No me refiero, exactamente, a la novela romántica de Thomas Hardy, sino a la necesidad que a veces se tiene de detener el tiempo y girar hacia la soledad, al menos durante unas horas; no se me ocurre otra forma de escribir y pensar la vida y el mundo. Lo sabían antes que yo Horacio, San Juan de la Cruz, fray Luis de León, entre otros, y en ocasiones les hago caso. Lejos del mundanal ruido la obsesión por el poder y por el dinero desaparecen. Solo hay tiempo para escuchar las Cantigas de Alfonso X el Sabio y pasear por los caminos de tierra. Lejos del mundanal ruido la sencillez se convierte en una manera de mirar y de pensar. Apenas una comida en un pueblo perdido, unas copas de vino y el río que nos lleva. Y con este río de la vida escribí, precisamente, mis tres libros de cuentos que intentaban reflejar los tres temas esenciales de la literatura, como expliqué a mis amigos en la última tertulia, el tiempo, el espacio y el otro, "Cuentos de los viernes" (2015), "Cuentos de los otros" (2017) y "Un hombre que se parecía a Al Pacino" (2023). Siempre he pensado que la obra de un escritor es una obra única, formada por libros como capítulos de un solo libro, como la vida y la soledad.
Como el tránsito en mi cerebro del siglo XIII al XXI:
https://www.youtube.com/watch?v=SqCIchCAp8w&list=PLninpo975KK1Q8leuVWSTGypBvLgMLIA9
lunes, 27 de abril de 2026
"La literatura lejos del mundanal ruido".
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