jueves, 1 de enero de 2026

"Cosas bonitas para empezar el año".


 
Ayer me escribió el director de la revista "Todo literatura", en la que colaboro de vez en cuando, para decirme que en tan solo tres días la reseña que escribí sobre la novela "La península de las casas vacías" había tenido más de 3.000 visitas. Y yo me alegro sobre todo por la literatura. La red social LinkedLin me comunicó ayer, igualmente, en un correo que el post que escribí con mis alumnos del cuatrimestre se ha visitado 14.262 veces. Y vuelvo a alegrarme por la educación en España y mis alumnos. Mientras leía estos datos, estaba sentado en un mercado de estilo neocolonial con una combinación de arcos y de paredes ocres, patios centrales, un campanario y un diseño que mezcla la funcionalidad con una estética clásica y atemporal lleno de productos de todas partes del mundo, y embriagado por perfumes cautivadores. Estuve hora y pico viendo pasar a la gente, fijándome en sus rostros y conversaciones, en su ropa, en sus risas y sonrisas. De vez en cuando hago estas cosas, ya que me parece que es como leer una novela de Balzac o Galdós, y si busco el monólogo interior o el flujo de "mi" conciencia hasta puedo leer algo de Joyce, Woolf o Morrison en lo que piensan los demás, posibles personajes para mis libros.
 
Y ahora escucho a la Orquesta Johann Strauss en un mercado persa mientras me tomo el primer café del año y antes de que empiecen los preciosos valses, polkas y marchas de los Strauss:
 
 
La literatura es cuestión de atmósferas, de respiración, como la vida, y yo quiero contarla.