martes, 27 de enero de 2026

"Este profesor me cae bien".


 
Ayer empezaron las clases en el Cunef y me pasé el día entre alumnos, hablando sin parar. Por la mañana algunos alumnos me dieron las gracias y me estrecharon la mano; a última hora de la tarde, cuando ya me iba de clase, escuché que un alumno le decía a otro la frase con la que he titulado este texto. Y ahora me tomo un café, observo la foto que me hice por la mañana antes de dar clase, y pienso que parece mentira que me siga gustando después de tantos años. Ya he dicho en otras ocasiones que ser profesor es una de las profesiones más hermosas y agradecidas que existen; en realidad no es una profesión, sino una manera de ser, de comportarse, de mirar la vida pensando en los demás. Como nos contaba un profesor de matemáticas en el colegio uno más uno nunca son dos, sino tres. Y yo lo sigo pensando cuando doy clase. Y pienso en dónde puede estar el secreto de la felicidad. ¿De verdad algunos son felices por pasar un tiempo en el Palacio de la Moncloa o en la Casa Blanca? ¿De verdad son felices por acumular más y más dinero? ¿De verdad que lo son por tener esos 15 minutos de celebridad según Warhol al salir en la TV o en las páginas de un periódico? ¿De verdad saben lo que quería decirnos Platón cuando hablaba de la bondad?
 
¿Han cantado supercalifragilisticoexpialidoso alguna vez y después dormido sin preocupaciones por la noche?
 

lunes, 26 de enero de 2026

"Mentiras inexactas".


 
"Este Justo Sotelo no es profesor de universidad, no ¡qué va!; no es escritor, ni poeta, ni melómano, ¡que no! Este monstruo es un puñetero renacentista, de esos que dominaban todas las artes a la par. ¡Odiooooso!"
 
Las frases son del poeta de Alcalá de Henares Fernando Pastor Pons del que he leído recientemente dos libros de poemas. Y las escribió para el post de ayer, y por eso ahora aprovecho para agradecer los comentarios cariñosos e inteligentes que escribisteis mis amigos. La foto es del otro día en la Cervecería Alemana que lleva abierta toda la vida (al menos la mía) en la Plaza Santa Ana del centro de Madrid. Es uno de los lugares de los que tomé algunos detalles para mi novela "Las mentiras inexactas" (2012) que imaginé al lado, en una librería a la que van todos los personajes y sucede gran parte de la historia. El leitmotiv principal es si una mujer mayor se puede enamorar de un joven y a la inversa o es pura retórica: 
 
"La mujer abrió la puerta de la librería, y Daniel se apresuró a decirles que se había encontrado con María Kodama en el aeropuerto y le había invitado a pasarse por allí. Habían compartido el taxi hasta la plaza, pues ella se alojaba en el hotel. El pelo de María era inconfundible, así como su mezcla de rasgos japoneses y alemanes, y la abundancia de anillos de plata en las manos. Nora observó cierta complicidad en la sonrisa de Sergio, como si recordara su conferencia del Aula Magna. Solo faltaban Beatriz Talaván, Alba Martínez, Erea Gómez, Beatriz Malanda y el propio Amorós para llevarle la contraria. La mitología creada en torno al escritor argentino hacía pensar en un hombre que nunca abandonaba su torre de marfil, pero no era cierto. Desde sus primeros amores de juventud hasta la consagración definitiva al lado de Kodama, Borges conoció a muchas mujeres, aunque solo una le dejó una huella imborrable. Borges admiraba a los Beatles, los Rolling y Pink Floyd, dijo María Kodama en cierto momento con voz cansada; también le gustaban el blues, la milonga, los espirituales negros y los tangos antiguos. Lo más curioso es que se pasaba buena parte del día en silencio, encerrado en sí mismo. Una de sus ocupaciones favoritas era pensar, lo que no le impedía sacar tiempo para maravillarse y reírse con cualquier tontería. Nunca olvidaría su encuentro con Cortázar en el Museo del Prado. Se quitaron la palabra continuamente, como dos críos que quisieran llevar siempre la razón.
 
Nora dejó sonar el móvil varios segundos, pero la viuda de Borges seguía hablando (lo último que escuchó es que había venido a Madrid para preparar la celebración del “año Borges” y que estaba tan emocionada como cuando vivía con él) y decidió salir fuera para responder a Amorós.
 
(...)
 
Iba a cerrar la puerta cuando dos mujeres maduras le preguntaron si podían pasar. Nora les abrió la puerta por completo. Eran las viudas de otros dos escritores célebres, Pilar del Río y Asunción Mateo, y nada más verlas María Kodama se les acercó con muestras de alegría. Daniel hizo lo mismo, y luego se dirigió a su escritorio, abrió un cajón y sacó las primeras ediciones de unas obras de Saramago, Borges y Alberti. Los tres habían pasado buenos ratos entre aquellas paredes bebiéndose su mejor vino.
 
Siempre defendieron los derechos humanos…, aseguró Pilar del Río observando el libro de su marido.
 
Pilar era una mujer hermosa, y se expresaba con una dicción perfecta. En su mirada había cierta tristeza.
 
Vivieron épocas diferentes, pero demostraron la misma integridad moral, añadió Asunción Mateo con una sonrisa aniñada. Yo trabajaba como profesora en un instituto y conocí a Alberti en un homenaje a Machado. No tardé en comprobar que era fácil enamorarse de él, y no solo por su impresionante presencia.
 
Pilar le dio la razón; a ella le había ocurrido lo mismo con su marido".
("Las mentiras inexactas", 2012, Editorial Izana, pp. 218-223).
 
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Esta mañana en que empiezan las clases es un buen momento para volver a escuchar la banda sonora de la novela, ya que a Borges también le gustaba el rock:
 

domingo, 25 de enero de 2026

"Café y calle, muy Madrid".




Estos días se está hablando mucho en el mundillo cultural del cierre de la librería Tipos Infames, en el barrio de Malasaña. Es una lástima, como lo es que cierren otras librerías. Uno de estos "tipos infames" estudió conmigo Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Complutense, luego trabajó en la Casa del Libro y después montó su librería con dos socios, donde he estado muchas veces; incluso me planteé hacer allí mi tertulia. De paso estoy leyendo críticas a Madrid por el hecho de que ya no es lo que era o si los políticos y el turismo la están transformando con ayuda de la gentrificación. Como no me gusta discutir, sino más bien dialogar (lo hago continuamente en la Universidad con mis alumnos o en mi tertulia literaria) tan solo puedo aportar la idea de que Madrid es una de las ciudades más libres que conozco, donde se puede hacer de todo. Un sábado por la mañana como el de ayer te permite acercarte a una concentración en Antón Martín como recuerdo de los abogados asesinados en Atocha, como hacía uno de los personajes de mi novela "La paz de febrero", 2006. Acto seguido puedes pasear por la calle Huertas y sacarte esta foto con la que titulo el texto. Continúo bajando, aterido, y llego al Museo del Prado para ver una exposición sobre el pintor neoclásico Mengs, antes de pasear y pisar las hojas melancólicas en el Jardín Botánico. En una esquina toca un violinista a pesar del frío, a la vuelta están los libreros de la Cuesta Moyano donde te puedes comprar un libro por un euro. Y Pío Baroja que se ríe un poco más arriba y está el Retiro y están las barcas donde suspiraste una vez antes de besarme. Admito que me han dado muchos besos en mi vida, besos de lado, directos, inclinados, bajo presión. Me han dado besos superiores, de broche, palpitantes, de contacto, para encender la llama, para distraer, besos nominales. Y besos con las pestañas, con un dedo, con dos dedos, besos que despiertan y demuestran. Besos del recuerdo, lacrimosos, viajeros, al pecho y besos sin reloj, muchos besos sin reloj, que son los que más me gustan. Cómo no iba a vivir la vida con pasión, con lo bien que he besado y me han besado. Y escuchando canciones como esta en la Puerta del Sol, por donde seguí el paseo de ayer, un lugar universal:

https://www.youtube.com/watch?v=P6ZKW3xzK7I

Esta canción va para Cristina Cisneros Luaces, que nos dejó ayer, mi querida gallego leonesa como la llamaba siempre y ella me lo pagaba leyéndose mis libros y dejando cada día hermosos comentarios en esta red social. Nunca llegamos a conocernos en persona, pero qué importa si nos conocimos a través de la literatura.

Después de todo Madrid soy yo.

sábado, 24 de enero de 2026

"Ayer la Décima sinfonía de Mahler en un Madrid frío y lluvioso".





No había escuchado en directo la inacabada y conmovedora última sinfonía de Mahler. Por eso tenía muchísimo interés en ir ayer por la tarde al teatro Monumental de la calle Atocha para escucharla. Esta obra refleja su crisis personal, en particular su agitación matrimonial con Alma. A partir de la atonalidad radical y una música disonante y fragmentada, explora la desesperación, la ansiedad y el anhelo. La obra fue escrita a raíz de descubrir el romance de su esposa con el joven arquitecto radical Walter Gropius, creador de la Bauhaus. Las conmovedoras inscripciones que Gustav Mahler añadió a la partitura expresan su profunda ansiedad por perder a Alma, pero también el dolor que debió sentir por su traición. El adagio inicial es una de las músicas más intensas y dramáticas de Mahler, como si explorara el dolor de despertar del enamoramiento. Está luchando por descubrir qué existe de real en lo que siente. Pensó que había encontrado el amor con Alma. La había idealizado, proyectado sentimientos sobre ella, la había imaginado como una mujer parecida a una diosa. Pero, por un acto de infidelidad, ella había destrozado sus esperanzas y sus sueños, lo que le llevó a analizar sus defectos de percepción en sí mismo. Había quedado deslumbrado por su belleza y sus deseos hasta el punto de haber perdido el contacto con la realidad. Es como si estuviera debatiendo consigo mismo y se preguntara si tomaba o no el camino de la introspección y examinaba su realidad interior. Es una especie de exploración del amor sexual y de la espiritualidad. La sexualidad aparece así como una danza de la muerte dirigida por la despiadada Madre Naturaleza, que a través del impulso sexual logra la reproducción, pero no le importan las consecuencias emocionales. Mahler parece decir que el desamor es el estado natural de las cosas porque, con verdadero pesimismo schopenhaueriano, considera que la naturaleza se expresa ciegamente y nos engaña por la belleza de la apariencia exterior. Él admite la derrota, pero al final encuentra la compasión y el perdón, tal vez porque a lo largo de la música se da cuenta de que Alma es tan solo el espejo de su propia herida interior, algo innato a la condición humana. Al encontrar esa verdad universal en su situación personal, Mahler descubre una verdad más profunda que va más allá de su ego dañado y puede perdonar. De esa manera la compasión vence a los celos y la realidad triunfa sobre la ilusión.


La interpretación de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por el danés Thomas Dausgaard, en la obra terminada por el musicólogo inglés Deryck Cooke con el apoyo de Anna Mahler, la hija de Alma y Gustav, fue excelente, como lo es la de la Filarmónica de Róterdam dirigida por Yannick Nézet-Séguin:


https://www.youtube.com/watch?v=YMN_DWY9RX8&list=RDYMN_DWY9RX8&start_radio=1

Ayer me emocioné realmente. 

viernes, 23 de enero de 2026

"El ascenso de la alondra".


 
En esta fotografía se encuentran algunos libros que me han regalado en la tertulia del martes pasado o que han llegado a mis manos en los últimos días. Ya se sabe lo que me gusta que me hagan regalos, como serían flores, tiestos, poemas, retratos, personajes o su propio corazón, señorita. Me lo merezco ya que soy muy mimoso y además no tengo abuela.
 
Hay cuatro libros de poemas:
 
"Poemas como nubes", de David Blanco, Adarve, 2025, un libro del que hablaremos en la tertulia virtual del martes que viene desde Chile, que es donde vive desde hace años mi amigo y ex alumno David (también hablaremos de la situación de la literatura en Chile).
 
"El tiralíneas de plomo", de Lluïsa Lladó, Buenos Aires Poetry, 2025, que se presentará en Madrid el próximo 7 de febrero en la librería La Fabulosa.
 
"Yo no titulo", de Guido Martínez Carbonell, Homo Sapiens, 2023. Guido es un tipo encantador que dirige el teatro Círculo de Rosario, en Argentina, al que conocí en la tertulia del martes pasado ya que esté de viaje por España.
 
"Ante el estío", de Catalina Bello, Olé Libros, 2025, que también ha estado alguna vez en mi tertulia.
 
Tres libros de relatos:
 
"Vivir entre extraños", de Reina Roffé, Menoscuarto, 2024.
 
"Donde acaba y empieza la vida", de Cristina García-Rosales, Mandala, 2025.
 
"Rahima y el jardín de la memoria", de Montserrat Abumalham, Ayuntamiento de Murcia, 2025.
 
Y un libro inclasificable, quizá un ensayo entre filosofía y física, de uno de mis amigos más cercanos:
 
"La realidad es una probabilidad del pensamiento", de José Villacís, Sial Pigmalión, 2025.
 
Y pienso en el vuelo de la alondra mientras comienzo a leerlos:
 
El ruiseñor y la alondra son los pájaros que más se citan dentro de la poesía occidental (uno de mis "Cuentos de los viernes" habla de ello aludiendo a la escultura de Lorca de la Plaza Santa Ana de Madrid). Sabemos que lo bucólico ya se manifiesta con Teócrito en el III a. C. y siguió hasta los paisajistas ingleses de principios del XX, con los tópicos de "edad dorada", "locus amoenus" y "beatus ille". Vaughan Williams tomó unos versos de un poema del inglés George Meredith (1828-1909). La alondra representa la luz, la alegría y la ascensión mística. Siempre me ha llamado la atención el mundo interior de los artistas y he intentado narrarlo desde la literatura. Vaughan Williams compuso una obra luminosa y serena durante la Gran Guerra; vivió los horrores del frente y perdió a sus amigos en el campo de batalla. En las fechas de composición de esta obra las vanguardias rompían con el lenguaje tradicional del arte, y el mensaje artístico tendía a mostrar cierto pesimismo existencial. En música, la tonalidad se fue desintegrando por la enorme influencia del "dodecafonismo" de los compositores Schonberg, Webern y Berg (una de las novelas más fascinantes de Thomas Mann es "Doctor Faustus", sobre la música de Schonberg).
 
Son pensamientos que siempre me asaltan cuando tengo un libro en la mano y vuelan los pájaros.

jueves, 22 de enero de 2026

"Me gusta apoyar a mis amigos y a la cultura".


 

Con el editor Pepo Paz en la puerta de la Librería Enclave de Libros antes de la presentación de ayer de "La llama ebria. Antología de mujeres poetas del surrealismo", publicado por Bartleby Editores y La Torre Magnética. Coordinado y prologado por Lurdes Martínez (y con traducciones de Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez), este libro no se centra en las cuestiones de género e incluye escritoras desde los años veinte hasta la actualidad. Tampoco se queda en el mundo francófono. Poetas célebres como Valentine Penrose, Claude Cahun, Mary Low, Joyce Mansour, Unica Zürn conviven con otras menos conocidas, como Irène Hamoir, Laurence Iché, Marianne Van Hirtum, Alena Nádvorníková, Carmen Bruna, Silvia Guiard, Aase Berg o Beatriz Hausner. Y comienza con el poema de Valentine Penrose (Mont de Marsan, 1898- Chiddingly, 1978), de su libro "Hierba en la luna" (1935):

Descendiendo a los abismos
por escaleras lluvias doradas cúspides y rutilos
las verticales del sueño
las más altas sembradas en todas las lenguas del mundo
las demás en todas las simientes del mundo
con sus horticulturas dentro

mis propias lápidas en cada uno de mis restos
voy
polen del polo negro

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Lo bueno de ver a un amigo de muchos años es que puedes hablar de literatura, pero sobre todo de la vida, de las pequeñas o grandes cosas de la vida.

Y ahora me tomo el primer café de la mañana escuchando a Satie, un músico surrealista, aunque me traslado a París, claro, con permiso de André Breton:

https://www.youtube.com/watch?v=wnacdOIoTBQ&list=RDwnacdOIoTBQ&start_radio=1

miércoles, 21 de enero de 2026

"Una lúcida experiencia vivida".


 

Esa fue la tertulia literaria de ayer por la tarde en el hotel Indigo con la escritora Montserrat Abumalham (1949, Tetuán, Marruecos), con ascendencia libanesa y catalana (para los amigos virtuales se llama Nuria Condor porque le apetece). Y como esta mujer es encantadora (aunque me dijo que no soy su tipo, quizá porque nos acompañaba su marido, jeje), nuestra tertulia literaria resultó igual de encantadora con unos entregados y apasionados tertulianos que intervinieron sin parar, no dejaron de hacer preguntas y de plantear interrogantes con una sonrisa siempre en los labios. Me limité a presentar sus últimas novelas, la trilogía formada por "Todos extraños" (2019), "Trapos sucios" (2022) y "Cuando el cielo era azul" (2024), para dar paso a la novela "Una comuna en Caltanissetta" (2025). Desde ese instante Montserrat nos embarcó en la búsqueda de la utopía de la paz en el mundo, pasando por la amistad de un grupo de amigas, la pandemia de la Covid-19 y llegando hasta un interesantísimo diálogo sobre el mundo árabe. Dejo sus palabras al final en un pequeño video y escucho algo implícito en la tertulia con una mujer que ama las historias:
 
Shakespeare no tenía razón cuando dijo a través de Macbeth que "La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia que nada significa", en el acto V, en un momento de desesperación y de nihilismo, reflejando su visión de la existencia como algo sin sentido, efímero y caótico tras perderlo todo. La vida puede ser muy divertida e interesante, o al menos tener momentos divertidos e interesantes, como ayer por la tarde en el centro de Madrid.