El Blog de Justo Sotelo
Un diario para el siglo XXI
martes, 27 de enero de 2026
"Este profesor me cae bien".
lunes, 26 de enero de 2026
"Mentiras inexactas".
domingo, 25 de enero de 2026
"Café y calle, muy Madrid".
Estos días se está hablando mucho en el mundillo cultural del cierre de la librería Tipos Infames, en el barrio de Malasaña. Es una lástima, como lo es que cierren otras librerías. Uno de estos "tipos infames" estudió conmigo Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense, luego trabajó en la Casa del Libro y después montó su librería con dos socios, donde he estado muchas veces; incluso me planteé hacer allí mi tertulia. De paso estoy leyendo críticas a Madrid por el hecho de que ya no es lo que era o si los políticos y el turismo la están transformando con ayuda de la gentrificación. Como no me gusta discutir, sino más bien dialogar (lo hago continuamente en la Universidad con mis alumnos o en mi tertulia literaria) tan solo puedo aportar la idea de que Madrid es una de las ciudades más libres que conozco, donde se puede hacer de todo. Un sábado por la mañana como el de ayer te permite acercarte a una concentración en Antón Martín como recuerdo de los abogados asesinados en Atocha, como hacía uno de los personajes de mi novela "La paz de febrero", 2006. Acto seguido puedes pasear por la calle Huertas y sacarte esta foto con la que titulo el texto. Continúo bajando, aterido, y llego al Museo del Prado para ver una exposición sobre el pintor neoclásico Mengs, antes de pasear y pisar las hojas melancólicas en el Jardín Botánico. En una esquina toca un violinista a pesar del frío, a la vuelta están los libreros de la Cuesta Moyano donde te puedes comprar un libro por un euro. Y Pío Baroja que se ríe un poco más arriba y está el Retiro y están las barcas donde suspiraste una vez antes de besarme. Admito que me han dado muchos besos en mi vida, besos de lado, directos, inclinados, bajo presión. Me han dado besos superiores, de broche, palpitantes, de contacto, para encender la llama, para distraer, besos nominales. Y besos con las pestañas, con un dedo, con dos dedos, besos que despiertan y demuestran. Besos del recuerdo, lacrimosos, viajeros, al pecho y besos sin reloj, muchos besos sin reloj, que son los que más me gustan. Cómo no iba a vivir la vida con pasión, con lo bien que he besado y me han besado. Y escuchando canciones como esta en la Puerta del Sol, por donde seguí el paseo de ayer, un lugar universal:
https://www.youtube.com/watch?v=P6ZKW3xzK7I
Esta canción va para Cristina Cisneros Luaces, que nos dejó ayer, mi querida gallego leonesa como la llamaba siempre y ella me lo pagaba leyéndose mis libros y dejando cada día hermosos comentarios en esta red social. Nunca llegamos a conocernos en persona, pero qué importa si nos conocimos a través de la literatura.
Después de todo Madrid soy yo.
sábado, 24 de enero de 2026
"Ayer la Décima sinfonía de Mahler en un Madrid frío y lluvioso".
No había escuchado en directo la inacabada y conmovedora última sinfonía de Mahler. Por eso tenía muchísimo interés en ir ayer por la tarde al teatro Monumental de la calle Atocha para escucharla. Esta obra refleja su crisis personal, en particular su agitación matrimonial con Alma. A partir de la atonalidad radical y una música disonante y fragmentada, explora la desesperación, la ansiedad y el anhelo. La obra fue escrita a raíz de descubrir el romance de su esposa con el joven arquitecto radical Walter Gropius, creador de la Bauhaus. Las conmovedoras inscripciones que Gustav Mahler añadió a la partitura expresan su profunda ansiedad por perder a Alma, pero también el dolor que debió sentir por su traición. El adagio inicial es una de las músicas más intensas y dramáticas de Mahler, como si explorara el dolor de despertar del enamoramiento. Está luchando por descubrir qué existe de real en lo que siente. Pensó que había encontrado el amor con Alma. La había idealizado, proyectado sentimientos sobre ella, la había imaginado como una mujer parecida a una diosa. Pero, por un acto de infidelidad, ella había destrozado sus esperanzas y sus sueños, lo que le llevó a analizar sus defectos de percepción en sí mismo. Había quedado deslumbrado por su belleza y sus deseos hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad. Es como si estuviera debatiendo consigo mismo y se preguntara si tomaba o no el camino de la introspección y examinaba su realidad interior. Es una especie de exploración del amor sexual y de la espiritualidad. La sexualidad aparece así como una danza de la muerte dirigida por la despiadada Madre Naturaleza, que a través del impulso sexual logra la reproducción, pero no le importan las consecuencias emocionales. Mahler parece decir que el desamor es el estado natural de las cosas porque, con verdadero pesimismo schopenhaueriano, considera que la naturaleza se expresa ciegamente y nos engaña por la belleza de la apariencia exterior. Él admite la derrota, pero al final encuentra la compasión y el perdón, tal vez porque a lo largo de la música se da cuenta de que Alma es tan solo el espejo de su propia herida interior, algo innato a la condición humana. Al encontrar esa verdad universal en su situación personal, Mahler descubre una verdad más profunda que va más allá de su ego dañado y puede perdonar. De esa manera la compasión vence a los celos y la realidad triunfa sobre la ilusión.
La interpretación de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el danés Thomas Dausgaard, en la obra terminada por el musicólogo inglés Deryck Cooke con el apoyo de Anna Mahler, la hija de Alma y Gustav, fue excelente, como lo es la de la Filarmónica de Róterdam dirigida por Yannick Nézet-Séguin:
https://www.youtube.com/watch?v=YMN_DWY9RX8&list=RDYMN_DWY9RX8&start_radio=1
Ayer me emocioné realmente.
viernes, 23 de enero de 2026
"El ascenso de la alondra".
jueves, 22 de enero de 2026
"Me gusta apoyar a mis amigos y a la cultura".
Con el editor Pepo Paz en la puerta de la Librería Enclave de Libros antes de la presentación de ayer de "La llama ebria. Antología de mujeres poetas del surrealismo", publicado por Bartleby Editores y La Torre Magnética. Coordinado y prologado por Lurdes Martínez (y con traducciones de Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez), este libro no se centra en las cuestiones de género e incluye escritoras desde los años veinte hasta la actualidad. Tampoco se queda en el mundo francófono. Poetas célebres como Valentine Penrose, Claude Cahun, Mary Low, Joyce Mansour, Unica Zürn conviven con otras menos conocidas, como Irène Hamoir, Laurence Iché, Marianne Van Hirtum, Alena Nádvorníková, Carmen Bruna, Silvia Guiard, Aase Berg o Beatriz Hausner. Y comienza con el poema de Valentine Penrose (Mont de Marsan, 1898- Chiddingly, 1978), de su libro "Hierba en la luna" (1935):
Descendiendo a los abismos
por escaleras lluvias doradas cúspides y rutilos
las verticales del sueño
las más altas sembradas en todas las lenguas del mundo
las demás en todas las simientes del mundo
con sus horticulturas dentro
mis propias lápidas en cada uno de mis restos
voy
polen del polo negro
...................................................
Lo bueno de ver a un amigo de muchos años es que puedes hablar de literatura, pero sobre todo de la vida, de las pequeñas o grandes cosas de la vida.
Y ahora me tomo el primer café de la mañana escuchando a Satie, un músico surrealista, aunque me traslado a París, claro, con permiso de André Breton:
https://www.youtube.com/watch?v=wnacdOIoTBQ&list=RDwnacdOIoTBQ&start_radio=1













