Ayer por la tarde nos visitó en el hotel Indigo, Marqués de Urquijo, 4, en Argüelles, el escritor, ingeniero, politólogo y amigo mío, Pedro Costa Morata, con el que escribí un libro sobre Desarrollo Sostenible el año 2000. Al final creo que no le han quitado la distinción de Hijo Predilecto de Águilas (Murcia) por su defensa del Mar Mediterráneo, como querían varios políticos y me contó hace poco en el Círculo de Bellas Artes. Pedro ha luchado toda la vida contra la corrupción y no va a cambiar a estas alturas. Su libro cuenta la historia del Estado de Israel, las bases religiosas que justifican su existencia y creación en los territorios gestionados por Gran Bretaña y las guerras a través de las que se ha producido su expansión territorial. No estoy de acuerdo con todo lo que defiende, claro, como sucedió ayer con algunos de los tertulianos, pero esto es lo de menos. Entre intelectuales debe primar el respeto mutuo. Y además así discutimos un rato, lo que me parece muy sano.
Y como yo no sé vivir sin contemplar la belleza cada día, me tomo el café con Wagner y la versión sin palabras de Lorin Maazel de "El anillo del nibelungo" que voy a escuchar en directo de nuevo dentro de poco:
(Y además el Atlético se clasificó para la semifinal de la Champions, así que todo perfecto).


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