y busqué en Youtube una de mis obras preferidas de Falla, interpretada además en mi querido Albert Hall de Londres. En esa música podía resumirse la charla que acababa de tener:

https://www.youtube.com/watch?v=YdNdE-uG8LY

viernes, 5 de junio de 2020

"Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente".


En diciembre del año pasado compartí en las redes sociales esta fotografía con varios alumnos de la asignatura de Economía del Medio Ambiente en la Universidad Pontificia de Comillas. La observo detenidamente mientras me tomo el primer café de esta mañana de primavera y encuentro a jóvenes de todas partes de España, como Barcelona, Asturias, Tenerife, Cadiz, Murcia, Soria y Madrid. Faltaban otros cuantos, como tres chicos de la Universidad de Deusto, que estaban de Movilidad en Madrid y nos expusieron un bello trabajo sobre la recuperación de la ría de Bilbao y de la ciudad. Todos ellos son alumnos 5º curso, están terminando estos días la carrera y me apetece dialogar y discutir con ellos. Analizamos la relación que puede existir entre los modelos teóricos y el desarrollo sostenible, en sus vertientes ecológica, económica y social, tanto matemática como gráficamente. Sabemos que la energía es el denominador común de todos los bienes. Las dos fuentes de la energía son los flujos renovables con origen en los recursos renovables y los depósitos o stocks limitados. Por otra parte también sabemos que toda transformación energética (mecánica, calorífica, eléctrica, química, solar o nuclear) constituye una degradación, desorganización o desestructuración, que es lo que denominamos como entropía. Las leyes de la Termodinámica son el núcleo esencial de la Economía ecológica. El conocidísimo principio de la conservación nos asegura que la materia y la energía ni se crean ni se destruyen, solo se transforman. Además cualquier cambio o transformación (con mantenimiento de la cantidad) origina mayor desorganización. Esto es la citada entropía. Seguimos consumiendo energías fósiles, junto a energías no convencionales, en forma de energía electromagnética, lo que altera el equilibrio electromagnético terrestre, con la más que evidente destrucción de la capa de ozono y la entrada de radiación ultravioleta.
 
Esto es lo que contaba a mis alumnos.

Desde entonces han pasado muchas cosas en España y el mundo. Todavía no tengo claro si la pandemia que estamos sufriendo está relacionada o no con todo esto, aunque el deterioro y la transformación de la biodiversidad resultan evidentes. Así que lo único que se me ocurre es seguir estudiando. Supongo que el Fausto de Goethe estaría de acuerdo con mi punto de vista y no querría vender el alma a Mefistófeles para poder mantener su eterna juventud.

jueves, 4 de junio de 2020

"Romanticismo".

Ayer estuve corrigiendo exámenes toda la mañana. Por la tarde, después de comer, me fui a dar una vuelta. Caminando por Goya, me quité la mascarilla para respirar unos instantes. En esos momentos levanté la cabeza y clavé la mirada en el número de un portal. Era un número impar y automáticamente me vino a la cabeza la novela "Romanticismo", de Manuel Longares, historia de tres generaciones de una familia burguesa madrileña que apenas sale de la calle Goya y unas cuantas calles más del barrio de Salamanca, en torno a la muerte de Franco y años posteriores. "Arce paseaba a últimos de febrero de 1964 (...) por la acera de los impares de Goya, en el tramo entre Serrano y Castelló (...) Aunque iba prevenido le sorprendió que Pía se le apareciese como bajada del cielo dando limosna al pobre de la esquina con Núñez de Balboa". La novela es de 2001 y ese mismo año Rafael Chirbes publicó otra novela similar, "La caída de Madrid", en el mismo barrio. La calle Goya es de las que más habré recorrido toda mi vida, y tengo anécdotas y vivencias de todo tipo. Aun así, en el preciso momento que estoy relatando de ayer, miré enfrente, hacia la acera de los números pares de la calle, y recordé que en el Jardín de Serrano expuso Antonio Zaballos por última vez en Madrid. Fue su serie de cuadros "El amor es una red de amores", que empezaba por la letra "A". 

Seguí caminando y me encontré con mucha gente conocida. 

Y eso que la calle estaba desierta.



miércoles, 3 de junio de 2020

"Los besos y los caballos".

Hasta los diez o doce años pensé que los caballos no eran de verdad y solo salían en las películas. El domingo pasado me di una vuelta por el Pardo, el monte mediterráneo más grande de la Comunidad de Madrid y de los mejor conservados de Europa, gracias a Manuel Azana. Me gusta pasear por este lugar para leer y ver incluso jabalíes, ciervos, gamos y otros animales. En el pequeño jardín de su Palacio Real (que fue pabellón de caza de los Austrias y después residencia de invierno de los Borbones y de Francisco Franco) di uno de los besos más bonitos de mi vida. Franco había muerto y la censura había desaparecido del cine. Saqué la fotografía en un club de hípica de la zona donde también me acerco a veces. Los caballos pastaban tan felices al atardecer con las cuatro torres de la Plaza de Castilla al fondo. Y aquello me pareció una película que se estuviera rodando en esos momentos en Madrid. 

Siempre pensé que los besos no pueden estar sometidos por las dictaduras y solo pueden ser besos de película.

Como estos:

https://www.youtube.com/watch?v=kVMsnT0AbRU

martes, 2 de junio de 2020

"Sin ti".

Hoy he visto amanecer dos veces, desde mi terraza y hace unos instantes en la pantalla situada en la fachada de los cines Callao, en el mismo centro de mi ciudad. 

La Gran Vía está casi desierta a estas horas. Como se la imaginó Amenábar en su segunda película y quién sabe si como se la hubiera inventado Huxley en "Un mundo feliz". Una muchacha con unos cascos enormes aparece por detrás de mí y se sienta en el banco de al lado. En seguida se acercan otras dos chicas que quizá sean sus amigas y también llevan cascos. Aunque me resulta casi inapreciable, creo que las tres escuchan la misma canción de Mariah Carey.

Y tú ya sabes lo que ocurre sin ti:

https://www.youtube.com/watch?v=KD9L_fLX7PY

lunes, 1 de junio de 2020

"Jugadores de billar", de José Avello.

El escritor José Avello (Cangas del Narcea, Asturias, 1943 - Madrid, 2015) fue profesor en la Escuela de Bellas Artes de Madrid y tan solo publicó dos novelas.

Milagros Gonzalvo Luesma, su mujer, nos hablará de ellas mañana martes en la tertulia virtual del "Café Gijón", a las 18.30. En mi opinión están entre lo mejor de la literatura española de los últimos años. El 17 de marzo escribí un texto en mi blog y las demás redes sociales hablando de José Avello y de la asistencia de Milagros a las tertulias desde este curso. Supongo que me conoció en esta red social, aunque no lo recuerdo. Algunos críticos han comparado una de las dos novelas de Avello, "Jugadores de billar", con "La Regenta".

https://sotelojusto.blogspot.com/2020/03/esta-tarde-no-habra-tertulia-en-el-cafe.html

En la fotografía aparece Milagros, junto a su hijo y otros escritores, a las puertas de la Librería Cervantes de Oviedo, celebrando la reedición el año 2018 de las dos novelas.

Dejo por aquí una crítica de José María Merino en La Revista de Libros de "Jugadores de billar":

https://www.revistadelibros.com/articulos/jose-avello-jugadores-de-billar